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El Diario de Cantabria

RACING - SPORTING

Un mal despertar

Luca sale a despejar un córner y se encuentra con una maraña de jugadores. / Cubero
Luca sale a despejar un córner y se encuentra con una maraña de jugadores. / Cubero

Cuando la ilusión es muy grande, la posterior decepción también es más gorda. Por eso el sopapo en la cara recibido ayer dolió de manera especial. Vuelve la decepción; vuelve el realismo sin magia. Muera García Márquez. Porque, por encima de todo, la victoria del Sporting sirvió para recordar el potencial que tiene el fútbol para generar esperanzas con poca cosa. Sólo la victoria de Almería había cambiado el estado de ánimo del racinguismo de manera desproporcionada. Había comprado billetes para viajar a la Luna. No había hecho cuentas, sino que sólo había dado vía libre a los sueños para firmar una remontada utópica de la mano de su nuevo entrenador. Y se olvidó de la realidad porque, cuando despertó, las carencias del equipo seguían ahí.

El Racing de Oltra, como el de Ania y también el de la última época de Cristóbal, sigue queriendo jugar a algo que no puede. Sigue sin tener a un medio centro creativo y quizá lo más preocupante es que el técnico verdiblanco cree tenerlo en Kitoko, ya que, tras la contienda, lamentó que el belga no hubiera aportado ayer «velocidad a la circulación». ¿Cuándo ha dado Kitoko ritmo al juego? Uno se puede lamentar de que no presionara, de que no robara o de que no estuviera en su sitio, pero no de que no genere fútbol. El equipo verdiblanco no tiene quien dé circulación al balón, quien le dé salida o quien conecte con los de arriba jugando por bajo. Es lo de siempre y por eso se acaba chocando contra una pared cuando lo intenta.

Su primer tiempo fue decepcionante y, aunque cambió en el segundo para intentar contrarrestar el gol de Murillo, resultó insuficiente. La imagen que dio ayer el Racing fue tan preocupante como la que viene mostrando desde agosto. Nada nuevo bajo el sol. Entró Mario por un superado Kitoko que una vez más acabó mermado físicamente y eso le dio otro aire al equipo. Lo malo es que el cántabro está lejos de su mejor nivel con balón. Él le podía dar cierta salida, pero no está bien. Incluso está fallón. De este modo, aunque el conjunto cántabro quiso, el único camino que emprendía para intentar llegar al área rival fue la aventura individual. Fue así todo el partido. El Racing sólo esperaba a que a Enzo se le encendiera la bombilla. A nadie más. El nueve, por mucho que ahora se llame Guillermo, sigue sin aportar y casi sin participar. Y lo malo es que ni siquiera está ya Yoda, con quien uno podía confiar en que, en un momento dado, se le encendiera la luz y se sacara de la chistera un gol que lo cambiara todo.

Ganó el Sporting porque tenía que ganar. Era lo justo. El fútbol tiene fama de injusto pero no lo es tanto. Y ayer le dio el primer premio a quien más lo buscó. Porque el Racing no ofreció más que preocupaciones en, sobre todo,  un primer tiempo que pedía un psicoanalista a gritos. Tenía para elegir si dar continuidad al primer tiempo de Almería o al segundo y eligió esto último. Su puesta en escena de ayer fue toda una continuidad de los últimos 45 minutos mostrados nueve días antes. Lo que lo hacía diferente era el contexto. Nada era igual excepto ese temeroso atrincheramiento racinguista.

En Almería tenía sentido. Delante estaba un gran equipo que iba por detrás, que necesitaba remontar y que jugaba en casa. Era normal echar el culo atrás y más aún en la situación del Racing. Pero no ayer. Ayer todo estaba a favor. La grada estaba llena y se había generado un clima de ilusión tan imprevisto como quizá excesivo, pero es lo bueno que tiene el fútbol, que es capaz de levantar un muerto. Lo malo es que éste a menudo suelen volver a la tumba porque, en el fondo, es ya su sitio.

Lo fácil es concluir que a los hombres de Oltra les pudo la situación. Algo así dijo Imanol tras el partido de Copa del Rey de la Real Sociedad del pasado jueves. Reconoció que a sus jugadores les había dado un plus de presión el recibimiento que habían recibido y la ilusión que habían generado y que por eso no habían sido ellos mismos. Es triste decir algo así, pero posiblemente también sea real. Y al Racing ayer le pasó, lo que hizo que, en el fondo, volvieran a florecer todas las carencias que ha arrastrado durante buena parte del curso.

Se jugó en su propio campo. Se dejó atrincherar por un equipo que tampoco era nada del otro mundo y que también comenzó la contienda acumulando un buen número de imprecisiones que invitaban a pensar que también estaba superado por jugar ante más de veinte mil personas, dos mil (o más) de las cuales eran de los suyos. Son profesionales y juegan en Segunda, pero no tantos han jugado ante tanta gente. Y hay que saber hacerlo. Los jugadores verdiblancos no supieron. Salieron temerosos y con miedo a perder ese punto que, como ha dicho más de uno a lo largo de esta semana, les concede la Federación sólo con vestirse de corto.

Los primeros veinte minutos de partido fueron un sopor futbolístico, algo habitual en un partido con clima de auténtica final. Pueden más los nervios que el fútbol, pero lo malo es que, mientras el Sporting evolucionó, el Racing siguió bloqueado. Y es normal porque, al menos, los hombres de Djukic se sentían dominadores y hasta superiores porque veían que estaban arrinconando al equipo que jugaba en casa. A la fuerza tenían que empezar a llegar al área de Luca y, obviamente, lo hicieron.

El equipo de Oltra se encontró con problemas similares a los del equipo de Ania o el equipo de Cristóbal. Quiso jugar por bajo, pero no pudo porque no se puede iniciar desde campo propio con una pareja de medio centros como Sergio y Kitoko. Menos aún cuando ni siquiera estaba Figueras como central. Hay siempre un techo de cristal que no rompen. Para colmo, ayer no estaba Cejudo ayudando a desatascar el juego de los suyos y echar aceite a la maquinaria. Y se notó. En su puesto jugó finalmente Enzo y no Papu. Y lo cierto es que el francés fue quien generó algo de peligro gracias a un par de arrancadas desde lejos, pero no terminaron en demasiado. Siempre iniciaba la aventura desde demasiado lejos porque las líneas lo estaban. Como en Almería, Oltra se pasó buena parte del primer tiempo pidiendo a sus hombres que se fueran hacia arriba, pero es difícil cuando el temor llama a tu puerta.

Entre el minuto 22 y 24, el Sporting contó con tres claras ocasiones para haber marcado. Las dos primeras fueron sendos córners rematados por Carmona. El primero no se lo esperaba y, a pesar de tener la portería vacía tras fallar en la salida Luca, la pelota se fue alta tras botar en el suelo. El segundo lo remató de manera maestra en el primer palo pero también estuvo atento el portero para corregir su error anterior. La última de esas tres ocasiones fue un buen tiro desde la frontal de Pedro Díaz tras burlar la presión de Sergio y Manu Hernando al que, una vez más, respondió bien el portero francés.

El Sporting se sentía poderoso y al final encontró la manera de marcar al aprovechar un desajuste de la, hasta ese momento, bien cerrada retaguardia verdiblanca. Como en Almería, el Racing defendió 4-1-4-1 con Kitoko entre líneas. Sin embargo, este último no estuvo nada bien, sufrió porque le tocó crear y no tiene aptitudes para ello, lo que, en el fondo, le generó inseguridades. Quemó una buena traca y lo hizo durante el gol al colocarse en línea con Sergio. De pronto, el Racing se vio defendiendo 4-4-2 y entonces apareció Manu entre líneas, que era lo que, por encima de todo, quería evitar el Racing. Y el joven valor asturiano no desaprovechó esa puerta abierta y le regaló un gran balón a Murillo, que, buscando el segundo palo con descaro en su mano a mano con Luca, lo encontró por mucho que el portero consiguiera tocar con el pie.

Murillo ya había tenido una ocasión previa en la que también había recibido un buen balón desde el otro costado para, aprovechando una incomprensible puerta abierta, plantarse solo ante Luca. Al contrario que en la acción del gol, intentó regatear al portero, lo que hizo que se escorara demasiado y que su remate final lo sacara Olaortua casi bajo palos. Se fue el Sporting con un solo gol a descansar pero lo cierto es que merecía más.

A Oltra no le gustó nada lo que había visto y por eso intentó corregir ciertos aspectos durante el descanso. Además de dar entrada a Mario Ortiz, no tardó demasiado en intentar recuperar a Barral, un jugador que, por lo menos, lo intentó y entró en juego. Pasó a jugar el Racing con 4-4-2 pero eso no le dio más mordiente. Fue incapaz de generar cierta inquietud en el equipo rival, que incluso acabaría marcando un segundo gol con el tiempo casi cumplido gracias a un más que dudoso penalti. El VAR lo estuvo mirando y remirando durante más de tres minutos, pero desde Las Rozas lo acabaron dando. Es curioso que tengan tantas dudas en Madrid y el árbitro no se decida por ir a verlo por sí mismo, pero, en el fondo, dio igual. El Racing todavía podía estar jugando a estas horas que no habría empatado y mucho menos remontado.

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