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El Diario de Cantabria

Sergio gana fuerza

  • Cristóbal le ha recuperado para la causa y apunta a titular el domingo en Elche en detrimento de Mario  
  • «Cuando no juegas, tu estado anímico cambia», reconoce el astillerense  
  • El técnico busca con él más fortaleza y verticalidad
Sergio encara a Nkaka durante el entrenamiento de ayer. / Cubero
Sergio encara a Nkaka durante el entrenamiento de ayer. / Cubero
Sergio gana fuerza

Cuando se produce un cambio de entrenador, siempre hay jugadores que salen perjudicados y otros beneficiados. Hay unos que salen y otros que entran. Es lo normal. Es ley de vida. Si un técnico se hace cargo de un equipo para intentar que éste levante la cabeza, intenta introducir novedades para dar sentido a su fichaje. Es necesario que se note su mano aunque lo vaya haciendo poco a poco. Así, Cristóbal ya anunció nada más llegar que no iba a plantear una revolución a corto plazo y que no iba a entrar en el vestuario como un elefante en una cacharrería. Por de pronto, porque correría peligro de caer de mala manera en la plantilla y lo primero que ha de hacer es ganarse a los jugadores. De este modo, apenas tocó el once inicial que venía utilizando Iván Ania y, por ejemplo, el doble pivote ha sido el mismo que utilizó el asturiano antes de ser cesado. Ha apostado por Dani Toribio y Mario Ortiz en sus dos primeros partidos pero da la sensación de que a la tercera va a haber cambios.

En las dos jornadas en las que el Racing ha estado dirigido por el entrenador cordobés, ha acabado marchándose Mario Ortiz para que entrara Sergio. En Lugo sucedió superada la hora de partido y el pasado sábado en El Sardinero fue en el descanso. Y da la sensación de que al nuevo entrenador verdiblanco le gusta más la fórmula que mete al astillerense en el equipo porque le aporta algo diferente a los demás. De hecho, ya sea por casualidad o por causalidad, lo que es cierto es que el equipo agradeció el cambio en ambas ocasiones.

En el Anxo Carro aportó un poco de mordiente a un equipo que, tras volver al terreno de juego después del descanso, había dado un paso atrás y prácticamente no había pasado de medio campo. Con él en el césped, el Racing recuperó su capacidad de llegar a campo rival. Mientras, en el partido contra el Extremadura, Cristóbal buscó en el astillerense a un centrocampista que ganara duelos, que peleara por los balones aéreos y que fuera capaz de dotar de más físico y fortaleza a la sala de máquinas. Quería a alguien que abarcara un poco más del terreno de juego y que tuviera la potencia suficiente para superar líneas y llegar a campo rival. En definitiva, buscaba algo diferente y lo encontró en Sergio, que por fin aprovechó ese medio partido que tuvo a su disposición para mostrar algunas pinceladas del jugador que es. Era algo que le estaba costando y que ayudó a que Ania le dejara al fondo del armario.

El futbolista cántabro no esconde que no han sido meses fáciles para él. Era su debut en Segunda División tras completar una notable temporada pasada y lograr el ansiado ascenso que tanto persiguió y, de pronto, se encontró en medio de una situación inesperada. El mismo entrenador que casi le había convertido en insustituible el curso pasado, decidió no darle bola. Y no fue fácil asumirlo. Él mismo lo reconoce. «Al final, lo que queremos los jugadores es jugar y, cuando lo haces menos, el estado de ánimo cambia», confiesa el medio centro cántabro.

Lo que no hizo nunca fue bajar los brazos o entender que el técnico había dejado de confiar en él. Al contrario, cree que Ania nunca dejó de hacerlo y que, simplemente, buscaba otro perfil de futbolista. Considera que, «por circunstancias o por los resultados que no terminaba de conseguir el equipo, buscaba otro tipo de jugador» y que él «no encajaba tanto». Le tocó asumir esa situación pero sin perder la fe en que ésta cambiara porque en los pocos años que lleva en el fútbol ya ha aprendido que el tiempo pasa muy deprisa y las realidades y circunstancias de cada uno más todavía. Lo que esta noche es negro, mañana por la mañana puede ser blanco y al revés. Por eso tenía claro que Ania no le había puesto una cruz y que «si entrenaba bien iba a acabar jugando». Al final, parece que ha sucedido así, pero también es cierto que ha tenido que haber un cambio de entrenador.

«Si ahora empiezo a jugar más, bienvenido sea, pero yo siempre tuve una mentalidad positiva sin olvidar que lo que verdaderamente importa es el grupo y conseguir el objetivo, algo que a día de hoy se está cumpliendo porque no es otro que evitar el descenso», recuerda Sergio, que hace justamente un año era, con diferencia, el futbolista más en forma del equipo. Quizá por eso resultó tan drástico el cambio en su situación personal. Lo bueno es que de todo se aprende y probablemente se haya hecho un jugador más fuerte, pero, por el camino, ha comprobado que «anímicamente no estás igual cuando no juegas que cuando sí lo haces». Es obvio. No hace falta disimularlo. Lo que tiene claro es que, al nivel que está el Racing, «si quieres jugar, has de estar bien, entrenar bien y sobreponerte a los malos momentos y al hecho de no estar jugando lo que quisieras». De hecho, entiende que «es ahí cuando has de demostrar que eres un jugador maduro y que eres capaz de salir de esa situación».

Sergio confía en estar saliendo de ella y en haber superado la prueba. Se ha encontrado con un entrenador que parece que busca «un perfil diferente» en el que puede encajar él. Tanto es así, que todo apunta a que el domingo jugará él de inicio junto a Dani Toribio. Este último tampoco está a la altura de lo que se esperaba de él y, siendo un futbolista con aptitudes similares a las de Mario, jugador que incluso se maneja mejor con el balón que su compañero catalán, parece un fijo para Cristóbal. Ambos coincidieron en el Alcorcón y, aunque en la segunda vuelta contó mucho menos con él, en la primera fue un baluarte de ese equipo que incluso llegó a liderar la categoría durante un par de semanas. Por ahora, es un fijo para el entrenador recién llegado.

El problema de Toribio y Mario es que son dos jugadores muy similares y el equipo pasaba a ser muy plano y sin demasiadas posibilidades de superar líneas. Era el problema con el que se encontraba el equipo aunque combinara a cualquiera de ellos con Nkaka o con Kitoko. El único que había sido hecho con otro molde era Sergio, algo que Cristóbal ha valorado. Quiere a alguien que sea capaz de romper con la rutina, que aporte un poco de energía, que sea de ida y vuelta y que, además de ganar duelos, también sea capaz de superar líneas y llegar al área rival. Es algo que el astillerense ya mostró contra el Extremadura y por esto tiene toda la pinta de que va a entrar en el once inicial en Elche.

No hay dudas de que se ha abierto un claro para Sergio Ruiz. Su situación ha cambiado porque, para empezar, el Racing ha sumado «cuatro puntos de seis posibles en dos partidos» y, para continuar, él mismo está «jugando más minutos». Por eso reconoce que está «más contento y feliz». Confía en que el cambio en lo colectivo y en lo individual se mantenga porque el disfrutar de viento a favor es positivo para todo. «Todo es más fácil porque, como ya sucedió el año pasado, cuando todo son victorias el ambiente es mejor mientras que ahora, cuando las cosas han ido un poco peor, pues el ambiente también es un poco peor», resalta el astillerense.

«Todo viene a raíz de eso, de los resultados», insiste el jugador cántabro. Lo cierto es que la propia composición de la plantilla es diferente. Ahora hay más jugadores veteranos, que siempre son menos bromistas, y hay otros que han llegado, como Yoda y Luca, a los que cuesta sacar una sonrisa. Y ya no está Rafa de Vicente con su guitarra. No se ven tantas risas pero eso no quiere decir que haya mal rollo en el grupo. De hecho, parece que no lo hay y el compromiso se antoja incuestionable.

Atrevidos. Asegura Sergio que Cristóbal le ha pedido, tanto a él como a sus compañeros, que sean «atrevidos» y que siempre que lo vean posible tomen «una dirección hacia la portería». Es decir, que sean «verticales» y, sobre todo, busquen «a la gente de tres cuartos de campo para aprovechar la calidad que tienen». Es algo que no hay que esconder. Yoda, Enzo y Cejudo están en un gran momento y hay que aprovecharlo y exprimirlo al máximo.

Sergio ha intentado mostrar el desparpajo que siempre le ha caracterizado en las dos oportunidades que, por ahora, le ha dado Cristóbal. En ambas fue capaz de cambiar en parte el partido, sobre todo el pasado sábado. Él se quita importancia respecto a este último encuentro porque, como recuerda, cuando él entró en juego, el Racing ya ganaba 1-0. «Es cierto que el equipo estuvo mejor en la segunda parte, pero porque estuvo más junto, ganó más duelos y fue más vertical», explica el astillerense. «También es cierto que, sea casualidad o no, estaba yo en el campo», recuerda. Es algo obvio y es un factor que no hay que esconder. 

Lo que es indiscutible, y así lo reconoce él mismo, es que, «cuando uno va ganando y se marcan más goles, te sientes más importante y disfrutas más en el campo». Es algo de lo que apenas habían podido gozar hasta la fecha porque el conjunto cántabro sólo había ganado un partido. Siempre había pasado algo que negaba la alegría completa a los jugadores y aficionados verdiblancos. El pasado sábado no sucedió nada así. Al contrario: el equipo se encontró con la suerte que tan esquiva le había sido. «A ver si se repite más semanas», apunta Sergio.

El cántabro está dando todavía sus primeros pasos en Segunda División y ya ha podido percibir que «el cambio es grande». «No sólo a nivel deportivo, sino por todo lo que rodea a la liga, ya que vas a estadios muy buenos y te enfrentas a rivales muy difíciles», argumenta. El gran cambio lo ha notado «a nivel físico» porque en Segunda B, que es en la categoría en la que se había asentado en el primer equipo, tenía «más tiempo para pensar y los rivales necesitaban hacer más ocasiones para marcar». Ahora ya no es así. Ahora «cualquier error que tengas te cuesta un gol y pierdes puntos». El Racing lo ha comprobado en carne propia en varias ocasiones en estos pocos meses que lleva en el fútbol profesional. De hecho, pone el ejemplo de que Luca «no hizo ninguna parada en Lugo» y el resultado fue de 1-1 a pesar del «buen partido» que hizo el equipo verdiblanco. El del pasado fin de semana, en cambio, quizá no fue tan bueno y el portero francés se tuvo que lucir para mantener su portería a cero. Y granaron 3-0. Al final, lo que ha aprendido es que «los errores se pagan y quizá ese cambio de categoría estaba costando, pero a ver si con los partidos y el tiempo lo podemos ir solucionando».

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