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El Diario de Cantabria

Racing bueno o malo

  • El equipo cántabro juega esta noche en Zaragoza con la intención de olvidar los últimos veinte minutos del último partido y dar continuidad a los 70 primeros 
  • Será su primer partido sin Yoda, su jugador más desequilibrante
Los jugadores del Racing, celebrando uno de los dos goles que le marcaron al Fuenlabrada. / Cubero
Los jugadores del Racing, celebrando uno de los dos goles que le marcaron al Fuenlabrada. / Cubero
Racing bueno o malo

La Romareda no parece el lugar idóneo para una reacción. Suena a mucho campo y a mucho rival. Lo malo (o lo bueno) es que no se puede elegir, por lo que sólo queda mirar hacia delante y encontrar el secreto con el que derribar la muralla. El Racing va a salir esta noche a buscar su primera victoria a domicilio de la temporada y lo va a hacer, además, mermado con algunas bajas importantes. No parece el mejor día ni el mejor lugar para cambiar una tendencia peligrosa, pero el fútbol siempre está abierto a sorpresas inesperadas.

Jugar en casa ajena un sábado por la noche nunca es bueno. Es un horario con el que la parroquia local siempre da un poco más. Gusta ir al campo de vez en cuando con el bocadillo de tortilla bajo el brazo, la bota de vino disimulada y la perspectiva por delante de una madrugada repleta de posibilidades. Hará frío en Zaragoza porque casi siempre lo hace, pero el fútbol calienta. El encargado de enfriar todo ese ambiente festivo y prenavideño en torno a un balón será el Racing. Es el invitado a una fiesta que no va con él y que querrá estropear.

El equipo maño sueña con completar una gran traca final para terminar el año. Esta semana ha estrenado un sitio en puestos de playoff y recibe al conjunto cántabro tras enlazar dos victorias y un empate. Creen que puede ser el momento del gran salto y, como es lógico, perciben la visita del Racing, un equipo que lleva demasiado tiempo en puestos de descenso, como una gran oportunidad de acomodarse entre los mejores. Más aún, a las puertas de enfrentarse al Huesca, el equipo que en los últimos años le ha arrebatado la hegemonía aragonesa.

El Racing está sumido en otros negocios diferentes. Lo suyo no es soñar, sino sobrevivir. Tiene ante sí la posibilidad de sumar seis puntos que, si fuera capaz de llevarse a la cartera, conseguirían disimular la mediocre trayectoria marcada hasta la fecha. Los primeros tres son los más complicados. Son los que tiene que jugar ante un gran equipo que cotiza al alza y, además, en su propio terreno. Una semana más tarde tocará otra historia. El envite será en El Sardinero y contra un equipo al que, aunque también se construyó para mirar arriba, no le están saliendo las cosas. Tanto es así, que incluso se ha convertido, de manera inesperada, en un rival directo del conjunto cántabro. Se trata del Oviedo, uno de los partidos más esperados del año para la afición verdiblanca pero a quien conviene recibir sin haber vuelto de vacío de Zaragoza. Sobre todo, porque eso haría que las penurias racinguistas fueran aún mayores que las que sufre actualmente.

Tras ganar de manera contundente al Extremadura, dio la impresión de que el Racing podía levantar el vuelo. Era el segundo partido de Cristóbal tras el empate de Lugo y los más optimistas soñaron con una verdadera reacción, que es lo que buscó el club con la destitución del entrenador. Sin embargo, el mal partido de Elche y, sobre todo, tras la hecatombe sufrida hace ocho días en casa contra el Fuenlabrada, el rostro de preocupación se ha acentuado. Más que nunca, además. Hay incluso gente que nunca había tenido miedo verdadero a la posibilidad de sufrir un nuevo descenso pero que recibió a todos los fantasmas de pronto al ver cómo su equipo se venía abajo al mínimo soplido recibido.

El partido contra el equipo madrileño fue un doctor Jeckyll y señor Hyde de manual. Fue tremendo el cambio que dio el equipo de manera repentina y brutal. Durante los primeros setenta minutos de la contienda, fue un buen equipo, con orden y sentido al atacar. No concedió demasiado y tuvo el partido más controlado que nunca. En toda la temporada, no se había sentido tan dominador en todos los sentidos, incluso en el resultado, ya que logró ponerse con dos goles de renta (2-0) mientras fallaba ocasiones claras para haber roto definitivamente la contienda. Sin embargo, no lo hizo y hay pocos tópicos más verdaderos como el que asegura que quien perdona lo paga. Y el Racing lo acabó pagando. Bastó una evitable expulsión de Mario Ortiz para que empezaran a temblar las piernas. El rival olió sangre y comenzó a atrincherar a un león que lleva mucho tiempo herido. De hecho, viene de enseñar unos síntomas claramente febriles.

Mucho se ha hablado estos días de los problemas que está teniendo el Racing para defender las acciones de estrategia y los balones aéreos. Es lógico porque buena parte de los goles que ha encajado en las últimas semanas han venido por ahí. Hay un grifo que hay que cerrar. Sin embargo, el verdadero problema está en lo mental y en lo anímico. Y va a ser complicado que se quite esto de encima. Su mala trayectoria le ha minado la confianza y por eso al mínimo golpe que recibe le invade un miedo que le obliga a abandonar su carácter y su personalidad. Se convierte en un equipo muy débil y por eso urge que, por encima de todo, se muestre como un equipo fuerte, seguro y solvente. Por ahí hay que comenzar para no recibir uno de esos golpes que le dejan noqueado antes de tiempo.

Es con balones aéreos, faltas laterales y córners como mejor se saca rédito de un animal herido y por eso éste ha sufrido tanto en esta faceta del juego. De hecho, cuando el rival ataca en estático o en transiciones por bajo, el Racing no suele sufrir. Está bien armado. Por eso durante la semana ha estado incidiendo Cristóbal en trabajar esas defensas de las acciones a balón parado aunque sus jugadores, al menos los que han aparecido por sala de prensa, consideran que ahí hay poco que trabajar porque es una cuestión eminentemente personal. Más aún, cuando el entrenador no ha hecho amago alguno de cambiar la táctica y comenzar a defender en zona o en mixta. Cada uno ha de coger a su hombre y el único objetivo pasa a ser que éste no remate. No hay más.

Para conseguir esto último, hay que sacar carácter y fuerza. Y lo cierto es que está faltando algo de eso en las últimas jornada. Basta recordar la poca oposición que se encontró Manu Barreiro para cabecear el gol del empate en Lugo o la nula oposición que tuvo Yacine para abrir el marcador en Elche a pesar de estar entre Jordi Figueras y Alexis. Eso es lo que no puede ser. Es el Racing un equipo con multitud de limitaciones y no puede fallar en eso. De hecho, es de donde más partido debería sacar porque siempre se igualan las condiciones cuando el balón llega por arriba.

novedades forzosas. Habrá novedades en el once inicial no tanto por expreso deseo de Cristóbal, sino por necesidades del guión. Habrá bajas por sanción porque tanto Mario Ortiz como Jordi Figueras han de cumplir un partido de castigo. El medio centro, por la cartulina roja que vio en el anterior partido que dio inicio a un final para olvidar. El central, porque vio una amarilla que significó la quinta. Cumple ciclo y sale de cumplirlo Alexis, que no pudo jugar contra el Fuenlabrada. De este modo, repetirá Iñaki Olaortua en el centro de la retaguardia. Mientras, a pesar de que en su reaparición en el once no estuvo demasiado bien, repetirá Buñuel en el lateral porque se antoja extraño que el técnico vaya a recuperar a David Carmona.

El sustituto de Mario, que entró en el último partido por un lesionado Kitoko, será Dani Toribio. Éste actuará con Sergio en la sala de máquinas. El astillerense puede convertirse en el mejor fichaje de diciembre porque, tras estar en un segundo o tercer plano hasta la fecha, contra el Fuenlabrada por fin enlazó un segundo partido consecutivo como titular y volvió a ser el mismo. El cántabro enseñó su mejor versión en mucho tiempo y su equipo lo agradeció. Por fin abandonó esa sensación de equipo plano que le había perseguido desde agosto. Y le sentó bien.

En Zaragoza será necesario dar continuidad a esos buenos minutos cosechados contra el Fuenlabrada. El Racing ha de elegir si quiere ser el de los primeros setenta minutos o el de los veinte últimos. Estos son extremos, pero también debería escapar de un partido como el de Elche, cuando dio la sensación de que se podía haber pasado otra hora más jugando sin marcar. Porque el conjunto cántabro necesita sentirse poderoso atrás pero también arriba. Y, en ese sentido, para el encuentro de esta noche ha perdido una pieza fundamental, ya que Yoda no se subió ayer al autobús.

El francés no es un jugador más. Es el máximo artillero del equipo, un futbolista que, cuando controla la pelota, hace temblar al que está delante por su capacidad de desborde y de lanzar fortísimos disparos que, además, suelen ir bien dirigidos. El extremo derecho se lesionó en la misma jugada en la que el Fuenlabrada marcó su primer gol hace ocho días y su objetivo pasará por estar listo para jugar contra el Oviedo haciéndolo con una protección especial, ya que sufre una fractura en el cúbito de su brazo derecho.

El puesto de Yoda lo ocupará Nico Hidalgo, que no tiene su gol pero sí su capacidad de aportar profundidad y desborde. Apenas contabiliza goles pero sí asistencias, por lo que Cejudo, Enzo y el delantero al que le toque jugar deberán estar con la escopeta cargada. Es posible que hoy no dispongan de muchas oportunidades de marcar porque jugarán ante una notable defensa y toca ser efectivo. También en campo propio, para lo que es necesario cerrarse bien por dentro, donde el equipo zaragocista suele gustarse. Porque es un equipo que practica un fútbol vistoso al que, en teoría, conviene empujar a las bandas. Sin embargo, viendo la debilidad del equipo cada vez que el balón llega por alto, es discutible que ésta vaya a ser la mejor estrategia.

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