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El Diario de Cantabria

CADIZ - RACING

PURA CRUELDAD

  • El Racing perdió en Cádiz por culpa de otro gol en el descuento 
  • La expulsión de Olaortua a los 16 minutos le obligó a jugar con uno menos pero, aún así, fue mejor que su rival 
  • El equipo incluso perdió a Enzo por lesión
David Rodríguez le gana la partida a Cala en el interior del área antes de caer derribado. / LOF
David Rodríguez le gana la partida a Cala en el interior del área antes de caer derribado. / LOF

La verdad es que dan ganas de llorar. No se puede ser más miserable que quien escribe la historia del Racing esta temporada. Lo de ayer fue sólo un mazazo más, pero quizá hizo más daño que los demás porque el equipo había firmado 91 minutos de enorme mérito en los que había tenido que jugar con uno menos, en los que había visto cómo su jugador más peligroso se marchaba lesionado y en los que había visto cómo, lejos de venirse abajo, había sido mejor que su rival. Apenas había sufrido, había tenido incluso sus acercamientos pero, como suele pasar, no había nadie para rematar las jugadas. Y fue con empate a cero como se llegó al minuto 91.Y fue justo en ese instante, cuando todo racinguista estaba sacando pecho por un empate casi heroico, cuando volvió a llegar el golpe definitivo después de otro cúmulo de desgracias en área propia. ¿Qué más le puede pasar a este equipo? Es difícil ser más cruel.

Pasaron muchas cosas. Casi todas feas. Inoportunas. Había alguien que quería poner más trabas aún a un Racing que, ya de por sí, daba la sensación de acudir al Ramón de Carranza como un cerdo camino del matadero. Era el colista y jugaba contra el equipo que había dominado la primera vuelta de cabo a rabo. Es cierto que no atravesaba su mejor momento, pero eso también puede ser tramposo. En cualquier momento podía volver a despertarse la bestia. El temor estaba ahí, pero los jugadores verdiblancos no lo sintieron porque saltaron al campo con descaro y confirmando su ambición. Habían atravesado la península de punta a punta para llevárselo todo. No querían negociar.

La puesta en escena del equipo de Cristóbal fue muy buena. No se amilanó ni tuvo problema alguno en aceptar la posesión que le concedió el Cádiz, que siempre prefiere dominar los partidos sin el balón que con él. Sin embargo, de pronto se vio con la obligación de dar un paso hacia delante en este sentido porque se quedó con un hombre más. Con la expulsión de Olaortua, el Racing no sólo se quedó en inferioridad a falta de 75 minutos por disputarse, sino que vio cómo un partido que iba como la seda cambiaba totalmente. Al menos, momentáneamente.

Fue Sergio el gran líder de esa gran puesta en escena del conjunto cántabro. El astillerense venía de completar un segundo tiempo brillante ante Las Palmas en el que había recuperado su mejor versión y esa personalidad y esa fortaleza que, sobre todo, había mostrado en la primera mitad del curso pasado. Y ayer dio continuidad a esa tendencia. Bienvenido sea el astillerense. Ayer saltó a comerse el Ramón de Carranza, las pedía todas, se iba de todos, superaba líneas y se presentaba en campo rival. Fue el líder de ese notable inicio verdiblanco que no acabó en nada porque no tiene artillería arriba y que, para colmo, duró sólo un cuarto de hora porque todo es más complicado con uno menos.

Cristóbal tocó el equipo lo menos posible. Se quedó sin Yoda y sin Papu y colocó a Nico Hidalgo por banda derecha y a David Rodríguez en punta. La historia del fútbol está repleta de ejemplos de equipos que protagonizan un cambio brusco gracias a una solución que les llega por casualidad y casi de manera forzada. Ayer quizá era una buena oportunidad para haber probado otra cosa, para jugar con tres por dentro y tener a Sergio más cerca del área rival, pero siguió siendo fiel a ese 4-2-3-1 que ni mucho menos le está dando un resultado como para no ponerlo ni tan siquiera en la mesa de negociación.

Poco duró. La fuerte entrada de Olaortua sobre Nano lo echó por la borda. En un primer momento, se saldó con una cartulina amarilla, pero como el delantero se tuvo que marchar lesionado y, además, hubo una imagen escalofriante en la que parecía que se le había roto el tobillo, actuó el VAR, el colegiado fue a verlo a la pequeña pantalla y echaron al central vasco. Es cierto que había tocado balón, pero después se había llevado al delantero rival por delante tras entrar, para colmo, sobre su pierna de apoyo. Hay que reconocer que fue una acción temeraria.

Para recomponer a su equipo, el entrenador verdiblanco quitó a Nico Hidalgo para permitir el debut de Manu Hernando. Para el primero fue un gran golpe moral no sólo porque ayer estaba disfrutando de una de sus escasas oportunidades de ser titular, sino porque estaba dispuesto a reivindicarse ante un equipo con el que no había podido triunfar. Pero no le dejaron. Se tuvo que marchar sin apenas haber tocado un balón.

Esa acción cambió la contienda. El Racing se quedó un tanto tocado y el Cádiz comenzó a disfrutar durante ese tiempo en el que el conjunto cántabro asimilaba su realidad. Y por donde más fácil encontró el camino de llegada el bando local fue por la banda derecha. Lógico. Cristóbal volvió a dar entrada como titular a Abraham Minero, cuyo rendimiento cerca de su propia área supone toda una temeridad para su equipo. Apenas es capaz de defender sin hacer falta, llega tarde y no tiene velocidad. Está claro que el Racing tiene un problema por ahí.

Quien más aprovechó esa puerta que se abrió por ese costado zurdo fue Alejo, a quien su equipo buscó con descaro y que sacó dos centros que rondaron el gol a lo grande. Sobre todo, gracias a un remate de espuela de Lozano, que fue quien había entrado por Nano, que superó a Luca hasta enviar el balón al palo. Antes, el portero cántabro ya había tenido que actuar cuando Iza Carcelén lanzó con potencia la falta que provocó la expulsión de Olaortua, que se envenenó con un bote y un rebote en un jugador.

Parecía que todo iba a favor del Cádiz, pero el partido volvió a cambiar. El equipo amarillo no se siente cómodo cuando ha de llevar la iniciativa del juego y se terminó atascando al mismo tiempo que se recuperaba el Racing, sobre todo gracias a un Enzo dispuesto a echarse al equipo sobre sus espaldas. Teniendo en cuenta los futbolistas que tenía el Racing sobre el campo, era el elegido para intentar desequilibrar. Sólo él y Cejudo parecían tener potencial para ello. Y aceptó la responsabilidad con un par de acciones individuales con las que no pudo la retaguardia local. El francés se creció, se sintió cómodo pero fue entonces cuando volvió a suceder otra desgracia. Esta vez no fue una expulsión, sino su lesión.

Cristóbal miró al banquillo y apenas veía alternativas ofensivas. De este modo, jugó con doble lateral en la izquierda y puso a Moi en el puesto del jugador cedido por el Mallorca. Más problemas para el colista. Tan cómodo se estaba mostrando el Racing que obligó a Álvaro Cervera a mover el banquillo a los cuarenta minutos quitando a un medio centro como Garrido para que entrara Salvi. Más madera. Los suyos habían perdido profundidad e incluso habían dejado que fuera el equipo que estaba con uno menos quien generara más peligro, por lo que no se podía quedar quieto.

Lo malo para el Racing fue que se le vieron las costuras en esos momentos de dominio, ya que fue incapaz de acabar ni una sola jugada. El balón se llegó a pasear en paralelo a la línea de gol, pero nadie lo empujaba. David Rodríguez siempre pierde el autobús y Siverio lo veía todo en el banquillo temiendo que el desarrollo de los acontecimientos le fuera a volver a privar de debutar en Segunda División.

Así fue porque el último cambio del entrenador fue el de dar entrada a Kitoko para sentar a Abraham, por lo que retrasó el puesto de Moi. El lateral se marchó tras haber tenido la mejor oportunidad de dar la campanada a lo grande después de meterse en el área en soledad tras aprovechar un regalo de Fali. Pudo haber matado él mismo la jugada pero prefirió mirar a David Rodríguez, que entraba solo por el segundo palo. Sin embargo, la asistencia la cortó un central. No fue gol pero fue sintomático. El Cádiz estaba con uno más pero era incapaz de sentirse superior. Sólo un cabezazo de Lozano nada más empezar el segundo tiempo y un buen remate de Perea desde el corazón del área que se fue alto de milagro tras buscar la escuadra pusieron el miedo en el cuerpo a unos jugadores racinguistas que se sentían poderosos al mismo tiempo que veían con desconfianza el indicador del depósito de gasolina.

El de Cejudo terminó al rojo vivo, sobre todo después de ese contragolpe que firmó a falta de tres minutos. Con el Cádiz volcado, robó un balón en campo propio que llevó hasta el área rival sin que nadie le pudiera frenar. El cordobés se había pegado toda una paliza durante todo el encuentro pero encontró aire de donde parecía que no lo había para encontrar a Sergio, que le dejó la pelota atrás a Buñuel, que llegaba con el arma de Son Malferit cargada. No se lo pensó y remató desde la esquina del área. Buscó un disparo cruzado y se le fue demasiado, pero no por mucho. Haber marcado aquello habría sido la perfección, pero quedaba el susto. Siempre lo hay. El Racing es incapaz de conseguir que los partidos acaben antes de tiempo y, ya en el minuto 91, recibió ese sopapo de crueldad que incluso hizo aparecer las lágrimas de impotencia eln algún jugador.

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