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El Diario de Cantabria

GIMÁSTICA - RACING

Punto desigual

Racing y Gimnástica empataron a cero, un resultado bueno para los de la capital pero insuficiente para los del besaya. Fue un partido con poco juego y sin apenas intervención de los porteros. 

David Barral ve dentro un balón que sacó Álex Ruiz a tiempo. / J.R.
David Barral ve dentro un balón que sacó Álex Ruiz a tiempo. / J.R.

Para un espectador neutral, para alguien a quien le diera absolutamente igual el resultado, el partido debió ser soporífero. Un dolor. Fiel al tópico que arrastran los derbis y otros partidos con altas dosis de tensión más allá del terreno de juego, resultó un espectáculo muy trabado, con muchas faltas, muchas imprecisiones, poca continuidad y menos llegadas y ocasiones de gol. Como viene sucediendo últimamente en el Racing, todo el peligro lo fabricó Nico Hidalgo, que fue el jugador de los que estuvieron en el campo que más llegadas fabricó gracias a un endiablado estado de forma que hay que pensar en administrar para mantenerlo a este mismo nivel hasta junio. Y no es fácil porque ya lleva mucho tiempo en un pico de forma espectacular. Lo que le falta al malagueño es un socio porque no hay nadie al otro lado del aparato. Lo que él fabrica nadie lo vende después nadie en el mercado. No hay rematador. Y fue así como se marchó ayer el Racing de El Malecón con un empate que, por otro lado, le resultó suficiente, no así a una Gimnástica que necesitaba mucho más.

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No hubo goles. No es extraño. Suele suceder en partidos así. Ambos se repartieron un punto, que fue bueno para el Racing porque el Mirandés ya se había dejado dos el día anterior. Por lo tanto, todo queda igual entre ellos con una jornada menos para el final. Lo malo es que fue insuficiente para la Gimnástica. Ésta, con la victoria del Real Unión el día anterior, comenzó el envite a seis puntos de la plaza de playoff. Es mucha distancia teniendo en cuenta que la cuenta atrás ya comienza a quemar. Sin embargo, dio la sensación en el segundo tiempo de que los hombres de Dani Mori daban por bueno el empate. Ni tan mal contra un equipo que apenas concede nada, debieron pensar. En verdad, saben que donde de verdad se juegan las habichuelas es en partidos como el que se le viene encima el jueves contra la Cultural. Eso sí que es un todo o nada. Bueno sería que muchos de los que se subieron ayer al barco desde la grada se mantuvieran en él hasta final de curso.

La Gimnástica quiso pero no pudo. A la hora de la verdad, donde más se marcan las diferencias, enseñó todas sus limitaciones. Supo ver una puerta abierta por el lateral izquierdo racinguista en el primer tercio de encuentro y por ahí insistió Vitienes con la ayuda de Primo, que también se dejaba caer, y de Fer de manera menos frecuente. Sufrió Redru porque en cuanto la Gimnástica robaba un balón miraba rápidamente hacia su banda, pero no sacaron fruto alguno los blanquiazules. Lo que estaba sucediendo respondía más a una sensación que a una realidad. De hecho, la mejor ocasión de todo el primer tiempo por parte de los locales nació en un saque de banda botado por Fer. Logró meter el balón dentro del área y ahí controló bien Primo de espaldas con Castañeda respirándole en la oreja. Sin embargo, el delantero se libró de él con un hábil recorte que le permitió rematar con la zurda, su pierna buena. Se había quedado con toda la portería para él, pero en lanzamiento fue malo. 

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Primo se encontraría con otro balón en un emplazamiento semejante viente minutos más tarde tras una veloz transición tras una pérdida de Quique Rivero. Sin embargo, esta vez no culminó él mismo la jugada. Quizá condicionado por su mal remate anterior, prefirió echársela atrás a Vitines, quien libró también a su defensor pero sólo para ponerse el balón a su pierna mala, por lo que su disparo se fue aún mucho más lejos que el del delantero momentos antes.

La Gimnástica lo tenía claro. En cuanto robaba la pelota, se iba directamente hacia arriba sin miramientos. Tenía claro que el camino más cercano entre dos puntos era la línea recta y renunció a los rodeos. Verticalidad y velocidad. Quería coger por sorpresa al conjunto cántabro y, aunque tuvo momentos en los que merodeó el área rival, lo cierto es que apenas generó peligro de verdad. De hecho, su mejor ocasión para haber desnivelado la balanza llegó a cuatro minutos del final, cuando Alberto por fin ejecutó bien un saque de esquina, ya que le costó librar al primer hombre durante todo el partido, y envió el balón al corazón del área. Por allí se elevó Cusi como una autoridad imperial para firmar un testarazo duro pero centrado. Iván Crespo tuvo que echar mano de sus reflejos para quitarse la pelota de encima y mantener unas tablas que, a esas alturas, ya ambos parecían dar por buenas por mucho que no lo fueran para la Gimnástica.

Salió Iván Ania con el mismo dibujo y con los mismos hombres que habían jugado contra el Tudelano siete días atrás. Sólo cambió a los dos centrales por causas de fuerza mayor (una sanción y una lesión). Mientras, la Gimnástica se plantó con un 4-4-2 con Leandro en el puesto habitual de Palazuelos. En el doble pivote, Dani Mori recuperó a Alberto tras haber cumplido sus dos partidos de sanción para situarse junto a Cusi. La gran labor de éstos cuando renunciaban a la presión era tapar las líneas de pase de Quique Rivero con De Vicente y Mario. Eso hizo que estos dos jugadores quedaran totalmente desdibujados. Si el malagueño se fue a hombros siete días atrás, ayer se marchó con dos signos de interrogación escoltándole.

La Gimnástica adelantó líneas en momentos puntuales para prácticamente igualar en la presión al Racing, lo que hizo que, sobre todo en el primer tercio de partido, Iván Crespo tuviera que iniciar en largo. Eso no le suele ir bien al líder. En el segundo tiempo, ya limitó mucho más esa herramienta y arriesgó más, pero el cuadro local administró esos esfuerzos y se fue cerrando bien por dentro para que, sobre todo, Quique Rivero no encontrara aliados. Y no lo consiguió más que por fuera. Fue por bandas por donde el conjunto cántabro se hizo grande generando dos contra uno en ambos extremos, con Redru animado y, sobre todo, con un Nico Hidalgo que destrozaba a quien se encontraba por delante. Está pletórico, hace enanos a los laterales que se cruzan en su camino pero le cuesta hacer amigos. Sus centros no hay quien los remate. Barral está, pero no remata. Ayer se marchó sin probar al portero aunque sí pidiendo un penalti a diez minutos para el final que, cuanto menos, es discutible.

Comenzó el Racing con ese 4-1-4-1 por el que apostó contra el Tudelano pero terminó con el 4-2-3-1 de siempre con Mario y Sergio en el doble pivote, Cejudo como media punta y Noguera en una banda. Vuelta a la rutina. Y lo mejor fue ver de nuevo al jugador madrileño enchufado y firmando algunas actuaciones que recordaron al jugador que fue en sus primeras semanas como verdiblanco. Bienvenido sea.

A la Gimnástica le costó fabricar fútbol. Estuvo mucho más cerca de ganar que en el partido de la primera vuelta porque, cuando menos, buscó los tres puntos con más gente cerca del área rival. Primo disfrutó en el primer tiempo pero poco a poco fue desapareciendo. Aún así, fue el Racing quien pareció entrar al partido con más decisión con dos apariciones por bandas en cinco minutos que resumieron la contienda, pero poco a poco fue creciendo el bando local con esas rápidas transiciones cimentadas sobre robos de balón a los que en seguida sacaban punta. Se marcharon al descanso con la cabeza alta de estar siendo competitivo ante el líder pero el equipo verdiblanco dio la impresión de salir con una marcha más en la reanudación. De hecho, Nico Hidalgo rondó el gol a los dos minutos del segundo tiempo con un disparo desde la frontal que, de todos modos, no tendría más continuidad que un lanzamiento lejano de Quique Rivero a la hora de partido.

El encuentro fue muriendo mientras el Racing lo iba controlando. Dani Mori vio que en el medio campo había perdido potencia y por eso entró Víctor Fernández por Vitienes, un cambio que no muchos entendieron. Tenía el objetivo de mantener a su equipo en pie con la idea de ir a buscar los tres puntos con descaro en la recta final, pero una lesión de Christian le cambió los planes. El central ya había avisado en el descanso de que notaba que algo iba mal e intentó aguantar. Cortar un centro de Redru para que no rematara Barral en el área pequeña en los primeros compases del segundo tiempo le hizo forzar e hizo evidente sus problemas al tocarse en el muslo. Aguantó lo que pudo pero se tuvo que marchar. He ahí una clara diferencia con el potencial del Racing, que se puede permitir no arriesgar lo más mínimo con un jugador que siente cualquier molestia. La Gimnástica, en cambio, tuvo que arriesgar con una de sus piezas capitales en la retaguardia. A ver si llega para Durango.

La lesión del central hizo que entrara Luis Alberto y no Gio, que era la última bala que tenía preparada Dani Mori. Antes había entrado Dani Salas por un desdibujado Leandro buscando una mayor mordiente que tampoco encontró. Los minutos consumían a la Gimnástica mientras dejaban como estaba al Racing. Quizá se echó de menos ahí un mayor ímpetu gimnástico, poner una marcha más para ir en busca de una victoria que le mantuviera en la pelea. Sin embargo, la corneta no llegó a sonar. Nadie toco a rebato porque sabían que delante había mucha calidad, que Cejudo y Noguera habían entrado con muchas piernas, que a Nico Hidalgo aún le quedaba gasolina y que a la mínima la podían liar. Y prefirieron aguantar el aire que tenían dentro para seguir respirando. Con problemas, pero siguen ahí. Lo tienen difícil, pero lo tienen.

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