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El Diario de Cantabria

«Al principio, el balón parecía cuadrado en vez de redondo»

El entrenador de porteros del Racing Emilio Isierte vaticina que, cuando se retome la competición todos los equipos estarán «igual»

Luca e Iván Crespo, pupilos de Emilio Isierte, saludándose durante un entrenamiento. / la liga
Luca e Iván Crespo, pupilos de Emilio Isierte, saludándose durante un entrenamiento. / la liga
«Al principio, el balón parecía cuadrado en vez de redondo»

Una cosa es ser portero y otra es ser jugador de campo. Si ya de por sí cada posición tiene sus particularidades y sus necesidades, más acentuada es la diferencia entre quien está bajo palos y quien no lo está. Por eso no ha sido igual todo este tiempo de confinamiento y la actual vuelta al trabajo para Luca e Iván Crespo que para el resto. Han tenido sus propias particularidades y su propio método de readaptación a su trabajo. Y de ello se ha encargado el entrenador responsable de la puesta a punto de los guardametas, que, desde la llegada de José Luis Oltra y su equipo de trabajo, es Emilio Isierte.

Reconoce el técnico tarraconense que, al principio, hace ya casi dos semanas, a sus pupilos les costó «un poco empezar». Se habían perdido muchos hábitos y, de primeras, «el balón parece cuadrado en vez de redondo y cuesta coger los espacios». Además, en los primeros días casi no pudieron hacer uso del esférico y venían de dos meses de confinamiento en los que no lo pudieron ni tocar. Y tiene claro que es «bastante diferente entrenar con él que sin él». Con todo, las sesiones de trabajo han ido a más, se ha ido pareciendo más a una situación de juego real y reconoce que los porteros «notan el cambio y se cansan mucho más» que si, lógicamente, no hubieran parado.

Recuerda Isierte que los jugadores, y también sus porteros, se volvieron a presentar en las instalaciones Nando Yosu «después de dos meses de estar en casa realizando un trabajo totalmente diferente a lo que se puede hacer en una semana normal». A partir de ahí, han mantenido «una línea progresiva de ir poco a poco». Es fácil intentar comparar esta fase en la que están los equipos con una pretemporada pero tiene muchas diferencias. De hecho, el tiempo en el que los profesionales han estado parados ha sido «más largo» y eso también exige «una progresión más lenta». Con todo, tiene claro que les va a dar «tiempo suficiente para recuperar el ritmo y la intensidad». En cuanto a sus pupilos se refiere, también necesitan este tiempo para «volver a acostumbrar al cuerpo a caer, a los golpes de la caída y a recuperar los automatismos que un profesional ya tiene cogidos».

Recuerda Isierte que un guardameta «cae muchas veces a lo largo del año porque también entrena muy a menudo». Y esa rutina hay que volver a cogerla. Y considera que lo mejor es hacerlo «con tranquilidad y sin prisa». Y es lo que están haciendo. Cree que en las apenas dos semanas de trabajo que están a punto de culminar, han conseguido ganar «ritmo e intensidad» y, manteniendo esa evolución, tiene claro que «las dos o tres semanas que quedan por delante antes de volver a jugar pueden ser suficientes parea coger un buen tono físico».

Las dos semanas que suma el Racing de vuelta a la actividad han sido diferentes. En la primera, venían de dos meses en casa, cada no con sus circunstancias y con espacios específicos. Los hubo que tenían un jardín y otros que debieron cumplir con las tareas del preparador físico en el salón de su casa. Fueron, como recuerda Isierte, «trabajos de fuerza y de coordinación». En el caso de los  porteros, tenían «trabajos más específicos» y así lo siguió siendo en los primeros días de la vuelta al trabajo en las instalaciones Nando Yosu. Sin embargo, en estos últimos días en los que el entrenador ya ha podido trabajar con grupos reducidos, los porteros han estado también «participando más con el pie» con la idea de «ayudar a que ese grupo pudiera hacer tareas un poco más completas». Así, se ha podido ver a Luca o a Iván Crespo realizando labores de campo. Eso sí, también han tenido labores específicas de su profesión porque han contado con «tiempo suficiente para hacer las dos cosas».

Complicidad. Isierte llegó de la mano de José Luis Oltra, con el que lleva mucho tiempo. Considera que las conclusiones que, por ahora, puede sacar de su etapa racinguista sólo pueden ser positivas por mucho que hayan estado «casi más en casa que entrenando». «Cuando llegas a mitad de temporada, siempre hay que intentar adaptarse rápido y, en ese sentido, nos encontramos con un grupo fantástico que tenía una buena predisposición a trabajar». En ese sentido, asegura que ha sido «fácil dentro de la dificultad que entraña cuando llegas a un equipo en el que, sobre todo, has de trabajar lo táctico para captar los conceptos». Con todo, se felicita porque los jugadores verdiblancos se adaptaron bien tanto nada más llegar ellos al equipo como ahora que vienen de estar en casa parados. «Estamos muy contentos por su trabajo y ojalá esa buena predisposición se refrende cuando vuelva a la competición y se vea reflejada con los resultados».

Los resultados podían haber sido mejores porque reconoce Isierte que el Racing pudo hacerlo mucho mejor tanto contra el Málaga como contra el Sporting. Sin embargo, sí intuyó una reacción en el resto de encuentros. Y considera que esa «es la línea a seguir». Parecen tenerlo claro dentro de la caseta por mucho que ésta no exista a día de hoy. Recuerda el entrenador de porteros que cuando se retome la competición empezará una historia nueva y que poco valdrá cómo llegó cada uno. «Todos estaremos muy parecidos, hará calor, cinco cambios y conceptos y cosas que serán diferentes a lo que estamos acostumbrados», resalta. En ese sentido, llama a «ponerse a tono cuanto antes y sacar rendimiento a los primeros partidos». «Si ganamos ese primer partido en casa, ganaremos la moral necesaria para encararlo», apunta.

Isierte se hizo entrenador de porteros nada más colgar los guantes. Pronto se unió a José Luis Oltra y ha alternado el rol de segundo entrenador con el de preparador de guardametas. «Siempre me gustó mucho la función de entrenar y enseñar. Como portero, pillé la primera etapa en la que empezó a haber entrenador de porteros porque antes era una función que hacía un ayudante, un jugador o un exjugador. Ahora es una faceta muy bonita de hacer», relata. Además, rpesume de conocer «muy bien al míster», con el que dice tener «una conexión my grande». «Nos conocemos de hace mucho y casi con una mirada ya sé lo que piensa o lo que quiere hacer», añade.

Emilio Isierte fue cocinero antes que fraile y en su etapa como jugador ya se cruzó con el Racing en partidos importantes, como aquella eliminatoria por el ascenso contra el Espanyol. Él era uno de los porteros ‘periquitos’ y, como recordó hace bien poco, Iván Crespo se estrenaba en El Sardinero en el partido de vuelta en Santander. «Míchel Pineda, de quien luego me he hecho muy amigo, metió gol en Sarriá y cada vez que le he visto me lo ha recordado», subraya. Aquel duelo lo ganó el conjunto cántabro, con el que ahora espera ganar otro, ya en forma de permanencia.

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