01.04.2020 |
El tiempo
miércoles. 01.04.2020
El tiempo
El Diario de Cantabria

Pernía echa balones fuera

  • Ayer comenzó el juicio contra el expresidente del Racing 
  • Aseguró que pensaba que el Racing primavera era «un buen negocio» 
  • No ve problema en haber comprado un coche de alta gama a pesar de la ruina del club
Francisco Pernía, llamado a declarar. / Cubero
Francisco Pernía, llamado a declarar. / Cubero
Pernía echa balones fuera

El tiempo no cura las heridas, pero sí que las deja en un segundo plano. Las enfría. Si el juicio contra Francisco Pernía se hubiera celebrado hace media docena de años, nadie estaría hablando de otra cosa. El racinguismo estaría completamente centrado en el asunto y a buen seguro que se habría producido una concentración de racinguistas a la entrada del juzgado para ver entrar al expresidente y lanzarle algún mensaje. La sala se habría quedado pequeña, todo el mundo habría querido estar presente y, para dar cabida a todos los interesados, habría hecho falta el Palacio de Festivales. Sin embargo, el juicio comenzó ayer como si fuera un episodio más de una larga historia que comenzó hace mucho tiempo. Y es otra cosa. Es diferente porque se acerca el final. El de Cóbreces está sentado en el banquillo de los acusados y se enfrenta a una petición de la Fiscalía de seis años de prisión más una indemnización de 410.000 euros a compartir con los otros dos acusados y a incluso un castigo mayor si prosperan las peticiones del resto de acusaciones, que son la Asociación de Exfutbolistas, Aupa y el propio Racing. Ha costado mucho trabajo sólo llegar hasta aquí porque, de hecho, la querella se presentó hace más de siete años. Dicen que cuando la justicia es lenta deja de ser justicia, pero a esto hay que amoldarse.

A Pernía le acusan de supuesta apropiación indebida en relación a la escuela de fútbol Racing Primavera en Brasil y por administración desleal por la compra de un coche de lujo con cargo al club para uso exclusivo y por la indemnización de 100.000 euros a Galería Culturas, de José Campos, por una teórica rescisión contractual aunque, en verdad, nunca hubo contrato. Y he ahí el quiz de la cuestión y lo que las acusaciones intentaron adivinar ayer: ¿Por qué pagar una indemnización por la ruptura de un contrato que no existía?

Durante su larga comparecencia, el expresidente se dedicó a echar balones fuera. Ninguna sorpresa. En más de una ocasión, protagonizó un intenso cruce de palabras con Manuel Higuera, que respresentaba a los exjugadores y que llevó la voz cantante en el interrogatorio. No es fácil, por ejemplo, justificar de manera coherente la compra de un vehículo de alta gama valorado en más de cien mil euros a cargo de un club encaminado ya al concurso de acreedores y que a esas horas ya acumulaba una deuda de más de cuarenta millones de euros. En su día afirmó aquello de «algún capricho me tenía que dar», palabras que ayer él mismo reconoció que no fueron apropiadas. Sin embargo, defendió la compra del vehículo a pesar de que, como le recordó la acusación, el club tenía media docena de ellos a su servicio porque, en su opinión, alguien de su posición no podía ir por ahí con cualquier cosa. Menos aún, cuando entre los futbolistas había dudas de la capacidad de afrontar pagos por parte del club. Si el presidente iba con un buen coche, era signo de que todo iba bien.

Afirmó Pernía que la compra de ese Audi A8 del que, posiblemente, esté más que arrepentido, fue aprobado por el consejo de administración. Todo, a tenor de sus respuestas, fue siempre culpa o responsabilidad de los demás. Si no había facturas de los pagos realizados, había que preguntárselo a los de administración. En concreto, ese vehículo de alta gama del que disfrutaba a cuenta del club fue adquirido después de que se rompiera otro de la misma marca y que anteriormente había utilizado Zigic. Y éste, según afirmó, «se había parado dos veces», lo que entendía que no era apropiado para cuidar la «imagen» que debe proyectar un presidente del Racing. De este modo, se decidió a comprar uno mejor. Higuera insistió en preguntarle si consideraba normal hacerlo cuando el club estaba en la ruina más absoluta y con una deuda de casi cincuenta millones, pero el expresidente salía siempre por la tangente diciendo que la realidad del club en el 2010 (cuando compró el coche) era diferente a la del 2011 (cuando entró en concurso de acreedores) porque cambió la propiedad.

En este sentido, insistió en que «siempre» realizaba los viajes que tenía que hacer como presidente del club en coche, de modo que hacía más de 100.000 kilómetros de media al año. Con esto quiso dejar claro que no le daba «ningún uso particular» porque estaba ocupado «365 días al año» en su cargo. Vivía por y para el Racing. Era un presidente entregado en cuerpo y alma a su racinguismo.

Con todo, la madre del cordero de este juicio es lo relacionado al Racing Primavera, que es también lo que tiene a Urquijo y a Vergara en el banquillo de los acusados. Ambos se presentaron, además, con una abogada mediática como Jone Goirizelaia, actual concejala del Ayuntamiento de Bilbao. El primero de ellos fue el segundo en declarar, tras Francisco Pernía, y el segundo sólo se dedicó a decir que no sabía nada. En el fondo, está acusado por ser socio de quien llegara a ser contratado por Ángel Lavín ‘Harry’ como director de la cantera. Es fácil concluir que no tenía excesivo conocimiento de lo que se estaba fraguando en territorio brasileño, aunque eso deberá decretarlo la jueza.

Aseguró Pernía que, en aquel momento, creyó que la creación del Racing Primavera podía ser una «buena oportunidad de negocio», ya que permitiría al Racing vender jugadores o evitar tener que comprarlos. Tanto es así, que tenía claro que, «con que saliera uno solo» adelante, «habría saldado la deuda» del equipo. Lo que pasa es que no salió nadie. Él culpó de ello a los técnicos del club, que, en su opinión, nunca llegaron a tomarse en serio el proyecto y dejaron pasar alguna oportunidad interesante.

Como no podía ser de otra manera, la idea no fue suya, sino de otros. En concreto, se la había planteado el exconsejero en aquella época Ramiro Cid. Fue él quien le animó a «profundizar» en la idea después del frustrado intento de fichar a Rafael Sobís. Por aquel entonces, no era propiedad de un club, sino de particulares que hicieron imposible el traspaso. Fue entonces cuando a alguien se le encendió la bombilla y planteó la creación de esa supuesta escuela que evitaría tener que negociar con intermediarios, clubes y demás estorbos. Y por el camino se fueron casi un millón de euros. Y no volvieron.

La Fiscalía y la acusación consideran que el proyecto carecía de un plan y consistió «básicamente en una serie de transferencias» a dos cuentas que se crearon para tal fin. Además, ponen el acento en que ciertas cantidades se desviaron a «terceros ajenos a la escuela». En este sentido, Pernía explicó que se hicieron pagos a Urquijo porque en ocasiones «había adelantado dinero». Además, se ingresó una cantidad a una empresa de reparación de automóviles en un momento en el que la cuenta del club brasileño estaba bloqueada por un impago y que, al parecer, era propiedad del presidente del Primavera. El de Cóbreces, que parece no tener nunca iniciativa propia, afirmó que le habían aconsejado enviar el dinero a través de esta vía para que llegara antes.

Asimismo, añadió que Urquijo le trasladó que para el tercer año de funcionamiento de la escuela ya podría «salir alguno» de los jugadores. «Y con que saliera uno ya se amortizaba la inversión», recalcó. Sin embargo, Pernía reconoció que el Primavera «no tuvo ningún retorno» y «nunca cuajó ninguno de los que vinieron» porque «nadie les miró» y había un «ambiente enrarecido». A su vez, Pernía destacó que los promotores de esta iniciativa no pensaron «en ningún momento» en hacer ningún perjuicio económico a nadie. «Todo lo contrario, era pensando en que saliera bien, porque era algo importante», sentenció.

La figura de Javier Montalvo salió a relucir en más de una ocasión. En relación con la escuela brasileña, aseguró Pernía que el empresario madrileño había dicho que bajo ningún concepto podían perder la inversión allí realizada, por lo que les habría animado a seguir. Mientras, en relación al finiquito de José Campos, afirmó que había sido el propietario de Dumviro quien le había contratado, pero siempre de palabra. «No iba a contradecir a mi jefe», respondió Pernía cuando le preguntaron si veía normal que pagaran al hostelero 3.000 euros mensuales por encargarse del área social.

Ese supuesto contrato del que no hay prueba alguna tenía incluso duración. Y era de seis años. Sin embargo, apenas unos meses después, la relación «se deterioró y Campos se tenía que ir». Y a pesar de que el Racing podría haberse aferrado a la inexistencia de ningún contrato, decidió pagarle una indemnización. Contó Pernía que el hostelero pedía 300.000 euros, por lo que acordaron un pago de 100.000 euros para que todos quedaran en paz.

Comentarios