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El Diario de Cantabria

RACING - NUMANCIA

PASO A PASO

  • El Racing demostró que ha aprendido a mantener empates cuando percibe que no puede ganar  
  • Firmó tablas ante un Numancia que puso en aprietos a Luca  
  • El partido tuvo diferentes fases pero el equipo soriano terminó mejor
Nuha, de cabeza, dispuso de una de las ocasiones más claras del Racing. / Cubero
Nuha, de cabeza, dispuso de una de las ocasiones más claras del Racing. / Cubero

Pudo haber pasado de todo, pero no pasó nada porque el marcador no se movió. Y cuando el marcador no se mueve, todo lo sucedido en el terreno de juego cae en saco roto. Se rebobina la cinta para que sirva para otra ocasión. Como si el partido no hubiera existido. Más aún, cuando ninguno de los dos equipos se marchó con la sensación de haber merecido llevarse la vitoria. Fue un encuentro con luces y sombras para un Racing irregular y a rachas que, por lo menos, ha aprendido a amarrar puntos. Al menos ayer, cuando vio que no podía ganar, supo mantener un empate que le permite seguir avanzando. Y no dejar nunca de caminar es fundamental para llegar a donde uno quiere llegar.

El de ayer fue el primer cero a cero de la temporada para el Racing, pero no fue el típico partido de cero a cero con dos equipos timoratos que juegan a no jugar. Para nada. Ambos quisieron ganar, hubo mucho ida y vuelta, dos disparos a la madera y grandes intervenciones de los porteros, sobre todo del racinguista.  Que no hubiera goles fue un accidente porque incluso ambos equipos tuvieron errores en defensa que pusieron las cosas fáciles, pero el balón no quiso entrar.

No le dio Ania demasiadas vueltas al once inicial que puso a jugar ayer contra el Numancia. Fue el mismo que jugó contra el Mirandés y el Sporting a excepción de Kitoko, que vio el partido desde la grada por lesión. Su puesto lo ocupó Sergio. Y el astillerense estuvo un tanto superado por momentos porque jugar en inferioridad en esa zona ancha genera ciertos momentos de impotencia y, sobre todo, mucho cansancio. Mejor aún estuvo Mario Ortiz, que fue todo un perro de presa cuando su equipo no tuvo el balón y el hombre encargado de transmitir calma cuando lo tenía, que tampoco fue demasiado porque el conjunto cántabro no es amante de las posesiones largas. Tuvo alguna en la recta final del primer tiempo, cuando más rondó el gol, pero ayer, sobre todo, le tocó correr.

El partido fue un continuo carrusel de momentos para unos y para otros. Cuando parecía que el gol del Numancia sólo podía ser cuestión de tiempo, se inclinaba el campo para vender la sensación contraria. Y así se sucedieron buena parte de los minutos. Como si los dos equipos estuvieran montados sobre un balancín. Es siempre clave aprovechar los minutos de inspiración para marcar, adelantarse o, cuando menos, meter el miedo en el cuerpo, pero costó acertar. Luca estuvo sobresaliente bajo palos y más de lo mismo se puede decir de Barrio, el portero del Numancia. No fue un partido de defensas, pero sí de porteros.

Nadie pudo sentirse el dominador de la contienda. El Numancia, que dibujó un 4-2-3-1 sobre el terreno de juego, apostaba por jugar por bajo desde su propia área. Si superaba la primera línea de presión, se encontraba con superioridad en la medular y fue así como consiguió llegar con frecuencia a los dominios racinguistas. Sobre todo, lo hizo por un costado derecho donde sufrió como nunca esta temporada Moi. Y lo peor fue que quien estaba a su lado, Jordi Figueras, también lo hizo. Higinio, el delantero rojillo, le sacó de quicio. Sufría cuando salía de la cueva y acabó viendo una amarilla mediado el primer tiempo y se jugó una segunda poco después. El equipo soriano lo pidió con ahínco, pero no coló. Con todo, Iván Ania vio las orejas al lobo y en el descanso dio entrada a Olaortua.

Si el Numancia no se fue con ventaja al descanso fue por dos manos salvadoras de Luca. La primera, quizá la que tuvo más mérito, fue a los diez minutos, cuando una falta lateral evitable provocada por Moi. Fue Curro quien la sacó y es probable que buscara un centro, pero el balón se fue envenenando hasta ir directo a portería. Cogió desprevenido al portero francés del Racing pero estuvo rápido para sacar una mano que despejó el peligro. La segunda fue casi a la media hora de juego fruto de una auténtica empanada de la retaguardia verdiblanca, que dejó tocar al ataque numantino en su propia frontal del área hasta que Higinio, el más peligroso, controló la pelota y encontró posición de disparo. Fue un remate raso y duro que Luca despejó echando la manopla al suelo demostrando estar bien de reflejos.

Aquella acción dio inicio a una fase preocupante del Racing. Entre el minuto treinta y casi el cuarenta, transmitió una imagen preocupante, corriendo sin demasiado sentido, sin estar atento al rechace en la segunda línea y abriendo unos espacios entre el ataque y la medular que se lo dejaba todo en bandeja a los rojillos. Éstos se sintieron dominadores y prácticamente ganadores por mucho que, en el fondo, tampoco culminaran sus jugadas. Era una cuestión de sensaciones. El balancín estaba en ese momento de su parte pero, de pronto, cambió completamente.

Y cambió gracias a dos remates de Nuha al saque de otros tantos córners que pusieron en serios aprietos a la zaga castellana. En uno de ellos, incluso buena parte de la grada cantó gol. El Racing repitió por dos veces la jugada de meter a buena parte de sus hombres sobre la línea de gol para que, en un momento dado, el espigado delantero gerundese dé un paso atrás para rematar. Y no es fácil frenarle.

Apenas unos segundos después del primer intento, fue Yoda quien, tras una notable pared con Enzo, hizo intervenir a Barrio. El extremo francés, máximo goleador del equipo, dio la impresión de que se había roto al cuarto de hora de la contienda, cuando incluso estuvo cojo. Sin embargo, en ningún momento se echó al suelo para ser atendido dejando a todos pendientes de su estado. Quizá él mismo intuía que no era nada, pero los demás no lo sabían. Por eso calentaron durante buena parte del encuentro tanto Nico Hidalgo como David Carmona. Sin embargo, Yoda llegó a los ochenta minutos. Sin la chispa habitual, pero con su habitual capacidad de generar peligro. 

Con todo, a quien siempre miraban los suyos para sacar la pelota era a Nuha. Es cierto que Luca siempre inició en corto buscando a alguno de sus centrales, pero luego éstos miraban hacia el horizonte, ya fuera buscando al gerundense o rápidamente a las bandas. Quiso ser profundo y vertical como también lo quería ser su rival, por lo que el partido tuvo ritmo en todo momento, con muchas acciones en las áreas y los lógicos vaivenes en cuanto a dominio y sensaciones se refiere.

Lo que sirve para ilustrar bien ese subir y bajar continuo son los dos largueros que tuvo el encuentro. El primero fue del Numancia a los tres minutos de la reanudación, cuando de nuevo volvió a ser el generador de peligro principal. Salió mejor el equipo soriano, que vio cómo Castellano, su lateral izquierdo, recogía un rechace a 35 metros de la portería verdiblanca y, sin pensárselo dos veces, remató de primeras para lanzar un auténtico misil que si no se estampó contra la escuadra, poco le quedó. Lo que sucede es que poco después cambió otra vez el encuentro y fue David Rodríguez quien, a la hora de juego, giró todo lo que daba su cuello para rematar de primeras un saque de esquina de Enzo. El balón superó al portero por alto pero, cuando parecía que podía ir para dentro, dio contra la madera.

Aquellos eran buenos minutos para el Racing. Otra vez. Dos disparos de Enzo marca de la casa habían puesto el miedo en el cuerpo de los sorianos pero quien de verdad estuvo cerca de marcar fue Higinio, el malo de la película en la noche de ayer de El Sardinero. Disfrutó de un minuto espectacular de Noguera, que esperó a visitar Santander para disputar sus primeros minutos de la temporada. El delantero rojillo ganó la posición a Alexis y remató con dureza, pero  salió bien con Luca para lucirse. Otra vez.

Lo cierto es que hubo ocasiones de sobra para haber roto la igualada inicial, como ese contragolpe que terminó en un dos contra dos de Nuha y Sergio que este último decidió culminar por sí mismo dejándoselo fácil al guardameta. O cuando un recién entrado Otegui aprovechó que se abrió una puerta en la retaguardia racinguista para lanzar un potentísimo zurdazo que se estampó contra el lateral de la red. Daba la sensación de que el gol tenía que caer por alguno de los dos lados y quien más boletos compró para la fase final del envite fue el Numancia.

Pasaban los minutos y no pasaba nada. Y a eso le tiene miedo cualquiera porque buena parte de los partidos de esta temporada se están decidiendo en los instantes finales. Ania ha aprendido la lección y apostó por reforzar el centro del campo para sentar a Yoda, que se había colocado de media punta tras la entrada de Nico Hidalgo a los ochenta minutos de juego. Así, acabó el Racing con un 4-1-4-1 con el que recuperó, en parte, el control de la contienda. Porque la entrada de Noguera y Otegui había hecho mucho daño al bando local enriqueciendo el juego por dentro del Numancia y aprovechándose del agotamiento del doble pivote verdiblanco. Ellos parecían ser más, pero se terminaron marchando sin goles. Dio la impresión de que el conjunto cántabro ha aprendido que, cuando no se puede ganar, bueno es empatar.  Es una verdad como un templo.

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