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El Diario de Cantabria

Otra vez desaparece el VAR

  • La acción que envió a Dani Toribio al hospital pudo haber significado la segunda amarilla a Aguza, por lo que pudo haber actuado el rearbitraje   
  • El jugador del Almería se olvida del balón
Vicente Miera, invitado al Palco de Honor de El Sardinero. / ALERTA
Vicente Miera, invitado al Palco de Honor de El Sardinero. / ALERTA
Otra vez desaparece el VAR

El Racing se estrena esta temporada con el VAR. Es una herramienta moderna cuyo estreno le cogió en las profundidades del fútbol, en una Segunda B donde es impensable pensar con algo así. Lleva dos partidos vigilado por los ojos del ‘Gran hermano’ pero lo cierto es que el aparato todavía no ha saltado a escena para corregir alguna acción. Y da la sensación de que tendría que haberlo hecho al menos un par de veces, pero se ha quedado a resguardo dentro de la madriguera para no molestar demasiado, lo que ha podido perjudicar al conjunto cántabro. Incluso le ha podido costar puntos, pero eso entra ya dentro del fútbol ficción.

Si Chuti Molina mostró la pasada semana todo su enorme cabreo por el hecho de que el VAR no había actuado para pitar un penalti sobre Cejudo en el partido contra el Málaga, es de entender que más aún lo esté cuando el partido contra el Almería sumó una nueva acción polémica. En este caso, no habría supuesto una pena máxima, sino la expulsión de un jugador del Almería. La jugada, además, terminó de mala manera para los intereses racinguistas, ya que Dani Toribio tuvo que ser llevado en camilla no ya al vestuario, sino incluso al hospital.

Quien se chocó con el medio centro del Racing como si de un tren de mercancías se tratara fue Aguza. Y él ya tenía una cartulina amarilla. Repetida la jugada y vista por la pequeña pantalla, parece claro que puede acarrear una amonestación porque el jugador del Almería se olvida literalmente de la pelota. Va a arrollar. Tanto es así, que ni siquiera salta para llegar lo más alto posible y cabecear el esférico antes que Toribio, sino que da continuidad a su carrera para realizar un salto lateral que chocara con el jugador del Racing. No buscó balón, sino jugador. Y vaya si lo encontró. Lo hizo de lleno cuando éste ya estaba vendido, ya que había iniciado ya su salto y no tenía apoyo alguno con el suelo porque sus piernas estaba por el aire. Por eso no se produjo un choque o una carga legar en una disputa de igual a igual por la pelota, sino un atropello.

Dani Toribio quedó vendido ante un jugador que ni siquiera miró hacia arriba buscando el cuero, sino que pareció tener el único objetivo de que su rival no cabeceara cómodo y con sentido el esférico. Y lo peor de todo es que le arrolló de tal manera que cayó mal y tiene dañado el hombro y la clavícula. Tuvo que ser trasladado al hospital porque aseguró sentirse mareado. Allí le examinaron y le enviaron para casa a descansar tras descartar nada grave, pero la lesión está ahí. En el entrenamiento del domingo se tuvo que quedar sentado en un despacho siguiendo el trabajo de sus compañeros desde la distancia y está a la espera de cuándo volverá a reanudar la actividad. El atropello que sufrió tendrá más consecuencias más allá de la que tuvo a corto plazo durante el transcurso del partido.

Y es que, la lesión del jugador de Talavera de la Reina hizo que Ania se quedara sin medio centros y tuviera que echar mano de un lateral izquierdo como Abraham Minero para completar la sala de máquinas. No es lo ideal. De hecho, a partir de ese instante, el equipo incrementó sus dudas, echó un paso atrás y vivió sus minutos más peligrosos. Fue todo un contratiempo que, además, no tuvo castigo alguno para el Almería.

Y pudo haberlo tenido. El infractor ya tenía una cartulina amarilla y, de haber visto otra, podría haber sido la segunda y haber dejado a su equipo con diez. Viendo cómo se estaba desarrollando el encuentro, es fácil pensar que, posiblemente, no hubiera terminado como terminó si el Almería hubiera jugado con diez. O sí, eso ya nunca se sabrá. Lo que parece obvio es que el VAR podía haber entrado en acción porque, además, el juego estuvo tanto tiempo parado para atender a Toribio que hubo tiempo de sobra para ver repetida la jugada y comprobar que bien podía haber sido objetivo de una segunda amarilla, ya que es una acción completamente temeraria.

Dentro de los cuatro supuestos en los que se puede utilizar el VAR está el de corregir, según explica la FIFA en su página web, «decisiones erróneas relativas a la expulsión de un jugador». Y no enseñar una segunda amarilla a Aguza puede ser una decisión errónea. También cabe la posibilidad, por otro lado, de que quien esté revisando por la pequeña pantalla el partido o el propio árbitro, que ni siquiera fue invitado a ver repetida la acción, concluyan que ahí no hubo nada amonestable. Y es que, la subjetividad no ha desaparecido a pesar de la aparición en escena del ‘Gran Hermano’.

En este caso, lo que la semana pasada ya había enfadado enormemente a Chuti Molina fue que ni siquiera se conminara al colegido que pitó el partido contra el Málaga a visitar la jugada que acabó con una caída de Cejudo dentro del área. El empujón es indiscutible y lo cierto es que, según cuentan los propios futbolistas, el colegiado incluso lo vio, pero había interpretado que no había sido lo suficientemente determinante como para provocar el derribo del cordobés. Quizá por eso se negó a parar el partido para disponer de una segunda oportunidad de ver la jugada. Se fió de su percepción y tenía claro que el empujón no había sido para tanto.

De esta manera, en ninguno de los dos partidos que ya ha disputado el Racing ha tenido que intervenir el VAR. Ha habido algunas pocas acciones en las que el colegiado se ha echado la mano al pinganillo, pero sin tener que corregir nada sobre la marcha. El club cántabro está por estrenarse con esta nueva tecnología aunque lo cierto es que piensa que ya lo tenía que haber hecho en al menos dos ocasiones.

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