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El Diario de Cantabria

La vida sin Cejudo

  • La ausencia del cordobés se hizo notar el domingo ante el Sporting 
  • Volvió a poner en primer plano las carencias estructurales de la plantilla y no contar con jugadores con capacidad de dar fútbol y criterio al medio campo
José Luis Oltra, contemplando las gradas de El Sardinero. / Cubero
José Luis Oltra, contemplando las gradas de El Sardinero. / Cubero
La vida sin Cejudo

Hace un par de semanas, cuando Chuti Molina por fin apareció en público tras mucho tiempo tras la cortina, vaticinó que a Álvaro Cejudo se le iba a acabar la gasolina y que, por su edad, era improbable que fuera a terminar la temporada al mismo nivel que ha mostrado hasta la fecha. Más vale que estuviera equivocado y que sea sólo uno de sus muchos errores del presente curso porque, de lo contrario, el equipo amenaza con mostrarse más pobre de lo que ha parecido hasta la fecha. Quedó acreditado el pasado domingo, cuando la baja del cordobés por sanción hizo que el Racing fuera aún más limitado con balón de lo que lo ha venido siendo. Sin él en el campo, aún quedó más patente la ausencia de jugadores con criterio y fútbol en sus pies cuando les toca manejar la pelota.

Chuti Molina realizó esa afirmación para justificar que, de los cinco fichajes realizados en el mercado invernal, tres de ellos fueran media puntas. Es decir, que la principal línea que reforzó el Racing en enero fue la que mejor estaba funcionando y la que, por lo menos, le había mantenido más o menos en pie durante toda la primera vuelta. Aquello no tenía sentido. Pero el director deportivo afirmó que era porque, obviamente, se había ido Yoda y había que ocupar su sitio y porque temía que Cejudo no iba a aguantar. Y es obligatorio que lo haga porque no tiene recambio en este equipo.

El pasado domingo apostó José Luis Oltra por Enzo para ocupar la media punta. Todo apuntaba hacia Papu porque en los primeros entrenamientos de la semana Enzo se había ejercitado siempre por banda izquierda y el georgiano por dentro. Más claro, agua. Más aún, teniendo en cuenta que el francés ni siquiera había terminado el entrenamiento del sábado, por lo que parecía precipitado ponerle a jugar. Sin embargo, fue él quien no sólo ocupó la plaza de Cejudo, sino que incluso completó los noventa minutos. Y lo hizo porque su entrenador confiaba en que al atacante cedido por el Mallorca se le encendiera de pronto la bombilla y se sacara de la chistera un golazo o, al menos, una gran jugada que terminara en gol como las dos que intentó en el primer tiempo.

Enzo sí es capaz de dar eso. Todavía le falta aumentar su productividad porque prácticamente nada de lo que empieza lo termina, pero al menos encara, desequilibra y dota de una salida a un equipo que, como el domingo ante el Sporting, muchas veces se queda sin argumentos para atacar. Lo que no da el jugador galo es la capacidad de asociarse, de dar pausa, de crear y generar juego que sí puede dar Cejudo tanto cuando se cuela entre líneas como cuando baja a recibir a la posición de medio centro. Y eso lo echó de menos un Racing que no tuvo muy claro el pasado domingo qué quería hacer o cómo quería ganar. De partida, intentó sacar el balón jugado por bajo, un error en el que han caído todos los entrenadores de manera poco comprensible. Porque basta ver la confección de la plantilla para percatarse de que el director deportivo la creó sin jugadores creativos y asociativos en la sala de máquinas. Y sin eso, no hay creatividad posible.

Menos aún el pasado domingo, cuando ni siquiera estaba Jordi Figueras sobre el terreno de juego. El catalán es habilidoso con el balón en los pies y es capaz de dotar de una salida aseada a la pelota desde el área propia. Sin embargo, quien jugó en su puesto el domingo tiene unas aptitudes casi opuestas. Más aún, si le hacen jugar a pierna cambiada, como fue el caso. Olaortua sufrió porque, además, el Sporting era consciente de que era a quien debía llegar el balón y por eso apretaba más a Manu Hernando.

Por delante, estaban Sergio Ruiz y Kitoko, dos portentos físicos entre cuyas virtudes no está la de generar juego, enlazar pases, crear fútbol y dotar de ritmo al balón. Sobre todo el primero, sí es capaz de superar líneas en circulación, pero no moviendo el esférico. Lo del belga no es ni una cosa ni otra. Lo suyo es la presión, ganar duelos, abortar la creatividad del rival y tapar agujeros. Eso no lo hizo el domingo y mucho menos ayudó a mantener la posesión y a sacar el balón desde campo propio porque no tiene aptitudes para ello. Lo curioso es que Oltra, en sala de prensa, dijera que había echado de menos que el congoleño diera velocidad a la circulación. Eso es algo que no puede dar por mucho que Chuti Molina sea su máximo patrocinador.

Quizá el secreto de todo está en que el director deportivo crea que Kitoko puede dar eso y por eso dejó al equipo vendido sin ningún medio centro capaz de crear juego. Es algo que viene arrastrando el equipo desde principios de temporada y que no fue corregido durante el mercado invernal. La prioridad fue fichar a media puntas o extremos por si se lesionaba Cejudo o si sufría un bajón de forma. El problema es que quienes pueden jugar en su puesto, que, sobre todo, son Enzo y Papu son bien diferentes. Más opuesto aún lo es el segundo si da continuidad a la desgana con la que dio la impresión de salir a jugar el domingo. Ya cuando el entrenador llamó a Barral para que entrara al campo en lugar de a él, dio una patada al aire con la que mostró su incomprensión. Bien haría en aprovechar cada minuto porque, gracias a esos incomprensibles movimientos de mercado de Chuti Molina, tiene mucha competencia en la línea de tres media puntas en la que él se sitúa habitualmente.

Sin corrección. Tan desprovisto está el Racing de creación en el centro del campo que, cuando ha precisado de un jugador con capacidad de asociarse y hacer mover la pelota, ha tenido que retrasar la posición del propio Cejudo. Es algo que ya se vio en la primera vuelta y, a pesar de eso, no hubo corrección durante el mercado invernal. De este modo, los errores acumulados en la confección de la plantilla siguen ahí. Y así es complicado pensar en una remontada imposible. Durante toda la semana pasada, se llegó a creer de verdad en que la llegada de José Luis Oltra, unida a la meritoria victoria de Almería, iba a cambiar las cosas, pero no fue así. Por eso lo del domingo pasado fue una vuelta a empezar de manual. Como si los últimos quince días no hubieran valido de nada. El efecto del cambio de entrenador quedó abortado con, sobre todo, quizá la peor primera parte vista durante toda la temporada.

Porque la forma que tuvo el Racing de aparecer en el campo el pasado domingo no hay por dónde cogerla. Salió a jugar un equipo timorato que se dejó encerrar situando las líneas tan atrás que incluso aunque Enzo hubiera acertado, se le hubiera encendido la bombilla y hubiera enlazado tres regates, aún le habría quedado demasiado lejos el área. Y las aventuras individuales eran la única posibilidad de hacer daño al rival. Porque no había otro camino. Generar era imposible porque el equipo sigue sin tener cartas para ello y menos aún las tenía el domingo sin Figueras ni Cejudo. Y lo malo es que el equipo tampoco pasó a un plan B, a ganar al rival al menos en intensidad, a apostar por una presión que buscara robar cerca del área. Nada. No había manera de coger a un equipo que, como reconoció después su entrenador, había sido superado en todo por el Sporting. Y ahí está lo más dañino de todo, que el equipo rojiblanco ganó con solvencia y sin sufrir lo más mínimo.

Una vez que el Racing llegó a la conclusión de siempre, que no tiene cartas para jugar a sacar el balón por bajo, apostó por el juego directo, pero ahí también perdió. No ganó ni un solo duelo ni cazó segundas jugadas. El domingo fue un equipo reducido a la mínima expresión. Y lo peor de todo es que se convirtió en muy poca cosa en el momento más inoportuno. Porque todo estaba escrito para iniciar algo grande o para, por lo menos, meterse en la pelea en la que hay metidos media docena de equipos. Eso es más de con lo que muchos soñaban apenas diez días atrás. Se había reactivado la ilusión. De pronto, el racinguismo había vuelto a creer y había convertido en optimismo todo el pesimismo acumulado desde principios de curso, pero sufrió una marcha atrás. 

El Racing y el racinguismo fueron presas de la montaña rusa en la que a menudo se convierte un equipo, ya que el fútbol tiene la capacidad de pasar del todo a la nada y al revés. Y esta vez toca la nada porque el aficionado se fue a casa con un bajón importante. Era la oportunidad de reenganchar a miles de seguidores verdiblancos, de sumarles a la remontada y de generar un clima especial, pero el equipo no estuvo a la altura. Estuvo muy lejos de ella. 

El Sardinero estuvo lleno y ni siquiera a pesar de lo que vio y lo que tuvo que aguantar  hizo reproche alguno a los futbolistas. Es cierto que se oyó el habitual ‘échale huevos’ que suena en los malos momentos, pero no es tanto una cuestión de actitud, sino de aptitud. Porque a este equipo le han dejado vendido y ni siquiera la sucesión de entrenadores parece poder sacar partido de un equipo que no da para mucho más. Sus carencias son conocidas desde hace tiempo y Oltra tiene ante sí el objetivo de intentar taparlas para, por lo menos, mantener al equipo en la pelea hasta el final. Ahora lo que toca es pensar en el siguiente paso y en ir a Málaga de la misma manera a como fue el equipo a Almería, pero quince días y dos jornadas más tarde. Todo pasa por ganar allí y volver a cambiar de tercio en la montaña rusa verdiblanca para intentar aprovecharlo luego en casa ante un Zaragoza que, a día de hoy, parece imparable. Cada vez es todo más difícil.

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