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El Diario de Cantabria

La reacción que no fue

  • Tras tres partidos con Cristóbal al frente, el equipo está donde estaba cuando Ania fue cesado  
  • No ha habido mejoría ni en ataque ni en defensa  
  • El sistema, los nombres y hasta las soluciones planteadas son similares
Cristóbal ha cumplido tres semanas al frente del Racing. / Cubero
Cristóbal ha cumplido tres semanas al frente del Racing. / Cubero
La reacción que no fue

Cuando un club toma la drástica decisión de echar a un entrenador para fichar a otro lo hace, por encima de todo, para buscar una reacción que acabe con la peligrosa dinámica que lleva un equipo. Más aún en el caso del Racing con Iván Ania, ya que no fue sencillo tomar la decisión de echar en noviembre a quien apenas cuatro meses antes había conseguido el ansiado ascenso del equipo y a quien en ningún momento señaló la afición como el máximo responsable de lo que estaba sucediendo. Éste no estaba demasiado lejos de la luz pero no ganaba y por eso Chuti Molina, tras la aprobación del presidente, decidió dar un golpe de timón, destituir al asturiano y apostar por Cristóbal Parralo. Ésta ya suma tres partidos y no sólo no se ha producido la reacción esperada, sino que poco a poco va haciéndose más evidente lo que parecía una sospecha cargada de fundamento: que el problema no estaba en el banquillo.

El nuevo técnico verdiblanco suma tres partidos al frente de la nave en los que ya ha conocido el empate, la victoria y la derrota. Ya no hay secretos para él. Durante toda esta semana, el Racing va a dormir a dos puntos de la permanencia, que es la misma distancia a la que estaba cuando destituyeron a Ania. No sólo no se ha cumplido el ‘entrenador nuevo, victoria segura’ cada vez menos vigente, sino que tampoco se ha encontrado la reacción necesaria y deseada. Los males que merman al equipo siguen siendo prácticamente los mismos que en la anterior etapa. Quizá porque es una cuestión estructural, culpa de una plantilla que ha quedado acreditado que está mal hecha.

Cristóbal no ha cambiado el esquema que venía utilizando el equipo a las órdenes de su predecesor en el cargo. Ania usó en alguna ocasión el 4-4-2, sobre todo tras ganar al Mirandés con ese esquema, pero el dibujo habitual, tanto el curso pasado como en el tiempo que estuvo al frente del proyecto en el actual, era el 4-2-3-1. Durante algún partido, dibujó un 4-1-4-1, pero de manera circunstancial. Su sucesor en el cargo ha apostado por ese mismo 4-2-3-1 y, hasta el día de hoy, sólo lo ha alterado después de que el Racing marcara el segundo al Extremadura. Entonces, se lanzó a jugar con tres centrales para asegurar el resultado. Fue sólo una solución puntual. En lo fundamental, ha llegado a la conclusión, al igual que el asturiano, que como mayor rendimiento puede sacar a los jugadores que tiene a su disposición es con ese dibujo repetido. Sobre todo, para mantener en el terreno de juego a los tres media puntas que, por ahora, son los jugadores más desequilibrantes del equipo y los que hacen goles. Lo malo es que les cuesta mirar hacia atrás y ponerse el buzo de trabajo.

En cuanto a nombres propios se refiere, tampoco ha habido demasiado cambio. Ha alternado en la delantera al igual que hizo Ania y, de este modo, la gran diferencia ha estado en la sala de máquinas, ya que Mario Ortiz, un fijo para el asturiano, no ha acabado ningún partido con Cristóbal al frente. De hecho, el pasado domingo ni siquiera entró en juego. Su hombre fijo es Dani Toribio y a quien ha empezado a dar más bola es a Sergio porque entiende que es el jugador más diferente de los que tiene para jugar en esa posición. Había dado un buen rendimiento cuando entró en las segundas partes de los partidos ante el Lugo y el Extremadura pero ya no estuvo tan bien en Elche, cuando partió de inicio. 

Otra novedad es que ha dado continuidad en banda derecha a David Carmona, a quien tuvo que poner de inicio en el partido de su debut porque Buñuel estaba con la selección sub 21. Y rindió a un gran nivel. Por eso repitió.  No lo hizo tan bien en el Martínez Valero porque lo cierto es que ningún miembro de la defensa transmitió seguridad y contundencia. Eso sí, también hay que reconocer que los dos laterales quedaron un tanto vendidos en territorio alicantino por las superioridades generadas por el rival y la poca ayuda que recibieron.

Dentro de esa defensa que está lejos de vender solvencia están los centrales. Ania había terminado por concluir que debía meter a Olaortua en escena porque la pareja Alexis y Figueras no funcionaba, pero Cristóbal ha apostado por dar continuidad a la pareja de experimentados y veteranos defensores. Es otra de las decisiones diferenciadas que ha tomado y lo cierto es que no está funcionando. Contra el Extremadura logró el equipo dejar la portería a cero pero aquello fue un accidente. Mientras, en Lugo se hizo gigante Manu Barreiro de cabeza al igual que Yacine el pasado domingo. No les hace falta mucho a los rivales para marcar. Sigue lejos el Racing de transmitir solidez y, aún así, el entrenador, como su antecesor, da la impresión de tener claro que ha de seguir jugando con estas cartas porque no tiene muchas más.

Aunque ganó en su debut en casa, Cristóbal mandó un buen recado a sus jugadores en sala de prensa porque dejó claro que había muchas cosas que mejorar. Sin embargo, a la hora de realizar la convocatoria de 18 y teniendo a todos disponibles excepto a Abraham Minero, siguió llevando a los mismos 18 hombres. Se llevó a sólo dos delanteros y quizá en Elche echó de menos poder disponer alguno más en la recta final del partido, cuando quitó a un desaparecido Nuha para dar entrada a un David Rodríguez que en el Martínez Valero sí encontró la manera de rematar. Ninguno de sus tres intentos fueron entre palos, pero al menos estuvo ahí y llegó a tiempo de conectar con el balón.

En el banquillo le faltaron piezas de ataque y quizá le sobró alguno de los dos medio centros que tenía. Eran Mario Ortiz y Kitoko, dos jugadores muy similares que le podían servir para contener y reforzar un resultado favorable pero no para remontar uno desfavorable. Por eso miraba al banquillo y no veía soluciones. Dio entrada a los dos únicos jugadores con cariz ofensivo que tenía, que eran el citado David Rodríguez y Nico Hidalgo. A éste le puso, además, a jugar en banda izquierda, un sitio donde no es ni la cuarta parte de lo que es en la derecha. Todo racinguista sabe ya que el motrileño es un jugador de un solo puesto, pero Cristóbal quiso experimentar.

Tan pocos argumentos vio el técnico en la plantilla o, al menos, en los jugadores a los que había convocado, que el entrenador andaluz ni siquiera agotó los cambios. Se dejó uno. Así, para dotar de un poco más de fútbol a su sala de máquinas y viendo que no tenía profesionales del puesto con aptitudes para ello, tuvo que retrasar a Cejudo. Era una solución que ya había encontrado Iván Ania en su día. Éste la utilizó en Tenerife y funcionó. También en Elche, ya que, a partir de ahí, el Racing tuvo una reacción y, al menos, firmó algunas llegadas.

Ver al jugador cordobés actuando como medio centro es la mejor manera de evidenciar que la plantilla está coja y que no cuenta con un centrocampista de corte creativo capaz de sacar al equipo de ese tono plano que mantuvo durante todo el partido de Elche. Le falta alguien con capacidad de mover la pelota y poner ritmo al juego. Al menos, cuando lo necesite para cambiar un guión que, como el del domingo, parecía condenado a estamparse una y otra vez contra la misma pared.

A Cristóbal le sucede como a Ania: que le faltan cartas y tiene muchas repetidas. Y tampoco él quiere o puede tirar de fondo de armario, echar mano de Óscar Gil o probar lo que puede dar de sí Berto Cayarga. Tampoco usar otro dibujo porque tiene claro que los tres media puntas han de estar sobre el terreno de juego. Lo que tiene que lograr, y así insiste él mismo cada vez que toma la palabra, es que éstos se involucren en el trabajo defensivo para no dejar tan vendidos a sus laterales como el domingo pasado o para mantener las líneas bien juntas. Es el mismo Cristóbal quien pone el acento en ese plus defensivo que han de dar pero, en el fondo, sabe que está lidiando con tres jugadores con unas aptitudes defensivas muy limitadas. «Es mi carácter», que le decía el escorpión a la rana. Y los dos murieron ahogados.

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