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El Diario de Cantabria

RACING

El respeto ganado

  • El Racing ha ganado todos sus partidos en casa con 22 goles a favor y sólo 2 en contra.
  • Ha conseguido que sus rivales jueguen condicionados y sin demasiada fe en lograr algo positivo.
  • Mantiene una proyección de 92 puntos a fin de curso
Aitor Buñuel, en una de sus incorporaciones al ataque durante el partido del pasado domingo. / J.R.
Aitor Buñuel, en una de sus incorporaciones al ataque durante el partido del pasado domingo. / J.R.
El respeto ganado

Los números del Racing como local son inmejorables. Apenas dejan margen de actuación a los perfeccionistas más quisquillosos. Ha jugado ocho partidos, los ha ganado todos, ha marcado veintidós goles y ha encajado sólo dos. Gracias a esa trayectoria inmaculada en su propio feudo, se está ganando un respeto que, a la larga, incluso ya le está dando puntos. Porque teniendo en cuenta cómo han salido sus últimos rivales en casa, da la sensación de que lo hacen con la certeza de que tienen poco que hacer y a jugársela con un planteamiento mucho más defensivo que el que utilizan habitualmente. Y, con ese punto de partida, algún día pasará que el conjunto cántabro tenga que firmar tablas, pero será difícil que pierda.

El ritmo de puntuación que arrastra el conjunto cántabro consigo es tan alto que los rivales ya saben que lo más normal es que pierdan. Eso condiciona la preparación del encuentro. Saltan a Los Campos de Sport como una oportunidad inigualable de vivir una experiencia de superior categoría en plena Segunda B, pero sin mostrar el desparpajo necesario para hacer frente a un equipo como el Racing. Se vio muy claro en el Leioa, que se presentó en Santander como quinto clasificado, sin haber perdido ni un solo partido desde la cuarta jornada e invicto a domicilio. Sin embargo, fue muy poca cosa el pasado domingo. Quedó clara su apuesta por atrincherarse pero no exprimió la posibilidad de sorprender a los hombres de Iván Ania. De hecho, parecía un buen día para probarlo porque venían de un esfuerzo tremendo el jueves en Copa del Rey, pero volvieron a casa sin saber hasta dónde podrían haber llegado de haber sido un poco más valientes.

La gran primera vuelta que está a punto de completar el conjunto cántabro ha sido tan buena, sobre todo en Santander, que está condicionando el fútbol de sus rivales. Otro buen ejemplo fue el día que la Cultural de Durango visitó El Sardinero. Los durangarras presumían entonces de mantenerse fieles al fútbol de toque y ofensivo que les había llevado a la Segunda B. Sin embargo, sin que hubiera un mandato expreso por parte del entrenador, el equipo vizcaíno jugó de manera timorata y sin apenas atreverse a cruzar la línea de medios. El Racing le condicionó antes incluso de comenzar a tocar la pelota. Lo que también es cierto es que aquel partido fue el que, finalmente, más le costó ganar, ya que no lo desniveló hasta prácticamente el descuento. Eso sí, acabó ganando 2-0.

Lo que se lleva es esperar al equipo de Iván Ania atrás con mucha gente jugando por detrás del balón. Muchos verían cómo, por ejemplo, la Gimnástica incomodó en gran medida a los jugadores racinguistas jugando con mucha gente cerca de su propia área y con al menos nueve de sus futbolistas sintiéndose juntos y arropados para impedir la circulación de balón racinguista. Aquel día, el Racing no estuvo nada cómodo y esa forma de jugar pareció una buena idea para anular al líder. Por un camino similar quiso ir el Leioa pero, en el fondo, los dos acabaron perdiendo como han perdido todos.

Convertir en un fortín tu propio terreno de juego es siempre el primer objetivo de todo equipo con grandes aspiraciones. Ser sólido y prácticamente imbatible como local es siempre un valor seguro porque garantiza una cierta regularidad incluso en los momentos más complicados. Además, es siempre una buena inversión de cara a un playoff que, al menos durante noventa minutos, se disputará en casa. A la larga, el Racing está consiguiendo lo que logran los grandes equipos de cada categoría como pueden ser el Madrid y el Barça en Primera División. Y es que, la mayoría de equipos pasan por allí sabiendo que hay poco que rascar, intentándolo pero con la certeza de que su liga no está allí. Es un respecto que le ha costado adquirir al conjunto cántabro en los últimos años y ahora lo está logrando porque no sólo está ganando, sino que está ganando bien. Tampoco es una racha puntual, sino que se está prolongando en el tiempo y se puede decir que dura ya toda la primera vuelta, ya que queda un solo partido en casa para culminarla. Por eso se la toman muy en serio sus rivales.

El conjunto cántabro ya consiguió barrer a todo rival que pasaba por Santander entre febrero y mayo del 2017, cuando contó sus últimos partidos como local de aquella primera campaña pilotada por Ángel Viadero por goleadas. Ahora también las ha habido (4-0 al Arenas, 4-1 al Langreo y 5-0 al Calahorra) y, además, la única de las ocho victorias que ha sido por la mínima fue la primera de todas contra la Real Sociedad B. Aquel día no estuvo bien y fue cuando menos se pareció el equipo a lo que quería ser. Quizá porque el proyecto aún estaba en formación o porque el filial donostiarra ha sido de los pocos que se ha presentado en El Sardinero a mantenerse fiel a su estilo. A saber. Lo que ha quedado acreditado es que pocos han seguido ese camino marcado. Nadie ha aparecido en Santander con la intención de quitarle el balón al equipo local y eso le ha permitido hacer su juego y sentirse cómodo y poderoso. Y, cuando esto sucede, lo normal es que la victoria de los verdiblancos sea cuestión de tiempo.

Al Racing le toca acostumbrarse a tener en frente a equipos que van a jugarle con la prioridad de, cuanto menos, arañar un punto y, por lo tanto, de no recibir goles. Todos firmarían tablas ante un equipo que ha demostrado ser superior al resto. Por ahora, el único que le sigue el ritmo es el Barakaldo, que lleva ya un puñado de semanas a seis puntos de distancia. En las cuentas de Iván Ania a buen seguro que estaría contar ya con una renta aún mayor y más cercana a la que tiene respecto al quinto clasificado, que es ya de trece puntos. Sin embargo, el equipo de Larrazabal sigue ahí y eso puede ser incluso positivo para que la maquinaria no se relaje en ningún momento. Lo que tiene claro es que, si sigue avanzando a esta misma velocidad, va a terminar siendo un punto negro en el horizonte de los demás porque está manteniendo un promedio de puntos que, a día de hoy, le otorga una proyección de 92 a final de la fase regular. Y eso es una barbaridad.

Cada vez va a ser más difícil ganar. Es algo que tienen interiorizado y asimilado en la caseta verdiblanca. Para explicar esta afirmación, resaltan que los rivales cada vez les conocen más. Por eso quizá también les teman cada vez más e intenten jugar con esquemas y, sobre todo, ideas más conservadoras y defensivas de las que suelen utilizar en sus partidos. El objetivo es siempre conseguir que se le haga de noche al equipo verdiblanco pero, aunque a veces lo hayan podido conseguir, la muralla acaba cayendo.

Tiene muchas armas el Racing para hacer agujeros. Su primer paso es siempre intentar desordenar al rival mediante una circulación rápida, ágil y fluida de banda a banda que haga bascular a quienes visten de diferente manera hasta desordenarles o generar un espacio abierto. Colarse por dentro cuando hay muchos rivales acumulados en su propio campo es complicado y por eso la puerta de entrada suele estar en las bandas. Es algo que conceden esos equipos atrincherados porque prefieren que el Racing llegue con centros por los extremos  porque se sienten más seguro al defenderlos. Además, si un punto negro está encontrando el equipo de Ania en su fútbol son los centros laterales. No le salen bien, rara vez llegan en condiciones a su destino y eso dificulta un poco más la labor de demolición. No hay  ninguna duda de que por ahí hay un tema a trabajar en el futuro. De hecho, el entrenador es consciente de ello y es algo con lo que está insistiendo. Sobre todo, en cuanto a Buñuel se refiere. El navarro está a punto de completar una gran primera vuelta que a buen seguro ha superado sus propias expectativas pero suspende a la hora de levantar el balón tras llegar al área rival. Con todo, si también hiciera eso bien, quizá sería más complicado tenerle en un Racing en Segunda B. 

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