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El Diario de Cantabria

El Racing huye del ascensor

  • Al menos uno de los equipos recién ascendidos a segunda vuelve a bajar un año después  
  • El equipo cántabro le sucedió tras su último ascenso  
  • Para evitarlo, el límite salarial es clave  
  • Ayer se reunió el club con las peñas para explicarlo
Los máximos accionistas se reunieron ayer con las peñas. / J.R.
Los máximos accionistas se reunieron ayer con las peñas. / J.R.
El Racing huye del ascensor

El Racing ya ascendió en el 2014, pero volvió a bajar en el 2015. Es por eso que se ha pasado cinco de las últimas seis temporadas en Segunda División B. Ahora ha vuelto a conseguir un sitio en la categoría de plata y el próximo año se jugará algo más que una permanencia. Jugará también por la identidad de su propio club, ya que no quiere convertirse en un equipo ascensor, de esos a los que la Segunda B se les queda pequeña y la Segunda demasiado grande. Y caer dos veces en la misma piedra le colgaría una etiqueta que luego puede llegar a pesar demasiado.

Dar el salto de Segunda B a Segunda se les hace duro a muchos. La diferencia es abismal y los propios jugadores dicen a menudo que incluso es mayor que la que se produce de Segunda a Primera, ya que los mejores equipos de la categoría de plata podrían ser competitivos en la de oro. Por eso la novatada se suele pagar. No son pocos los recién ascendidos que no consiguen mantenerse en la LFP y, de hecho, la temporada pasada volvieron al agujero tres de los cuatro que habían logrado el gran salto. Habitualmente, siempre hay algún novato que cae en el pozo, por lo que el Racing ha de comenzar a trabajar ya para no ser uno de ellos.

De los que consiguieron el ascenso hace doce meses, sólo el Rayo Majadahonda se ha caído al agujero de la Segunda B esta temporada. Con todo, la gran sangría sucedió el curso 2017 - 2018, cuando Cultural, Lorca, Barcelona B y Albacete eran los recién llegados y de ellos sólo sobrevivió el último. Con todo, lo habitual no es esto. Lo que más veces ha sucedido es que sólo uno de los ascendidos pierda la categoría a la primera. La Ponferradina en el 2011, el Alcoyano en el 2012, el Jaén en el 2014, el Racing en el 2015, el Bilbao Athletic en el 2016 y el UCAM en el 2017 han sido quienes, en las últimas temporadas, no han aguantado ni siquiera doce meses en el seno de la siempre exigente Liga de Fútbol Profesional.

El dinero siempre tiene mucho que ver aunque, por suerte, tampoco es decisivo. Hay excepciones y no todo son matemáticas. Tres de los cuatro que han perdido la categoría en el presente curso tenían uno de los cuatro presupuestos más bajos de Segunda División. La excepción ha sido el Elche, que partía prácticamente en el vagón de cola y no lo ha pasado demasiado mal para mantener la categoría a pesar de ser un recién ascendido. El Rayo Majadahonda, que pudo manejar un techo salarial de 5,2 millones, ha sido el recién llegado, que, después del subidón de un año antes, ha perdido la categoría. Es lo que el Racing va a intentar evitar. No quiere ese papel para nada y, para ello, es consciente de que necesita conseguir el mayor pulmón financiero posible.

Según descubrió la semana pasada el propio Chuti Molina, el Racing ha iniciado la carrera con un margen salarial de 3,5 millones. El gran objetivo sería conseguir los cinco porque el mismo director deportivo tiene claro que, si no se alcanza esa cifra, es difícil mirar hacia ningún sitio. Y ahí comienza la función de los dirigentes, que ya llevan días metidos en esa pugna. Han de encontrar la manera de aumentar en lo posible los ingresos y reducir los gastos. Esto último sólo se puede lograr convirtiendo deuda a corto plazo en otra a largo.

Si el club cántabro va a estar condicionado este curso va a ser porque va a tener que pagar prácticamente la mitad del concurso de acreedores tras haber disfrutado de cómodos plazos durante su trayecto en Segunda División B. Es una categoría que, en verdad, es una ruina porque no tiene capacidad de ingresos y en su día hizo una gran operación el Racing al renegociar los plazos aprobados de partida con los acreedores. Sin embargo, ahora  que la entidad ha vuelto a asomar de nuevo la cabeza por el fútbol profesional, le toca cumplir. Y eso le va a lastrar. Por eso queda claro que el club que preside Alfredo Pérez está ante su año más complicado. Dentro de doce meses, en el caso de que salve el cuello y aleje de sí el miedo a convertirse en un equipo ascensor, estará mucho más desahogado y podrá preparar el verano con un rostro mucho más ambicioso.

Más exigente. La LFP tiene sus baremos muy claros y, si ya de por sí suele ser exigente, más aún lo va a ser esta temporada, después de que viera cómo el Reus tenía que abandonar la competición en enero al no poder hacer frente a los pagos. La imagen que deja algo así es penosa y por eso va a mirar con lupa los números que presente cada club. Y es todo una cuestión de ingresos y gastos y en los primeros de ellos tiene una gran importancia la campaña de abonos. He ahí el elemento diferenciador que el Racing tiene a favor y que no cuentan otros clubes con menos masa social. Soñar con alcanzar los 15.000 abonados es algo que, en un momento dado, se podría permitir la entidad cántabra pero no otras.

Ahí se va a jugar mucho el club. El consejo de administración ya está trabajando en la campaña y en la forma de afrontarla. Lo cierto es que el curso terminó mal en la relación de los dirigentes con los racinguistas, que vieron mal que les hicieran pagar para acudir al partido contra el Fuenlabrada. De hecho, el campo incluso registró la peor entrada de toda la temporada. Eso, en el fondo, va a hacer que todos miren con lupa los precios de los nuevos abonos, que, por lógica, tendrán que tener un incremento importante. Será importante la labor pedagógica de los dirigentes para explicar la importancia de arrimar entre todos el hombro para conseguir un mayor margen salarial.

En este sentido, ayer se produjo un episodio interesante, ya que los máximos accionistas del club se reunieron con una amplia representación de las peñas para explicarles cómo va el proceso de negociación con la LFP, las obras del estadio y, por encima de todo, sus ideas con vistas a la campaña de abonados. Entienden quienes controlan el club que han de ir todos de la mano porque, aunque el balón aún tardará dos meses en echar a rodar, se vienen semanas decisivas para el futuro del proyecto. 

En dicho margen salarial que tocará ir estirando en la medida de lo posible entra también el gasto en finiquitos y rescisiones y por eso la intención del club es sellar las bajas de buena parte de los futbolistas con los que no cuente antes del treinta de junio, ya que así computa en el curso que está a punto de terminar, que ya de por sí arrastrará unas pérdidas importantes. Eso no afectará al límite de gasto para Segunda División si pasa a computarse como deuda a largo plazo. Lo que haya que pagar en años posteriores le da igual a la LFP. Lo que quiere es que un equipo tenga la garantía de que va a poder afrontar los pagos durante el tiempo que dure la temporada.

Para librar este primer trámite ha sido fundamental el tiempo que ha ganado el Racing al ascender a la primera. De hecho, los dos equipos que logren el salto de categoría el fin de semana del 29 y 30 de este mes apenas tendrán tiempo entre el fin de un curso y el inicio del otro. Comenzando la liga en la tercera semana de agosto, la pretemporada debe arrancar entre el 8 y el 12 de julio. Es decir, apenas dos semanas después de que dos equipos sepan que van a jugar en Segunda el próximo curso. Quienes se van a medir en esta última eliminatoria serán Ponferradina y Hércules por un lado, con el partido de ida, como quedó decretado ayer en el sorteo, en territorio alicantino, y Atlético Baleares y Mirandés por el otro. Este último no hubo que sortearlo porque, al ser los de Manix Mandiola campeones, siempre tienen el factor campo a favor.

El equipo de Ania se medirá al Valladolid el 27 de julio en Medina de Rioseco

 

El Racing jugará ante el Valladolid su cuarto partido veraniego ante un rival de Primera División, tras los encuentros amistosos ya confirmados ante la Real Sociedad, el Deportivo Alavés y el Athletic. La cita entre verdiblancos y blanquivioletas corresponde a la quinta edición del Torneo Canal de Castilla y se celebrará en el campo municipal Juan Carlos Navarro de Medina de Rioseco (Valladolid) el sábado, 27 de julio, a las 19.45 horas. La plantilla del conjunto cántabro, que iniciará la pretemporada el 8 de julio en las instalaciones Nando Yosu, afrontará seis semanas de trabajo antes del inicio liguero en Segunda, para la que obtuvo plaza tras superar en el play off de ascenso a la categoría de plata al Atlético Baleares. El Real Valladolid, por su parte, finalizó el curso pasado en el puesto decimosexto de la clasificación de Primera División con 41 puntos y un balance de 10 victorias, 11 empates y 17 derrotas.
 

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