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El Diario de Cantabria

LUGO - RACING

EL MISMO GUIÓN

  • El Racing firmó en Lugo su décimo empate de la temporada  
  • Tras una notable primera parte, se adelantó con gol de Yoda  
  • El equipo retrasó líneas en el segundo tiempo y el equipo local acabó marcando en una acción a balón parado
Enzo, buscando la manera de romper la defensa del Lugo. / LOF
Enzo, buscando la manera de romper la defensa del Lugo. / LOF

«Ambiente vienés. Época: la Gran Guerra. Empieza la película y se ve una puta. Se ve claramente que es una prostituta. Ésta aborda a un oficial por la calle y ella...». La descripción que Luis Buñuel está haciendo de un guión hollywoodiense es interrumpida de pronto por su amigo Eduardo Ugarte, que se pone en pie bostezando para decir: «No me digas más. Al final, la fusilan». ¡Y la fusilaban! Era éste un ejemplo que solía contar el maestro de Calanda para hablar sobre la previsibilidad de los guiones de la meca del cine. Su buen amigo incluso tenía hecho un esquema que rara vez se incumplía. Y es sobre éste sobre el que se debe estar apoyando quien escribe los partidos del Racing. Ya no hace falta ni leerlos. Su autor es un puñetero, una persona cruel que apenas da margen para la esperanza. Un masoca. Da una brizna de esperanza a su héroe para, al final, asestarle otro duro golpe que le impida levantar la cabeza. Puro determinismo. Como el de Steinbeck o el de Chaplin. Como el de Baroja. Qué difícil está siendo ser racinguista.

Las películas del Racing no terminan bien. No hay redención posible. Ayer estrenó entrenador con la intención de enseñar algo nuevo, algo a lo que aferrarse para mirar al futuro con optimismo, y por momentos se vio. Pero también se veían rayos de luz con Ania. Cristóbal no cogió ningún equipo muerto a quien los rivales le pasaran por encima. Nadie ha humillado al Racing aún. El Lugo tampoco. Lo malo fue que la historia volvió a ser la misma. De nuevo, con muy poco, le arrebataron el premio gordo. Y volvió a firmar un empate. El décimo en 16 partidos. Avanza al ritmo de aquel Zamora de Roberto Aguirre.

Dijo el nuevo entrenador verdiblanco que no había llegado para hacer la revolución. No, al menos, en Lugo porque era un recién llegado con sólo cuatro entrenamientos a sus espaldas. Tampoco se espera para la visita del Extremadura porque ya sólo quedan cinco días, ya que el compromiso es el sábado. La competición no espera a nadie y Cristóbal debe ir añadiendo pinceladas sobre la marcha. Ayer, en su debut, puso en escena a un once inicial muy reconocible que bien podía haber firmado Iván Ania. Al igual que el partido en sí. Se anunció un cambio de estilo y un juego directo y sin contemplaciones pero tampoco fue así. No fue el fútbol arcaico que parecía estarse barruntando entre las paredes de La Albericia. Cuando pudo, el Racing jugó. No corrió riesgos pero, aunque el anterior entrenador sí los corría, al final también acababa enviando la pelota en largo porque tenía el mismo problema que siguió teniendo el equipo ayer: un centro del campo sin aptitudes para filtrar pases y superar líneas. Se encuentra el equipo ahí con una raya horizontal que sólo se puede romper con diagonales a las bandas o balones a Nuha. Y esto se puede hacer antes o después. Ahí estuvo la única diferencia con el balón en su poder.

De partida, el Racing dibujó un 4-2-3-1 que sólo salía a escena con la posesión. Cuando al conjunto cántabro le tocaba defender y replegarse, se colocaba 4-4-2 sin salir a buscar a su rival. En el primer tiempo, Nuha y Cejudo se colocaron a la altura del círculo central. En el segundo,  esa primera línea de presión se echó más atrás hasta situarse en la línea divisoria. Para entonces, el Racing ya estaba por delante y quería guardar bien su tesoro. Por sí mismo y sin que nadie le empujara, se juntó todavía más y guardó la ropa. Y lo cierto es que consiguió anular a un Lugo que no supo en todo el partido si Luca es bueno o es malo. Lo que pasa es que todo se iguala cuando aparece el balón parado. Ahí ya no hay buenos o malos. O sí, pero de otra manera. Y la retaguardia verdiblanca volvió a defender mal un balón aéreo que Manu Barreiro convirtió en gran gol.

El contundente delantero gallego, que hace un lustro estuvo a un solo paso de fichar por el Racing hasta que le llamó el Alavés y le ofreció exactamente el doble, no había estado demasiado presente en el partido. Sus compañeros no habían sido capaces de llevarle balones porque se encontraban con la bien armada retaguardia racinguista. Ésta se mostró solidaria, junta y compenetrada. El partido, de hecho, parecía estar bajo control. Como el de siete días atrás ante la Ponferradina. Sin embargo, de pronto se elevó Manu Barreiro para cabecear ese saque de falta desde la derecha aprovechándose de la indolencia de un Figueras que pareció un juvenil en vez de un veterano. El ariete marcó un gran gol y, a partir de ahí, se convirtió en Marco Van Basten. Sacó de quicio a los dos centrales racinguistas, que se habían mostrado seguros hasta ese momento. A partir de ahí, parecieron muy poca cosa.

Como la Ponferradina una semana antes, el Lugo olió sangre. Y fue a por su presa. Tras el empate, dio la sensación de tener la victoria a la vuelta de la esquina buscando con descaro a su delantero referencia, que estaba convirtiendo en polvo a los centrales. Sin embargo, fueron todo fuegos de artificio, algo más propio de sensaciones que de realidades porque lo cierto es que el equipo gallego, como a lo largo de todo el partido, no fue capaz de generar peligro verdadero. Lo malo es que el Racing tampoco. Vio venir el vendaval y, sobre todo, quiso protegerse. En el fondo, hace bien en no perder la cabeza en busca de su ansiada victoria porque sumar de uno en uno no permite salir de la cueva, pero permite tener la salida siempre cerca.

Tanto es así, que durante la hora que estuvo por delante el Racing, la clasificación virtual le colocaba fuera de los puestos de descenso. Lo mismo había sucedido siete días atrás. El equipo verdiblanco sigue ahí, ve la cuerda cerca pero le falta cogerla. Con todo, ha de tener cuidado porque, en el fondo, puede ser una trampa. Como ya dijo Mario en su día, lo importante no es la situación clasificatoria de cada semana, sino mirar a los cincuenta puntos salvadores. No hay más. Y está claro ya que el conjunto cántabro se va a dejar muchos deberes para la segunda vuelta.

La puesta en escena del equipo cántabro ayer fue inmejorable. Sabedor de que sus grandes peligros están por las alas, las buscó con descaró. Así, Yoda ya había hecho trabajar al portero rival con un potente disparo desde la esquina del área a los 48 segundos de partido y, apenas ochenta más tarde, fue Enzo, desde una posición similar pero en el extremo opuesto, quien también hizo trabajar al guardameta. A los seis minutos, Cantero de nuevo tuvo que intervenir para detener un remate de Nuha, que había ganado bien la espalda a la defensa para aprovechar una buena asistencia de Cejudo tras una recuperación de Enzo. A los 22, fue Kitoko, ayer vestido de lateral izquierdo, quien se animó a ir al ataque y finalizar su aventurera acción con otro disparo desde la esquina que el guardameta envió a córner. Era el segundo del partido. El tercero ya llegaría con premio.

Como se puede apreciar, el Racing llegó con asiduidad y con peligro. Tenía muy claro lo que quería hacer. Era el Lugo quien más posesión acumulaba, pero lo hacía en lugares intrascendentes del campo. El conjunto cántabro se replegó bien atrás y, en cuanto robó, miró con descaro hacia delante. Y hacía daño. El equipo de Cristóbal mostró una claridad de ideas ilusionante y se sentía fuerte en las áreas llegando a la media hora de partido con seis lanzamientos a puerta, tres de los cuales habían ido entre palos. A aquello sólo le faltaba encontrar el premio y lo hizo a los 31 minutos, cuando el conjunto cántabro botó su tercer córner. Lo hizo Cejudo desde banda derecha, la defensa despejó el peligro pero en la frontal apareció David Carmona, que ayer completó su mejor partido como racinguista, para pegar al balón según llegaba, de volea y sin pensárselo. Fue un disparo durísimo que el guardameta despejó como pudo de puños. La pelota volvió a caer a Cejudo y éste la puso como la seda para que Yoda, desde el primer palo, la cabeceara al segundo y marcara.

Fue un gran gol. Y más que pudieron entrar, como cuando a dos minutos del descanso, la defensa gallega le regaló una clara situación a Yoda, que podía haber mirado a la izquierda, donde estaba Enzo. Pero el máximo goleador del Racing sólo tiene ojos para la portería cuando está tan cerca que la puede oler. Ambos intercambiaron sus bandas de manera constante durante el partido pero al primero de ellos se le acabó la gasolina en el segundo tiempo. Los dos se mostraron muy solidarios en el trabajo y eso, en el fondo, lo agradecieron los laterales, que son los que más sufren con la gran temporada que están haciendo los galos.

El Racing volvió de vestuarios con ánimo de conseguir que pasara el tiempo sin que pasara gran cosa. Se arropó aún más y todos cogieron el pico y la pala. Significativo y hasta emocionante fue ver a Nuha disputando balones a la altura de su propia área. Retrasó tanto sus líneas el conjunto cántabro que incluso tras robar se hacía muy difícil llegar a zona de peligro. Y para intentar aportar potencia en ese sentido entró Sergio, con quien el equipo volvió a ganar intimidación. Se asoció bien y de sus botas surgieron un par de buenas ocasiones previas a la que tuvo él mismo después de una gran acción de Enzo. El francés vio venir como un torbellino al cántabro y éste logró rematar in extremis en la frontal del área pequeña. Parecía medio gol pero el portero logró sacar la bota para hacer una parada de balonmano. Podía haber sido la sentencia, pero los guiones del Racing nunca acaban bien, con la pareja besándose o la familia cenando pavo. Acaban con el protagonista sentado en la acera, bajo la lluvia y pidiendo unas monedas.

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