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El Diario de Cantabria

RACING

El equipo de las mil caras

  • El Racing comenzó jugando al toque, luego pasó a hacerlo en largo y el pasado martes a esperar a su rival para cazarle en una rápida transición  
  • La portería a cero se ha convertido en prioridad para crecer a partir de ella
Nuha, el pasado sábado en el Carlos Belmonte. / LOF
Nuha, el pasado sábado en el Carlos Belmonte. / LOF
El equipo de las mil caras

El Racing camina. Lo hace despacio pero avanza. Suma tres empates consecutivos que, enlazados con una victoria, le han permitido ir dando pequeños pasos que le mantienen alimentado. Incluso ha dejado de recibir goles. Es consciente de que de uno en uno no se sale del pozo pero sí se mantiene uno con vida mientras espera un chispazo de inspiración que le permita dar el salto de calidad. El conjunto cántabro ha dejado claro, tras mes y medio de competición, que es competitivo y que puede mirar a los ojos a muchos rivales de la categoría, pero otra historia es ganarles. Por ahora, sólo le ha ganado al Mirandés y el próximo domingo recibe la visita del hermano rico de la categoría. Se vienen curvas. Hay motivos para ver el vaso medio lleno o medio vacío o para ver el porvenir con optimismo o con pesimismo. Lo que se hace difícil es mirar al futuro y ser capaz de identificar al Racing en el interior de la bola de cristal. Porque no es un equipo identificable. ¿A qué juega el Racing? Es una respuesta difícil hoy en día.

El conjunto cántabro completó la pretemporada jugando a una cosa, luego pasó a hacerlo de otra manera y el pasado martes estrenó otra nueva. Por ahora, ha habido tres Racing diferentes, lo que ha de volver loco a todo rival con el que se enfrenta porque no sabe con qué tipo de equipo se va a encontrar. Lo que parece claro es que el conjunto verdiblanco se ha ido haciendo un equipo más timorato, menos valiente y, por lo tanto, menos temerario. Da la sensación de que se ha dado cuenta de sus propias limitaciones y ha vuelto a lo básico para, por encima de todo, sentirse fuerte y protegido desde atrás. Su intención es ir creciendo en lo que queda de camino a partir de la confianza y la seguridad que da acumular porterías a cero.

Sorprendió Ania durante todo el verano ensayando un juego atrevido que se iniciaba en corto desde atrás. El técnico se vio de pronto con un portero que maneja los pies tan bien como el mejor de los medio centros y quiso aprovechar esa superioridad que generaba incluso respecto a las presiones más valientes.  El Racing era un recién ascendido, pero parecía dispuesto a ejercer un ‘tiqui - taca’ como el que ni siquiera había desarrollado en Segunda B, cuando era el rey de la baraja. Los centrales se abrían, los laterales se adelantaban y Mario u otro medio centro bajaba a ofrecerse. Eso hizo correr enormes riesgos que el entrenador aseguró que merecían la pena. «A la larga, nos va a dar más beneficios que perjuicios», decía el técnico verdiblanco. Sin embargo, no tardó en abandonar la apuesta.

El Racing ya había utilizado un juego más directo en Las Palmas, pero, sobre todo, lo puso en práctica en la visita al Mirandés. Entonces plantó un 4-4-2 que buscó con descaro a Nuha. Éste las ganó todas por alto y las prolongaciones que generaba el espigado delantero verdiblanco eran aprovechadas por David Rodríguez o por alguno de los dos interiores, que se iban hacia dentro con descaro. La cosa salió bien porque el partido terminó en goleada, por lo que Ania dio continuidad a la apuesta. A menudo Luca comenzó jugando en corto, pero siempre para que los defensores o él mismo acabaran buscando a los atacantes. Fue quizá el día que más brillaron los medio centros porque, sobre todo, se desprendieron de la responsabilidad de crear.

Como el Racing logró jugando así su primera victoria, Ania entendió que lo lógico era seguir con esa tendencia. Tiene sentido. Aún así, tras el partido contra el Mirandés le preguntaron si mantendría la misma apuesta después de haber roto la sequía de victorias y él respondió que no de manera rotunda porque cada partido es diferente y cada rival también, por lo que precisan (o no) otro tipo de planteamientos. Sin embargo, la realidad es que él intentó mantener una cierta continuidad que le permitió arañar empates contra el Sporting en El Molinón y en casa contra el Numancia, que dio muestras de ser un muy buen equipo.

La mayor sorpresa llegó el martes en Albacete. El Racing ni jugó en corto y ni lo hizo en largo porque prácticamente no tuvo la pelota. Y si uno no tiene el balón, es difícil que juegue a otra cosa que no sea a defenderse. La idea fue la de atrincherarse en campo propio, mantener las líneas juntas y esperar al fallo del rival para salir corriendo al contragolpe. Lo malo fue que, cuando lo conseguía, tenía tanto terreno de juego por delante que llegar al área rival con capacidad de que el oxígeno llegara al cerebro se antojaba complicado. El equipo verdiblanco despreció la posesión pero, a su vez, fue capaz de tener algunas de las ocasiones más claras del partido. Incluso más que su rival. Es cierto que los hombres de Ania no tuvieron el balón y no dominaron, pero sí controlaron. En el fondo, el guión que llevó a cabo la contienda lo escribió el Racing. Sólo faltó el gol. Y quizá por eso se marchó del Carlos Belmonte insatisfecho por el resultado pero satisfecho con el juego.

Cambio de mensaje. Ania dio por bueno lo visto sobre el terreno de juego. Lo hizo a pesar de que él mismo reconoció que apenas habían tenido el balón. Al escucharle hablar, se hizo evidente lo que había cambiado el discurso en relación a apenas tres semanas antes. Fue fácil retrotraerse a la visita del Cádiz, cuando Álvaro Cervera, tanto antes como después del encuentro, habló con cierto sarcasmo sobre la que, al menos por aquel entonces, parecía ser la apuesta del Racing por tener el balón y salir con éste jugado desde su propia área. «Tú ten el balón, que yo te voy a estar esperando y ya te mataré a la primera que tenga», parecía decir el técnico cadista. Aquello no le sentó bien a Ania. «Que cada uno se preocupe de su equipo», dijo. Y lo cierto es que parece que le ha hecho caso porque la filosofía que siguió el conjunto cántabro en Albacete es la que defiende el Cádiz.

A Ania le gusta tener el balón. Al menos, eso dice. Otra cosa es la realidad. Para tener el balón y dominar los partidos con la posesión hace falta poner a jugadores creativos en el terreno de juego. Sobre todo, en la sala de máquinas. Y al entrenador asturiano le gusta otro tipo de medio centro: más físico y con mayor capacidad de contención. Se vio acreditado cuando el pasado curso dejó bien claro que su pareja preferida, antes de llegar Mario, era la formada por Sergio y Kitoko. Es difícil monopolizar el dominio y dar ritmo y sentido a la pelota con esos dos jugadores en la sala de máquinas. Tienen muchas virtudes, pero no esa. Fue cuando el africano se lesionó y tuvo que echar mano de Quique Rivero o Rafa de Vicente cuando el equipo verdaderamente dio trazas de ser un equipo dominador. Sin embargo, la participación de estos dos bajó en la segunda vuelta, cuando volvió Mario.

Fue durante el pasado verano cuando se acentuó la contradicción entre el mensaje y lo que parecía ser la realidad, cuando el equipo lanzó durante los amistosos una decidida apuesta por el juego en corto que no se veía respaldada por la formación de la plantilla. Porque Chuti Molina fue fichando medio centros, pero ninguno era de un corte creativo. Tanto Quique Rivero como De Vicente se fueron y llegaron Dani Toribio y Nkaka, que se sumaron a Kitoko, a Sergio y a Mario. Ahí faltaba alguien con capacidad de creación y de dar continuidad a ese juego en corto lanzado desde el área propia.

Para jugar a algo determinado, hay que tener cartas para ello. Anunciar que tu intención es dominar con la posesión y, además, asegurar, como ha hecho Ania, que la mejor manera de defenderse es teniendo el balón y luego apostar por un doble pivote con Mario y Kitoko o Mario y un Nkaka que todavía no ha dado demasiados argumentos para estar aquí resulta, cuando menos, cuestionable. Y lo cierto es que luego se ve en el terreno de juego. El Racing ha cambiado ya de apuesta y quizá haya sido porque su entrenador ha visto que no podía llevar a la práctica lo que él se había imaginado durante el verano. Es consciente de que tiene dos extremos habilidosos y un delantero diferente al que puede sacar partido. A ellos encomienda el ataque. A todos los demás les toca, sobre todo, mantener la nave a salvo, apretar filas y salir en tromba en cuanto llegue el olor a sangre. Así, al menos, ha sido el último Racing, pero puede haber más. 

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