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El Diario de Cantabria

RACING

El debate del medio centro

La pareja formada por Sergio y Mario no está funcionando contra equipos que esperan atrás. Es la apuesta de Ania como antes fue la de Kitoko con el astillerense. Las mejores semanas del equipo fueron alternando a Rivero y De Vicente 

Sergio Ruiz ha sido un fijo en la sala de máquinas desde principios de curso. / J.R.
Sergio Ruiz ha sido un fijo en la sala de máquinas desde principios de curso. / J.R.
El debate del medio centro

Se ha abierto el debate. La frase ‘Mario y Sergio no pueden jugar juntos’ es tendencia en el racinguismo. Hay quien lo admite como un aforismo sin discusión y hay quien lo discute y le aporta matices. Porque siempre hay matices. Se trata de un debate puramente futbolístico, sano y que permite mantener al personal entretenido mientras llega la hora de la verdad. Porque hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que el aficionado del Racing apenas podía hablar de fútbol porque estaba metido en una guerra por expulsar a los que estaban al frente del club, los mismos que han comenzado a ser juzgados por sus supuestas tropelías. Fue un tiempo en el que el hincha añoraba poder debatir e incluso enfadarse por temas puramente futbolísticos y ahora tiene uno encima de la mesa: ¿funciona el doble pivote formado por Sergio y Mario? 

Parece instalada la opinión de que no. Sobre todo, porque suman cinco partidos consecutivos formando a sala de máquinas y ésta no ha terminado de carburar bien. Ya sea por casualidad, por causalidad o simplemente porque se hayan encontrado con retaguardias cerradas y correosas que no dejaban pasar el aire, lo cierto es que el juego del equipo verdiblanco ha carecido de fluidez, de ritmo y, prácticamente, también de ideas. Es difícil encontrar pases verticales que superen líneas o busquen profundidad más allá de las potentes iniciativas individuales de Sergio y, al final, todo pasa por buscar a Nico Hidalgo, que está de dulce. Eso hace más pequeño a un equipo que, en verdad, debería tener (y tiene) muchos más argumentos para ser menos previsible y tener una mayor capacidad para hacer daño al rival. 

Iván Ania ha repetido en más de una ocasión que la mejor manera de enfrentarse a defensas cerradas y pobladas es moviendo rápido la pelota de un lado para otro. A su vez, tras el partido del pasado domingo, le preguntaron por el que terminaría siendo el tema de la semana: si cree que Mario y Sergio forman una buena pareja. Y la respuesta fue rotunda. De hecho, dio la impresión de que al técnico le molestaba que se esté poniendo en cuestión que dos jugadores tan valiosos y con tantas virtudes puedan formar el doble pivote. «Para mí, casan perfectamente», dijo en primer término. Y continuó: «Son dos jugadores complementarios totalmente». A partir de ahí, destacó las principales aptitudes de cada uno de ellos. De Mario aseguro que había hecho un partido «buenísimo» porque había robado balones y nunca había perdido la posición. Mientras, sobre el astillerense recordó que tiene «mucha llegada y supera líneas». Es incuestionable. Lo que sucede es que de ninguno de los dos se puede valorar su capacidad para dar velocidad, ritmo y fluidez al juego de creación de un equipo. Y, como él mismo reconoce, es ésta la mejor arma para desmontar a una retaguardia bien armada. 

La pareja que forman Sergio y Mario garantiza un medio campo de mucha presencia física, contundencia e intensidad. El segundo de ellos mantiene el rol de guardar siempre la posición y llegar a todos los balones divididos, algo que le cuesta más al primero por su potencial, que le permite echarse al monte, avanzar líneas y llegar al área rival por sorpresa. La contención para no dejar la medular desprotegida no es su mayor virtud pero, a cambio, llega mucho al área y, de hecho, con los seis goles que acumula ya esta temporada, es el segundo máximo artillero del equipo. Con Mario a su lado, parecía que podría tener incluso una mayor libertad para sumarse al ataque sabiendo que tiene las espaldas cubiertas, pero tampoco es algo que se esté apreciando demasiado.
En el fondo, la pareja que forman Sergio y Mario Ortiz se asemeja mucho a la que formaban el astillerense y Kitoko. Y esta última demostró ser la preferida por Iván Ania antes de llegar el reciente fichaje invernal procedente de Reus. Es cierto que sólo han formado juntos de inicio en seis ocasiones, pero apenas tuvieron más tiempo de coincidir en las alineaciones antes de la llegada de Mario por los continuos problemas físicos del africano. Éste dejó de estar disponible en el partido contra el Vitoria disputado en Llodio, cuando se tuvo que retirar recién comenzado el segundo tiempo. Hasta ese momento, había formado con Sergio en los partidos ante la Real Sociedad B, Mirandes e Izarra. Sólo se quedó en el banquillo en la cita copera de Anduva, donde el entrenador rotó al equipo, mientras que no pudo jugar contra el Arenas la tercera jornada liguera al sufrir problemas físicos. 

Que la pareja formada por Sergio y Kitoko era la preferida del entrenador quedó claro cuando el congoleño volvió a estar totalmente disponible, por fin completamente recuperado tanto de la lesión que se produjo en Llodio como de ese golpe en el pie que arrastraba desde el Torneo de la Galleta y que incluso le hizo entrar en quirófano. Cuando ya volvió a ser él mismo, Ania le puso a jugar y enlazó los partidos contra la Real Sociedad B y el Arenas. Sin embargo, ese día volvió a caer en desgracia y, aunque ya es uno más, desde entonces sólo ha jugado unos minutos en Calahorra. Y es que, ahora está Mario en el equipo y le ha ganado la partida. 

La larga ausencia del futbolista africano hizo que Ania tuviera que buscar alternativas que llevaban el nombre de Quique Rivero y de Rafa de Vicente. A Jerín, que comenzó la campaña con el equipo pero al que no se le ha vuelto a ver el pelo ni en los entrenamientos desde hace meses, sólo le usó de inicio en el partido de Copa del Rey contra el Mirandés, cuando formó con un 4-1-4-1 compartiendo sala de máquinas los tres futbolistas citados en este párrafo. El ‘experimento’ salió bien porque el equipo acabó 

ganando 0-1. Desde ese día, lo repetiría en momentos puntuales pero, de inicio, sólo en El Molinón, donde coincidieron sobre el césped Sergio, Rivero y De Vicente. Aquella fue la primera derrota del equipo pero no se pudo achacar a dicha apuesta, ya que el equipo fue víctima de un cúmulo de circunstancias negativas que acabaron derivando en ese 3-1 final. 

Lo cierto es que la mejor fase de juego e incluso de resultados del Racing ha coincidido con ese tiempo en el que Kitoko estuvo lesionado y Ania apostó por alternar entre Quique Rivero y Rafa de Vicente para acompañar a Sergio Ruiz. Cuando más echó de menos al africano fue en escenarios complicados y donde el contexto demandaba una mayor presencia física y, sobre todo, ganar duelos y segundas jugadas. En concreto, habría sido especialmente válido en Tudela, Amorebieta, donde el equipo verdiblanco ganó pero sin ser superior al rival, o Gernika. Sin embargo, sobre todo en casa (donde hubo goleadas) o en buenos campos como el del Barakaldo o el del Real Unión, el conjunto cántabro dio lo mejor de sí con alguno de sus medio centros más creativos en el campo. Y tiene sentido. 

Iván Ania siempre ha mostrado su predisposición a intentar dominar los partidos con la posesión. Si eso es cierto, se antoja necesaria la presencia de Quique Rivero o Rafa de Vicente sobre el terreno de juego, como sucedió en las mejores semanas del equipo verdiblanco, cuando no sólo ganaba, sino que se mostraba claramente superior. Y es algo que cobra mucho más sentido en partidos como los del pasado domingo o como en los que, según reconocen en el vestuario verdiblanco, quedan por afrontar esta temporada, sobre todo en casa. Tienen asumido los jugadores y técnicos verdiblancos que, de aquí en adelante, los rivales les van a jugar muy cerrados en su propio terreno de juego y con la prioridad de no encajar gol. Es como salió el Real Unión a jugar en Santander. Ni siquiera mostró inquietud alguna por buscar el campo contrario, lo que hace preguntarse para qué hacía falta un medio centro de contención en ese contexto. Daba la sensación de que el encuentro demandaba la presencia de un pivote creativo y capaz de filtrar pases entre líneas para dar fluidez e imaginación al fútbol del equipo. 

Hubo dos partidos que dejaron en evidencia la diferencia entre jugar con Sergio y Kitoko y hacerlo con el astillerense, y, en ambos casos, Rafa de Vicente. Ambos coincidieron con las lesiones del africano, primero en Llodio y después en Getxo. Los dos días fue sustituido por el malagueño y al equipo le vino bien la sustitución porque el Racing por fin fue capaz de 

dar sentido al balón, algo de lo que no estaba siendo capaz. Y el líder necesita ser un equipo con argumentos cuando tiene la posesión, algo que le falta cuando no están en el terreno de juego el andaluz o el cabezonense. Sobre todo, ante equipos que llegan a encerrarse y donde el monopolio del balón no se lo va a discutir nadie al conjunto verdiblanco. Otra cosa es cuando toque jugar de tú a tú y haya delante un rival que también ataque con peligro, como puede ser el Bilbao Athletic el próximo sábado. Ahí la pareja que hoy en día forman Mario y Sergio podría tener mucho más sentido. 

Quique Rivero y Rafa de Vicente sólo han jugado una vez juntos y fue por causa mayor. Fueron los únicos medio centros que tuvo Ania disponibles para medirse al Calahorra porque Sergio había sido expulsado la jornada anterior y Kitoko estaba en la enfermería. Y el resultado, ya sea casual o causal, fue el más abultado de toda la temporada. El Racing ganó 5-0 pero es una fórmula que no ha vuelto a utilizar el equipo verdiblanco. Ni siquiera para medirse a equipos que sabe desde un principio que van a salir a acumular mucha gente frente a su propia área. 

Desde el 3 de febrero. De hecho, con la llegada de Mario Ortiz y la recuperación de Kitoko, parece claro que, a día de hoy, Rafa de Vicente es el último de la fila. Sus últimas apariciones públicas fueron en el segundo tiempo de Gobela para sustituir al africano y cambiar el partido y la jornada siguiente, en la que fue titular para jugar contra el Izarra. Ese día no estuvo tan acertado y fue Quique Rivero quien entró en la recta final para ser esta vez él quien cambiara la contienda. Aquello sucedió un 3 de febrero. Dentro de poco se van a cumplir dos meses y el malagueño no ha vuelto a aparecer en escena. De hecho, se ha quedado fuera de las dos últimas convocatorias. 

A pesar de la desaparición de De Vicente, la pareja de medio centros que más veces ha comenzado de inicio es la que forman él y Sergio, que han formado en diez ocasiones. Lo habitual es que jueguen este último y otro más porque la temporada que está completando el astillerense, por mucho que últimamente parezca haber bajado un nivel, está siendo de nota. Nueve veces ha formado con Quique Rivero, seis con Kitoko y, por ahora, cinco con Mario Ortiz. Éste también jugó de partida con el cabezonense en Durango aprovechando que el de Astillero tenía que cumplir un partido de sanción. 

La pareja Mario Sergio parece que no se discute aunque, desde la llegada del jugador procedente del Reus el pasado mes de enero, Iván Ania ha probado con tres hombres por dentro en un buen número de partidos. En los entrenamientos, incluso está probando con el astillerense como media punta. Es una opción más que está trabajando porque cuenta con una colección de medio centros, cada uno con sus cualidades y aptitudes propias, que son la envidia de la categoría. Tiene mucho donde elegir. 

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