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El Diario de Cantabria

Derrota sin dolor

El Racing cayó contra el Fuenlabrada tras una mala primera parte y una segunda en la que fue mejor. Empató Olaortua a la hora de partido pero el equipo madrileño encarriló la eliminatoria ya en el descuento

Figueras, Barral y Siverio, intentando rematar un balón en el área del Fuenlabrada. / J.R.
Figueras, Barral y Siverio, intentando rematar un balón en el área del Fuenlabrada. / J.R.

Para que un deporte transmita pasión ha de tener dos ingredientes innegociables: impredecibilidad y trascendencia. Ayer hubo de lo primero porque ambos equipos tenían potencial suficiente para marcar y ganar, pero no hubo de lo segundo. El resultado daba prácticamente igual, lo que acercó más el espectáculo a un amistoso veraniego que a toda una final con un título en juego. Hay que plantearse muchas cosas cuando dicho título genera indiferencia e incluso pereza.

Fue un encuentro disputado a ritmo de ‘bolo’ veraniego, jugado hasta con una apatía contagiada también desde la grada. Todo fue plomizo, hasta un ambiente gris que, para colmo, en el segundo tiempo se tradujo en lluvia. Lo que faltaba. Todos querían que aquello se terminara confirmando que la Federación se tiene que replantear una eliminatoria que sólo sirve para cortar de raíz el subidón vivido por la consecución del ascenso. Más aún, si tu equipo no gana e incluso pierde en casa, como es el caso.

Había conseguido el Racing una semana antes su gran objetivo y, como en la recta final de la fase regular, se encontró con otro de esos partidos en los que no había gran cosa en juego. Lleva más de tres meses el equipo de Ania jugando partidos intrascendentes. En concreto, todos menos los disputados ante el Atlético Baleares, lo que hace complicado encontrar la motivación adecuada para ganar partidos. Con el de ayer, la racha es de una sola victoria en doce partidos, ninguna en los últimos siete. Es enorme. No caía en algo así el equipo verdiblanco desde aquella penosa segunda vuelta del Racing en su última experiencia en Primera División. Y mejor pensar que es una cuestión de falta de motivación, porque si es algo futbolístico sólo cabe dar las gracias a la Bien Aparecida y a quien haga falta por no haber necesitado superar más eliminatorias.

Como era de esperar, introdujo caras nuevas Ania en su once inicial. En defensa, formó Jordi Figueras junto a un Olaortua que, si por él fuera, prolongaría la temporada hasta agosto porque volvió a confirmar ayer que está pletórico. No sólo volvió a ser de los mejores, sino que incluso marcó. Pocos se lo pueden merecer más que él porque se ha ganado a puro huevo todo lo que está disfrutando en las últimas semanas. Anotó el empate al saque de un córner justamente unos segundos después de que un enorme lanzamiento de falta de Cayarga se estampara contra la escuadra llevando la pelota a su cabeza. Él cazó el rechace y remató, pero despejó un defensor al parecer con la mano, pero el árbitro pitó córner. Y mejor así porque así anotó el defensor verdiblanco al levantarse con autoridad y cabecear en el primer palo animando, de esta manera, un partido que estaba cayendo en la monotonía y el tedio.

La otra novedad en a retaguardia fue un Redru que jugó su último partido en El Sardinero y que, falto de confianza y de fútbol como está, estuvo más pendiente de Ania que de él mismo. Mientras, apostó Ania por colocar de inicio a Noguera en el doble pivote, algo a lo que nunca se atrevió en un partido de verdad pero sí en la recta final de los mismos, cuando hubo que tocar a rebato en Oviedo o contra el Logroñés. Ayer no funcionó tan bien. Parecía que sí en unos primeros compases del encuentro en los que dio la impresión de que el conjunto cántabro estaba más intenso y con más hambre. Llegó al área contraria y parecía con ganas de convertir en fiesta una cita que parecía condenada al tedio desde el inicio, pero duró poco.

En seguida tomó el Fuenlabrada el mando mientras que el Racing, a un ritmo lento y contagioso, no era capaz de mover con agilidad la pelota a pesar de contar con el madrileño en esa sala de máquinas. El medio centro no encontraba a la media punta, donde repitió Enzo porque el ataque fue idéntico al que comenzó el partido de siete días atrás en Son Malferit. La diferencia es que ayer Cayarga sí puso grandes balones. No sólo ese lanzamiento de falta a la escuadra que precedió al gol de Olaortua, sino centros como los que permitieron los remates de Nico Hidalgo o Barral, que fueron los únicos acercamientos peligrosos del equipo en el primer tiempo.

Mientras, el Fuenlabrada se presentó en los dominios racinguistas con una mayor sensación de peligro. Sobre todo, a partir de las incisivas penetraciones por banda derecha de un Jeisson a quien no encontraba Redru. Fue así como Borja Lázaro se llegó a presentar solo ante Iván Crespo, ocasión que abortó in extremis Buñuel, o cómo llegó el primer tanto de la contienda. Fue el extremo quien le brindó un centro perfecto que él, como acostumbra y como ya demostró el curso pasado que sabe hacer, convirtió en gol de cabeza. No es de los que perdona algo así.

Se fue al descanso el River sin saber muy bien qué quería hacer con el partido y con la certeza de que estaría mejor en cualquier otra parte que allí. En el segundo, al menos, ya se animó a ir a por él a pesar de que comenzó con una intervención de Jagoba Zarraga en dos tiempos. Siempre necesitó dos el portero vasco porque ayer tuvo trabajo y por fin pudo enseñar sus vicios y virtudes. Sacó varias pero dio la sensación de que le cuesta quedarse con los balones. No se puede decir que transmita tranquilidad y pocas dudas hay de que habrá un portero nuevo la próxima campaña compitiendo con Iván Crespo por el puesto.

Los futbolistas que había sobre el terreno de juego son precisamente eso, futbolistas, y por eso acaban queriendo ganar. Ese carácter ganador y esa capacidad que ha tenido el Racing durante toda la temporada de competir en todo momento le metió en el encuentro. Fue a partir de la hora de partido y, sobre todo, tras la entrada de Siverio al terreno de juego para poner más madera en el área cuando dio la impresión de que el equipo verdiblanco por fin encontró el enchufe que le metió en el envite. Su juego apenas elaboraba, pero al menos echó mano de  esa mentalidad ganadora que a menudo le ha permitido sacar cosas positivas en días donde parecía que no había nada que hacer.

Fue en el minuto 64 cuando Cayarga conectó con Noguera y éste con Siverio, un tipo que, sobre todo, está siempre donde hay que estar. Por eso fue capaz de rematar de primeras la buena asistencia del madrileño permitiendo que el balón rozara la madera. Fue poco después cuando llegó el lanzamiento del extremo asturiano a la escuadra, el posterior remate de Olaortua y el gol. Parecía el momento del Racing y Ania lo quiso exprimir al máximo. El entrenador era bien consciente de que se trataba del último envite en El Sardinero y quería despedirse con una victoria. Quería darle eso a la gente y cogió la corneta. 

El entrenador ovetense, ni corto ni perezoso, quitó a Noguera para meter a Dani Segovia. Antes, ya había quitado a Nico Hidalgo para meter a Siverio. Había tres nueves hechos y derechos en el área esperando para morder. En el centro del campo, Mario Ortiz se tuvo que buscar la manera de apañárselas solo. Es cierto que Enzo retrasó un tanto su posición, pero la naturaleza de éste siempre le echa al monte. Fueron momentos en los que dio la sensación de que la historia podía terminar bien y de que El Sardinero iba a disfrutar de otra remontada que, cuando menos, permitiera al aficionado terminar la temporada con buen sabor de boca. Y lo cierto es que los tres puntas dieron la impresión de entenderse y de no molestarse. Fue entonces cuando David Barral estampó un violento balón al palo en una acción en la que participó el tridente de delanteros.

Aquello era una temeridad porque cualquier rápida transición madrileña podría acabar con la historia. Buen ejemplo de ello fue la acción en la que Javi Gómez estampó el balón a la madera tras un enorme control a un balón que llegó del cielo. Fue ayer el día de los palos. Ania vio que el momento había pasado y que tocaba recuperar un poco de orden y por eso acabó metiendo a Rafa de Vicente en el terreno de juego. Hacía falta más control pero ya sólo había descontrol. Tanto es así, que cuando parecía ya todo visto para sentencia, aún hubo otro gol. Y no fue del Racing, sino del Fuenlabrada, por lo que se fue con una clara ventaja para casa. Allí sí que les espera una fiesta porque tienen en la mano irse de vacaciones con el trofeo en su poder. Y es que, al menos para el que gane, una eliminatoria como la que comenzó ayer habrá tenido algo de sentido. Sin embargo, al racinguista sólo le sirvió para ver una derrota de su equipo en un campo con 16.000 personas menos que la última vez que acudió al templo. Y no es la mejor imagen que uno se quiere llevar de una temporada que pretende marcar un antes y un después en la historia racinguista.

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