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El Diario de Cantabria

TENERIFE - RACING

Cuestión de fe

Cabezazo de Yoda en el descuento que se convertiría en el empate a tres final. / LOF
Cabezazo de Yoda en el descuento que se convertiría en el empate a tres final. / LOF

Es increíble la capacidad que tiene el Racing de aferrarse a los partidos, de asirse a lo que sea para mantener la cabeza a flote y seguir respirando. Es increíble que llegara al minuto noventa del partido de Vallecas y al 45 del de ayer con vida y con aspiraciones de llevarse algo a la boca, pero lo hizo y, al menos en Tenerife, ganó un punto que parecía perdido. Cuando el equipo isleño, que había mostrado una superioridad casi insultante en la primera media hora de encuentro, marcó el tercero todo parecía perdido. Cualquier otro quizá habría bajado los brazos, pero los jugadores de Ania siguieron creyendo. Sus limitaciones se habían hecho muy evidentes hasta ese momento pero mantuvieron la fe en lo imposible. Y tuvieron su recompensa. Finalmente, ese punto perdido volvió a casa y esa noche se puso el mejor vino sobre la mesa. Porque es cierto que el equipo está en una situación clasificatoria aún más complicada que la que tenía la semana pasada, pero tiene un punto más, un punto que creía que nunca volvería a ver bajo su mismo techo.

Tiene mucho mérito que los hombres de Ania se fueran de Tenerife con la cabeza sobre los hombros después del correctivo que se llevaron en la primera media hora de encuentro. Lo normal es que se hubieran quedado para el arrastre, con un par de costillas rotas y la cabeza sangrando. Primero recibieron dos golazos y, a pesar de acortar distancias poco antes del descanso, después recibieron otro. Y todos ellos mantuvieron un punto en común, que fue aprovechar las autopistas que encontró el equipo local por bandas. López Garai demostró tener muy estudiado a su rival y detectó que la puerta no cierra bien en los costados de la retaguardia verdiblanca. Y fue por ahí por donde hizo un daño tremendo.

Como parecía lógico, Ania dio continuidad al once que tan buen partido había completado en Huesca. El único cambio fue colocar a Buñuel por Moi en el lateral izquierdo. Otra vez le tocó al navarro jugar a pierna cambiada, algo que ya tuvo que hacer en sus dos últimas apariciones como racinguista a pesar de que el jugador cedido por el Valladolid estaba disponible. Este último detalle y tener que jugar con Carmona por la derecha, que se está descubriendo como un chollo para cualquier extremo, hace evidente los problemas que tiene el Racing en los laterales. Ha de aceptar Chuti Molina que no acierta a la hora fichar jugadores para esos puestos, que se están convirtiendo en un verdadero problema para el Racing.

Se unen dos cuestiones: que a los laterales les cuesta defender y que por delante tienen a jugadores a los que les cuesta ayudar en defensa. No sólo eso, sino que, además, son los más peligrosos a la hora de generar peligro, por lo que tampoco se les puede pedir que se vacíen en labores de contención. Enzo ha dado un paso en este sentido. Se le percibe una mayor capacidad de sacrificio y, aún así, ayer se marchó con los dos goles que mantuvieron con vida a su equipo hasta el final. Pero ambos fueron gracias a robos en campo rival. Eso le coge cerca del área y es ahí donde puede hacer daño. Cuando la recuperación llega en campo propio, hay demasiado terreno por delante hasta llegar a zona de peligro y ahí se suele ahogar.

Como en Huesca, el Racing se cerró bien por dentro. Por eso el Tenerife miró con descaro hacia los costados. Y la apuesta era clara: meter a sus interiores (Nahuel y Bermejo) bien hacia dentro para permitir la incorporación de los laterales con sendos cuchillos entre los dientes. Ahí se aprovechaban de la debilidad de Carmona y también de la de Buñuel, que pasa de ser un gran lateral derecho a ser un mediocre lateral izquierdo con el cambio. Los tinerfeños fabricaron ahí continuos dos contra dos de los que siempre sacaban petróleo.

El partido ya había comenzado torcido cuando, a los tres minutos, Luca tuvo ya que realizar dos acciones consecutivas de enorme mérito para mantener la igualada inicial y corregir un regalo de Alexis. Fue un lanzamiento frontal de Luis Milla y un posterior remate de Bermejo los que exigieron el máximo del guardameta francés. Fue la primera aparición del ‘once’ local, que disfrutó como nunca sintiéndose muy poderoso entre líneas y participando de lleno en los dos primeros golazos del Tenerife.

No es la primera vez que el Racing doctora a un jugador que se mueve bien por detrás de los medio centros. Tiene ahí un problema que, al menos, corrigió en el segundo tiempo, cuando la sangría acabó, el partido se igualó y el conjunto cántabro remontó. Si en su primera aparición Bermejo ya había hecho trabajar a Luca, en la segunda se sacó una vaselina en forma de asistencia a Malbasic con la que dejó vendido a Alexis. El delantero serbio controló la pelota de manera espectacular y aún mejor fue su definición. Fue un gol para enmarcar como, por otro lado, también lo serían el segundo y el tercero.

Alexis ya había perdido un balón a los tres minutos y se había comido esa asistencia de Bermejo a los trece. Al igual que el malagueño había brillado en otros partidos, ayer se mostró superado, lo que no ayudó en nada a que Carmona se sintiera más arropado. Tanto fue así, que Ania decidió dejarle en el vestuario tras el descanso. Quizá pudo haber algún problema físico que, en el fondo, explicara ese bajo rendimiento, pero lo cierto es que el segundo tiempo lo jugó Olaortua, que se jugó la roja sin terminar de verla aportando una mayor contundencia y rapidez atrás.

El Tenerife se sabía al dedillo cómo hacer daño al Racing y lo repetía una y otra vez por ambas bandas. Y en una de esas llegó el segundo. Esta vez la acción fue por la derecha, con una buena combinación entre Nahuel y Luis Pérez que rompió el entramado defensivo que debían trenzar Enzo y Buñuel. El lateral se presentó en línea de fondo con tiempo y pausa para pensar qué quería hacer y vio bien situado a Bermejo, que remató la asistencia a lo grande. Aquello fue imparable. Fue, en definitiva, un gran gol.

El mazazo fue tremendo no sólo en lo material, sino también en lo moral. Porque la versión que estaba enseñando el Racing era muy pobre, mucho más cercana a la que mostró ante el Rayo y ante el Girona que a la enseñada ante el Huesca. Y la sensación de inferioridad era manifiesta. Ahí no había nada que hacer. Sin embargo, el Tenerife pareció dispuesto a dar vida al conjunto cántabro. Marcó tantos regalos como los que regaló. Fue Alberto, un medio centro habitualmente solvente, quien perdió dos balones en campo propio (especialmente clamoroso fue el primero) para no acabar con el partido demasiado pronto. El primero se lo robó Nuha para asistir a Enzo, que volvió a hundir al propio Alberto ya dentro del área para finalizar con gran solvencia. El segundo, ya con 3-1 en el luminoso, lo robó Kitoko y fue Yoda quien encontró a su paisano para que marcara el segundo. Se había mostrado el jugador cedido por el Mallorca impreciso a la hora del remate a lo largo de la temporada pero ayer finalizó como si del ‘nueve’ más caro de la categoría se tratara.

Cuando Yoda le regaló esa asistencia a Enzo para apretar las cosas, el primero ya había centrado su posición. La primera apuesta de Ania para recortar distancias fue desplazar a Cejudo a la derecha para que el máximo goleador del equipo jugara por dentro, donde estaría menos exigido físicamente y estaría más cerca del área. Incluso el mismo Enzo se había alejado de la línea de cal para aparecer por donde no le esperaba nadie. Y ya con el 3-2 y a la hora de dar un paso hacia delante en busca de la igualada, el entrenador se la jugó colocando a Cejudo como medio centro junto a Mario Ortiz. En la delantera, puso en escena a David Rodríguez sacrificando a Nuha, algo que tampoco terminó de funcionar porque poco se le vio al talaverano.

El Racing tuvo fe y creyó en lo imposible a pesar del sonrojante tercer gol que recibió a los cinco minutos de la reanudación. Fue otro golazo que nació en campo propio. Salvó la presión verdiblanca con rapidez y combinaciones que dibujaron una acción muy vertical por banda derecha que acabó con Luis Pérez echándose al suelo para centrar in extremis antes de que la pelota se fuera por línea de fondo. Parecía un balón perdido pero encontró la cabeza de Lasso, que llegó con todo para dar potencia al remate.

Fue fácil pensar que aquello iba a ser el final, pero el Racing siguió creyendo y, tras acortar distancias de nuevo, sintió el nerviosismo de un equipo que parecía no cansarse de dar facilidades a los hombres de Ania en campo propio. De este modo, fue tentador pensar en lo que el conjunto cántabro se podía haber llevado ayer de Tenerife a poco que no hubiera abierto las puertas en esa primera media hora para olvidar. Tenía delante a un equipo herido y lo mejor es que él no lo parece porque hay que estar entero para creer en sacar algo positivo tres recibir tres goles a domicilio. Pero tuvo éxito en el mismo descuento que le robó dos puntos una semana antes. Ayer sólo le devolvió uno gracias a un gran saque lateral de Cejudo que cabeceó Yoda con potencia. Esta vez, la cara de tonto se le quedó al rival. Quien celebró fue el Racing pero tampoco lo hizo demasiado. Los verdiblancos son sobrios en la celebración. Quizá ayer fue porque, en el fondo, saben que sumando de uno en uno no van a ir muy lejos y que necesitan mucho más. Así no se sale del pozo pero la ocasión mereció ayer sacar el mejor vino. Eso, sin duda.

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