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El Diario de Cantabria

LA CONTRACRONICA

Cuando Yoda despertó a Yuri

  • Un error del francés al intentar devolver el balón a Olaortua cambió el partido   
  • Le regaló el balón al brasileño, que apenas había aparecido, y, además de iniciar la acción del empate, inició el vendaval berciano
Yoda, rodeado de rivales. / Cubero
Yoda, rodeado de rivales. / Cubero
Cuando Yoda despertó a Yuri

Durante la pasada semana, hubo un aficionado racinguista que publicó en redes sociales la portada de la exitosa comedia francesa titulada ‘Intocable’ en la que aparece un blanco y millonario francés en silla de ruedas empujado por su enfermero negro, con quien entabla una especial amistad. De ésta versa, de hecho, la película. Y ese tuitero acompañó la imagen con un texto en el que decía que uno era Yoda y el otro Iván Ania. Estaba claro a quién correspondía cada papel. En el fondo, lo que quería decir era que el equipo, y con él el entrenador, seguía vivo gracias a los goles del francés. Era él quien estaba empujando de la silla de ruedas en la que avanzan el equipo y su técnico. Y es cierto. Hasta la fecha, ha marcado seis goles que le han dado mucho al equipo, pero ayer le mató con un error grosero que hizo cambiar todo el partido.

Es posible que la derrota haya condenado a Iván Ania, pero poca culpa tiene él de que Yoda le regalara un balón al jugador más peligroso de la Ponferradina que descontroló un partido que estaba bajo control. Fue Iñaki Olaortua quien, desde su propio campo, quiso sacar el balón jugado asistiendo a su compañero francés, al máximo goleador de su equipo y que ayer había estado muy lejos de su mejor nivel.  Lo habitual es que él mismo se dé la vuelta y avance metros, pero decidió devolver la pelota al defensa vasco. Y lo hizo mal. Fatal. De hecho, se la regaló a Yuri, que andaba por allí, entre líneas. Podía haber hecho cualquier cosa menos esa.

El brasileño es el hombre gol de la Ponferradina y se había mantenido agazapado durante toda la contienda. Y eso siempre da cierto miedo. Las películas de terror que más miedo dan son las que no enseñan al malo, ya sea espíritu, ser, cosa, animal o persona. Y a Yuri no se le había visto. Todo el mundo sabía que estaba ahí y fue Yoda quien le dio vida. Fue él quien atravesó esa puerta que nunca hay que atravesar, el que provoca que el espectador se pregunte ‘pero a dónde vas, ¿por qué no te quedas en casa o llamas a la policía’?

Yuri giró sobre sí mismo y en seguida vio lo que tenía que hacer para que la jugada acabara en gol: pasársela a Isi. Éste estaba en una situación inmejorable en la esquina del área. El hombre que anotó tres goles fundamentales para la Ponferradina en el playoff de ascenso controló la pelota tras el rápido pase de su compañero y la cruzó tanto que necesitó del palo para que fuera gol. 

Yuri no se conformó con eso. Quería más. Le habían despertado a la medianoche y quería aprovecharlo para volver al ataúd con suficientes víveres como para pasarse tres semanas durmiendo. Y vio el momento. Disfrutó de un Racing convertido en un desastre, en un cúmulo de nervios que no sabía si quería ir o si quería volver. Era todo un chollo, un espacio en blanco a aprovechar a lo grande. Y la Ponferradina y, sobre todo, Yuri, lo aprovecharon.

El equipo berciano tenía muy claro que estaba jugando ante un equipo herido que iba a acabar con ansiedad ya estuviera por delante como por detrás en el marcador. Si marca, le entraría miedo a perder lo que ha ganado. Si no marca, se le presentaría delante la gran necesidad que arrastra. Y al Racing le pasó lo primero. Casi mejor, pero poco le duró por culpa de ese regalo de Yoda que lo cambió todo. Ahí comenzó lo segundo. Llegaron los reyes magos con casi dos meses de adelanto.

Entre la inseguridad, lo que empezaron a temblar las piernas y el deseo innato de querer reaccionar y tirar para delante con la duda de si no será mejor guardar el empate, el Racing se convirtió en un desastre deshilachado. Y se abrió un campo detrás de la espalda de la retaguardia tremendo. Al igual que Yoda le regaló un balón a Yuri que acabó en empate, apenas cuatro minutos después fue Mario quien le regaló otra aún más clara. El brasileño se presentó delante de Luca, completamente solo y con mucho verde por delante. Tuvo todo el tiempo del mundo para pensar. Quizá demasiado. Lo vio tan bien que se quiso gustar, pero no era momento para exquisiteces. Quiso revolcarse sobre la miseria del Racing y colarla por encima del portero francés, pero se le fue fuera.

Milagro. Eran minutos en los que el conjunto cántabro no sabía bien ni cómo seguía respirando. El partido se había vuelto loco, el Racing había desaparecido. Aquello sólo podía acabar mal. Fueron continuas las carreras de los atacantes ponferradinos por detrás de unos centrales superados, a los que les aparecían por aquí y por allá y que se preguntaban dónde diablos estaban los laterales. 

Perdonó tanto la Ponferradina que lo lógico fue concluir que el equipo berciano lo iba a terminar pagando. Quien perdona, lo acaba lamentando. Ha sucedido en numerosas ocasiones en la historia del fútbol, pero, lejos de eso, el equipo de Jon Pérez Bolo se encontró con un penalti. Fue un penalti claro e incontestable. De nuevo Yuri ganó la espalda a la retaguardia cabalgando casi en soledad hacia la portería de Luca. Cerca de él corría Olaortua, que dio la sensación de tener la certeza de que el árbitro iba a terminar pitando fuera de juego. Pero no lo hizo. Lo revisó en el VAR y, de hecho, la pena máxima tardó mucho en lanzarse. El trencilla no estaba revisando si el central había derribado al brasileño o no porque era obvio que sí, sino si había arrancado en posición antirreglamentaria. Y lo hizo bien. O eso decretó el juez. 

Fue el propio Yuri, el que tanto había perdonado, aquel que fue despertado por el regalo de Yoda, quien lanzó. Luca, a quien siempre le ha acompañado una reputación de para penaltis, estaba ante una gran oportunidad de salir en todos los resúmenes televisivos. Y lo cierto es que se tiró bien. Acertó la dirección del lanzamiento pero el goleador lanzó tan fuerte que era imposible llegar. Fue gol. Se pasó buena parte del partido durmiendo y dejando dormir pero acabó siendo una pesadilla.

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