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El Diario de Cantabria

LA CONTRACRÓNICA

Cristóbal recupera a Sergio

  • El cántabro entró en el segundo tiempo para reactivar en ataque a su equipo, que no había pasado de medio campo en el primer cuarto de hora de la reanudación   
  • Generó juego ofensivo y tuvo en sus botas el 0-2
Uno de los numerosos aficionados racinguistas que hubo ayer en el Anxo Carro. / lof
Uno de los numerosos aficionados racinguistas que hubo ayer en el Anxo Carro. / lof
Cristóbal recupera a Sergio

Si hubo un jugador que a buen seguro recibió con alivio el cambio de entrenador fue Sergio Ruiz. Puede sonar cruel, pero también normal porque el astillerense había visto cómo el entrenador asturiano le cerraba la puerta en las narices. Y era complicado preguntarse por qué porque las respuestas no eran sencillas. Es cierto que el astillerense había estado lejos del nivel que había enseñado en la primera vuelta del curso pasado, pero también es verdad que nadie de los que estaba jugando en su posición se estaba ni mucho menos saliendo. Al contrario. La sala de máquinas está enseñando más dudas que certezas a lo largo del presente campeonato pero el cántabro había pasado a mejor vida con Iván Ania. Ni le miraba. Ayer Cristóbal sí lo hizo. Y lo cierto es que durante un tiempo fue capaz de cambiar el partido, pero luego llegó el gol de Manu Barreiro. Siempre pasa algo.

No sólo tuvo minutos ayer Sergio Ruiz, sino también Nkaka. Nadie se acordaba ya de un jugador que todavía no ha aportado nada positivo desde que llegó al Racing. Prometía e imponía, pero lo cierto es que incluso ayer siguió pareciendo poca cosa. Ayer entró por un Mario Ortiz vaciado mientras que el astillerense lo hizo por un Cejudo que ya parecía tener menos futuro cuando se había abierto tanto espacio entre el lugar donde el conjunto cántabro recuperaba el balón y la portería rival. Hacía falta mucho motor para llegar de un punto a otro y por eso el nuevo entrenador verdiblanco echó mano de Sergio. Y éste le dio lo que le pedía.

Sergio se colocó en la media punta. No cambió el sistema por su entrada. A su espalda mantenía a Mario y a Dani Toribio y su misión era aportar una mayor presencia física en un medio campo que el equipo había perdido o había entregado en el segundo tiempo además de aportar esa llegada que siempre la ha caracterizado. Porque el cántabro es un motor y ayer lo volvió a ser. Fue capaz de cambiar la dinámica del encuentro y eso suele ser lo más importante para un jugador que entra desde el banquillo. No es fácil poner la firma en una obra que ya está empezada.

El medio centro astillerense entró cuando el Racing había entregado el balón y había retrasado sus líneas. No había pasado de medio campo en el primer cuarto de hora de la segunda mitad. Ya tenía un tesoro en su poder en forma de gol y quería protegerlo. Ya se había adelantado otras veces, pero no le dura nada esa privilegiada situación. Ayer confiaba en que sí porque marcar no había hecho temblar sus piernas y el Lugo no parecía generar mucho peligro. Podía ser el gran día. Lo que le faltaba era marcar un segundo o, por lo menos, ir a buscarlo para que el equipo gallego no lo pudiera apostar al ataque. Le tenía que hacer mirar un poco hacia atrás y eso lo consiguió Sergio.

Lo bueno que tuvo el cántabro fue su capacidad para asociarse. A los pocos minutos de estar sobre el terreno de juego, casó una buena jugada con Carmona y con Yoda. Avanzaron metros a base de paredes hasta que el lateral asistió al francés, que estaba en la frontal del área, desde donde no se lo piensa nunca y en seguida buscó posición de disparo. Y lo encontró. Armó su pierna izquierda con la rapidez y potencia que acostumbra y, aunque el balón fue entre palos, el guardameta lo atajó bien en dos tiempos. Fue una acción significativa porque, hasta ese momento, el conjunto cántabro no sólo no había lanzado a puerta tras el paso por vestuarios, sino que prácticamente no había cruzado la línea de medios.

Poco después, con quien encontró una alianza Sergio fue con Alexis, a quien le creó un pasillo por la parcela central del terreno de juego que el central aprovechó para lanzarse al ataque. Llegado al área, cedió la pelota a Nuha, que se metió en zona de peligro por su costado derecho hasta que se la intentó devolver a su compañero el defensa. Sin embargo, el esférico no llegó a él. Debió de ser un tanto frustrante haberse recorrido el campo de punta a punta para nada. Él se vio empujando el esférico y marcando el gol decisivo que mataba la contienda, pero no le llegó nunca.

El astillerense fue ayer de los que generó juego y acciones ofensivas. Reactivó al Racing en ataque para que no viera pasar el segundo tiempo metido en su propia trinchera. Eso podía ser un suicidio porque, aunque el Lugo no estaba siendo capaz de atravesar el alambre de espino colocado por el conjunto cántabro, estaba a expensas de cualquier acción aislada para empatar. Porque un 0-1 es tan valioso como vulnerable. Y el partido lo acabó demostrando porque una falta lateral y un simple detalle acabó por echarlo todo al traste.

Hacía falta marcar porque el Racing sólo gana cuando golea. Es la conclusión a la que hay que llegar tras haber firmado un 4-0 en su única victoria. Y con Sergio el conjunto cántabro estuvo más cerca. Tanto es así, que él mismo estuvo a punto de firmar el 0-2. De nuevo fue él quien inició la acción con una buena asociación que llevó el balón a la banda izquierda, donde estaba Nuha, que ayer aparecía por cualquier esquina como si de un fantasma se tratara. El delantero intentó centrar pero el balón se chocó contra un defensa y quedó muerto en el interior del área. Y lo cazó Enzo, que nunca se lo piensa dos veces. Se metió en la cueva del lobo hasta ganar línea de fondo. Tenía a dos zagueros empujándole contra la cal pero fue capaz de meter la bota lo suficiente para dar forma a un pase hacia atrás. Lo pudo rematar Yoda o incuso Sergio, que parecía mejor colocado porque llegaba desde atrás. Lo hizo ajustado pero envió la pelota entre palos, de donde la despejó el portero con el pie, como si de un guardameta de balonmano se tratara.

Aquel podía haber sido el gol soñado por Sergio. El gol que le reivindicara ante un entrenador que decidió olvidarse de él cuando tantas cosas le había dado el curso pasado. Pero no marcó. Y apenas cuatro minutos después sí lo hizo el Lugo, por lo que quedó un tanto deslucida su participación en el encuentro. A partir de ahí, ya se acabaron del todo las acciones ofensivas. Sólo en el descuento reapareció en las cercanías del área rival. Al Racing siempre le pasan cosas sobre la bocina y esa fe había, pero no pasó nada.

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