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El Diario de Cantabria

HUESCA - RACING

COMO MÁS DUELE

  • El Racing volvió con un empate de Huesca por culpa de un gol en el minuto 95  
  • Conjunto cántabro completó un notable partido corrigiendo los errores de las últimas semanas  
  • Se adelantó con un gran gol de cejudo
Cejudo y Ferreiro, peleando por un balón. / LOF
Cejudo y Ferreiro, peleando por un balón. / LOF

e pasado dos horas construyendo un castillo de naipes para que todo se venga abajo al colocar la última carta. Como haberlo visto ya hecho y, de pronto, ver toda la baraja desparramada en el suelo. A uno le dan ganas de llorar, de golpear algo, de soltar algún taco o mentar a la madre de quien en ese momento pasa por ahí. Pura impotencia; pura frustración. Porque todo iba bien hasta ese momento, pero todo cayó en saco roto en un solo instante. Así de puñetero es el fútbol. Iván Ania había cogido ya el habano, se lo había colocado en la boca y estaba a punto de encenderlo mientras, con una media sonrisa, iba a decir aquello de «me gusta que los planes salgan bien». Lo había ensayado muchas veces frente al espejo. Pensaba que había llegado el momento de exhibirlo pero entonces llegó el gol de Ivi, ese maldito gol que lo estropeó todo en el minuto 95, cuando el árbitro ya tenía el silbato en la boca para decretar el punto y final. Cuando, en definitiva, sólo quedaba tomar distancia y apreciar la gran obra construida en uno de los campos más complicados de la categoría.

Quizá el empate se puede considerar un resultado justo, pero también un resultado cruel para el Racing. A buen seguro que muchos lo habrían firmado antes de empezar, pero no después de haberse puesto por delante y haber sabido administrar bien el golazo de Cejudo cuando quedaban 23 minutos para el noventa. Durante un momento amenazaron con ser demasiados, pero el equipo de Ania lo llevó bien, consiguiendo que no pasaran demasiadas cosas y construyendo contraataques que no llegaron a nada. El Huesca incluso parecía entregado, pero entonces llegó ese gol sobre la bocina que, para colmo, metió al conjunto cántabro en puestos de descenso.

El Racing hizo en Huesca muchas cosas bien. Por encima de todo, corrigió todos los vicios que había enseñado siete días antes contra el Girona. El entrenador ya había dado muestras de haber visto lo que había visto todo el mundo y no sólo buscó soluciones, sino que las encontró. Cambió el sistema para dibujar un 4-2-3-1 que colocó a Cejudo en la media punta con Nuha otra vez arriba. Así, el equipo no sufrió inferioridades por dentro, lo que se notó tanto con posesión como sin ella. Porque no sólo se sintió más arropado y con las líneas mucho más juntas, sino que dio sentido al balón. Le aportó pausa y fue capaz de enlazar pases que no sólo daban un respiro a sus hombres para no estar en todo momento corriendo tras la pelota, sino que construyó algunas buenas acciones de ataque.

Fue un buen Racing. Un Racing con el que se puede mirar hacia el futuro aunque también enseñó carencias. Porque falta mordiente arriba. Eso es obvio. Falta hacer daño y tener a alguien con mejores cuchillos para dar verdadero significado a las buenas acciones por banda. Nuha, que es todo generosidad en el trabajo, tuvo ayer dos opciones para presumir de remate que no aprovechó. Es cierto que otro jugador con otra envergadura ni siquiera hubiera logrado tocar balón, pero a él le falta esa capacidad para empujar a la red la que le llega que le podría convertir en un delantero diferencial.

La primera de ellas llegó al rematar un saque de falta que Enzo envenenó al darle una rosca tremenda que fue metiendo el balón hacia dentro. Éste superó a una poblada línea que alternaba a defensores y atacantes. Todos rozaban el fuera de juego y, de pronto, entre el tumulto asomó la larga e interminable pierna de Nuha. El balón pedía ser solamente tocado de manera sutil para enredarlo entre la red, pero el delantero metió toda la bota y, lógicamente, el esférico se marchó alto. La segunda fue en el segundo tiempo, cuando un buen centro de Moi llegó a su cabeza, que estaba metida en el área pequeña. El balón parecía bueno para presumir de remate de cabeza, pero el ariete no lo hizo bien. Buscó quizá enviarlo a la base del poste, pero se fue fuera. Muy desviado. No tendría más.

Fueron éstas las mejores ocasiones de un Racing que se sintió arropado y poderoso atrás pero al que le costó generar peligro. Le costaba incluso llegar porque no era fácil hacerlo después de recuperar. Quería estar compacto y moverse como un único bloque y, para ello, sacrificó la presión alta y retrasó un tanto las líneas. Por encima de todo, abortó el buen juego por dentro del Huesca, que, de esta manera, encontró en las bandas el único punto de fuga. Y por ahí quien hizo verdaderamente daño fue David Ferreiro, que a los seis minutos le regaló un balón a Mikel Rico en el interior del área que éste desperdició.

El Racing consiguió que no apareciera demasiado Juan Carlos, el hombre entre líneas del Huesca, una figura que venía haciendo mucho daño al conjunto cántabro. Sobre todo, lo hizo en el inicio del segundo tiempo, lo que le bastó para firmar tres acciones individuales que terminaron en otros tantos lanzamientos a los que respondió bien Luca, que ayer volvió a brillar bajo palos. Incluso a ese desajuste que hizo aparecer al jugador gallego le puso fin el conjunto cántabro dando inicio a unos buenos minutos en los que fue creciendo a la velocidad que se hacía más pequeño el equipo aragonés.

El gran trabajo de contención de Kitoko y Mario fue acompañado ayer por una buena salida de balón que en ningún momento jugó demasiado con fuego porque tampoco el Huesca enseñó una presión alta. Además, la vuelta de Figueras al once siempre aporta saber estar en esta función. El doble pivote realizó un gran trabajo que expulsó hacia los costados a su rival, que unió líneas y dio pausa a la pelota. El Racing dejó claro que tenía un plan, que consistía en estar bien armado atrás con el fin de conseguir una portería a cero convertida en prioridad. Más aún, ante un equipo que sabe administrar al máximo sus goles. Encajar era la perdición. El ataque se encomendaba, de nuevo, a los extremos, que en esta ocasión tenían a un buen socio en Cejudo. Se buscó con menos descaro a Nuha porque no tenía a nadie cerca, al contrario que cuando ha jugado con David Rodríguez. Y lo cierto es que costó generar, por eso resultó más pecado aún desperdiciar tantos córners, sobre todo en el primer tiempo, sin ser capaz ni de levantar la pelota. Ante un rival como el Huesca, desperdiciar el juego a balón parado, cuando se igualan mucho las fuerzas, es quedarte prácticamente sin armas.

El Racing era consciente de que iba a tener pocas y que tenía que aprovechar al máximo esas pocas que tuviera. Por eso Ania ya comenzó a toquetear el habano cuando Cejudo marcó. Fue un gran gol, un gol de calidad que se trabajaron el cordobés y Yoda en fructífera asociación. El francés había culminado un partido de luces y sombras, con acciones brillantes que alimentan cualquier edición de Youtube o resumen televisivo con otras pérdidas que no aparecen ahí pero que hicieron trabajar mucho a sus compañeros para reducir sus consecuencias. Sin embargo, ha estar en el campo porque la mitad del gol fue suyo.

Fue similar al último que marcó él mismo en El Molinón. Aquel día, fue Nico Hidalgo quien desbordó por banda derecha y él quien marcó rematando con eficacia en el interior del área. Ayer, antes de arrancar, se benefició de un gran pase del mismo Cejudo que, tras dejar hundido al lateral, le presentó en línea de fondo. Desde allí, miró, pensó y asistió al cordobés, que estaba solo. Éste no definió como había definido el francés en Gijón, cuando lanzó un misil tierra aire que aún hoy están buscando los radares, sino que lo hizo con mucha más clase. De primeras, sin intentar controlar la pelota porque se la habrían devorado, se sacó un remate con una rosca tremenda ante el que nada pudo hacer Yáñez.

En los minutos siguientes al gol dio la sensación de que el Huesca amenazaba con encerrar al Racing en su propia área, pero no sacó más rédito que un fortísimo disparo lejano y seco de Luisinho ante el que volvió a responder bien Luca. El conjunto cántabro fue sacudiéndose la presión y consiguiendo que se jugara poco, tanto con las habituales argucias tantas veces vistas como por su capacidad para no perder el balón demasiado pronto. Incluso tuvo un par de contragolpes en los que quizá faltó depositar más fe para culminarlos, pero el partido parecía controlado.

Ni siquiera se resintió el Racing al perder a Moi por lesión y tener que cambiar de banda a David Carmona para colocar a Olaortua de lateral derecho. Ania incluso metió más oxígeno y sabiduría con Dani Toribio, que volvió al equipo tras recibir esa feroz entrada contra el Almería y lo cierto es que el partido parecía muerto. El colegiado descontó cinco minutos, que se antojaron pocos para el tiempo que se había perdido, y el reloj estaba llegando al 95. Al Huesca sólo le quedaba la última y la bombeó al área. La retaguardia no acertó a despejarla y cayó en uno de los buenos, el central Pulido. Éste bajó el cuero, se libró de la presión de Figueras y asistió a Ivi, que estaba de cara y sin marca en el interior del área. Lo tuvo todo para marcar y marcó. Y fue entonces cuando se derrumbó todo el castillo de naipes y cuando Iván Ania tuvo que volver a guardarse el habano y el mechero. Otra vez será. De lo que dio la sensación fue de que el plan parecía bueno.

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