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El Diario de Cantabria

Test con poca nota

El Racing empató ante un Bilbao Athletic superior durante buena parte del partido. el líder, que ahondó en sus problemas de juego de las últimas semanas, sólo generó peligro con Nico Hidalgo, que marcó el gol de su equipo

Areso, cortando un contragolpe de Cejudo en la recta final del partido. / LOF
Areso, cortando un contragolpe de Cejudo en la recta final del partido. / LOF
Test con poca nota

Si el partido de ayer en Lezama era un ensayo general para lo que se le pueda venir encima al Racing en el playoff, lo visto ayer es como para preocuparse. Durante buena parte del encuentro, quizá sólo a excepción de los minutos que siguieron al gol de Nico Hidalgo, el conjunto cántabro estuvo a merced de un equipo que, aunque es toda una potencia como local, tiene 26 puntos menos que él. A los jugadores verdiblancos les tocó correr detrás del balón y fueron incapaces de generar más juego que el de buscar con descaro su banda derecha para que su futbolista más en forma se la jugara. Acabó marcando y sumó dos asistencias que eran medio gol, pero Cayarga, que fue quien las remató, no acertó. Dijo Iván Ania tras el encuentro que, de haber marcado en alguna de ellas, el partido habría sido otro. Lo que olvidó decir es que si el Bilbao Athletic hubiera anotado alguna de las muchas que tuvo, sobre todo en el primer periodo, la historia y, lo más importante, su desenlace, también habría sido otra.

El Racing se ha atascado en la creación. En las últimas semanas, ha achacado su incapacidad para dotar de fluidez y ritmo a su juego a la dificultad de encontrar espacios contra un equipo que estaba bien cerrado atrás. Ayer no tuvo nada de eso, sino que se topó con un Bilbao Athletic que se fue con descaro a por la victoria, que tuvo sus líneas muy adelantadas y que le encimó desde el mismo momento en el que alguno de sus centrales se hacía con el balón para iniciar el juego. Ya no había excusa o, por lo menos, la de las últimas semanas ya no valía. El conjunto cántabro se encontró por fin con un contrincante que le jugó de tú a tú y no sólo no le ganó, sino que se hizo pequeño por momentos.

Fue incapaz el conjunto cántabro de trenzar juego y cayó en pecados similares a los que arrastró cuando delante tenía al Sporting B o al Real Unión. Su fútbol no es alegre, no crea, no sale con la limpieza ni encuentra la verticalidad que busca. Así, al final se vende a lo fácil, que es buscar al bueno. Y quien está en estado de gracia últimamente es Nico Hidalgo. A él le buscan con descaro sus compañeros. Más aún ayer, ya que sabían los hombres de Ania que Rojo, el lateral izquierdo rojiblanco, no iba a tener la ayuda de su interior, que era Iñigo Vicente, porque éste no baja. Por ahí se lució el motrileño, que, además del gol, firmó tres buenas internadas con pase atrás de los que ya dejan medio trabajo hecho al rematador. La primera de ellas no la logró rematar Barral porque se le adelantó el central Vivian y las otras dos las

golpeó de primeras Cayarga, con toda la intención de enviar el balón a donde el portero no pudiera llegar pero le sobraron apenas un par de centímetros en cada una de ellas. La primera llegó poco después del 0-1 y la segunda fue en el arranque del segundo tiempo. Nada más generó el Racing.

Atacar por dentro parece estar prohibido. Ayer fue Noguera quien se colocó detrás del punta y dio a entender por qué Ania se había resistido a ponerle de inicio las semanas anteriores, tras recuperarse del pisotón que ya le había impedido jugar contra el filial del Sporting hace casi un mes. Había jugado un puñado de minutos en los que no enseñó nada ante al Real Unión y ayer, que jugó de inicio en un buen campo y ante un rival que permití 

espacios porque ni mucho menos se encerraba, apenas apareció. Le falta imaginación al conjunto cántabro, que tampoco tiene en Barral al delantero que marque diferencias que salió a comprar en el mercado invernal. Lo cierto es que parece estar sólo ya para rematar la que tenga porque él por sí mismo no va a generar nada. Los tiempos en los que lo hacía parecen haber pasado. Y ayer no tuvo ocasión de rematar ni una sola. Y no llevar balones a tu delantero centro, a un tipo al que la Segunda B se le debería hacer pequeña, es un mal síntoma. 

Lo mejor que hizo el Racing fue defender. Sobre todo, cuando se quedó con un hombre menos. Quedaba un mundo por delante, todavía veinte minutos por jugar y, hasta ese momento, el Bilbao Athletic había sido el dueño y señor del segundo tiempo. A los jugadores del filial incluso se les veía disfrutar tocando con agilidad la pelota en zona de tres cuartos, entrando bien por bandas y, en ocasiones, acabando también jugadas. El equipo verdiblanco ni la olía y, de pronto, se vio con un hombre menos por expulsión de Óscar Gil. El navarro jugó un mal partido en la que fue su casa. Con su vuelta al once, buscó Ania una motivación añadida del central por jugar en el lugar donde se formó como futbolista, pero quizá se pasó de frenada. Llegó tarde a menudo y acabó expulsado sin apenas discusión. También se había jugado una roja directa Jordi Figueras minutos antes al derribar a un atacante rojiblanco que le ganó la partida y, ya en la frontal, se iba en busca de Iván Crespo sin nadie más a quien superar. Sólo fue amarilla. 

Con un hombre menos y aceptando ya que el empate ya sólo no era bueno, sino muy bueno, el Racing se dedicó a mantener su tesoro en esa recta final de partido. En ese momento, ya sabía que había perdido el Mirandés, por lo que incluso tenía otro motivo para marcharse de territorio vizcaíno con la satisfacción de aumentar su renta sobre el segundo si era capaz de mantener el empate. Lo malo es que lo de ayer no tenía nada que ver ya con la clasificación. En la práctica, el Racing sabe que nadie le va a arrebatar el campeonato desde hace un par de semanas. Ayer acudió a Lezama con el objetivo primordial de confirmar que está capacitado para ganar y ser mejor que un buen rival y sólo hizo más grandes las fuentes de las que están surgiendo las últimas preocupaciones. 

Antes de ser expulsado el central de Peralta, viendo que el Bilbao Athletic era el auténtico dominador del partido e intuyendo que su equipo se estaba haciendo demasiado largo al no renunciar a cazar a su rival en un contragolpe, Ania introdujo en el campo a Kitoko. Cuando un equipo como el Racing no huele el balón, tiene la posibilidad de hacerse más fuerte entorpeciendo la circulación de su contrincante añadiendo músculo o sacando a un pelotero para discutirle la posesión y arrebatársela. Y Ania optó por lo primero. Le encanta el jugador congoleño y a la mínima oportunidad le pone a jugar. Ya lo hizo en Calahorra, pero entonces iba por delante. Ayer no. Iba empate y, en principio, no renunciaba a ganar. Si en ese momento hubiera firmado tablas, estaríamos ante un cambio de paradigma brutal porque si algo ha demostrado el entrenador verdiblanco a lo largo del presente campeonato es que es un ganador. Hay partidos en los que ha puesto toda la carne en el asador 

en busca de la victoria y le ha salido bien. Ayer no. Prefirió apostar por la contención poniendo más músculo y físico a la línea de media puntas. 

Quitar a Noguera para poner a Kitoko es toda una declaración de intenciones. En el campo estaban Mario Ortiz, Sergio y el africano. En el banquillo, sin apenas calentar además, estaban Quique Rivero y De Vicente, los jugadores que verdaderamente podían cambiar el desarrollo de los acontecimientos, pero el técnico apostó por aceptar la situación y hacerse más fuerte sin intentar alterar la balanza. Y es cierto que la entrada del congoleño rompió la dinámica ofensiva del Bilbao Athletic, pero la incapacidad del Racing para generar algo en ataque persistió. No tenía el balón y, sin balón, como bien suele decir Iván Ania, su equipo sufre. Lo que sucede es que para tener el balón hay que tener sobre el césped a jugadores con aptitudes propias para tenerlo. 

La mejor versión del Racing ayer, más allá de los minutos que siguieron al 0-1, que fue todo un golazo de Nico Hidalgo al volear desde la frontal un balón que le llegó de la esquina izquierda, llegó tras la expulsión. Ahí mostró el equipo verdiblanco su gen competitivo y su capacidad de sufrir. Logró que no sucediera gran cosa en los veinte minutos que restaron de partido más allá de la internada de Larrazabal, que había entrado para sustituir a Guruzeta, por banda izquierda con el tiempo ya cumplido. El balón llegó al segundo palo, donde remató con cierta comodidad Nolaskoain pero atajó bien la pelota Iván Crespo. En el fondo, la acción fue muy similar a la que puso las tablas en el marcador. En ese caso, fue Guruzeta quien ganó línea de fondo poniendo un medido centro delante de Figueras que remató con el pecho Villalibre en el segundo palo. 

Aquello puso fin a los únicos minutos buenos del Racing con balón, cuando había aparecido mínimamente Cayarga y se aprovechaba de un Bilbao Athletic que acusó tremendamente el 0-1 inicial. Porque no entendía qué pasaba ni entendía qué más tenía que hacer para marcar. Su aparición en el partido, como haría en el segundo tiempo, fue pletórica sin permitir al conjunto cántabro enlazar pases con sentido. A los hombres de Ania no les llegaba la pelota mientras que Villalibre primero e Iñigo Vicente después rondaron el gol. Uno veía jugar a los entrenados por Aritz Solabarrieta y no entendía qué hacían a 26 puntos del Racing. Tampoco que estén tan lejos del playoff. Quizá tampoco cómo puede ser el líder tan líder, pero lo cierto es que lo es, lo que significa que tiene mucho más de lo que enseñó ayer. 

Test con poca nota
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