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El Diario de Cantabria

Sólo falta el pueblo

El Laredo - Racing de esta tarde tiene todos los ingredientes necesarios para ser un gran partido | Aún así, la grada vacía reducirá la pasión que todo derbi necesita | Los dos entrenadores harán frente a bajas importantes

Las restricciones sanitarias por la pandemia del coronavirus dejará las gradas de San Lorenzo vacías. / Hardy
Las restricciones sanitarias por la pandemia del coronavirus dejará las gradas de San Lorenzo vacías. / Hardy
Sólo falta el pueblo

Un equipo humilde que recibe en su campo al gran equipo de Cantabria. Buen tiempo, playa, unos números inmejorables en sus anteriores partidos en casa, en los que ha hecho morder el polvo a rivales con aspiraciones. Dos victorias, cero goles en contra, ilusiones intactas. Grandes expectativas. Posibilidad de dar la campanada contra el chico de ciudad, hora en la peluquería, fotógrafos preparados, camisa blanca y a San Lorenzo. Césped en buen estado, un pueblo esperanzado, más expectación de lo habitual. El autobús que traerá a un aspirante al ascenso, un histórico de Primera División en horas bajas, necesitado, obligado y con la incertidumbre de cómo responderá tras tres semanas parado. Un equipo con las ideas bien claras y otro que todavía está buscando qué quiere ser de mayor. Uno ilusionado y otro obligado. El de casa con una motivación añadida y el de fuera, el de Santander, sin capacidad de negociar. El partido parece tener todos los ingredientes necesarios para ser un gran partido, para convertirse en un derbi para el recuerdo y para haber generado ambiente de fiesta en Laredo durante varios días. Como si de un playoff se tratara, con un lleno hasta la bandera, el club frotándose las manos con la taquilla y los jugadores soñando con dar la campanada y jugar ante miles de personas por un día. Pero no habrá nada de esto último. En el plato sólo estará lo puramente futbolístico, pero todo es menos fútbol, el derbi deja de ser derbi, si las gradas están vacías. Estaban todos menos tú, cantará Sabina mañana. Y se referirá al aficionado, al pueblo, a aquel que marca la verdadera diferencia.

El partido está mal puesto en el calendario. Fue a caer en plena segunda ola pandémica. No se podía saber. O sí. Quizá bastaba con haber prestado atención. Cuando se sorteó el camino, todo soñaban con que todo sería un poco más normal a estas alturas. Era mejor no mirar. Era verano y era más divertido hacer como si todo estuviera acabando en vez de percatarse de que el malo se estaba haciendo más fuerte. Hasta seis mil personas se llegaron a permitir en Los Campos de Sport, pero sólo quince días más tarde se cerraron las puertas. Para el Racing y para todos los demás equipos de Cantabria. También para el Laredo. Y a éste se le echaba encima el derbi, el día señalado en rojo y que debía ser una de las principales fuentes de ingresos de la temporada para cuadrar presupuestos. Y no ha podido vender ni una sola entrada. Durante la semana, soñó con que le dejaran ocupar el treinta por ciento del graderío porque es un espectáculo al aire libre donde se iba a poder mantener la distancia de seguridad y todos iban a llevar mascarilla. Ni siquiera iban a poder desplazarse seguidores racinguistas que no fueran del propio Laredo porque nadie puede salir de su pueblo o de su ciudad, pero ni por esas. Sólo podrán animar los del balcón.

Y es una pena porque la cita es importante para el Charles más allá de lo económico. No quiere protagonizar un paso fugaz por la Segunda B, sino que quiere quedarse, asentarse y disfrutarla por mucho que la próxima temporada se vaya a llamar de otra manera. Y es bien consciente de que todo depende de lo que sea capaz de hacer en casa. San Lorenzo ha de ser su fortín, su trinchera y su castillo. Y es la plantilla la que ha de poner el foso, el dragón, los arcos, las flechas y las catapultas. Y por ahora lo está haciendo. Tan cierto como que ha perdido los tres partidos que ha jugado a domicilio es que ha ganado de manera solvente sus dos apariciones en casa. Dejó en la cuneta tanto al Barakaldo como al Real Unión sin haber sufrido y sin haber encajado ni un solo gol. La moral está por las nubes y ahora quiere confirmar ese buen hacer como local deshaciéndose también del gran ‘gallo’ del subgrupo.

Lo malo es que Manu Calleja ha de preparar el encuentro sin tres jugadores que fueron capitales en esas dos victorias que suma hasta la fecha, como son  Faouzi, Miguel Goñi y Saúl García, que, a su vez, se suman a la ausencia conocida de Roberto Cano, un hombre llamado a ser importante pero que lleva en la enfermería desde la pretemporada. El primero de ellos cumplirá esta tarde el segundo partido de sanción que le cayó por su expulsión quince días atrás en el partido contra el Real Unión y los otros dos no pueden jugar por la famosa ‘cláusula del miedo’. Son jugadores cedidos por el Racing y éste no quiere que aprovechen para reivindicarse firmando el partido del año precisamente contra ellos.

Son jugadores importantes para Manu Calleja y el Laredo. Los tres son titulares fundamentales e importantes para cada una de las facetas del juego y sus ausencias condicionarán el mismo. El entrenador le dio galones a Faouzi para convertirse en la gran referencia en el medio campo pero hoy no estará. Y quien todo apunta que ocupará su puesto acompañando a David Sanz en el doble pivote es Felipe Peredo. Tampoco hay muchas dudas sobre que será Toboso quien ejerza de central diestro en sustitución de Goñi y más dudas puede haber en quién comenzará por la banda izquierda que suele ocupar Saúl García, un jugador diferencial para el Laredo de medio campo para arriba. La opción más natural podría ser introducir al veterano Riky pero también está la posibilidad de cambiar a Varo de banda para situar a Juancar por la derecha. Son alternativas que maneja Manu Calleja, que también mantiene la duda, al menos de puertas hacia fuera, sobre si apostará por Óscar o por Argos para acompañar a Vinatea en punta.

De todos modos, por muchas incógnitas que haya alrededor del Laredo, será difícil superar a las que maneja el Racing. Éste se va a presentar en San Lorenzo con las ganas y la ansiedad por volver a jugar un partido del alcohólico que lleva un mes sin probar ni gota. Cuando parecía que el equipo despegaba, le mandaron parar tres semanas. Completó las tres primeras jornadas ligueras con resultados prometedores y asumiendo desde el principio el liderazgo del subgrupo pero, de pronto, se encontró con el aplazamiento del partido de Leioa y con la jornada de descanso. Tuvo que frenar en seco y después de un parón de veinte días siempre surge la incógnita por conocer qué equipo aparecerá después del túnel, si será el mismo que entró o uno diferente, ya sea mejor o incluso peor. Parar no conviene a quien le va bien y por eso el Racing saldrá con la mosca detrás de la oreja. Cabe el peligro de que haya perdido el ritmo de competición y ahí ha localizado el Laredo un motivo de esperanza al que aferrarse. No hay duda de que le va a poner mucho ritmo al partido desde el primer momento porque seguramente recuerde lo que le costó al equipo de Rozada entrar en juego en el debut liguero contra el Portugalete. Para cuando despertó, ya estaba maniatado por su rival e iba perdiendo. Y eso que jugaba en casa. Hoy lo hará en San Lorenzo, donde todo es diferente.

Todo este tiempo de hibernación que ha pasado el Racing también alimenta el misterio alrededor del equipo. A buen seguro que Manu Calleja tendrá más dudas de cómo se presentará en su casa el equipo verdiblanco que las que habría tenido si el partido se hubiera disputado siete días después del que jugó ante el Alavés B en Los Campos de Sport. Rozada comenzó el curso con 3-5-2 pero durante toda esta mini pretemporada de la que ha dispuesto ha profundizado en el 4-4-2. Y ahora hay dudas sobre si mantendrá lo que le estaba funcionando, al menos en cuanto a resultados se refiere, o cambia ya al dibujo que sabe que hará crecer a su equipo. Sobre todo, en cuanto a presencia en campo rival y dominio con balón. Son cosas que hasta la fecha no ha tenido.

El único desplazamiento hasta hoy del Racing había sido a Lezama, que es como un mundo aparte en este grupo. Jugó en un campo grande y ante un equipo que quería la pelota. Hoy no será así. San Lorenzo no tiene malas medidas pero sí resulta estrecho. Además, no va a discutir por tener la posesión. Quizá el aspirante a grandes cosas deba asumir dicha responsabilidad y no ha demostrado hasta la fecha estar preparado para ello. Se ha mostrado muy sólido atrás pero poco capaz de generar juego. Hacerlo hoy, en un escenario tan complicado, sería todo un golpe de autoridad.

Gracias al parón, Rozada ha recuperado para la causa a Álvaro Bustos y Marco Camus, que jugó ya ante el Alavés B 45 minutos pero a medio gas. Hoy estará en plenitud de forma. También podrá debutar Soko y contar, a buen seguro, con mejores versiones de Nana, Cedric o Maynau. Quienes no podrán estar en el campo son Pablo Andrade, que está sumido en una peligrosa vorágine de lesiones, ni Figueras, que sufrió una rotura de fibras esta semana. Es ésta una baja sensible y que, de hecho, podría precipitar el cambio al 4-4-2. Si la opción es seguir jugando con tres centrales, tendría que dar paso a Mantilla, un futbolista que, por otro lado, se conoce a la perfección el terreno porque ascendió con el Laredo el curso pasado.  Sin embargo, si hay que buscar en el pasado para encontrar motivaciones extra, la nota se la lleva el Laredo, ya que diez de sus futbolistas pasaron por el Racing alguna vez. Y eso siempre marca y hace dar un poco más. Porque en los derbis siempre se da un poco más. Aunque no haya público.

El encuentro está repleto de atractivos que merecen la pena y sería toda una fiesta para el recuerdo de haber podido contar con público. Pero tampoco merece la pena llorar ni añorar lo que no va a suceder. Al menos, estará la posibilidad de poder ver el encuentro por Footters. No es poco. Ahí se verá la apuesta definitiva de Rozada después de escuchar la última semana a Bustos y a Goñi reivindicarse como extremos y no como carrileros. Soko tampoco lo es. Todo eso le puede llevar a un 4-4-2. O no. O quizá decida esperar. Da igual porque, más allá de dibujos, los derbis son una cuestión de actitud.

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