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El Diario de Cantabria

GIRONA - RACING

PARA SEGUIR RESPIRANDO

  • El Racing firmó un empate en Montilivi que habría tenido gran valor en otras circunstancias pero que resulta insuficiente  
  • Con un once renovado, apenas sufrió en defensa pero le siguieron faltando ideas en ataque
Cejudo pudo ser la peor noticia del partido de ayer al dar la impresión de que se había roto. / Hardy
Cejudo pudo ser la peor noticia del partido de ayer al dar la impresión de que se había roto. / Hardy
PARA SEGUIR RESPIRANDO

En otras circunstancias, un empate en Girona sería como para celebrarlo. Haberlo conseguido ayer sabe a poco. No sirve de mucho porque de empates ya anda sobrado el Racing. Lo que necesita son victorias aunque ayer no lo pareciera, ya que durante los últimos minutos de la contienda dio la impresión de dar por buenas las tablas. Quizá por miedo a repetir la historia que ha sufrido tantas veces o quizá porque sabe que su primer gran objetivo actualmente es mantenerse con vida y tener un motivo para levantarse de la cama cada mañana. Y volver con un punto al menos le devuelve en parte la sonrisa y le permite afrontar de nuevo con alguna chispa de ilusión la contienda del próximo domingo. De algo hay que vivir.

Tras haber jugado el pasado  sábado, había dos maneras de afrontar el partido de ayer en Montilivi: o rotando y dando una vuelta a la alineación o bien apostando por la continuidad y por prácticamente los mismos once hombres que los entrenadores habían considerado mejores para afrontar el primer encuentro postconfinamiento, que era especialmente importante. Oltra apostó por lo primero y Martí por lo segundo. Curiosamente, quien puede presumir de tener la mejor y más profunda plantilla de toda la categoría, sólo hizo dos cambios respecto al encuentro inaugural de esta segunda y última fase del campeonato liguero. En cambio, quien más justo anda siempre y más le cuesta encontrar soluciones a sus problemas, cambió más de media alineación.

Siete caras nuevas hubo en el equipo titular del Racing. En defensa sólo repitió Olaortua y en el centro del campo Enzo. Entraron Carmona, Buñuel, Alexis, Abraham, Dani Toribio, Nkaka y Borja Galán. Parecía un equipo de circunstancias más propio de una pretemporada en la que el cuerpo técnico está buscando cosas nuevas y realizando experimentos para cuando llegue la competición oficial que una alineación propia de un partido en el que sólo valía la victoria. Sin embargo, Oltra entendió que no tenía capacidad de elegir y que, tras un parón de tres meses, dos de confinamiento y una pretemporada exprés completamente condicionada, no podía correr riesgos físicos.

Lo cierto es que no hubo gran diferencia. Es difícil afirmar si eso es una buena o una mala noticia. Como contra el Lugo hasta que se produjo la expulsión de Manu Hernando, el Racing completó el encuentro mostrándose como un equipo sólido e incómodo. Sólo una vez superado el cuarto de hora de juego entró el Girona en una fase de partido en el que parecía estar jugando contra un juguete roto. Fueron minutos en los que se acentuó la sensación de estar viviendo un partido de pretemporada con poco público y entre equipos de diferente categoría. El equipo catalán circuló a placer por el centro del campo, Samu Sáiz se movió bien a espalda de los medio centros y, en definitiva, enlazó hasta tres acciones de peligro que transmitieron un peligro letal. Parecía que el gol sólo iba a ser cuestión de tiempo, pero el tiempo pasó y no terminó de llegar. Y, tras esos malos minutos racinguistas, la cosa cambió. Superado el minuto veinte, los hombres de Oltra ya no volvieron a sufrir. De hecho, equilibraron la contienda y hasta consiguieron llegar a las inmediaciones del área de manera intermitente. Lo que le faltó, como tantas veces, fue finalización.

Fue un cabezazo de Stuani tras elevarse sobre Olaortua, que se colocó a la izquierda de Alexis, que jugó en el centro de la retaguardia en sustitución de Figueras, el primer aviso gerundense. A éste respondió el Racing con un rechace de Dani Toribio que cazó de primeras y que, aunque se fue alto, transmitió potencia. Siempre está bien sumar puntos a favor. El medio centro catalán ocupó la sala de máquinas verdiblanca junto a Nkaka, por lo que ésta siguió sin tener capacidad de creación. En cuanto a la contención, Toribio vio ya una amarilla a los diez minutos (Alexis vio otra a los 18, por lo que se presentaron los fantasmas del pasado sábado) mientras que Nkaka, que ha participado en los tres últimos partidos, en el de ayer como titular confirmando así que ha adelantado a Mario Ortiz, aún está por confirmar cuál es su especialidad.

Los motivos por los que el belga ha superado al cántabro son un misterio. Como la insistencia en David Rodríguez arriba. El talaveranno es todo corazón y pundonor pero llega a las tres y once al tren de las tres y diez. Se mueve con criterio mostrando el olfato que siempre ha tenido, pero siempre llega un poco tarde. En menos de un segundo está la diferencia entre el éxito y el fracaso cuando se trata de un ‘nueve’.

Quien pareció jugar muy suelto fue Borja Galán, a quien se le vio cómodo e incluso con confianza para realizar alguna filigrana. Sin embargo, le costó terminar con acierto lo que empezaba. Eso suele ser una marca de la casa de Enzo, que ayer estaba obligado a dar un paso hacia delante ante la suplencia de Cejudo. Suyo fue el primer lanzamiento entre palos de su equipo tras hacerse con un balón en zona de tres cuartos, avanzar unos metros y probar fortuna con un lanzamiento que atajó con seguridad Riesgo. Sin embargo, es un jugador que sigue sin romper. Y da la sensación de que ya no lo va a hacer.

Mucha más intención tuvo el remate de Stuani al culminar una jugada nacida por una pérdida de Nkaka y una buena carrera de Samuel, que dio la impresión de no haber decidido bien. Con todo, el uruguayo tiene la virtud de hacer buena cualquier castaña y lanzó un intencionado derechazo con rosca que hizo estirarse a Luca. La jugada siguió y volvió a rematar el Girona completando unos minutos en los que quizá pensó que todo iba a ser más fácil a lo que realmente fue.

Fue a partir de ahí cuando el conjunto cántabro comenzó a sufrir menos. De hecho, no lo hizo. Apenas le duraba la pelota pero tampoco le interesaba demasiado tenerla porque es consciente de que no tiene aptitudes para ello. Su intención era dominar sin el balón pero le falta chispa para arrancar y construir veloces transiciones con las que sorprender al equipo contrario tras robo. Ver a los hombres de Oltra atacar es chocarse contra una cierta impotencia. Los jugadores verdiblancos quieren pero no pueden. Faltan ideas y falta luz. De ahí que Cejudo suela brillar tanto.

Alexis volvió ayer a jugar cuando no lo hacía desde febrero. Se colocó en el centro porque a su derecha se situó Buñuel y a la izquierda un Olaortua que, en cierta manera, se resarció tras su mal partido del pasado sábado contra el Lugo.  El central malagueño duró 43 minutos. De pronto, sintió unas molestias en lo que parecía que era el sóleo. Se paga barato apostar por que se haya vuelto a romper. Intentó seguir aunque fuera hasta el descanso para no gastar un cambio pero tuvo que entrar Figueras en pleno descuento del primer tiempo. Al catalán le tocaba ayer descansar pero de nuevo tuvo que ponerse al frente de la retaguardia.

Los minutos corrían a favor del Racing. Es el conjunto cántabro quien se sabe perdido y quien sabía que era el colista y el Girona el verdaderamente necesitado para seguir luchando por el ascenso directo. Ganar a un equipo prácticamente desterrado era una obligación pero el reloj avanzaba y no sólo no conseguían ponerse por delante, sino que ni tan siquiera era capaz de poner en apuros a Luca. Por eso era entendible que fueran llegando las prisas y la precipitación.

Martí vio lo que podía pasar y apostó por cambiar su medio centro para intentar encontrar las soluciones que no aparecían. Se fueron Gumau y Diamanka para que entraran Cristian Rivera y Granell, que, en principio, tienen más fútbol y más capacidad de elaborar juego, pero tardaron en aparecer. De hecho, quien parecía ir creciendo era Nkaka. Su segundo tiempo fue quizá lo mejor que ha ofrecido como jugador del Racing porque, al menos, robó algunos balones. El listón no podía estar más bajo.

Si con su primer doble cambio Martí buscó control, con el segundo buscó más artillería porque entraron Gallar y Jonathan Soriano. Era normal porque el Girona no estaba ofreciendo nada en ataque. El Racing no sólo estaba cómodo, sino que se estaba creciendo, lo que podía ser un peligro aunque también una oportunidad para el bando local, ya que eso podía significar que se abrieran algunos espacios atrás al ver cerca la posibilidad de dar la campanada en Montilivi.

La respuesta de Oltra fue meter a Kitoko y Cejudo. Con el segundo de ellos, el valenciano quería culminar la sorpresa con su mejor hombre en ataque. Sin embargo, a éste le seguirían faltando aliados y, además, se fue lesionado. Ahí puede estar la peor de las noticias. El entrenador valenciano siguió dejando para tarde los cambios porque entendía que la gasolina ya la había metido de partida. Fue llegando a los 85 minutos cuando entraron Mario Ortiz y Nico Hidalgo mientras que Jon Ander sigue sin tener ni un solo minuto con Oltra. Se podría haber probado ayer con él, pero acabó David Rodríguez el partido. Noventa minutos jugó el talaverano.

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