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El Diario de Cantabria

Una sala de máquinas de 20 años

El joven trío formado por Íñigo sainz maza, Riki y Pablo Torre está liderando la reacción del Racing | El primero de ellos acertó el domingo en 39 de los 40 pases que intentó

Íñigo se ha asentado en el once inicial del equipo en detrimento de jugadores como Nana o Villapalos. / Hardy
Íñigo se ha asentado en el once inicial del equipo en detrimento de jugadores como Nana o Villapalos. / Hardy
Una sala de máquinas de 20 años

Al Racing le ha costado, pero parece indiscutible que ha dado con la tecla. Por fin ha conseguido sentirse un equipo grande capaz de enlazar buenos resultados e incluso victorias. Hacía casi dos años que no acumulaba tres consecutivas, que son las que lleva hasta ahora tras ganar contra Alavés B, Leioa y Laredo. Incluso ha conseguido rectificar la errática trayectoria que venía marcando como local y, en definitiva, ha sumado trece de los últimos quince puntos por los que ha jugado, lo que le ha devuelto a la pelea por lo máximo. Hace poco más de un mes, parecía condenado a luchar por objetivos secundarios pero a día de hoy, con sólo cinco partidos por disputarse para terminar la primera fase, el Racing ha conseguido depender de sí mismo. Y eso es importante.

Actualmente, el Racing no sólo tiene en su mano clasificarse entre los tres primeros, para lo cual es posible que no se pueda permitir ningún tropiezo, sino que, de conseguirlo, llegará a la segunda fase subido en una ola positiva y en una buena dinámica. De hecho, va a atacar la parte decisiva de esta primera parte del calendario lanzado y, de ganar en Barakaldo el sábado, un partido que puede marcar todo lo que queda por delante, tras encadenar cuatro victorias consecutivas, lo que, en la práctica, se traduciría en haber recuperado el prestigio que perdió entre los meses de diciembre y enero. Y eso es importante. El Racing ha de marcar siempre territorio en Segunda B.

Esta buena trayectoria que viene dibujando el equipo verdiblanco coincide con el acierto del entrenador a la hora de encontrar por fin un sistema al que ha dado continuidad y un once inicial reconocible. Durante sus primeros partidos al frente del proyecto, Aritz Solabarrieta siguió la tendencia de su antecesor en el cargo y no fue capaz de repetir un mismo dibujo en dos partidos consecutivos. De hecho, ni siquiera conseguía acabar con el mismo sistema con el que empezaba las jornadas. Sin embargo, ahora ha lanzado una seria apuesta por el 4-2-3-1 que, hasta la fecha, ha evidenciado ser el bueno y estar funcionando. El Racing no sólo consigue buenos resultados, sino que es capaz de enlazar minutos de un buen juego. Por fin se aprecia esa evolución que se vendía desde dentro y, por ejemplo, el pasado domingo completó el conjunto cántabro los mejores minutos del campeonato.

Más allá de un mismo sistema, Solabarrieta parece haber encontrado también la tecla con su once inicial. Las únicas posiciones donde no están claros los nombres corresponden al centro de la retaguardia, donde aún no ha podido dar continuidad a una misma pareja por culpa de las bajas, ya sea en forma de lesión (Matic, Gerson) o sanción (Óscar Gil). Todo lo demás está claro, empezando por la portería y terminando por la punta de ataque, donde se ha hecho fuerte Jon Ander aunque su problema con esa lumbalgia que arrastra desde hace dos semanas ha permitido a Cedric disputarle el puesto.

Con todo, lo que más ha cambiado al equipo es encontrar por fin una sala de máquinas equilibrada, que se compenetra bien, que es capaz de sostener al equipo y, sobre todo, dotarle de una gran capacidad de creación con el balón. Llevaba el Racing desde principio de curso queriendo ser protagonista con balón pero no encontraba la manera de conseguirlo. Ahora sí ha hallado el camino. Y los movimientos realizados durante el mercado invernal han resultado fundamentales para dar con esa esperada tecla.

Fichaje clave. La llegada de Riki lo ha cambiado todo. Por fin hay un jugador que se ofrece en todo momento, que continuamente concede una línea de pase a los centrales que les libera de problemas y que, una vez recibe la pelota, no la pierde y la dota de sentido, avanzando líneas ya sea filtrando pases o en circulación. Es la figura que ha conseguido mover al resto y lo mejor de todo es que lo ha hecho jugando con otros dos compañeros por dentro con los que ha demostrado entenderse perfectamente. Y son incluso más jóvenes que él, ya que se trata de Iñigo Sainz Maza y de Pablo Torre. Estos tres futbolistas han sentado a pesos pesados de la categoría como pueden ser Nana, Villapalos o incluso Álvaro Cejudo.

El mayor de todos es Riki y tiene sólo 23 años. Después viene Iñigo, que tiene uno menos y el más joven de todos es Pablo Torre, que cuenta sólo con 17. Y todos ellos se han echado el equipo a las espaldas y lo han hecho jugar. Son capaces de mover la pelota, darla pausa y encontrar la mejor situación para atravesar las habitualmente bien cerradas defensas rivales. Y ahí tienen mucho que ver los extremos, que están jugando bien abiertos, ambos jugando a pierna natural, y que, además, están en un estado de forma tremenda. Tanto Álvaro Bustos por la izquierda como Patrick Soko por la derecha están pletóricos, están marcando goles y se están comportando como dos jugadores imparables. Y eso está dando mucho al equipo.

Esa sala de máquinas sobre la que se sostiene todo el colectivo tiene un promedio de 20,6 años. Es tremendamente joven, más propia de un filial que de un primer equipo. Y dos de los tres futbolistas que la conforman son jugadores de la cantera, ya que Iñigo estaba jugando en el Rayo Cantabria el curso pasado mientras que Pablo Torre lo hacía en el filial. Y, a día de hoy, ya son parte fundamental del primer equipo.

En el caso del futbolista de Ampuero, que se hizo mayor actuando como lateral derecho pero que ahora transmite la sensación de llevar toda la vida jugando como medio centro, teóricamente ejerce un rol de contención. Es el jugador que tiene un perfil más defensivo y que parece llamado a dotar de equilibrio a la sala de máquinas y guardar las espaldas de Riki. Sin embargo, ejercer ese papel no está reñido con la calidad. A menudo parece que un jugador de contención no puede tener criterio con los pies, como si hubiera que elegir entre una cosa y otra, pero en el caso de Íñigo se ve que no es así. De hecho, el mismo Racing dio a conocer ayer una estadística recogida por el cuerpo técnico difícil de conseguir. De los cuarenta pases que intentó el medio centro cántabro el domingo pasado, 39 llegaron a su objetivo de manera correcta. Es decir, que acertó en un 99% de los intentos. A su vez, ganó seis de los nueve duelos que protagonizó. Son datos que confirman su buen momento particular y el buen momento en general que está atravesando un centro del campo eminentemente joven pero que se está viendo capacitado para sostener y liderar a todo el colectivo.

Una sala de máquinas de 20 años
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