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El Diario de Cantabria

Riki, el único que creyó

Riki, durante sus primeros minutos defendiendo los intereses del Racing. / Hardy
Riki, durante sus primeros minutos defendiendo los intereses del Racing. / Hardy
Riki, el único que creyó

El buen racinguista se acordará de lo que sucedió el nueve de abril del 2017. Por aquel entonces, el Racing estaba en plena carrera por el liderato con el Celta B y la Cultural, lo que les hizo superar el récord de puntos de la categoría aún vigente. Nadie se dejaba nada. No se lo podían permitir. Menos aún lo hizo el conjunto cántabro, que voló en aquella segunda vuelta con la mejor plantilla que posiblemente haya tenido nunca en la categoría de bronce. Sin embargo, llegó el humilde Boiro a Los Campos de Sport y logró empatar la contienda a dos en el minuto 85. Muchos pensaron en ese momento que ya no había tiempo para más y que había que dar el punto por bueno, pero hubo uno que no pensó así. Fue Álvaro Peña, que pidió la pelota nada más sacar de medios, se fue en busca del área rival, se asoció con Héber, llegó a su destino y marcó. Marcó porque creyó. Y ayer no creyó nadie. El único que lo hizo fue Riki pero Riki no es Álvaro Peña y tampoco tiene a su lado a la gente que éste tenía.

Cuando el Bilbao Athletic empató en el descuento, todos los jugadores del Racing miraban al césped porque sabían que estaban profundizando en su crisis. Otra vez la misma historia. Quedaban cuatro minutos de descuento por delante que podían ser incluso más porque el gol podría permitir al trencilla alargar todavía más el minutaje, pero nadie fue rápido a por el balón a sacar y buscar la heroica. Nadie se cree un héroe en el Racing. Tanto es así, que ni siquiera reanudaron el juego bien y rápido. Hasta tres veces lo tuvo que hacer Balboa porque éste no acertaba a hacerlo bien. Posiblemente, estuviera pensando en las oportunidades que había desaprovechado para haber dado la puntilla al partido.

Como todos miraban para otro lado, quien pidió el balón fue Riki, que en seguida intentó hacer un Álvaro Peña. Sin mirar a los lados porque sabía que no tenía aliados, se fue hacia delante. Había que apurar todas las posibilidades. Se fue dirigiendo hacia la banda izquierda porque desde el primer minuto que estuvo en el campo fue consciente de que allí estaba el bueno. Se alió constantemente con Álvaro Bustos, a quien quizá conoce de numerosos duelos anteriores en el fútbol asturiano. De hecho, lo primero que hizo en el partido fue regalarle una asistencia por encima de la defensa que el gijonés culminó con una semivolea que forzó al máximo al portero.

Solabarrieta echó mano de Riki para cambiar la dinámica del partido y, sobre todo, dar argumentos a su equipo con el balón. Y los dio. Se encargó de darle salida, de iniciar el juego y de dar ritmo a la posesión. Todos los agradecieron. Como había hecho Martín Solar en otros partidos similares en los que tuvo que aparecer para corregir las carencias de los suyos, siempre se ofreció y fue un alivio para unos centrales que no andan sobrados de confianza con el balón en los pies. Fue así como el Racing fue yendo hacia delante, acumulando llegadas y encontrando finalmente el gol que buscaba.

El conjunto cántabro se adelantó y, lo que era más importante, parecía tener el partido controlado. Sin embargo, Solabarrieta tomó decisiones que empeoraron a su equipo. Tras el encuentro, dijo que quería defender y buscar otro gol a partir de la posesión, pero dio entrada a Villapalos y no a Martín Solar o a Pablo Torre, que son los que te dan cosas con el balón. Más allá de eso, su mayor pecado fue adelantar la posición de Riki y alejarle del proceso de creación. El ovetense dejó de entrar en juego y el Racing volvió a ser esa cosa frágil que había sido en los primeros compases del encuentro. El debut del jugador asturiano resultó positivo pero también dio la sensación de ser algo que el club ya tenía en casa.

Lo mejor fue que, a pesar de haberse visto fuera del partido durante la recta final del mismo y de ser un recién llegado cedido por un club de superior categoría, Riki fue quien quiso liderar el último arreón y quien quiso morir (o empatar) matando. Tras recibir el balón del punto central y buscar a Bustos, avanzó metros, penetró en el área y ganó línea de fondo por el mismo carril por donde había llegado aquella tremenda acción de calidad, fútbol, fe, pundonor y ambición del añorado Álvaro Peña. Riki quiso hacer lo mismo pero lo máximo que consiguió fue un córner, que no era poca cosa teniendo sobre el terreno de juego a auténticas torres como Villapalos, Matic, Óscar Gil, Mantilla o Balboa, pero ya nadie creía allí en lo imposible.

«Nos faltó tener más la pelota», dice Soko

Patrick Soko, que enlazó su tercera titularidad y que cuajó un buen partido siendo clave tanto en la expulsión como en el gol, se marchó a casa «un poco molesto» por haber recibido el gol del empate «al final, cuando ya íbamos muy bien». «Teníamos ventaja pero creo que nos faltó tener un poco más la pelota para que ellos tuvieran que correr detrás del balón», opinó el jugador camerunés. En su opinión, habían terminado encajando el empate «por falta de concentración», pero sólo quedó resiganarse: «Así es el fútbol, cuando no estás concentrado, después hay que pagar».

Reconoció el extremo africano que todo el mundo en el vestuario estaba «triste y molesto» por lo sucedido, porque estaban «jugando muy bien y teniendo la pelota». Con todo, tiene claro que ya ayer había que «dejar de lamentarse porque este partido ya acabó y empezar a pensar en el siguiente». Soko sigue confiando «totalmente» en que aún pueden terminar terceros porque tienen «un gran vestuario con jugadores muy buenos». «Todavía falta mucha temporada y sé que podemos dar la vuelta a la situación porque seguro que vamos a hacer cosas muy buenas en los próximos partidos que vienen», concluyó.

Riki, el único que creyó
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