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El Diario de Cantabria

El Racing rompe a jugar

El equipo completó por fin un buen partido en el que consiguió dominar con balón, instalarse en campo rival y ejercer una presión efectiva | La guinda la puso martín solar, que anotó dos goles y le regaló otro a Jon Ander

Martín Solar muestra un tatuaje con el que quiso dedicar el gol a su madre. / Hardy
Martín Solar muestra un tatuaje con el que quiso dedicar el gol a su madre. / Hardy
El Racing rompe a jugar

Ayer debía haber sido el día de Rozada, pero fue el de Martín Solar. El técnico por fin había encontrado la tecla. Había dado una nueva vuelta de tuerca -su tercer sistema en cinco partidos- y había realizado una apuesta definitiva por el talento que le había salido bien. Por fin se estaba viendo el equipo que quería él y querían todos, un Racing dominador con balón, agresivo en la presión, instalado en campo contrario y llegador. Por fin un Racing campeón. Pero el gol no llegó hasta que no entró Martín Solar para subirse al estrellato. En algo menos de media hora, cambió el rumbo del encuentro, le dio lo que le faltaba y, sobre todo, anotó dos goles y regaló otro. El día en el que el conjunto cántabro por fin rompió a jugar, el joven jugador de la casa se subió al escenario para improvisar un solo de guitarra que recordará toda la vida.

Esos últimos minutos del encuentro fueron la culminación a un trabajo iniciado desde el pitido inicial. Sabía el Racing que jugaba ante un rival herido y no sólo le clavó el cuchillo, sino que lo hundió con saña hasta provocar una hemorragia que reclamó droga dura para aguantar hasta que llegara el minuto noventa. Si de algo carecía el Barakaldo fue de confianza y con eso jugó el bando local, que fue a buscarle a su propio campo como no lo había hecho antes. El equipo de Larrazabal quería sacar el balón de manera aseada pero lo único que consiguió fue caer en numerosas pérdidas que no generaron un gol tempranero de milagro. De hecho, a los cinco minutos ya tuvo Cejudo una ocasión tras recibir un regalo de su oponente en la esquina del área que fue un aviso del festival que se iba a marcar el cordobés en el primer tiempo.

Ese festival terminó de forma rara. Porque un partido de fútbol está siempre repleto de pequeñas historias y la que sacó al andaluz del campo fue una que, además, sirvió para dar aire a su entrenador. A la hora de partido, el técnico tomó la, por lo menos, polémica decisión de sacar a Cejudo del campo. No había por dónde cogerlo. El cordobés estaba completando un gran  encuentro, al nivel de sus mejores apariciones del curso pasado. Se le notaba a gusto y disfrutando. Estaba haciendo evidente que es toda una rareza en Segunda B y tenía hambre, lo que quizá le hizo tomar alguna mala decisión dentro del área en el segundo tiempo que no debió gustar a su entrenador. Su juego estaba por encima de todos, estaba creando, estaba ayudando a generar fútbol a partir de la línea de tres cuartos e incluso estaba rematando a portería. Sin embargo, el técnico le sacó del partido con media hora aún por delante. Balboa era quien estaba pidiendo el cambio a gritos pero se la cargó el cordobés. Y al cordobés no le gustó.

En cuanto vio el cartelón, Cejudo puso una cara de pocos amigos como nunca se le había visto en el Racing. Nadie conocía aún ese rostro contenido y esos ojos echando fuego con los que reaccionó al cambio. Ni quería mirar al banquillo para no montar un número. Rozada tampoco se atrevía a mirarle. Parecía que el media punta andaluz iba a mantener hasta el final esa olla a presión en la que se había convertido su cuerpo pero, justamente cuando llegó al banquillo, dio un manotazo tremendo sobre la tejavana de éste. Lo oyeron hasta en Pedreña. De hecho, si uno va hoy a Los Campos de Sport, todavía oirá el eco.

Cejudo no quería ni mirar. Delfín Calzada fue a recordarle que se debía ir a la grada y él dio la impresión de incluso querer irse a la ducha. Le dieron la mascarilla, siguió con gesto de querer romperlo todo y, justo en ese momento en el que se iba del área técnica, marcó gol Martín Solar, que era quien había entrado por él y que acabaría marcando otro y dando una asistencia. A apenas tres metros del jugador cordobés, Rozada celebraba ese primer tanto que rompía el peligroso cero a cero inicial a lo Cristiano Ronaldo porque buena parte de la culpa del gol era de la pizarra del cuerpo técnico. Menos mal que al andaluz le cogió de espaldas. Un cambio que podía haber sido el gran debate de la semana en el entorno racinguista, quedó totalmente eclipsado por el gol.

El gol fue un gran gol. De tiralíneas, fruto de esas puertas cerradas que programa Rozada una vez a la semana. A partir de una falta lateral, con tres pases que pasaron por las botas de Pablo Torre y Bustos, terminó Martín Solar marcando el primero de la tarde. El canterano se había quedado fuera de la convocatoria en Laredo pero en el Racing ya saben que eso no quiere decir nada porque ayer, por ejemplo, fue Nana quien se quedó en la grada. Y nadie va a dejar de lado a Nana como tampoco lo van a hacer con Martín Solar. Y menos aún, con los minutos que enseñó ayer. Porque no sólo marcó dos goles, sino que le regaló un gol a Jon Ander con una enorme asistencia a la que el vasco sólo tuvo que poner la bota.

Es indiscutible que Martín Solar cambió el partido porque, más allá de los goles, se hizo dueño del balón y se empezó a jugar a lo que él quiso. En pretemporada le mandaron ejercer de pivote y cumplió pero lo que le gusta es ser el futbolista que fue ayer, ese que lleva el balón de un lado a otro y que también sabe ser vertical y mirar al área. Como cuando recibió ese tremendo pase de Cedric, otro que se destapó ayer a lo grande aunque no marcara, con el que puso la guinda a su tarde al plantarse ante el portero y batirle con un talento tremendo enviando el balón por encima de él.

Hubo quien pensaba que no se iba a atrever, pero Rozada sí dio el paso de cambiar de sistema y juntar a Cejudo y Pablo Torre sobre el césped. No jugaron en paralelo, sino que cada uno estaba a una altura siendo el de Puente Genil quien estaba más arriba, quizá más liberado de trabajo pero iniciando la presión junto al incansable Balboa. La impresión fue la de que el entrenador había sumado lógica a su equipo, jugando cada uno en su sitio y con extremos a pierna natural, lo que ayudó a que el equipo verdiblanco encontrara por fin lo que llevaba tanto tiempo buscando, que era convertirse en un equipo protagonista, que tuviera cierto criterio con balón y que, sobre todo, viviera mucho en campo rival. Y todo eso lo fue consiguiendo. Su puesta en escena fue tan buena que el Barakaldo no cruzó la línea de medios hasta casi el cuarto de hora de juego.

El técnico dio continuidad a la apuesta por Iñigo y éste se marcó su mejor partido hasta la fecha. Estuvo en todas, robó y no la perdió. La alineación llevaba implícita el peligro de romper demasiado el equipo y generar mucha distancia entre el propio pivote de Ampuero y quienes atacaban, pero las líneas estuvieron tan adelantadas que no se abrió ninguna brecha. Incluso los centrales cruzaban con asiduidad el medio campo aprovechando la confianza con la que están jugando. Nadie tenía duda de que el Racing se iba a merendar al Barakaldo. De hecho, fue raro que tardara tanto en meterse el primer bocado a la boca porque lo normal habría sido que el bando local se hubiera ido al descanso con ventaja.

Las constantes pérdidas del equipo vizcaíno en su propio campo ante la presión del Racing, ayer sí, por fin, alta, agresiva y efectiva, permitieron a Cejudo, Pablo Torre, Bustos y Soko, que ayer fue la gran novedad, llegar con asiduidad al área. Si la perdían, rápidamente la recuperaban. Ayer sí se vio ese equipo que había prometido el entrenador durante la pretemporada que tan lejos se había quedado en las jornadas anteriores. Ayer sí tuvo por fin un plan, saltó a jugar sabiendo bien cómo quería ganar al colista.

El único acercamiento del Barakaldo en el primer tiempo llegó a dos minutos del descanso, en su único córner en los primeros 45 minutos. Y a punto estuvo de dar un buen susto de los que dejan a uno medio noqueado porque el balón se lo comieron los defensas del mismo modo que se lo comió Iván Crespo hasta que, bien cerrado, llegó al segundo palo, donde el gigantón Alain sólo tenía que empujar con la cabeza. Y lo hizo, pero con la mirilla muy desviada. Se fue fuera. El equipo local pudo respirar.

El equipo de Rozada había ido a menos durante el primer tiempo pero de nuevo salió con una marcha más en el segundo. Bustos ya estampó un balón al palo en el cincuenta y cinco aprovechando un robo y una buena asistencia de Cejudo y éste, poco antes de ser sustituido, también contó con un remate en la frontal del área pequeña que tiene pinta de que fue el detonante de su cambio. Martín Solar llevaba calentando con intensidad desde el descanso, pero el error del cordobés, que tenía quizá mejores opciones que el remate, hizo que incluso el técnico se quedara con las ganas de dar una patada a una botella. Al final se contuvo, pero hizo el cambio. Entró el santanderino y aquello lo cambió todo. El equipo estaba bien, pero le faltaba algo, el condimento estrella para que estuviera espectacular.

Martín Solar marcó en el primer balón que tocó pero, aunque el Barakaldo aún estuvo cerca de empatar la contienda en una jugada a balón parado, lo cierto es que habría resultado engañoso. El partido se abrió mucho y quizá más de lo que le convenía al Racing, que lejos de intentar poner un poco de pausa al juego, se animó a participar de la fiesta. El equipo terminó jugando 4-2-3-1 con Jon Ander como hombre más adelantado, Camus en la derecha y Cedric por la izquierda. Y por fin apareció la mejor versión de los dos últimos. El cántabro puso la firma a pases en profundidad que, entre otros, aprovechó el exjugador del Mallorca para lucirse, para regalar medio gol a Villapalos y el segundo de su cuenta a Martín Solar. Y lo hizo sin hacer demasiado ruido. Todo el mundo le estaba esperando porque el equipo le va a necesitar y aprovechó las facilidades que concedió ayer el Barakaldo para mostrar por fin su carta de presentación.

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