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El Diario de Cantabria

Tres puntos sin balón

El Racing consiguió su primera victoria de la temporada en un campo complicado | Se comportó como un equipo muy sólido en labores defensivas pero plano y sin ideas con la posesión | Las carencias quedaron camufladas por el gol

Matic, intentando librarse de la presión del equipo rival al sacar la pelota de su campo. / Athletic club
Matic, intentando librarse de la presión del equipo rival al sacar la pelota de su campo. / Athletic club
Tres puntos sin balón

No fue el Racing soñado y ni siquiera el Racing prometido, pero mientras funcione, será el Racing bueno. Cuando no lo haga, quedará reducido a cenizas. Así se escribe el fútbol. Esa apuesta por lo práctico por encima de lo estético vale cuando da puntos, pero deja el proyecto al desnudo en cuanto no los da. Y ayer el equipo cántabro volvió de un campo complicado con todo el botín, por lo que cualquier crítica al juego amenaza con ser cortada de una tajada por el resultado final. Puro materialismo. Inapelable. Lo que está por ver es si lo visto ayer va a ser la tónica durante toda la temporada o si va a haber una evolución. Si es esto último, el punto de partida no será malo porque habrá comenzado a construir el edificio por los cimientos, ya que el comportamiento defensivo del Racing en Lezama fue notable. Lo que sucede es que con eso no le va a valer casi nunca. Necesita crecer e incluso debería  jugar de otra manera para no sólo ser un equipo grande, sino también parecerlo. Mientras eso sucede, si es que sucede, bueno es crecer con puntos.

Era sólo la segunda jornada, pero el Racing ya necesitaba ganar para que el estado de alarma anunciado en cuanto terminó el partido, como si Pedro Sánchez hubiera estado esperando a que concluyera el envite de Lezama para realizar su anuncio, no fuera con él. Venía de un triste empate y ayer podría haber sumado otro más triste aún de no haberse producido la conexión entre Cedric y Pablo Torre, que fue como ver una vaca tudanca en mitad del desierto. Era algo del todo improbable viendo cómo se estaban desarrollando los acontecimientos, pero, de pronto, se encendió una luz en mitad de la noche que permitió a Balboa empujar un balón que valió tres puntos. Acababa de entrar al partido apenas treinta segundos antes y no había entrado aún en juego, pero ya marcó. Antes incluso de atarse las botas, ya se ha estrenado permitiendo a su equipo dar por bueno un partido repleto de limitaciones con balón. Un gol permitió que todo supiera diferente aunque en el plato hubiera la misma comida.

Se presentó el Racing a jugar en Lezama de una manera diferente a la que estuvo trabajando durante toda la pretemporada. También a la que puso en práctica en el estreno liguero. Quiso Rozada que su equipo fuera reconocible pero cuesta reconocerle ante tanto cambio. De partida, desechó la presión intensa y adelantada para esperar a su rival en zona de tres cuartos y mantener al equipo bien junto y reunido para, en el caso de que haya que pelear una segunda jugada, sentirse todos más arropados.   Por otro lado, no intentó iniciar el juego siempre por bajo. De hecho, cuando tuvo que poner en juego la pelota Iván Crespo, apostó por enviar en largo para no meterse en problemas y, por ejemplo, no meterse un gol como el que marcó el Portugalete. El problema es que para hacer eso bueno hay que ganar duelos y hay que estar atentos a la caída, algo que al equipo cántabro le sigue costando. Ni por abajo, ni por arriba. Este equipo todavía no tiene fluidez cuando le toca jugar.

Es quizá una idea inteligente abandonar esa presión adelantada cuando va a haber que jugar contra rivales que en ningún momento van a arriesgar ni se van a complicar y que no van a tener problema en enviar el balón en largo al menor signo de agobio. Sin embargo, justamente el día de ayer, y quizá también cuando haya que jugar en Zubieta, era la excepción. El Bilbao Athletic sí es presionable porque intenta jugar desde atrás. Y, de hecho, como el Racing se lo permitió, lo hizo. Es cierto que a menudo se chocó contra un muro contra el que no sabía qué hacer porque el conjunto cántabro se armaba bien y se posicionaba mejor, pero hubo otras en las que, de pronto, se abría una puerta que permitía al filial rojiblanco superar líneas con un solo pase y presentarse en el área para, a partir de ahí, que pasara lo que tuviera que pasar.

Y menos mal que no pasó prácticamente nada porque apenas hubo juego en las áreas. Eran sólo algo accesorio, los asideros de la cazuela. Fue así durante buena parte del encuentro y, sobre todo, del primer tiempo, cuando todos los jugadores aparecen sabiendo qué tienen que hacer y con la frescura en las piernas y los temores en la cabeza propios de quien se sabe la lección. Nadie llegaba con fluidez. A cambio de esto, había que vivir de sensaciones. Y eran mejores las del bando rojiblanco.

Se supone que el Racing es un grande del grupo y de la categoría, pero salió a jugar a pequeño. Y tampoco tiene por qué ser malo. Hay momentos de excepción en los que las formas tampoco importan demasiado siempre que haya resultados. Y los hombres de Rozada salieron a posicionarse bien, a robar y a correr. Sus posesiones apenas duraban. De manera esporádica intentaba Nana, que era quien parecía estar más incómodo y desubicado con esa situación que dibujaba el partido, organizar un ataque de juego pausado y circulación de balón, pero ahí se encontraba con la escasez de profundidad que mostró el equipo. Le costó llegar con sentido más allá de la zona de tres cuartos. Los centrales movían la pelota de un lado para otro pero, a partir de ahí, se mostraban incapaces de filtrar pases entre líneas.

No ayudaban los carrileros. Porque el conjunto cántabro se volvió a presentar en el terreno de juego con tres centrales, que fueron los mismos que el domingo anterior cambiando a Óscar Gil, de lo mejor de la zaga, por Mantilla, y dos carrileros. Bustos repitió por la izquierda y Ceballos, que había dado buena impresión en los minutos que jugó ante el Portugalete, comenzó por la derecha. Ambos se comportaron de manera aseada en defensa, pero les faltó aportación en ataque. Parece evidente que el asturiano no tiene motor para ocupar toda la banda y que es mucho menos jugador que cuando actúa como extremo. Con todo, aportó un par de centros rasos que no encontraron rematador mientras que a Ceballos le costó más. Ninguno de los dos ganó línea de fondo ni levantó un centro que pudiera rematar alguno de los dos delanteros con los que salió el equipo. Y la situación lo pedía. Algo no carburaba. Eran muchos los minutos que iba acumulando el equipo detrás del balón. Como siete días atrás, le faltaba alguien que diera pausa y sentido a su propia posesión. Es algo que quizá pudiera dar un jugador como Martín Solar, que se mantiene inédito.

De este modo, de nuevo volvió a ser Pablo Torre el jugador diferencial. Fue cuando el balón pasaba por sus botas cuando podía pasar algo con ese cambio de ritmo que marca diferencias. No entró mucho en acción y por eso prácticamente no hubo bagaje ofensivo alguno e Iru se mantuvo 86 minutos sin tener que intervenir. Antes del gol no tuvo trabajo y fue entonces cuando tuvo que andarse rápido para evitar que Balboa marcara el segundo metiendo la punta lo suficiente para que el uruguayo no hiciera doblete. Poco más tuvo que hacer.

Viendo al Racing de los dos primeros partidos, ha de encontrar Rozada la manera de que le lleguen balones más claros a Pablo Torre para que, a partir de ahí, puedan pasar cosas. Ayer no tocó muchas y por eso el encuentro fue una partida de cartas con incertidumbre por el resultado pero sin posibilidad de llevarse las manos a la cabeza. Sólo un centro envenenado por dar en un defensor y un lanzamiento lejano, ambos con la firma de Nico Williams, permitieron al Bilbao Athletic convencerse a sí mismo de que estaban haciendo algo con todo el porcentaje de posesión que acumulaban, pero el cero a cero no llegó a correr peligro de verdad hasta que no sufrió esa inesperada chispa que valió tres puntos.

Lo cierto es que Nico Williams se convirtió quizá en el mayor incordio rojiblanco. De hecho, hizo que Matic enseñara las costuras. No estuvo fino del todo fino el croata cuando le tocó tener el balón. En ese aspecto estuvo, en definitiva, como el resto del equipo. Se trata de un jugador que impone físicamente pero que puede sufrir ante delanteros especialmente rápidos. Menos mal que tampoco hay muchos en esta primera fase del campeonato. Williams es uno de ellos y el croata respiró cuando se cambió a la banda derecha en el segundo tiempo.

Lo bueno fue que el Racing se sintió seguro dentro de su armazón. Sólo sufrió en el arreón final de los locales, por lo que su problema estuvo en su limitada capacidad de crear en ataque. Jon Ander abandonó el partido no sólo sin rematar, sino sin entrar en juego, sin romper la espalda de la defensa o sin poder correr a balón alguno. Y lo peor es que a su lado estaba Cedric y su sensación de sentirse ajeno a lo que estaba pasando sobre el terreno de juego era similar. Hasta que conectó con Pablo Torre. Ahí fue cuando se abrió un claro entre las nubes.

Rozada, que de nuevo tuvo que ver el encuentro desde la grada por la sanción acumulada desde el curso pasado, entendió que la solución al bloqueo creativo de su equipo estaba en cambiar a un delantero y no tanto en cambiar la sala de máquinas o el lugar donde se origina todo. Por fin entró Balboa y no pudo hacerlo con mejor pie, ya que la primera que tuvo la metió para dentro. Y todo fue porque por fin se generó una combinación con sentido en las inmediaciones del área rojiblanca. Figueras le envió un buen balón en largo a Cedric que éste, tras arrastrar sobre sí a buena parte de los defensores, le dio a Pablo Torre para que éste se la devolviera una vez que su situación se aclaró mucho más. Centró entonces raso a las interioridades del área pequeña, el Racing llegó con dos jugadores (Nana y Balboa) y quien marcó fue el uruguayo. Había pisado el terreno de juego sólo un minuto y 8 segundos antes.

El guión era perfecto para el equipo que menos estaba proponiendo y más estaba guardando su territorio y sus cartas. Había despreciado la posesión para correr detrás del balón pero se había puesto por delante sin haber pasado apuros. ¿Qué más podía pedir? Todo estaba de cara, pero a punto estuvo de despertar de su sueño húmedo apenas unos segundos después de adelantarse, ya que Núñez ganó línea de fondo por banda derecha y su rápido centro lo remató casi en línea de gol Williams tras no llegar a despejar Figueras. Parecía gol cantado pero el balón se marchó alto. La visita a la Bien Aparecida empieza a rentabilizarse. Qué diferente se habría analizado el partido si hubiera entrado ese gol cantado.

El Racing estaba a gusto y lo visto durante buena parte del encuentro se acentuó en la media hora que quedó hasta el final, ya que el conjunto cántabro aún retrasó más sus líneas. Plantó más árboles en el bosque a la espera de cazar una que matara definitivamente la contienda. Metió más piernas y más físico y a Cejudo arriba para tenerla en vez de a alguien capaz de sorprender a la contra. Y el acoso y derribo rojiblanco fue constante. El equipo cántabro terminó pidiendo la hora pero el bombardeo no provocó daños. Los tres puntos y para casa. Quien quiera otra cosa, que contrate televisión por cable.

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