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El Diario de Cantabria

Lo que pudo haber sido

Guillermo, cabeceando el balón que daría la victoria al Racing en el partido de ayer. / Hardy
Guillermo, cabeceando el balón que daría la victoria al Racing en el partido de ayer. / Hardy
Lo que pudo haber sido

El Racing podía haber disfrutado de muchos partidos como el de ayer, pero sólo le salió bien en Almería y en Soria. Porque siempre le ha pasado algo que le impedía ganar por la mínima y aprovechar todos esos partidos en los que se ha puesto por delante y en los que incluso se ha mostrado superior. Ayer no pasó nada y por eso ganó. Y lo hizo sin sufrir contra un equipo que llegó a El Sardinero dependiendo de sí mismo para subir a Primera División. Y la certificación de que no fue fruto de la casualidad está en el mismo duelo que mantuvieron ambos contendientes en territorio oscense. Entonces, el Racing también completó un partido muy serio en el que por momentos incluso fue superior. También se adelantó y tuvo la victoria en la mano, pero el Huesca le empató en el descuento. La historia de su vida. Quizá ayer no se repitió porque ya no hay vida para el conjunto cántabro.

Jugar sin necesidades ni obligaciones termina con los partidos antes de tiempo si ese equipo que ya ha dicho todo lo que tenía que decir en la categoría empieza perdiendo, pero la cosa cambia si al contienda se mantiene empatada o incluso se adelanta. Y es lo que volvió a hacer el Racing ayer, tal y como había hecho ya una veintena de veces antes. Casi, hasta da pereza celebrar un 1-0 en El Sardinero porque todo racinguista sabe que es pan para hoy y hambre para mañana. Lo único que puede hacer es disfrutar del momento y lo cierto es que hubo razones para hacerlo ayer durante todo encuentro porque, por increíble que parezca, no terminó sucediendo nada que echara por la borda el trabajo realizado.

Le preguntaron a Oltra el día anterior si iba a intentar llevar la manija de la contienda ante un equipo al que le gusta tener el balón y que se muestra incómodo si no lo tiene o iba a dejar hacer para, por encima de todo, mantener sus filas bien prietas. Acertadamente, el técnico valenciano respondió que no siempre quien quiere llevar el peso del encuentro tiene capacidad para hacerlo. Querer no es poder. Quien dice lo contrario miente por mucho carné de ‘coach’ que tenga. Es difícil e incluso inútil jugar a adivinar si el conjunto cántabro partió ayer con el ánimo de llevar la iniciativa porque lo importante es lo que se vio sobre el terreno de juego. Y lo que se vio fue un equipo al que tampoco le importaba mucho no tener el balón porque estaba cómodo tal y como se estaba desarrollando el guión de la película.

Los dos equipos, fieles a la ideología de sus entrenadores, renunciaron al juego directo y al balón en largo e intentaron jugar en corto e iniciar desde área propia. También el Racing. Sin embargo, no le salió bien. Quiso pero no pudo. Se encontraba continuamente con una buena presión oscense que le impedía salir tocando más allá de la línea de medios. Quería construir un edificio de cinco pisos pero no pasaba del segundo. De este modo, dio la sensación de que era el Huesca quien mandaba y quien dominaba el encuentro con el balón, pero era de mentira. En el fondo, era el Racing quien decía cómo se jugaba por mucho que estuviera más tiempo corriendo detrás del balón que su rival.

Jugar sin presión ayuda. El Huesca la tenía muy grande porque es consciente de que está a un solo paso de lograr el ascenso directo y jugaba en un campo donde estaba obligado a ganar. Y hay veces que eso bloquea las piernas. Así, el equipo de Míchel comenzó el encuentro chocándose contra la misma pared contra la que se había chocado el Elche siete días antes. Insistía en querer entrar por dentro pero por ahí era complicado colarse. El Racing lograba generar una cierta superioridad numérica en esa zona ancha a la que ayer ayudó la presencia de Martín Solar, que fue el jugador que comenzó jugando por delante de Mario Ortiz y de Nkaka. Sus buenos minutos el martes anterior tuvieron su recompensa y gozó ayer no sólo de su primera experiencia en Los Campos de Sport con el primer equipo, sino de su primera titularidad con el Racing.

Su presencia en el equipo ayuda a generar fútbol a un centro del campo que durante demasiado tiempo ha resultado demasiado plano. Se ha chocado contra esa carencia y el canterano podría haber sido una solución de la que echar mano a quien nadie miró o a quien nadie permitió que se mirara. A saber. Lo cierto es que ayer puso su nombre al encuentro ya desde bien temprano, al liderar una rápida transición de su equipo circulando un balón desde campo propio hasta la zona de tres cuartos. Nadie le encimaba, por lo que él corría. No tenía prisa, quería decidir bien y no buscó lucirse, sino que se la dio al que más cerca tenía, que era Nando. Éste, sin pensárselo demasiado, buscó posición de disparo y se sacó un misil de su pierna derecha aprovechando que le tocaba jugar a pierna cambiada que puso en serios aprietos al portero rival, que tuvo que sacar de puños.

La presencia en el campo de Nando, que había estado fuera de escena la semana pasada por culpa de ese hombro que amenaza con enviarle al quirófano, fue balsámica para su equipo. Se mostró a gusto, se le vio disfrutar y, por encima de todo, guardar dentro una potencia que, a los 25 minutos de juego y tras aprovechar un arriesgado y temerario pase de Moi, le llevó de área a área. Se comportó como el expreso de las cinco y veinte llegando con retraso al Huerto del Francés. La maquinaria no daba más, los raíles temblaban y sacaban chispas al paso de las metálicas ruedas. Nadie se atrevió a ponerse por delante para no acabar arrollado. Todo un buque de contención como Pulido no se atrevió a encimarle, sino que le siguió con la mirada apostando por esperarle en el área. Fue Mosquera quien fue en su búsqueda pero aquello supuso una bendición más que un problema, ya que levantó con su pierna el centro para que lo rematara Guillermo, el único hombre del Racing en zona de gol. Estaba entre los dos centrales, pero se hizo invisible y su cabezazo fue bueno. Anotó así su tercer tanto de la temporada empatando a Nuha, que se mantenía como el ‘nueve’ que más goles había marcado este año con el Racing.

El ariete llegado del Numancia en enero ya había avisado de sus intenciones poco antes con otro centro del valenciano que remató tras girar sobre sí mismo. Sus movimientos son de buen delantero y, además, ahora está marcando. No anotó entonces porque Pulido, esta vez sí, se le echó muy bien encima, pero aquella acción sirvió para confirmar que el Racing tenía el partido como quería, con el Huesca sintiéndose superior pero sin provocar apuros y sudores fríos en el cuerpo racinguista. De hecho, las únicas oportunidades serias de marcar y, de hecho, el único gol de ese primer tiempo era de los locales.

Tanto es así, que incluso tuvo el Racing la opción de haberse puesto con un 2-0 que habría resultado ciertamente sorprendente, ya que habría sido un resultado con sólo dos precedentes: los partidos ante el Mirandés y el Extremadura, que terminaron 4-0 y 3-0, respectivamente. De hecho, habían sido sus únicas victorias como local hasta ayer. Fue Figueras quien comenzó a celebrar ese segundo tanto virtual al rematar, por dos veces consecutivas, un saque de córner. El balón entró dentro de la portería pero el colegiado lo vio claro sin necesidad de esperar a que le chivaran nada por el pinganillo. Vio falta en el primer testarazo del central al poner el codo y empujar a Pulido y por eso echó abajo los sueños húmedos verdiblancos.

El encuentro se abrió más en el segundo tiempo. Como si todo se produjera a más velocidad, con más espacios alrededor de cada jugador pero sin que el Huesca terminara tampoco de sentirse cómodo. La entrada de Eugeni en el medio campo le dio un punto más y comenzó a buscar con mayor sentido las bandas y, aunque tenía la sensación de estar más cerca que en el primer tiempo, seguía sin generar fuego verdadero. Míchel no hizo más que meter artillería a su equipo mientras que Oltra esperó para iniciar su carrusel de cambios. Ya había empleado uno a las primeras de cambio para que Olaortua sustituyera a un Manu Hernando dolorido pero la situación del partido demandaba sumar oxígeno antes de que el equipo se cayera.

Ayer no se cayó. Poco a poco, fueron entrando Cejudo y Camus primero y Siverio y Miguel Goñi después. El delantero canario ya está incluso por delante de David Rodríguez y de Jon Ander. Aquel a quien nadie quiso mirar o aquel a quien alguien no dejó que los entrenadores miraran ha pasado a ser el segundo de la fila. Hay cosas que no se entienden. Ayer no logró rematar porque le tocó jugar unos minutos en los que, por encima de todo, tocó salvar la marejada, pero aportó mucho al provocar faltas y al aguantar la pelota. Mientras, el central que faltaba por debutar completó una línea de cinco atrás con la que Oltra quiso afianzar el resultado. No quería que se repitiera una historia mil veces vista y no se repitió. Tanto es así, que el Racing incluso logró que el Huesca dejara de creer. En esos minutos finales, incluso tuvo que actuar más su portero que Iván Crespo. Inmejorable noticia.

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