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El Diario de Cantabria

Primer ensayo general

  • Los jugadores del Racing volvieron ayer, casi cien días después desde la última vez, a El Sardinero  
  • Disputaron un partido a campo completo con la mente puesta al reinicio liguero de dentro de siete días y para acostumbrarse a jugar en silencio
Kitoko, presionando a Nando. / la liga
Kitoko, presionando a Nando. / la liga
Primer ensayo general

Dentro de justamente una semana, se abrirá de nuevo el telón en Los Campos de Sport. Tras más de tres meses sin partidos oficiales, volverá el fútbol y comenzará uno de los retos más complicados que ha tenido el Racing en los últimos años, ya que volverá a saltar a un terreno de juego con el único objetivo de remontar siete puntos y adelantar a cuatro equipos en la clasificación en sólo once jornadas. Tiene que ganar prácticamente el doble de partidos de los que ganó en los treinta primeros episodios que tuvo el campeonato, pero no se rinde. De hecho, cree que lo puede conseguir y, para seguir avanzando en el paulatino y marcado proceso de puesta a punto que ha ido escribiendo en el último mes, ayer volvió a casa. A su templo, al mismo que ha permanecido cerrado desde el pasado 29 de febrero, que fue la última vez que hubo un partido del Racing en El Sardinero.

Hacía mucho tiempo que la plantilla verdiblanca no entrenaba en su estadio. Habitualmente, siempre reservaba un entrenamiento a la semana para completar allí una sesión y, habitualmente, la elegida era la de los jueves, en la que se acostumbra a realizar un ensayo general en forma de partido a campo completo. Curiosamente, en la mejor temporada de la historia del club, que fue la que terminó con el equipo en la UEFA, Marcelino apenas entrenó nunca en El Sardinero. Sí lo hicieron muchos de sus sucesores. Sin embargo, el último en tener esta rutina fue Ángel Viadero. Y no siempre. La austeridad y la escasez económica que ha marcado el día a día del club desde que se logró echar a quienes casi la hunden impidió apenas invertir en jardinería y por eso mimar al máximo el prado sobre el que se ponen los puntos en juego se convirtió en prioridad.

Poco entrenó Ania en Los Campos de Sport y nunca lo hicieron sus sucesores. Tampoco durante este largo proceso de puesta a punto antes de retomar la competición. Se eligieron las instalaciones Nando Yosu como lugar de entrenamiento por el que está casi prohibido el paso de personal ajeno al equipo para mantenerlo impoluto y libre de peligro de infección para los deportistas. Sin embargo, ayer los jugadores y técnicos se desplazaron a El Sardinero para recuperar sus recuerdos. No pasaban por allí desde el partido contra el Zaragoza, que se celebró el 29 de febrero. A partir de ese día, jugaron en Soria y justamente el mundo se empezó a parar el mismo día que tenían previsto volver a abrir el coliseo racinguista para recibir al Lugo.

Aquel partido ya se iba a haber disputado a puerta cerrada. Se tomó esa decisión como paso previo al confinamiento total cuando el virus ya se iba haciendo paso. Los jugadores tenían asumido que iban a tener que jugar sin público y así sucederá dentro de siete días. Por eso el traslado ayer a El Sardinero tuvo un doble sentido. Por un lado, disputar un partido a campo completo en el mismo lugar donde jugarán contra el Lugo dentro de una semana para volver a hacerse bien a las distancias y demás y, por otro, percibir ya sensaciones de juego cuando no hay nadie en las gradas. Porque cuando vuelva la competición, habrá pocas personas más de las que había ayer mismo en el campo. Es cierto que permitirán la entrada de algunos fotógrafos y periodistas y que habrá algunas personas en el palco, pero poco más. El silencio será prácticamente el mismo. Y hay que acostumbrarse a ello porque no es lo mismo jugar con miles de personas empujando y arengando que  hacerlo sin sonido ambiente, escuchando en todo momento y sin problema al entrenador rival, al propio y al resto de jugadores que hay sobre el terreno de juego. No habrá sonido de fondo, pero se oirá todo.

«Ya teníamos ganas». Los jugadores volvieron a El Sardinero tras casi cien días sin pisarlo y, en el fondo, lo agradecieron, ya que fue como un paso más hacia la vuelta a la normalidad. Todo ha sido un proceso continuado que ayer les llevó a simular un partido oficial. Hay equipos que se lo han tomado más en serio, que han usado equipaciones oficiales, han vestido de negro al árbitro y han puesto un entrenador en cada banquillo para realizar cambios y demás. Como no se pueden disputar amistosos ante otro equipo, al menos querían simular su propio partido. Oltra no fue tan lejos y se conformó con el habitual partidillo de los jueves (en viernes) a campo completo. Hizo dos equipos y fue moviendo las piezas.

«Ya teníamos ganas de volver a El Sardinero», confiesa Iñaki Olaortua. El central vasco, que es uno de los jugadores que termina contrato el próximo treinta de junio, llegó al repentino parón en un segundo plano después de que incluso Aitor Buñuel se hiciera con un hueco en el centro de la defensa de tres hombres que diseñó el entrenador valenciano. La apuesta de éste es mantenerla pero tendrá que hacer cambios, ya que el jugador navarro no podrá ser de la partida ante el Lugo al estar sancionado por la expulsión que sufrió en Soria. Y quien parece tener ventaja es el jugador que llegó procedente del Barakaldo porque ayer formó como central derecho en uno de los equipos mientras que en el otro se mantuvo Buñuel. Por lo tanto, el encuentro se convertirá en una especial oportunidad para Olaortua porque podrá reivindicarse a sí mismo ante el entrenador.

El partido será a puerta cerrada. Lo tienen asumido. A día de hoy, no está claro que lo que resta de temporada vaya a ser siempre así pero sí que comenzará sin gente en la grada. «Es lo que toca», asume Olaortua. Éste reconoce que los jugadores lo notan mucho porque se percibe «la soledad y se echan de menos los ánimos». «No va a estar la gente empujando y nos tenemos que hacer a la idea, por lo que cada uno nos tenemos que motivar como sea, cada uno en su cabeza, y salir con todo», añade.

Lo bueno es que da la sensación de que la motivación va a venir de serie. La grada siempre ayuda pero los jugadores van a salir con la intensidad necesaria porque delante van a tener a un rival directo y el mismo Olaortua reconoce que eso les «motiva más». «Se trata de un equipo que también está en posiciones de descenso y por eso tenemos que salir a ganar como sea», admite el central vasco. Una victoria no sólo permitiría asomarse de lleno a la pelea por la permanencia, sino también ganar una salud anímica con la que poder hacer frente al gran reto que queda por delante.

Recuerda el central de la comunidad vecina que, «justo antes del parón», el Racing consiguió estar «bastante bien». Sin embargo, de pronto se hizo de noche, todos nos tuvimos que encerrar en casa y se dibujó un nuevo panorama que llenará el reinicio del campeonato de incertidumbre. Olaortua confía en que no les haya venido del todo mal porque percibe que están «entrenando fuerte» y que tanto él como sus compañeros están «físicamente bien».

El mensaje que sale desde dentro desde que volvieron los entrenamientos es el de que las sensaciones están siendo «muy buenas», algo que ratifica el mismo Olaortua. Todo comenzó con entrenamientos individuales, después pasaron a ser en grupos de diez, luego en grupos de catorce y, desde el pasado lunes, con todos los jugadores en un mismo terreno de juego. «Nos faltaba un partido a campo completo, lo hemos hecho hoy (por ayer) y hemos acabado muy satisfechos», se felicita el defensor vasco.

Durante todo este parón y, sobre todo, durante las semanas que duró el confinamiento más estricto, entiende Olaortua que pudieron «hacer cosas desde el punto de vista físico para mantener un poco la forma, pero no puedes tocar balón y después es lo que más te cuesta coger de nuevo», admite. Por eso agradecen una posibilidad como la de ayer de acercarse a sensaciones de competición real. La maquina ya se va acercando a la estación y dentro aseguran ser «optimista»: «Estamos con muchas ganas, estamos físicamente muy bien y por eso yo creo que lo vamos a conseguir».

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