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El Diario de Cantabria

RACING - EXTREMADURA

POR FÍN SALIÓ CARA

Nuha y Yoda celebran el gol del segundo de ellos. / Cubero
Nuha y Yoda celebran el gol del segundo de ellos. / Cubero
POR FÍN SALIÓ CARA

En algún momento tenía que caer la moneda de cara. No siempre iba a salir cruz ni iba a caer de canto. No todo podían ser patadas en la entrepierna porque al Racing alguna vez le tenía que devolver el fútbol algo de lo que le había quitado de manera cruel. Porque al conjunto cántabro le están faltando muchas cosas en la presente temporada y entre ellas está la suerte, pero ayer la tuvo. Tuvo el don del oportunismo y, sobre todo, un portero erigido en héroe local. A quien viera el partido sin saber el resultado final le parecerá mentira que terminara 3-0, pero así fue. Son los misterios del futbol; el secreto de su grandeza.

A lo largo de un curso tan largo, a un equipo le dan y le quitan hasta nivelar la balanza. Por eso resultó ridícula la sobreactuación de Chuti Molina tras la segunda jornada viendo fantasmas en que el árbitro no hubiera revisado acciones muy claras en el VAR, como un penalti a Cejudo y la rotura del esternón de Toribio. Sin embargo, le parecerá bien que tampoco revisaran un penalti de Kitoko en Lugo o lo que ayer pudo ser el empate y no fue gracias al trencilla y a la rapidez, una vez más, de Luca. Todo salió de cara. Tanto es así, que el Racing fue a dejar la portería a cero el día que más trabajo tuvo su portero. Quizá, en el fondo, sea la señal definitivo de que la dinámica ha cambiado por fin.

El de ayer fue el primer partido en el que el Racing se encontró con una defensa de tres centrales. Los tres eran altos y contundentes y, curiosamente, a quien eligió Cristóbal para intentar hacerla daño fue a David Rodríguez. El único sentido que tenía esta maniobra era apostar decididamente por un juego en corto y por llegar a campo rival tocando, pero en seguida vio el conjunto cántabro que no podía. De nuevo se encontró con un quiero y no puedo como el que tantas veces sufrió Iván Ania. La diferencia fue que el nuevo entrenador se rindió mucho antes porque no quiere correr riesgos y por eso se vio pronto a un Racing enviando en largo balones arriba, donde sólo había dos puntitos negros que no tenían mucho que hacer. 

Ese fútbol directo hacia Cejudo o David Rodríguez fue como enviarles a la guerra con una pistola de perdigones. No tenían ninguna opción de ganar los duelos y no fueron escasas las ocasiones en las que se vio al talaverano pugnando entre tres torres. Aún así, éste se quedó cerca en un par de ocasiones de rematar de cabeza un balón al que no llegó por una cuestión de centímetros. En el fondo, fue la historia que tantas veces está repitiendo en el presente curso, la misma que confirma que al manchego le falta la chispa adecuada para llegar a balones a los que quizá hace un par de años llegaba pero ya no llega. Y ese medio segundo de retraso es el que lo marca todo.

Nuha entró a la hora de partido sustituyendo a David Rodríguez y, nada más entrar, ya peinó un balón y robó otro en campo propio. Es otra cosa. Su labor de intimidación es otra y el Racing lo agradeció cambiando la tendencia que llevaba el encuentro en el segundo tiempo, lo que terminó con el segundo gol que, por fin, concedió al Racing una renta con la que pudo afrontar los últimos minutos de partido sin tanto estrés.

Ese segundo tanto nació de un robo en la medular que rápidamente llevó el balón a banda izquierda, por donde Cejudo vio volar a Moi. Éste ganó línea de fondo y centró al segundo palo, donde, aprovechando un desajuste de la retaguardia azulgrana, el balón quedó muerto para que Yoda lo metiera en el cañón y lo enviara al otro barrio. Es el octavo del francés. Poco antes, ya había dispuesto de otra oportunidad similar aprovechando, en esta ocasión, una asistencia de Nuha, que la gozó ayer al entrar al terreno de juego en un momento en el que el rival ya se había echado hacia delante, lo que dejaba espacios atrás.

Más aún comenzó a arriesgar el Extremadura tras verse dos por debajo. Rápidamente, abandonó su defensa de cinco pero, como respuesta, Cristóbal decidió levantar él la suya. Su tercer cambio fue quitar a Cejudo para poner a Olaortua. Su declaración de intenciones no podía ser más clara. Entendió necesario reforzarse atrás porque, además, su pareja de centrales titular, de nuevo la veterana, ofreció más dudas que certezas. Ni mucho menos transmitieron la seguridad que se les presupone. Al contrario. Por eso al entrenador no le tembló el pulso a la hora de cambiar el sistema. No quería que su equipo se le viniera abajo en ese tramo final de los partidos siempre temibles y, con ese dibujo con tres centrales, al menos justificó sus entrenamientos a puerta cerrada.  Nadie se esperaba algo así.

El secreto del triunfo estuvo en terminar vivo e incluso por delante el primer tiempo. Parecía mentira después de que el Extremadura lanzara dos balones al palo y disfrutara de un penalti y de un mano a mano contra Luca. El partido del francés fue redondo. Llevaba tiempo mereciendo algo así, lo que consumó con una portería que se notó que buscó con ahínco cuando incluso tuvo que ver una amarilla en el minuto noventa por perder tiempo con tres a cero en el luminoso.

El Racing casi goleó, pero su mejor jugador fue el portero. Paradoja. A los nueve minutos, ya le ganó un duelo individual a Pinchi después de que éste se aprovechara de un error grosero de Figueras. Después paró un penalti y su consiguiente rechace para terminar luciéndose en el segundo tiempo con paradas de todo tipo. Pasó a ser una pesadilla para los atacantes azulgrana y, sobre todo, para Kike Márquez, al que no sólo le detuvo la pena máxima a la media hora de encuentro, sino dos buenos lanzamientos desde la frontal en el segundo tiempo que iban bien dirigidos.

Con tanta intervención de Luca, parece claro que el Racing no defendió bien. Sí volvieron a salvarse los laterales, que son quizá los que más han agradecido el cambio de entrenador porque ahora están menos expuestos, pero los centrales eran un manojo de inseguridades. Da la sensación de que Olaortua debe estar sobre el terreno de juego sí o sí. Y si no se demanda a Óscar Gil es porque ya está condenado a buscarse su futuro por otro lado.

Lo cierto es que el primer tiempo del Racing no fue bueno. Fue preocupante. De hecho, los primeros veinte minutos resultaron muy tristes por parte de los dos equipos, que brindaron un pobre espectáculo sin que nadie se atreviera a coger el toro por los cuernos. Nadie se decidía a tomar la iniciativa derivando todo hacia un partido sin dueño y sin más interés que la necesidad que tenían ambos. Es cierto que fue en ese tramo cuando se pudo adelantar el equipo extremeño, pero fue solo por ese regalo de Figueras que tan caro pudo haber costado.

El ataque del Racing parecía encomendarse a las aventuras individuales de Yoda y de Enzo, de que arrancara alguno de ellos, dejara a cuatro atrás e inventara algo dentro del área. Y fue así como llegó ese gol de Álvaro Cejudo que sentó como un golpe en el mentón para un Extremadura que parecía tener el partido controlado. Fue el jugador cedido por el Mallorca quien arrancó desde el costado zurdo para ir centrándose hasta que asistió a su paisano, que entró en zona de peligro para firmar una virguería de las suyas, para enseñársela a su par por aquí para irse por allá y dar una asistencia al cordobés que era medio gol. 

Ese gol fue un auténtico paréntesis, un chispazo en medio de una oscuridad donde había poco fútbol y muchas carencias. Esa ventaja momentánea fue el premio gordo de la lotería y más aún cuando Luca paró ese penalti y su posterior rechace y cuando el balón se estampó dos veces contra la madera, uno de ellos tras un remate in extremis de Borja Granero mientras recibía el abrazo del oso de Alexis.

Parecía mentira que el Racing se fuera al vestuario con ventaja y Cristóbal era consciente de ello. Por eso no se dedicó a masajearse mientras contemplaba el 1-0 porque sabía que no era suficiente. Era la octava ocasión en 17 partidos que se adelantaba el Racing y sólo había ganado uno previamente. Por eso no esperó para cambiar y quitó a Mario para colocar a Sergio, lo que unificó líneas y aportó más fuerza y capacidad de romper líneas a un centro del campo muy estático que no era capaz de aportar cosas con balón.

El equipo mejoró y más aún lo hizo tras la entrada de Nuha. Aún así, el Extremadura siguió mereciendo más. Luca se lució e incluso reaccionó bien a una primera gran acción suya a cabezazo de Rueda para atrapar en dos tiempos. O al menos, intentarlo. Porque el balón acabó dentro de la portería a remate de Zafiro, pero el trencilla pitó falta. Es discutible, pero el colegiado no revisó la jugada, de lo que ya no se quejará el Racing. Podía haber sido el empate como también lo podía haber sido el penalti. Y no lo fue ninguna de las dos acciones. Lo que sí llegaron fue el segundo e incluso el tercer gol con participación, de nuevo, de Yoda y Enzo, que fue quien marcó el último. Los tres media puntas marcaron. Están en estado de gracia y hay que aprovecharlo.

POR FÍN SALIÓ CARA
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