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El Diario de Cantabria

«Ni en el mejor de mis sueños me veía jugando en Segunda»

  • Jon Ander ha subido dos categorías en cuatro años y tres en cinco 
  • Considera su progresión «un ejemplo de que con esfuerzo sacrificio y trabajando día a día se puede llegar» 
  • Se siente muy querido por el racinguismo
Jon Ander, en la puerta de 
las instalaciones Nando Yosu.
Jon Ander, en la puerta de las instalaciones Nando Yosu.
«Ni en el mejor de mis sueños me veía jugando en Segunda»

Jon Ander tuvo que tragar mucho barro antes de llegar al fútbol profesional. Él es de Vitoria, comenzó jugando en el Vitoria cuando éste no era filial del Eibar, sino convenido del Alavés y militaba en Preferente, continuó en el Aurrera y logró hacerse por fin un nombre en el Beasain. Entonces tenía 27 años. Se hartó a marcar goles y por eso le fichó el Amorebieta al año siguiente. Por fin alcanzó la Segunda B. Para un futbolista con su trayectoria, parecía ser el techo, su máxima aspiración. Y no era poco. A partir de ahí, su meta era llamar la atención de algún equipo de la categoría de bronce más poderoso con el que poder pelear por cosas más grandes que el equipo zornotzarra, pero nunca se imaginó que le fuera a llamar el Racing. Él creció con colecciones de cromos en las que aparecía el Racing.

En el equipo cántabro cayó de pie y fue el máximo goleador del equipo hasta que el 16 de marzo del pasado año se rompió el ligamento cruzado. Entonces, hubo un fundido en negro. Tocaron meses de ostracismo y trabajo silencioso para ganarse la posibilidad de debutar en Segunda División. Y lo hizo. ¿Quién lo iba a pensar? «Ni en el mejor de mis sueños me veía jugando a día de hoy, y tras tantos años en Tercera, jugando en Segunda», confiesa el delantero alavés. Por eso reconoce que es algo «muy bonito» porque, en su opinión, «es un ejemplo de que, con esfuerzo, sacrificio y trabajando día a día, se puede llegar y conseguir el éxito». En su caso, dicho éxito es «cumplir el sueño de ser futbolista profesional». Y no se conforma porque está dispuesto a «seguir trabajando para que sigan llegando cosas bonitas porque con trabajo y esfuerzo es todo posible».

Jon Ander lo cuenta durante la entrevista virtual a la que se sometió con aficionados del Racing. Antes, ya se habían puesto a disposición de los mismos José Luis Oltra, Jordi Figueras, Álvaro Cejudo y Sergio Ruiz. Ahora le tocó a él y recuerda cómo fue el proceso por el cual pasó de ser el delantero del Amorebieta a otro por el que un club como el cántabro pagaba un traspaso en Segunda B para hacerse con sus servicios. «Mi representante me llamó y me dijo que teníamos una oferta del Racing. Mi primera reacción fue ‘¿en serio?’. Y, sin preguntar ni cifras, ni años, ni nada, le dije que lo firmara ya antes de que nos lo quitara nadie», narra el ariete alavés.

Insiste Jon Ander en que no tuvo «ninguna duda» de que debía coger el tren que, de pronto, había pasado frente a él. Cuenta que, en ese momento, tenía encima de la mesa «una oferta de Polonia». Y tenía prácticamente decidido cogerla. «Creía que podía ser una buena experiencia y también era una buena opción en lo económico», explica. Sin embargo, su agente le pidió que esperara un poco más hasta ver si salía algo interesante en el fútbol español y fue entonces cuando apareció la llamada de Chuti Molina. «Polonia lo dejamos para las vacaciones», bromea.

Pasó de haber jugado en todo momento en un fútbol amateur, en campos de todo tipo y en categorías inferiores a hacerlo de manera profesional. El salto fue muy grande en poco tiempo porque sólo dos años antes estaba en Tercera División y ahora iba a estar luchando por subir a Segunda, piso en el que está instalado actualmente aunque apenas ha podido tener la oportunidad de disfrutarlo por culpa de su maldita lesión de marras. Y, obviamente, las diferencias son muchas: «En Preferente, la gente va a jugar más como un hobby, por pasar el tiempo y no perder la forma. En Segunda B y Segunda es otra cosa porque ya es todo más profesional. La gente ya vive por y para ello y has de estar las 24 horas siendo profesional y siendo futbolista». El fútbol pasa de ser algo más «lúdico» a ser tu profesión. Precisa que ahora también juega porque le gusta y se lo pasa bien, «pero es otra cosa». «Vivo 24 horas para esto», insiste. Y a esa dedicación que demanda hay que sumar lo puramente futbolístico, que es que el nivel «individual de los jugadores y el ritmo de juego se nota de una categoría a otra».

Lo peor es que en todo este trayecto en el que ha pasado en poco tiempo de ser un jugador de Preferente a uno de Segunda tuvo que pasar por lo peor que tiene el deporte, que son las lesiones. Y la suya fue muy dura. «Fue el momento más complicado de mi vida futbolística y también uno de los peores de mi vida en general», confiesa. Sobre todo, es así porque, de pronto, «ves cómo todo se viene abajo». La meteórica progresión que llevaba se vio interrumpida con una lesión que, además, suele abrir muchos interrogantes cuando queda atrás que no siempre se cierran. Pocas veces el futbolista que cae lesionado es el mismo que vuelve más de medio año más tarde.

El peor momento. «Ves cómo todo por lo que has luchado se viene abajo y te quedas sin la posibilidad de seguir trabajando o luchando durante los próximos seis o siete meses», insiste. Él supo en seguida lo que tenía. «Cuando noto que la rodilla se rompe ese 16 de marzo, en seguida sé que voy a estar muchos meses fuera de los terrenos de juego haciendo lo que más me gusta hacer», narra el delantero vasco. Y eso, añade, «duele mucho cuando has luchado tanto por llegar hasta donde estás en ese momento». Reconoce Jon Ander que se pasa mal porque la temporada continúa sin él y ve cómo «compañeros y amigos siguen haciendo lo que más les gusta», que es también lo que más le gustaba a él. «Yo no podía jugar y lo que sí te toca hacer es pasarte muchas horas solo en el gimnasio. Sobre todo en verano, cuando están todos de vacaciones y no hay nadie con el que ni siquiera interaccionar», rememora.

Lo bueno fue que, durante todo este tiempo, se sintió «querido, valorado y atendido en cada momento». El cuerpo técnico y los compañeros estuvieron muy cerca y, de hecho, se queda con detalles como el hecho de que todo el equipo fuera a visitarle al hospital horas después de la operación. O también cómo cuando tocó jugar en Lezama contra el Bilbao Athletic, los aficionados se giraron al verle pasar por detrás del graderío para aplaudirle. «Son momentos malos pero en los que la gente muestra de verdad lo que es» y, en su caso, le demostraron el cariño que ha conseguido por su parte.

Fue una lesión especialmente inoportuna no sólo porque llegó en un momento clave de su carrera tras llegar a un equipo en el que nunca se habría atrevido ni a soñar que pudiera jugar, sino porque el playoff estaba ya muy cerca. «Ahora por qué, ahora por qué», se preguntaba en las primeras horas posteriores a la rotura. «Venía lo más bonito», recuerda, y en seguida fue consciente de lo que se iba a perder. De hecho, incluso había soñado en voz alta sobre la posibilidad de que fuera él mismo quien lograra el gol del ascenso. Por eso los días previos a esa eliminatoria contra el Atlético Baleares se hicieron especialmente duros. Y confiesa que lo pasó «muy mal» en Son Malferit porque cree que uno vive «con muchísimos más nervios» los partidos cuando se los pierde al sentir «la impotencia de no poder ayudar». Con todo, a día de hoy, se muestra «encantado de haber vivido esos momentos» porque disfrutó «como un niño» el partido. Y después vino la fiesta: «Todo lo que vino a partir de que pitó el árbitro fue increíble». «Me habría encantado participar y poder ayudar de otra manera, pero tocó que pasaran así las cosas y no queda otra que asumirlo y ayudar de otra manera. Así lo hice y por fin se consiguió el objetivo. Aquellos fueron días que recordaré siempre», rememora.

Lo cierto es que Jon Ander puede presumir de ser uno de los jugadores más queridos de la plantilla. Fue así el curso pasado y también lo está siendo en el actual. «Siempre noto ese cariño», se felicita el delantero vasco. Y cree que buena parte de culpa de ello es de que le «salieron las cosas bien» en la pretemporada que completó nada más llegar a Santander. «Eso ayudó a que la gente confiara en mí y me quisiera», reconoce. La primera impresión es la que vale, se suele decir. Con todo, también cree que su «forma de jugar, la de trabajar mucho, luchar e intentar no dar ningún balón por perdido es algo que a la gente le suele gustar».

Incluso esta misma temporada, a pesar de la mala trayectoria colectiva y de haberse mantenido en un segundo o tercer plano por culpa de su lesión durante muchos meses, Jon Ander ha vivido momentos muy especiales. Uno de ellos fue la primera vez que salió a calentar, que fue contra el Deportivo en casa. Recuerda cómo la afición empezó a gritar y a levantarse en El Sardinero. «No quise mirar a la grada porque sabía que me iba a poner más nervioso», subraya. «Lo recordaré toda la vida», añade. Otro día especial fue cuando por fin pudo disfrutar de sus primeros minutos dentro del fútbol profesional, que fue en Alcorcón. «Allí también coreasteis mi nombre. Luego, el día que por fin pude jugar en casa... Me guardo para mí para siempre todos estos recuerdos y eso ayuda a estar aquí en Cantabria como si yo mismo fuera de aquí», resalta.

Todo eso hace que Jon Ander quiera seguir muchos años más en el Racing. Tiene contrato hasta 2021 y tiene claro que tanto la ciudad, la comunidad y el hecho de estar cerca de su casa son factores a los que da importancia. Además, va a ser padre de una niña en apenas un par de meses y por eso valora «mucho estar cerca» de su familia. «Aún así, no sabemos cómo se van a suceder las cosas porque ni siquiera sabemos cómo se va a resolver esta temporada, ya que todo es incertidumbre». Por su parte, le «encantaría» quedarse por lo bien tratado que se siente, pero ya se verá.  Lo que quiere pensar es que su gol más importante con el Racing esté por llegar. Hasta la fecha, y coincide también con aquel al que más valor da en su trayectoria, se queda con el que anotó al Mirandés el curso pasado: «Es el que con más pasión he vivido. Íbamos perdiendo 1-2 y ellos se ponían a un punto y perdíamos el golaverage. Sin embargo, en el 85 metió Óscar (Gil) y luego yo en el 92 o 93. Dimos la vuelta al partido, ganamos y conseguimos una distancia de siete con el golaverage. Quedaba mucho aún pero, con lo poco que pinchábamos, parecía complicado que fueran a recorta esa distancia».

«Ni en el mejor de mis sueños me veía jugando en Segunda»
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