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El Diario de Cantabria

Liberados de presión

  • El racing vuelve esta noche a la competición para recibir en el Sardinero al Albacete  
  • El equipo cántabro, virtualmente descendido, pretende al menos reencontrarse con la victoria y cortar su mala racha como local
Los jugadores del Racing, abrazados tras anotar el gol contra el Lugo con el que volvieron del confinamiento. / Hardy
Los jugadores del Racing, abrazados tras anotar el gol contra el Lugo con el que volvieron del confinamiento. / Hardy
Liberados de presión

Sin tiempo para llorar, para lamerse las heridas y rebozarse en sus propias desgracias tendrá que afrontar hoy el Racing, justo 72 horas después de su última aparición pública, un nuevo partido liguero. La montaña rusa no se detiene nunca. Es un no parar. Siempre hay quien la disfruta y quien la sufre, quien se monta por compromiso y para evitar comentarios ofensivos. Al conjunto cántabro a buen seguro que le gustaría que tuviera una palanca que parara la atracción en seco para bajarse, pero ha de completar todo el recorrido. Es a lo que se comprometió al comprar la entrada. Y por eso hoy, sin apenas descanso tras el último acelerón, deberá incluso volver a El Sardinero, ese lugar donde debería sentirse como en casa pero donde parece sentirse especialmente incómodo.

Quien hoy visita Santander es el Albacete. Se trata del equipo que marca la permanencia, por lo que hoy, en condiciones normales, debería ser un día grande. Un día de gran partido, de partido decisivo de playoff. Tendría que ser un partido de los que sólo vale ganar, una auténtica final, uno de esos que provoca una sensación especial en el aficionado desde días antes. Sin embargo, ya parece más un castigo que todo eso porque el Racing está desahuciado y no tiene nada que hacer. Quedan siete partidos contando el de esta noche y está a diez puntos. Es decir, que ya se sabe en Segunda B. Es cierto que si ganara todo lo que queda o si se lanzara a ganar cinco partidos consecutivos podría llegar al último día en la pelea y con esperanzas, pero eso no va a suceder. No hay que engañarse. Es cierto que en fútbol pueden pasar muchas cosas, pero haber ganado cuatro partidos en 35 jornadas no invita a nada. Por eso el objetivo del Racing en lo que le queda por delante no es ya la permanencia, sino mantener la dignidad.

Hay quien quiso achacar a José Luis Oltra no haber sido más ambicioso en Ponferrada, no haber quemado las naves en los últimos minutos, haberse soltado la coleta, haber puesto más gente arriba y haber arriesgado en busca de una victoria que, siendo sinceros, tampoco habría valido para mucho. El tiempo de la épica y de la heroica ya pasó en el Racing. Se le escapó. Se quedó en Girona, donde sí se echó de menos haber intentado algo más en los quince últimos minutos con la esperanza aún de aferrarse a algo, pero de allí se fue con un punto y después llegó el batacazo contra el Tenerife. Hace casi una semana de ello. En medio ha estado el partido de Ponferrada, donde jugó un Racing completamente diferente.

Es normal que Oltra no se fuera con todo en busca de la victoria en El Toralín arriesgando incluso más de lo normal porque, como los jugadores, es conscientes de que ahora el objetivo es mantenerse en pie y llegar a la meta con la cabeza alta. Haber sumado otra victoria habría hecho que cayera más barro sobre la tumba y no es lo que necesita un equipo que incluso parece mentira que siga vivo después de los golpes que ha sufrido. Porque prácticamente siempre le ha pasado algo. De Ponferrada llegó con un punto pero le pasaron dos cosas. De hecho, quizá por eso no se trajo los tres. Primero recibió otro gol evitable provocado por una cadena de errores y segundo perdió para siempre a Enzo, el jugador más desequilibrante que le quedaba, el único superviviente de esa línea de tres media puntas que mantuvo al equipo de pie durante la primera vuelta.

El jugador francés, que estaba completando una segunda temporada en el Racing en calidad de cedido, se rompió el ligamento cruzado de su pierna derecha. Le tocará pasar por quirófano y, a partir de ahí, iniciar un proceso de recuperación que se suele ir hasta los ocho meses. Si todo va bien, quizá pudiera volver a jugar en marzo del próximo año. Tiene un buen ejemplo de lo que le espera a su lado porque Jon Ander se lesionó en ese mismo mes del pasado año y se puede decir que no volvió a ser él mismo hasta el pasado miércoles.

Continuidad. Ha pasado poco tiempo, pero parece indudable que José Luis Oltra dará continuidad al alavés en punta de ataque. Por fin sentó el entrenador a David Rodríguez en El Toralín aprovechando que Jon Ander había marcado en el descuento del partido contra el Tenerife y el jugador vasco, que no era titular desde enero, respondió bien. El Racing volvió a jugar con delantero y lo agradeció. Podría tener la tentación el técnico de darle descanso pero no tendría mucho sentido teniendo en cuenta que su predecesor en el puesto enlazó tres titularidades consecutivas en esta nueva realidad de partidos cada tres días. Además, el jugador vasco está más fresco que nadie aunque él mismo reconoce que le falta un punto que le deben dar los partidos.

Es Jon Ander el tipo de jugador que ni mucho menos se toma este tipo de partidos como un castigo. Él no quiere que se pare la montaña rusa porque le ha costado mucho llegar a Segunda División y ni siquiera sabe si volverá algún día. Por eso está disfrutando del momento y lo quiere exprimir al máximo. Por eso es un jugador necesario a día de hoy. Transmite entusiasmo e ilusión y, además, tiene contrato. Él puede conseguir que, por vez primera en mucho tiempo, el equipo comience a preparar un proyecto en Segunda B con un delantero centro de garantías ya en cartera.

Con todo, está acostumbrando Oltra en estos partidos a mover mucho a su equipo para rotar, dar descanso y también buscar aire fresco. Otro objetivo que buscaba al mover mucho la coctelera era evitar las lesiones, pero éstas se están cebando con el equipo verdiblanco. Hay algo que impide al Racing levantar cabeza y ésta es una de ellas. Para el encuentro de hoy, seguirá sin contar con David Barral y Álvaro Cejudo y a éstos se suma Enzo. Son todos jugadores de ataque. Los dos últimos, fundamentales, titulares siempre. De este modo, teniendo en cuenta que el nombre de Papu está borrado de la pizarra, sólo cuenta el entrenador valenciano con Borja Galán, Nando y Nico Hidalgo para jugar por banda. Lo de colocar al segundo de ellos como carrilero lo va a tener que administrar un poco más y dar más bola a Carmona porque las necesidades estarán más arriba. Es posible que Oltra pueda pensar también en Rafa Tresaco para arrancar desde un costado, pero sería un error. Cada vez que ha aparecido con ese rol en el primer equipo, se ha sentido incómodo.

Oltra los ha rotado a todos menos a Luca. El portero es un fijo pero ahora está puesto en cuestión. Sobre todo, después de sus dos últimas actuaciones. El parón le ha venido mal y lo normal es que el entrenador se plantee su titularidad como se ha planteado la de Sergio Ruiz, que, por ejemplo, es otro que llegó como un tiro a marzo pero que ha vuelto a su peor versión tras el confinamiento. Lo que hay que reconocer es que el momento es delicado. Quizá si el portero francés no hubiera cantado contra el Tenerife y el Girona y, teniendo en cuenta que todo está ya perdido, se podría haber planteado dar la alternativa a Iván Crespo, que no ha tenido la posibilidad de disputar ni un solo minuto este año. Sin embargo, quitarle ahora quizá también fuera señalarle. Hay que reconocer que no es una decisión sencilla. También, que hay ganas de ver en acción al portero cántabro, que termina contrato y, en el caso de que no se planteen renovarle, bueno sería darle la oportunidad de despedirse con más de un partido.

Con todo, Oltra ya ha advertido de que no piensa tomarse este tramo intrascendente del campeonato como una manera de ir dando regalos. Precisamente, porque su objetivo es llegar con dignidad hasta el final. Va a pensar en presente porque sabe bien que ni él ni el director deportivo que le fichó van a seguir la próxima temporada. Por eso sólo piensa en el Albacete, un equipo que debía ser un rival directo pero que no lo es. Los dos anteriores que han pasado por Los Campos de Sport también lo eran y la cosecha no pudo ser peor: dos derrotas.

En Ponferrada dio la impresión el conjunto cántabro de jugar más suelto, como si se hubiera quitado un peso de encima tras saberse ya perdido. Si algo ha dejado claro en todo este tiempo es que la presión no le sienta bien y que nunca desaprovecha una buena oportunidad de desperdiciar una oportunidad. Lo pudieron ser los duelos contra el Lugo y, en menor medida ya, el Tenerife, pero el de hoy ya no. Y quizá consiga el equipo verdiblanco dar continuidad al buen partido completado en El Toralín. Hay que aferrarse a cualquier cosa.

El Albacete llegará tras haber encadenado dos empates consecutivos, ambos en su propio campo. Antes de éstos, había ganado en Almedralejo un partido vital. Aunque tiene el fuego muy cerca del culo, lo cierto es que no le están yendo mal las cosas en este nuevo fútbol postconfinamiento porque sólo se ha quedado sin sumar en el encuentro contra el Almería. Como no podía ser de otra manera viendo los precedentes, hoy se toma la visita al campo del colista, que no gana en su terreno de juego desde hace siete  meses, como una gran oportunidad para seguir poniendo tierra de por medio. Normalmente, le bastaría con esperar o, por lo menos, ir a buscar un error del Racing, que suele llegar. Si éste tiene su día y no hace concesiones, entonces quizá tenga sus opciones de recuperar una amarga sonrisa.

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