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El Diario de Cantabria

Las sobras de la liga

El Racing pierde su primer partido de la temporada en el sardinero ante un Gernika que se la jugaba y que marcó en uno de sus dos únicos tiros a puerta. El equipo de Ania, con muchas novedades, dio su peor imagen

Kitoko y Cayarga, presionando a Igor. / J.R.
Kitoko y Cayarga, presionando a Igor. / J.R.
Las sobras de la liga

Quien ya tiene un buen número de temporadas futbolísticas a sus espaldas sabe bien que cuando se da un partido como el de ayer, con uno que no se juega nada y otro que sí, gana el segundo. Habrá excepciones, pero pocas. Puede ser por un acuerdo no escrito ni negociado entre clubes para que se quede con el botín quien a última hora más lo necesite o por la lógica diferencia de intensidad entre unos y otros, pero sucede así. Y sucedió ayer en El Sardinero. Curiosamente, para hacer que el primer equipo en ganar esta temporada en Santander haya sido uno con pie y medio en Tercera por mucho que ayer se escapara con los tres puntos. Así se escribe el fútbol.

La derrota era previsible pero quizá la imagen podría haber sido otra. Decidió el club esta semana hacer una promoción de entradas entre los abonados para que éstos invitaran a familiares o amigos a El Sardinero en los dos partidos que quedaban en casa y, además, ayer también había un montón de niños de colegios o escuelas municipales en la tribuna sur invitados por el club. Mala idea porque, quien acudiera ayer a Los Campos de Sport por vez primera, es posible que no vuelva porque el partido fue un horror, una pérdida de tiempo que, además, resultó hasta incómodo para el espectador y es posible que también para los jugadores. Porque tampoco es fácil competir cuando sabes que el de enfrente, que, en el fondo, es alguien de tu propio gremio, se la está jugando y tú no juegas por nada.

Con todo, más allá de estas pequeñas historias de final de temporada, lo cierto es que, en los últimos siete partidos, el Racing sólo ha ganado uno. Su cosecha es de ocho puntos de veintiuno: cinco empates, una derrota y una sola victoria. Y hay que tener en cuenta que el próximo fin de semana toca

Quien ya tiene un buen número de temporadas futbolísticas a sus espaldas sabe bien que cuando se da un partido como el de ayer, con uno que no se juega nada y otro que sí, gana el segundo. Habrá excepciones, pero pocas. Puede ser por un acuerdo no escrito ni negociado entre clubes para que se quede con el botín quien a última hora más lo necesite o por la lógica diferencia de intensidad entre unos y otros, pero sucede así. Y sucedió ayer en El Sardinero. Curiosamente, para hacer que el primer equipo en ganar esta temporada en Santander haya sido uno con pie y medio en Tercera por mucho que ayer se escapara con los tres puntos. Así se escribe el fútbol.

La derrota era previsible pero quizá la imagen podría haber sido otra. Decidió el club esta semana hacer una promoción de entradas entre los abonados para que éstos invitaran a familiares o amigos a El Sardinero en los dos partidos que quedaban en casa y, además, ayer también había un montón de niños de colegios o escuelas municipales en la tribuna sur invitados por el club. Mala idea porque, quien acudiera ayer a Los Campos de Sport por vez primera, es posible que no vuelva porque el partido fue un horror, una pérdida de tiempo que, además, resultó hasta incómodo para el espectador y es posible que también para los jugadores. Porque tampoco es fácil competir cuando sabes que el de enfrente, que, en el fondo, es alguien de tu propio gremio, se la está jugando y tú no juegas por nada.

Con todo, más allá de estas pequeñas historias de final de temporada, lo cierto es que, en los últimos siete partidos, el Racing sólo ha ganado uno. Su cosecha es de ocho puntos de veintiuno: cinco empates, una derrota y una sola victoria. Y hay que tener en cuenta que el próximo fin de semana toca 

jugar en el Carlos Tartiere, la casa de Iván Ania, ante un rival como el Vetusta, que fue el primero en puntuar este año en Santander. Lo bueno es que, con la increíble remontada del Barakaldo ayer (iba perdiendo 0-3 y ganó 4-3), sus opciones de playoff se han visto anuladas, por lo que habrá menos remordimiento si el Racing recupera su mejor versión para, por lo menos, hacer un ensayo general con vistas a lo que está por venir. Porque hay que volver a poner en marcha el motor cuanto antes para que a éste no le entre pelo y se quede atascado. 

El Gernika remató ayer dos veces entre palos y marcó una. No mucho más remató el Racing, pero sí dispuso de dos mano a mano clarísimos en el primer tramo del encuentro con los que no acertó. Y eso fue dando vida al equipo vizcaíno porque su primera premisa ayer fue no encajar gol. Se pasó más de una hora de partido como si estuviera jugando a empatar, como si fuera uno más de esos equipos que han pasado este año por El Sardinero con la intención de hacerse fuerte atrás soñando con llevarse un punto. Plantó una sólida defensa de cinco y, aunque sí subía a presionar con fuerza, en seguida se atrincheraba bien consiguiendo que el conjunto cántabro tocara mucho con sus centrales sin que eso llegara a ninguna parte. No hubo profundidad, no hubo ritmo, ni circulación, ni entrada por bandas... No hubo prácticamente nada, por lo que parecía que el Gernika se estaba saliendo con la suya. Lo 

que sucede es que al equipo de Urtzi Arrondo no le valía con firmar tablas. Eso le condenaba al descenso. Era como clavar los clavos de su propio ataúd. ¿Qué estaba pasando aquí? Incluso se les veía perder tiempo. ¿Tan derrotados estaban que preferían salir de Santander con lo que muy pocos habían conseguido (sólo Oviedo B y Amorebieta) en vez de darlo todo para ganar y mantener el pulso? Todo respondía a un plan. Y les salió bien. 

El Gernika conoce sus limitaciones. Sabía que no podía salir a la guerra desde el minuto uno porque la iba a perder. Es imposible soportar un intercambio de golpes al Racing porque noventa minutos son muchos minutos. Por eso se lo tomó con calma. Quiso hacer un partido largo pero, a su vez, corto. Es decir, que pasaran pocas cosas hasta que quedara un cuarto de hora. A partir de ahí, coger la corneta y tocar a rebato, pero lo mejor es que apenas le hizo falta. 

Antes de que llegara el gol, el Gernika ya había hecho que, por lo menos, Jagoba Zarraga, la gran noticia en la alineación, tocara la pelota. Sobre todo, para frenar un remate de primeras de Mikel Abaroa tras una buena internada de Ander Saenz por banda izquierda. El portero bilbaíno atajó el balón en dos tiempos pero nada pudo hacer en el gol como poco se puede hacer en los fusilamientos. Ni correr te dejan. Koldo, un central aparecido de la nada, cogió un balón en la frontal y con una hábil maniobra libró a Óscar Gil y se colocó frente a la portería del Racing. Su remate llevaba sobre sí toda la rabia acumulada sobre un descenso ya prácticamente consumado. Casi rompe la red provocando toda una algarada en su banquillo. Necesitaban ganar para que el corazón siguiera latiendo y ese gol era vida. Están a cinco puntos y sólo quedan seis, pero al menos seguirán teniendo un motivo por el que levantarse esta mañana. 

El gol pudo haber cambiado al Racing, pero no lo hizo. El de ayer fue un Racing sonado, como si antes del primer tañido de campana ya hubiera recibido el primer directo a la mandíbula. Y no fue así. Fue él mismo quien pudo haber echado por la borda todos los planes del Gernika a los dos minutos, cuando un pase de Óscar Gil directamente hacia el área rival, donde apareció Cejudo en carrera tras marcar el desmarque, hizo que el cordobés disfrutara de un mano a mano. 

Eso siempre es medio gol porque la calidad del media punta, ayer extremo izquierdo, es inapelable. Sin embargo, el balón dio al muñeco. Al mismo lugar iría otro mano a mano clarísimo de Cayarga sobre Diego Carrio. Al asturiano también se le hizo la portería pequeña. El juego del conjunto cántabro no podía estar siendo más pobre, pero lo cierto es que ya podría ir ganando 2-0. No aprovechó esas que tuvo, lo que ya de por sí da para preocuparse porque trenes así no pasan todos los días, y el Gernika se fue sintiendo 

más a gusto porque, a partir de ahí, lo cierto es que su portero apenas tuvo que intervenir. El paso de los minutos debía ir en su contra y lo normal era que las prisas, la ansiedad y esa incapacidad de controlar sea sí mismo e ir sea por una victoria balsámica salieran a relucir, pero no dio tiempo. Marcaron en el momento oportuno. 

Salió a jugar el Racing ayer con tres por dentro. De los cinco medio centros que tiene Ania en nómina, puso a cuatro en el once inicial porque Kitoko jugó como lateral derecho. El africano, que vería la quinta amarilla y que se perdió los últimos minutos al resentirse de una lesión cuyo alcance a buen seguro que se conocerá hoy, fue una de las muchas novedades que presentó la alineación. Un desafortunado Redru estuvo en el costado opuesto de la retaguardia y la sala de máquinas fue la misma que, por ejemplo, jugó a principios de curso en Miranda. Ayer no carburó. Quique Rivero no entró tanto en juego como su equipo necesitaba y, al contrario que, por ejemplo, el día del Tudelano, apenas retrasaba su posición para ayudar a los centrales a iniciar el juego. A éstos les costó encontrarles para que, junto a De Vicente y Sergio, comenzaran a generar fútbol, pero ninguno de los tres logró asociarse ni encontrar alianzas. 

En la derecha se colocó una versión de Cayarga menos valiosa que la de hace un par de meses que, en el fondo, hizo echar de menos a Nico Hidalgo, que ayer se tomó un descanso. El motrileño venía siendo el mejor argumento ofensivo de los racinguistas y, sin él, el equipo se quedó sin profundidad. Comenzó muy bien Cejudo haciendo daño tanto en la espalda de la retaguardia como apareciendo incluso entre líneas, pero fue perdiéndose en la niebla. Un equipo caracterizado por querer construir ataques por bandas, apenas dispuso de ellas mientras que por dentro ese 4-1-4-1 tampoco hacía carburar el motor para que el vehículo avanzara. El espectáculo fue triste y el valiente que estuvo en la grada debe confiar en que todo responda a un proceso lógico de preparación al playoff. 

La entrada de Enzo le sentó bien al Racing. Nada más entrar al partido, le dio un gran pase en profundidad a Redru, a cuyo centro no llegó a rematar Sergio en el primer palo mientras que a Dani Segovia se le adelantó un central. El galo entró con ganas de recuperar su mejor versión y convencer al técnico de que es el apropiado para jugar por la izquierda en el playoff, pero se acabó contagiando de un partido que sobraba. Porque al Racing y al racinguismo le están sobrando ya las últimas semanas. Se le está haciendo larga la procesión hasta la fase de ascenso y aún quedan dos semanas. Es un tiempo en el que bueno sería que, poco a poco, fuera recuperando su mejor tensión competitiva. En Leioa la tuvo pero se fue con un empate. Y ayer con una derrota. En casa, además. Si hay algo que no permitió el equipo que logró el último ascenso fue que alguien ganara en El Sardinero. El templo es sagrado y ayer quedó profanado. 

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