31.10.2020 |
El tiempo
sábado. 31.10.2020
El tiempo
El Diario de Cantabria

La vida sin Yoda

  • El Racing visita al Cfádiz sin su máximo goleador y con su sustituto lesionado 
  • Papu tendrá que estar alrededor de un mes de baja 
  • Esto obligará a Cristóbal a introducir novedades para sorprender a un rival en crisis de resultados
Olaortua, llevando las bolsas del almuerzo antes de emprender viaje hacia Cádiz. / Cubero
Olaortua, llevando las bolsas del almuerzo antes de emprender viaje hacia Cádiz. / Cubero
La vida sin Yoda

Las transiciones pueden ser rápidas, como la de Juan Carlos I a Felipe VI, o pueden ser lentas, como la del franquismo a la democracia, que hay quien dice que ni siquiera se ha culminado aún. Y son ya más de cuarenta años. La del Racing está siendo más larga de lo esperado. Desde el otoño, desde que las hojas empezaron a caer de los árboles, eran conscientes en el club, en la afición y en el propio equipo de que con lo que tiene el equipo, no le da para salvarse. Que necesita algo más. Por eso el objetivo pasó a ser llegar vivo a enero para, a partir de ahí, corregir los errores del verano y pasar de ser un grupo que no gana a nadie a otro que lucha de verdad por la salvación. Había que llevar a cabo una transición y estaba tan claro que había que hacerla que se intuía que iba a ser rápida porque el tiempo corre y las necesidades acucian. Sin embargo, aún queda la artillería por venir. Todavía no lo ha hecho porque el club no tenía dinero para comprarla, pero ya lo tiene porque ha vendido a su mejor futbolista, a su máximo goleador y a su jugador más desequilibrante de la primera vuelta. Hoy ya no estará en Cádiz. Toca, por lo tanto, saber cómo se las apaña el Racing sin él y sin los jugadores que están por venir y que están llamados a marcar diferencias en lo que queda de competición.

El traspaso de Yoda se cerró a última hora de la tarde del miércoles, ayer ya no entrenó y, por lo tanto, no subió al avión que trasladó a la expedición verdiblanca a Cádiz vía Bilbao. Es un movimiento para el que el club ya estaba preparado porque tenía atado a Papu desde hace un par de semanas. Tanto es así, que el georgiano debutó en Riazor y ya fue titular el pasado domingo contra Las Palmas. El problema es que no podrá tener continuidad su proceso de asimilación a su nueva realidad porque tendrá que parar. Él tampoco podrá jugar esta noche porque se lesionó en el entrenamiento del pasado miércoles y es probable que tenga que estar unos meses en el dique seco. Es increíble el inoportunismo de esta lesión y, por qué no decirlo, la mala suerte que está persiguiendo al Racing en el presente curso.

Según informó ayer el club cántabro, el futbolista georgiano sufre «una lesión muscular en el oblicuo interno de grado I - II», algo que incluso hace doloroso el descanso. Conoció el diagnóstico tras someterse en la mañana de ayer a una prueba de imagen que pretendía conocer el diagnóstico de la molestia. Y el problema saltó a la luz. Su entrada en la enfermería coincide justamente con la salida de Yoda, por lo que esta última va a adquirir a corto plazo una trascendencia increíble. Se va a abrir un agujero en la banda derecha que el entrenador deberá cubrir. Tiene varias alternativas para hacerlo entre las que no está Cayarga porque no volverá a entrenar con el Racing. Así, la opción natural sería colocar a Nico Hidalgo de partida para jugar ante el que fue su exequipo, por lo que también se podría utilizar la motivación extra de querer demostrar lo que no le dejaron demostrar en Cádiz. Otra opción sería trasladar a Cejudo a banda derecha, a Enzo al centro y jugar con doble lateral por la izquierda, algo que no se puede hacer por la derecha. Contra Las Palmas ya jugó Cristóbal con Carmona y Buñuel pero el primero de ellos no podrá ser de la partida esta tarde por culpa de esa cláusula del miedo que ya viene incluida con todo contrato de cesión.

Con la salida de Yoda, Cristóbal ya no tendrá que comerse demasiado la cabeza para dar acomodo a los cuatro media puntas que tenía hasta hace dos días porque, de hecho, ahora se ha quedado sólo con dos. Precisa, por lo tanto, encontrar la manera de tapar el agujero abierto en el carril del ocho pero también encontrar una solución para la punta de ataque, ya que el sábado pasado apostó por poner a los cuatro buenos en el campo y colocar al francés que va camino de Arabia Saudí como hombre más adelantado. Eso hoy no se puede repetir. Por lo tanto, probablemente, y a no ser que se saque otro conejo de la chistera, volverá a jugar un nueve y sólo le queda elegir entre David Rodríguez y Javi Siverio.

En el equipo siguen David Barral y Jon Ander, pero el primero se ha quedado en Santander y el segundo está lesionado. Deberá quedarse unas semanas en el dique seco, lo que supone un contratiempo porque quizá hoy podría haber repetido en el once. Y podría haber sido una de sus últimas oportunidades porque en breve ya se espera la llegada del delantero que, en teoría, debería marcar diferencias. Porque es algo así lo que necesita el Racing para cambiar completamente la dinámica que arrastra. Por eso necesitaba dinero y lo ha conseguido.

A pesar de lo agónica que está siendo la temporada, nunca antes había estado el conjunto cántabro en una situación tan delicada. Esta noche va a saltar a jugar a cinco puntos de la permanencia. Y le va a tocar luchar por los puntos en un escenario complicado porque ha de hacerlo en el Ramón de Carranza, la casa de uno de los dos grandes dominadores de la categoría y del tercer mejor equipo como local hasta la fecha. El Racing se mide al Cádiz y eso anuncia dificultades y también el peligro de alejarse aún más del objetivo. Vive tiempos delicados el proyecto verdiblanco.

El equipo patroneado por Álvaro Cervera es un seguro en casa pero más lo es el Huesca, que, a día de hoy, es quien más puntos ha sumado en su campo. Y el Racing estuvo a punto de ganar allí. No lo hizo por uno de esos goles más allá del noventa que tanto daño le están haciendo. Esto quiere decir que también puede dar la sorpresa hoy en el Ramón de Carranza. ¿Por qué no? En cualquier momento puede surgir la chispa que provoque un cambio brusco de los acontecimientos. De hecho, es necesario que suceda porque, de lo contrario, la nave se hundirá a unas profundidades a las que ni siquiera llegó el Titanic.

He ahí el dramatismo de la cita, pero el Racing ya debe estar acostumbrado a saltar a jugar cada fin de semana como si le fuera la vida en ello. Porque le va. Y cada vez más. En vez de caminar hacia delante, lo hace hacia atrás y, a no ser que la reacción llegue pronto y cambie por fin de dirección, va a quedar completamente descolgado con muchos meses por delante aún de competición. Y eso puede ser matador, puede enturbiar el ambiente de manera tremenda y dejar una herida que tarde en curar. Quien conoce bien una situación así es, precisamente, el entrenador que se sentará hoy en el banquillo local. Álvaro Cervera fue el técnico del conjunto cántabro en sus últimos meses en Primera y vivió un calvario que puede ser similar al que viva el Racing si no espabila ya.

El equipo verdiblanco perdió contra el Cádiz en El Sardinero también por uno de esos goles más cerca del minuto cien que del noventa. Por aquel entonces, Ania ansiaba conseguir por fin la primera victoria y, después de que Barral empatara en la fase final del partido, entendió que era el momento idóneo para arriesgar. Lo hizo demasiado dando mucho campo a un veloz ataque amarillo que mata a cualquiera a la contra. Porque el equipo de Álvaro Cervera, que ha dominado de cabo a rabo la categoría durante la primera vuelta pero que ahora ve discutida su hegemonía con el Almería por culpa de una racha en la que ha ganado un sólo partido de los últimos siete, tiene las ideas muy claras. Su fútbol no es exhibicionista, sino que pretende ser práctico por encima de todo. Y es así como está avanzando este curso camino de Primera División.

El Cádiz es un proyecto a largo plazo porque Cervera está a punto de cumplir cuatro años al frente del conjunto amarillo. Y siempre ha sabido a lo que juega. Desprecia la posesión porque su intención es estar siempre bien armado para, en cuanto fuerce un error del rival, construir un rápido ataque que coja a su rival mal colocado. Es el ABC del fútbol, pero le basta. Es un juego primario; son sólo dos cosas, pero esas dos cosas las hace muy bien y le basta. El problema del Racing es que no llega a eso. Se le ven las costuras por todas partes, por la defensa, por el centro del campo y en la delantera. Está cojo. Le han lanzado a la arena de los leones a pelear con un tenedor.

Teniendo en cuenta el estilo del Cádiz, puede repetirse lo sucedido el pasado fin de semana, cuando el Racing acumuló más posesión que su rival. Eso puede ser un buen síntoma, pero no lo es tanto porque el equipo gaditano, al contrario que Las Palmas, es muy capaz de controlar un partido sin balón. De hecho, es especialista en ello. Además, el conjunto cántabro sigue sin tener a los futbolistas adecuados para mover la pelota en el centro del campo. Cada vez que lo intenta, se estrella contra una pared levantada por él mismo. Sin embargo, tampoco parece tener futbolistas para jugar a lo contrario. Está perdido porque está mal hecho. Y confiaba en una rápida transición que le arreglara, pero está siendo muy lenta y ahora lo va a ser más por esa maldita lesión de Papu que va a echar por la borda los planes a corto plazo que tenía el entrenador. De nuevo toca adaptarse. Lo malo es que todo empieza a quemar ya demasiado.

La vida sin Yoda
Comentarios