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El Diario de Cantabria

Habrá segunda parte

Racing y Atlético Baleares empataron a cero en El Sardinero. El conjunto cántabro le valdrá un empate con goles o una victoria para lograr el ascenso. Tras un mal inicio, el equipo de Ania fue superior, pero apenas generó peligro

Noguera, intentando superar la presión del central Rubén. / J.R.
Noguera, intentando superar la presión del central Rubén. / J.R.
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El Racing se la jugará en Son Malferit. No es el mejor de los panoramas posibles que pensaba tener a estas horas, pero tampoco es el peor. Al equipo de Ania le valdrá para ascender cualquier empate con goles o, lógicamente, una victoria. Sólo una derrota le mandaría para casa de manera directa y apenas le ha ganado nadie esta temporada. Lo malo es que tampoco él gana a nadie últimamente porque, en el fondo, el partido de ayer, el primer capítulo de la eliminatoria decisiva, alargó la mala racha de resultados del conjunto cántabro. Sólo ha ganado uno de sus últimos diez encuentros. Y eso es como para preocupar a cualquiera.

Dijo Ania tras el encuentro que era optimista porque estaba seguro de que iban a marcar en Son Malferit. Es difícil saber sobre qué se apoya esa certeza hoy en día. El Racing sí marcaba siempre en la primera vuelta, pero últimamente ya se ha ido de vacío con más asiduidad. No le marcó ningún gol a la Gimnástica, ni al Gernika, ni tampoco ayer al Atlético Baleares. Porque lo cierto es que ha llegado al playoff sin un delantero en forma. Lo suyo va a ser un más difícil todavía porque es complicado decidir en las áreas sin un ‘nueve’ verdaderamente peligro. Y hoy en día Barral no lo es.

Al Racing ayer le faltó alguien que la metiera. Aunque comenzó regular y transmitiendo sensaciones a evitar en todo playoff, se fue recomponiendo hasta ser muy superior a su rival. Llegó con asiduidad, pero no había nadie al otro lado del aparato. El delantero de San Fernando, el hombre fichado para marcar diferencias y, sobre todo, poner su nombre, su reputación y su fútbol al servicio de su equipo no sólo no estuvo, sino que estuvo donde no tenía que estar. Ayer desesperó a su entrenador, sobre todo en el primer tiempo, porque veía que el ‘nueve’ aparecía por cualquier parte menos en las entrañas del área, que era donde tenía que estar. Significativo fue verle en su propio campo cuando apenas se habían cumplido tres minutos de partido para tocar un balón que se fue fuera de banda y que él mismo quiso sacar como si estuvieran en el descuento. Ayer, un jugador veterano como él, en vez de transmitir tranquilidad hizo todo lo contrario. Estaba revolucionado y queriendo ayudar en zonas del terreno de juego donde él ya no puede aportar nada porque ni tiene velocidad ni desborde. Ahora mismo, es un ‘nueve’ de los de rematar la que tenga por estar donde están los devoradores del área. Él nunca fue así, pero es a lo que se tiene que amoldar en la actualidad.

Barral se marchó sin rematar a portería, algo que sí hizo Enzo, que recuperó la versión de sus mejores días, y Óscar Gil. Porque, aunque parezca contradictorio teniendo en cuenta el rival que había delante, el mayor peligro verdiblanco llegó ayer por alto. Remataron los cabeceadores del Racing con cierta claridad y, de hecho, fue en una acción a balón parado, la mejor arma balear, cuando estuvo a punto de explotar El Sardinero. Sucedió a la hora de partido, cuando Enzo le puso un balón al central de Peralta que éste remató con toda la intención del mundo de buscar el segundo palo. Y lo encontró. El testarazo superó al portero y, cuando ya todo el mundo veía dentro ese balón, éste decidió estamparse contra la madera. Aquello podía haberlo cambiado todo, pero también esa pizca de suerte es siempre necesaria para superar un playoff. Y esa pelota se fue fuera tras golpear al palo como se podía haber ido para dentro.

También un cabezazo de Sergio, más flojo porque también llegó más blando, hizo intervenir al guardameta mientras que el resto de acciones ofensivas se las trabajó Enzo, que arrancaba siempre por banda izquierda pero con libertad para aparecer por el centro. Eso daba vía libre a Julen Castañeda, que llegó con asiduidad a la altura del área pero no logró sacar un centro bueno. Por el otro extremo, Nico Hidalgo tuvo tres carreras de las suyas pero no más. Lo bueno es que cada una de ellas hace temblar a todos. Más aún, cuando también contaba con la colaboración de un Aitor Buñuel que firmó una de sus mejores actuaciones del presente curso justo en el momento oportuno.

Se puede decir que el Racing pasó por encima del Atlético Baleares a partir del minuto 25, pero no le sirvió para contabilizar apenas ocasiones a tener en cuenta para romper la igualada. Mala cosa. En el fondo, tampoco se jugó demasiado diferente a lo que quiso plantear el equipo de Mandiola, que sabía que el balón lo iba a tener el de Ania y que lo suyo era aguantar bien posicionados, actuando con dureza y corriendo en cuanto robaran para cazar una buena transición. Les salió todo bien menos esto último, ya que apenas completaron un contragolpe. En esa faceta se hizo un gigante Mario respaldado siempre por la pareja formada por Olaortua y Óscar Gil, que, tras un inicio dubitativo, sobre todo con balón por la alta presión mallorquina, se fueron haciendo dueños y señores de sus dominios.

El Atlético Baleares salió mucho mejor al partido. En todo momento se comportó como un sólido bloque, pero más aún en esos primeros veinte minutos en los que logró jugar casi de manera constante en el campo local. Su presión surgía efecto y el nerviosismo en las piernas verdiblancas parecía evidente. El balón no le duraba nada al Racing y no conseguía dar sentido a su juego cuando se hacía con el balón. Lo intentaba Noguera pero, sobre todo, fue Enzo quien terminaría cambiando la dinámica de la contienda con un par de arrancadas que, por un lado, sirvieron para confirmar que ha llegado al playoff pletórico y, por otro, permitieron que sus compañeros se sacudieran los nervios y comenzaran a jugar al intuir por fin las debilidades de un conjunto rival que, al menos desde fuera, parecía compuesto por once armarios.

Puso Mandiola un 4-1-4-1 que pretendía dejar sin espacios y sin luz el ataque racinguista. Con los laterales muy activos y, sobre todo, un empuje inicial que transmitía potencia, comenzaron los baleares con un par de ocasiones que dejaron bien claro a todos los presentes que la aventura no iba a ser fácil. De hecho, a los diez minutos de juego ya tuvo que volar Iván Crespo para abortar un rechace cazado por Peris en la frontal. Sólo dos minutos más tarde, dos jugadores llegaron al remate tras el saque de una falta lateral (no disfrutaron de muchas más) recalcando así su poderío aéreo, algo que tampoco quedaría excesivamente acreditado con el paso del tiempo.

El partido se hizo del Racing antes de la media hora de juego, pero eso tampoco le hizo demasiado productivo. Le costó hacer daño mientras Ania se desesperaba tanto con Barral que, en el minuto 24, mandó calentar a Dani Segovia. Lo hizo después de que Nico Hidalgo peinara un balón al que, en teoría, debería haber ido el ‘nueve’. Pero éste no estaba donde tenía que estar, sino incluso más retrasado que el extremo. ¿Qué pintaba ahí? Nada. Quizá en su momento sí fue un jugador de coger el balón en zona de tres cuartos y fabricarse él mismo un gol, pero ahora mismo él no está para hacer eso. Lo cierto es que el Atlético Baleares parecía el rival soñado para Jon Ander.

Todo el segundo tiempo tuvo ya color racinguista. Los cambios de Ania intensificaron ese dominio porque, aunque Cayarga se colocó en banda derecha, donde le cuesta más ser él mismo, fue un quebradero de cabeza constante para la defensa. De hecho, acabó expulsando al lateral izquierdo (Peris) por doble amarilla mientras que, ya en la otra punta del campo, también fue una tremenda entrada sobre él lo que derivó en la roja directa para Hugo. Con dos menos acabó el Atlético Baleares pero apenas lo pudo aprovechar el Racing porque lo cierto es que apenas se jugó nada en los últimos veinte minutos.  En ese sentido, triunfó el equipo visitante porque siempre es más fácil destruir que crear. Para lo que sirvió ese intenso y sucio tramo final del encuentro fue para que los jugadores del Racing sean conscientes de lo que les espera el próximo fin de semana. Es fácil intuir que allí la dureza se intensificará un grado. Manejar los nervios y mantener la cabeza fría en el contexto que se van a encontrar los hombres de Ania no va a ser fácil. Quizá ahí esté el secreto.

El entrenador verdiblanco vio tan claro que el partido era suyo y que a los de Mandiola les estaba empezando a escasear la gasolina tras ese pletórico inicio de partido que movió ficha para repetir el equipo que tanto había gustado en los veinte minutos finales ante Oviedo y Logroñés. Noguera se colocó en el medio centro aunque en la media punta ya no estaba Enzo, que se quedó en banda, sino un Álvaro Cejudo que intentó marcar diferencias. Lo cierto es que el partido parecía que estaba para él, para que hiciera una diablura en un metro cuadrado y quedarse a solas para mantener una conversación con el portero rival, pero no le salió ninguna acción individual. Delante hay mucho equipo y, sobre todo, muy armado y seguro de sí mismo defensivamente. De hecho, no ha perdido en todo el 2019. La buena noticia es que tampoco hace falta ganar en Son Malferit para lograr el ascenso. Es el premio de no haber encajado ayer en casa. Algo es algo.

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