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El Diario de Cantabria

El especialista del sintético

Nana no era titular desde el partido de Vitoria, el último que había disputado el equipo sobre hierba artificial, superficie que tiene controlada tras su paso por el grupo tres  l fondo de armario no aporta soluciones

Pablo Torre protege el balón ayer en Tarazona. / rrc
Pablo Torre protege el balón ayer en Tarazona. / rrc
El especialista del sintético

Aritz Solabarrieta ha llegado a la conclusión de que Íñigo no le sirve para jugar fuera de casa. Para dejarle en el banquillo, ha echado mano incluso de su fondo de armario, de jugadores que han tenido una presencia testimonial en los últimos meses. Es cierto que llegaron al Racing con una tremenda reputación y que estaban llamados a ser figuras importantes dentro del equipo, pero no lo han sido. Y si no lo han sido hasta la fecha, es difícil que lo vayan a ser a estas horas. Aún así, el entrenador sigue probando.

Sorprendió el entrenador vasco en Amorebieta alineando a Villapalos, que completó un buen primer tiempo pero un dudoso arranque del segundo que le llevó al banquillo. Aquel día acabó con la mano rota, tuvo que pasar por el quirófano 48 horas después y, con dicha intervención, puso fin a la temporada. Le quedan semanas de reposo y recuperación y sus compañeros se acordaron de él ayer apareciendo en el terreno de juego con una camiseta con la que pretendían darle ánimos. En principio, el madrileño volverá a vestir de verdiblanco la próxima temporada porque tiene contrato en vigor. Tendrá una segunda oportunidad para dar al Racing lo que le quiso dar y no terminó de dar.

Quien no la va a tener es Nana, que firmó por una sola campaña y que no parece que se haya ganado la renovación. Ayer fue titular. La única razón que uno encuentra para ello es que está acostumbrado a jugar sobre hierba artificial. De hecho, la última vez que había estado en el once había sido en el campo del Alavés B, cuando también hubo que jugar sobre sintético. Aquello fue en enero. Buena parte de los equipos en los que ha jugado en los últimos años tenían ese tipo de superficie en casa y fue sobre ésta sobre la que brilló y sobre la que se convirtió en un medio centro reputado. Ayer podía haber sido su día, podía haber izado su bandera y hacerse gigante en el centro del campo, pero mantuvo el tono de todo el año que le ha mantenido en un segundo plano. Es cierto que marcó un gran gol, pero no ayudó a los suyos a sentirse poderosos en el centro del campo ni con balón ni sin balón.

Que Villapalos apareciera en Amorebieta tenía sentido porque el equipo vizcaíno practica un juego directo que apenas negocia, pero la apuesta del Tarazona es bien diferente. Así lo explicó incluso Solabarrieta antes de emprender viaje hacia tierras mañas. De este modo, la aparición de Nana no pudo estar provocada por la necesidad de reforzar la artillería aérea de su oponente. El secreto debía estar en la contención, en la necesidad de dotar de equilibrio a un centro del campo que lo completaban dos pequeños como Riki y Pablo Torre. Su presencia debía reforzar a ambos, darles más libertad para que se encontraran y se asociaran, pero no sucedió nada de eso. Jugaron demasiado lejos porque el jugador de origen africano se lleva muy mal con el balón.

Al Racing le costó ayer iniciar el juego desde atrás, superar líneas y encontrar profundidad. No le costó mucho al Tarazona sembrar dudas en su oponente cuando intentaba generar fútbol desde su propia área. Tanto es así, que en el último tercio de partido ya renunció a esa personalidad que cree tener pero que no tiene. Como Solabarrieta veía que, aunque Lucas Díaz sacara en corto todo acababa con un pelotazo de los centrales, decidió acudir directamente a esto último de partida. Sobre el terreno de juego estaban entonces hombres como Riki, Cejudo, Bustos o Traver, pero la apuesta fue por enviarles misiles aéreos. Y ante eso, estaban perdidos.

El objetivo, de esta manera, debía ser provocar duelos en los que participaran Jon Ander y Capanni, pero no ganaron ni uno. El brasileño dispuso de todo el segundo tiempo, pero sigue sin aportar nada. De hecho, lo único que hizo fue jugar con fuego de partida porque bien le podía haber pitado un penalti el árbitro por esa manía que tiene de sacar el codo a pasear cada vez que juega de espaldas. Lo hizo la primera vez que tocó el balón, apenas unos segundos después de la reanudación, y en seguida le tuvo que llamar Aritz Solabarrieta para pedirle que no lo volviera a hacer porque iba a acabar en la calle. No era la primera vez que se veía esa película, pero por un oído le entra y por otro le sale. Tanto es así, que pocos minutos después lo hizo en su propia área. Él igual no sabía ni dónde estaba porque estaba cerca de la frontera, pero lo cierto es que el jugador del Tarazona que recibió el impacto, que sí lo tenía muy claro, cayó al suelo. El árbitro hizo el amago de pitar porque eso habría sido falta en cualquier otra parte del terreno de juego, pero no se atrevió a hacer sonar el silbato porque habría llevado la pelota directamente al punto de los once metros.

No está Capanni, ni mucho menos, aportando más que Balboa, que, ya de por sí, aportó poco. Ni siquiera más que Siverio. Ojalá éste hubiera tenido tantos minutos como está teniendo el jugador cedido por el Milán. Ayer incluso entró antes que Jon Ander, que tampoco aportó gran cosa vendidos como estaban los delanteros ante la propuesta del colectivo. Algo ve Solabarrieta en el brasileño en los entrenamientos que no se convierte en realidad en los partidos porque es difícil ver una chispa de luz en su juego. Suma oportunidades como si hubiera una necesidad de justificar su fichaje, como sucede con Nana o con la repentina aparición ayer de Lars Gerson para sentar a Óscar Gil. El luxemburgués enseñó un buen toque de balón en largo. Tanto es así, que incluso sacó varios saques de esquina, pero mostró lagunas sin él. En su caso, que juegue puede servir como inversión futura porque el Racing necesita saber si está capacitado para dar la talla en esta categoría o no, ya que podría ver renovado su contrato si el equipo se clasifica para Primera RFEF. Es algo que seguro que no sucederá ni con Nana ni con Capanni.

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