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El Diario de Cantabria

DEPORTIVO - RACING

El último de la fila

  • El Racing perdió en riazor y ya es el colista de la categoría 
  • El equipo de Cristóbal se adelantó y tuvo el partido totalmente controlado hasta que Sabin Merino empató y su rival cambió de dibujo l Jugó con uno más 40 minutos
David Rodríguez se lamenta de una ocasión desperdiciada mientras los jugadores del Deportivo celebran la victoria. / LOF
David Rodríguez se lamenta de una ocasión desperdiciada mientras los jugadores del Deportivo celebran la victoria. / LOF
El último de la fila

El Racing ya es colista. A nadie le sorprende. Se lo merece. Lo que es increíble es que siga teniendo la permanencia a tres puntos. Sigue sin ser capaz de ganar partidos ni aunque se adelante en el marcador y sople el viento a favor. No sabe izar las velas. Al final, siempre sucede algo que cambia el discurrir de la historia. El pequeño aleteo de una mariposa en Ulán Bator le acaba afectando y echa todo el trabajo por la borda. Ayer tenía el partido bajo control hasta que un córner tan bien botado y rematado como inocentemente defendido por el conjunto cántabro lo echó todo a la basura. El equipo que venía siendo colista los tres últimos meses le remontó y, a pesar de que le regaló una expulsión que le permitió jugar con uno más cuarenta minutos, fue incapaz de dar argumentos a su hinchada para mantener la fe. ¿En qué se puede aferrar uno tras ver el partido de ayer? ¿En la aparición de Papu? Puede ser, porque está claro que con los de siempre no llega. Es así desde agosto.

Lo peor fue que el Racing estaba avisado. No tardó el Deportivo en dar la razón a Cristóbal. Había puesto el acento el día anterior en el potencial del equipo gallego a balón parado y en sólo minuto y medio ya dispuso de un par de faltas cercanas al área que dibujó la congoja en todo racinguista que estaba viendo el partido. Incluso en los jugadores. No habría sido extraño que el conjunto local se hubiera puesto por delante en sólo unos segundos porque ya rondó el gol en esas dos acciones que parecieron ser un presagio de lo que terminaría pasando.

Lo más increíble de todo fue la cantidad de faltas en campo propio que concedió el Racing a pesar de la advertencia que había realizado Cristóbal el día anterior. El Deportivo tiene un guante en Ager Aketxe. Es un jugador que no participa demasiado en el juego de su equipo pero que, en cuanto hay que botar un balón parado, el guante que tiene en su bota ya es medio gol. Siempre hay que tener uno de esos. El equipo gallego lo tiene y por eso fue capaz de volver a un partido del que se había quedado fuera gracias, precisamente, al centro del vasco en un saque de córner.

Ese buen arranque del Deportivo no tuvo continuidad y en seguida se hizo el Racing con el control absoluto del partido. El equipo gallego se presentó con cinco atrás y el cántabro con el mismo once que había disputado el partido de Miranda. Es un buen reflejo de las pocas cartas que sigue teniendo Cristóbal porque el primer tiempo que había completado en Anduva había sido criminal. Incluso repitió como titular Alexis, que quemó una buena traca en territorio burgalés y que ayer siguió en el campo.

El malagueño sigue sin transmitir fiabilidad. Ayer fue él quien estaba junto a Sabin Merino cuando éste empató la contienda y, de paso, la cambió de cabo a rabo. Ni saltó. Se agachó para que el contundente delantero vasco, que fue titular con sólo tres entrenamientos, firmara un potente cabezazo que hizo al Racing preguntarse por qué parece tan poca cosa cada vez que tiene que defender un balón parado.

No tuvo problema Fernando Vázquez en poner a jugar a los recién llegados. Si su delantero fue titular, Emre Colak entró a la media hora de juego. Y no fue por motivo de ninguna lesión, sino para cambiar la tendencia que llevaba el partido, ya que el dominio del Racing era total. Y lo mejor de todo es que esos momentos de inspiración habían sido respaldados con un gol. Se había adelantado el conjunto cántabro y estaba disfrutando con la posesión y la inspiración de sus tres media puntas, a los que se les veía con chiribitas en los ojos. Sobre todo, al comprobar cómo la defensa del Deportivo era un circo. No sólo era poco contundente, sino que le concedió un buen número de regalos con los que estuvo a punto de hacer sangre.

Con la entrada de Colak, Fernando Vázquez cambió de sistema. Pasó a jugar 4-4-2 centrando la posición de Koné, que había comenzando la contienda arrancando desde banda izquierda, para que jugara junto a Sabin Merino. No es fácil adivinar si la tendencia que llevaba el partido cambió por esta rápida maniobra del técnico o por el gol del empate, ya que se dio inmediatamente después, pero lo cierto es que hubo un cambio. Se terminó el control racinguista. No lo volvió a tener hasta que no se quedó con un hombre más. Tampoco es fácil interpretar si dicho cambio de tendencia fue por esto o por el 2-1, ya que sucedió en la misma jugada.

Los dos goles del Deportivo los marcaron sus dos fichajes invernales. Fueron buenos goles. Si el primero lo anotó Sabin Merino, el segundo fue de Colak al aprovecharse de la condescendencia cántabra frente a la línea frontal de su propia área. Firmó un zurdazo envidiable pero después hizo más pequeño su nombre al ir a celebrarlo con la afición cuando, apenas un par de minutos antes, había visto una cartulina amarilla. No le dejó más remedio al árbitro que expulsarle. Era una cuestión objetiva que tenía que volver a ser sancionado.

Se quedó el Deportivo con diez. Tenía el Racing que remontar un resultado adverso, pero le quedaban prácticamente cuarenta minutos por delante para conseguirlo con un hombre más. Parecía asequible. En el primer tiempo había demostrado su capacidad para someter al equipo que tenía delante, pero fue incapaz de sentirse un equipo verdaderamente peligroso que metiera el miedo en el cuerpo al bando local hasta prácticamente del descuento. Fue entonces cuando emergió con una fuerza tremenda Dani Giménez, el portero del Deportivo que ayer salvó dos puntos para los suyos.

Primero fue despejando un remate de cabeza prácticamente a boca jarro de Yoda tras un saque de córner de Cejudo. Parecía mentira que pudiera despejar aquella pelota. Poco después, fue Papu quien, con un potentísimo disparo en forma de misil, volvió a poner a prueba al portero del Deportivo. El georgiano recibió un pase en corto al sacar una falta y, a pesar de estar muy lejos, probó fortuna y de nuevo se lució el cancerbero.

Papu había entrado poco después del 2-1. Resulta curioso y sintomático que, teniendo que remontar y jugando con un hombre más, el Racing quitara a un delantero. Se marchó Jon Ander sin conseguir rematar entre palos y sin apenas participar del juego ofensivo de los suyos. Por él entró el fichaje para jugar por banda derecha, por lo que le tocó a Yoda centrar su posición. Prefirió el equipo verdiblanco jugar sin un ‘nueve’ para remontar. Y hay que prestar atención a esta maniobra porque no sería extraño que se repitiera el domingo incluso de partida viendo la inoperancia de los teóricos profesionales del gol que tiene el Racing.

Más tarde entró el otro ‘nueve’ que se había llevado Cristóbal a La Coruña. El técnico fue acentuando la valentía de su disposición en el campo conforme avanzaban los minutos porque el siguiente movimiento fue quitar a Sergio Ruiz para meter a David Rodríguez. De esta manera, Cejudo retrasó su posición para que el talaverano jugara como hombre más adelantado. Y, como Jon Ander, pasó también prácticamente desapercibido. A la vez que el Racing potenciaba y poblaba su ataque, el Deportivo se volvía a reforzar atrás. Y delantero estaba rodeado. Lo único que pudo sacar fue un forzado cabezazo que pudo haber sorprendido a Dani Giménez, ese portero que terminaría salvando dos puntos para los suyos.

Al conjunto cántabro sólo le quedaba sacar la corneta y por eso Cristóbal dio un paso más dando entrada a Nico Hidalgo para jugar sólo con tres atrás. Eso suponía un riesgo y concedió un par de contras al Deportivo que a punto estuvieron de permitirle matar la contienda y llegar hasta el final plácidamente. Sobre todo, por un disparo potente de Aketxe que no sorprendió a Luca y provocado por una falta de Abraham Minero, que ayer fue un desastre incapaz de defender sin buscar los límites del reglamento, ya sea en campo rival o propio.

El Racing tuvo mucho balón en esos minutos en los que fue uno más y Papu, quizá la mejor noticia ayer por la capacidad de generar peligro con poco que mostró, aún tuvo una más de cabeza en el descuento que se fue fuera, pero lo cierto es que los minutos pasaron sin que sucediera gran cosa. Y eso era malo. El conjunto cántabro necesitaba un cambio brusco de los acontecimientos pero no logró generar verdadero peligro hasta que el reloj no estuvo cerca de llegar al minuto noventa.

Parecía mentira que el partido pudiera acabar así tras ver la primera media hora de partido, cuando el Racing incluso pudo marcar más de un gol. Eso en este equipo no es garantía de nada porque también se puso 2-0 contra el Fuenlabrada y luego lo echó a la basura. Ayer sólo marcó uno. Fue un golazo de Cejudo, que ya lleva media docena en su cuenta y que está de dulce. Armó un veloz disparo de primeras que, tras botar frente al portero, se pegó bien al palo. Aquello fue un subidón. Siguieron minutos en los que el Deportivo explicó por qué era el colista hasta ayer pero, finalmente, se acabó demostrando por qué ahora lo es el Racing.

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