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El Diario de Cantabria

El chico de moda

Martín Solar ha pasado a primer plano tras su gran aparición del sábado, cuando marcó dos goles y dio una asistencia | «Fue un grito de liberación», explica sobre su reacción tras marcar siendo el jugador con menos minutos

Martín Solar, tras anotar el primero de los dos goles que firmó el pasado sábado. / hardy
Martín Solar, tras anotar el primero de los dos goles que firmó el pasado sábado. / hardy
El chico de moda

Martín es el chico de moda, todo el mundo habla de Martín. Y no tiene nada que ver con la marca de ropa que, a sus veinte años, ya tiene en marcha (Mainstay.es), sino con los brillantes 26 minutos que completó el pasado sábado sobre el césped de Los Campos de Sport. Siempre había soñado con algo semejante, con saltar a escena en el coliseo racinguista, dar la vuelta a la tortilla, llevar sus propios discos, ponerlos y poner a todo el mundo a bailar. En definitiva, resultar decisivo y ser el rey de la fiesta. Y lo consiguió porque entró al encuentro con un cero a cero que ayudó a convertir en un tres a cero con dos goles y una asistencia. Le faltó un tanto más para haberse llevado el balón a casa pero sí que se llevó la camiseta. Siempre quedará en el recuerdo como aquella que vistió en su primera gran tarde de gloria.

Si la vida va de aprovechar las oportunidades y coger el tren, Martín Solar debe ser un alumno adelantado. Es joven y ya está instalado en el primer equipo, pero nadie le está regalando nada. Ha tenido que tener paciencia y, de hecho, mientras desde arriba se miraba para cualquier otro lado excepto para él, recibió ofertas para salir del Racing como otros habían salido antes tentados por el pecado de la ansiedad, de los cantos de sirena o de la inmediatez que lo quiere todo para hoy. Hay precedentes de sobra en las categorías inferiores del club en los últimos tiempos de jugadores que, si en edad juvenil todavía no estaban en el arco del primer equipo, se marchaban. No es su caso. Él se quedó y va adquiriendo su recompensa a cambio.

Su aparición sucedió la temporada pasada, cuando el equipo ya consumó el descenso matemático y, sólo entonces, José Luis Oltra empezó a mirar qué tenía en el filial o en el juvenil. Sin nada que perder, dio la alternativa a jóvenes valores como Marco Camus, el propio Martín Solar, Miguel Goñi o Javi Siverio para que, si despuntaban, alguna vez pudiera decir en sus retransmisiones televisivas que él los había hecho debutar. Y será una verdad objetiva, pero también una mentira. Lo que hizo entonces el técnico no tuvo mérito aunque el equipo llevaba meses demandando llevar la mirada más allá del vestuario del primer equipo porque se había hecho evidente que con lo que había allí no bastaba y nadie dio el paso. Qué bien habría venido el desequilibrio y el chute de energía y aire fresco del extremo o la capacidad de mover la pelota con ritmo y criterio del medio centro. Habría podido ser la figura que le faltaba a una sala de máquinas repleta de jugadores cortados por el mismo patrón e incapaces de filtrar pases o incluso de poner pausa al juego. Él podría haber sido el hombre, como demostró cuando por fin le dieron la alternativa.

Los 170 minutos que terminó jugando el pasado curso repartidos en tres partidos le abrieron la puerta con vistas a la presente temporada. Más aún, teniendo en cuenta que iba a tocar competir en Segunda B y que al club había llegado una dirección deportiva que de verdad quería apostar por la cantera. Su aparición en Fuenlabrada fue tremenda y fue capaz de dar continuidad a esas buenas sensaciones en sus otras dos apariciones. Ya en el presente curso, Rozada le colocó como pivote defensivo durante toda la pretemporada porque aún no habían llegado jugadores como Villapalos o Nana. El entrenador explicaba que se quedaría en ese puesto o no en función de las aptitudes que tuvieran los jugadores que estaban por llegar. La música no sonaba demasiado bien porque eso le iba a hacer partir en desventaja cuando volviera a su puesto natural, como así fue.

Cuando Martín Solar entró al campo el pasado sábado, era el jugador del equipo que menos minutos había disputado. Incluso Soko, que debutó ese mismo día, ya había jugado más porque había acumulado algo más de cincuenta mientras que él sólo tenía en el contador los algo más de veinte que había jugado contra el Alavés B. Ante el Laredo,  incluso vio el partido desde la grada, comentando lo que sucedía junto a quien fuera su compañero en verano Saúl García. Cualquiera veía que al medio campo verdiblanco le volvía a faltar fútbol y uno de los que lo tenía estaba fuera de juego. Rozada le achacaba poca verticalidad y le ‘acusaba’ de ser demasiado horizontal. Y a buen seguro que así se lo había explicado. Quizá por eso, cuando el entrenador optó por meterle al campo para, además, quitar del terreno de juego a uno de los importantes como Cejudo, salió con la directa bien puesta. Se le notó. En cada balón que tocaba, se iba con decisión al área. Y el resultado no pudo ser mejor.

Antes de salir al campo, Rozada le pidió que fuera él mismo. «Me dijo que fuera yo, que jugara como sé y que no me quemase el balón», explica. Y todo salió de perlas. «Es una ilusión muy grande», decía una vez terminado el encuentro. «Ya marcar una vez lo es y si, además, marcas también un segundo, pues no se puede pedir más», apuntaba. Con su notable actuación, salió de manera repentina y fulgurante del túnel en el que estaba metido, dio un auténtico golpe encima de la mesa y ahora comienza a mirar la temporada de otra manera.

«No rendirse nunca». Comenzar el curso un tanto al margen lo ha asumido como parte del juego. «Al final, somos profesionales y lo que nos toca  a los que estamos contando menos es estar preparados para aprovechar la oportunidad», explicó. «Si te toca entrar a jugar, pues bien y, si no, pues a seguir y a no rendirse nunca», añadió. Como es normal, en todo este tiempo ha tenido tiempo para darle muchas vueltas a la cabeza pero, lejos de venirse abajo, lo que hizo cuando Rozada le llamó por fin el pasado sábado fue «salir con muchas ganas» para, sobre todo, «demostrar» que puede jugar mucho más de lo que lo está haciendo.

El primer balón que tocó fue gol. Culminó una jugada diseñada en la pizarra y se fue directamente hacia el fotógrafo porque quería enseñar un tatuaje. Lo más fácil fue pensar que sería el que se hizo tras su debut en el primer equipo el curso pasado, cuando se tatuó su primera foto con un equipaje racinguista, pero era otro. «Era un tatuaje para mi madre. Se lo dije antes de salir de casa. En la familia siempre hay rachas... Fue un gol para reivindicarse y que necesitábamos en mi familia, así que estamos muy contentos», se limitó a señalar.

Cuando Martín Solar entró al partido, se colocó por detrás de Pablo Torre, que, a su vez, estaba por detrás del punta. Le tocó entonces manejar más el juego sin tocar tanto el área, pero después se marchó el de Soto de la Marina y fue él quien adelantó la posición, algo que le vino de perlas para aprovechar el gran momento que exhibieron otros que habían entrado el partido tarde como él, como fueron los casos de Jon Ander, Camus y, sobre todo, Cedric. «Salió como salió», apuntó.

Cuando marcó el primer gol, pegó un grito que, al no haber público, se oyó a muchos kilómetros. «Fue un grito de liberación», explicó. Sobre todo, quería «expresar las ganas» que tenía de entrar al equipo, de participar y de sentirse importante. «Soy del Racing desde pequeño, quería marcar aquí y todavía no lo había hecho», añadió. Su racinguismo está fuera de toda duda. Tiene el carné desde que nació y se lo regaló su tío. Ha visto mucho fútbol en Los Campos de Sport y ha desechado tentadores ofrecimientos para mantener su verdadero sueño de llegar al primer equipo. Ha tenido que esperar y pasar por «una racha en la que no tocaba jugar» que confía que empiece a cambiar: «Es lo que hay, unas veces te toca jugar de titular de manera habitual y otras contar con pocos minutos».

A pesar de su juventud, Martín Solar ha demostrado en todo momento, y desde el día de su debut, una personalidad y una madurez quizá poco acorde con sus años. Es lo que permite ver en él a un futbolista y lo que le valió lucir el brazalete de capitán cuando formaba parte del juvenil de División de Honor. Había sido el único jugador que se había quedado fuera de la convocatoria en Laredo pero él asegura que estaba «muy tranquilo, entrenando bien y haciendo las cosas como hay que hacerlas hasta que llegaran las oportunidades».

Y llegaron. El tren acaba pasando aunque sea como el Expreso Pendular Norte que pasaba por la estación de P-Tinto cada veinticinco años. Lo malo de que llegara el pasado sábado es que lo hizo sin gente en la grada con la que celebrarlo. Lo lamenta porque él, que ha visto muchos partidos desde el otro lado, conoce «el calor que da la afición». «Para los que somos de aquí, que hemos visto partidos en El Sardinero con muchísima gente, es una lástima, pero nos está tocando pasar esto y seguro que volverá a haber aficionados y volveremos a disfrutar», afirmó. Para cuando eso suceda, él confía en estar subido a la buena ola.

En el vestuario, una vez que entraba con dos goles y una asistencia en sus estadísticas, le recibieron con «risas» y bromas. Cejudo, que mostró un cabreo tremendo cuando le quitaron para, precisamente, darle entrada a él, le explicó lo sucedido o, más concretamente, su propia reacción. Él destacó que, en definitiva, los compañeros le habían «apoyado tanto» cuando la música no había sonado tan bien que tocaba celebrarlo con todos. «Son ellos los que están ayudándote en el día a día, cuando tienes un mal momento o estás triste», explicó. A ver si estos empiezan a ser los menos.

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