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El Diario de Cantabria

Cuando el portero sube a rematar

Parera ha tenido que incorporarse al ataque en los tres últimos partidos, lo que siempre es una mala señal | Su aparición fuera de sitio es el síntoma de los problemas de juego que arrastra el Racing

 

El portero del Racing Miquel Parera. / LALIGA
El portero del Racing Miquel Parera. / LALIGA
Cuando el portero sube a rematar

Cuando el portero de tu equipo sube a rematar al área rival es momento de alarmarse, de intuir que es probable que el partido vaya a acabar mal. Miquel Parera lo ha tenido que hacer en los últimos tres partidos. Se ha tenido que convertir en un elemento extraño fuera de contexto, en una figura que aparece en un lugar donde nadie le espera para, precisamente, sembrar la duda en la defensa rival y convertirse en una alternativa más para intentar marcar a la heroica. Ese jugador con una camiseta de un color generalmente llamativo, como si fuera el chaleco de un conductor con el coche averiado, pasa a ser una especie de ‘oopart’, un artefacto fuera de lugar y de tiempo. Algo que no debía estar ahí. Como el astronauta esculpido en la Puerta de Ramos de la Nueva Catedral de Salamanca. ¿Qué pinta ahí? Lo mismo que un portero intentando marcar un gol a balón parado.

Aunque parezca material de trabajo para investigadores de lo paranormal, la presencia del astronauta en una obra del siglo XVI tiene su explicación. Como la de Parera en el área rival. Está respondiendo al toque de corneta, al último recurso que queda cuando ya no hay nada que perder. Mala señal. Quiere decir que su equipo va perdiendo y que sólo le queda intentar romper el orden establecido, la lógica que exige a todo portero a quedarse bajo sus propios palos. 

En Lugo le sirvió su aventura para darse el gustazo de estar tan presente como los demás en la celebración del gol que supuso el empate en el 98, pero ante el Levante y el Burgos sólo valió para, tras el saque del córner, tener que darse un calentón para atravesar el campo y volver a su hábitat. No sirvió para nada más que para evidenciar que las cosas iban muy mal, que algo no funciona. Es preocupante que se haya convertido en costumbre. La madre del cordero está en saber por qué.

El oopart más famoso de la historia del cine es el monolito de ‘2001, Una odisea en el espacio’, la enigmática obra de Stanley Kubrick. Lo mismo aparece cuando la evolución humana está dando sus primeros pasos que cuando parece que el ser humano ha derivado en un ser superior, en el llamado ‘hijo de las estrellas’. Las interpretaciones de lo que significa son muchas y muy variadas. Es todo tan abstracto que es fácil darle un sentido a poca imaginación que uno pueda tener. Por eso tanto sesudos científicos, como filósofos, humanistas o simples aficionados se han lanzado a aportar la suya propia. Lo mismo sucede con el origen de las aventuras de Parera. Responden a una carencia, a que el Racing no es lo que pretendía ser a estas alturas, pero el debate está servido. Unos creen que es por una razón y otros por otra. Es el fútbol. Hay argumentos para todos.

La respuesta soviética a la película de Kubrick fue ‘Solaris’, del no menos intenso Andréi Tarkovski. Ahí no hay un oopart, pero sí aparece un personaje en un lugar donde no debía estar. Sobre todo, porque está muerto. Es la mujer del protagonista, que no sabe cómo ha llegado allí, a la habitación de quien fue su esposo. Éste está en plena misión evaluando el estado de una estación espacial que orbita alrededor de un planeta cubierto de un gran océano que parece jugar con la mente de quienes están cerca. Por eso de pronto aparece su esposa para enfrentarle a sus traumas. No debía estar ahí, como el portero que quiere marcar un gol, pero hay algo que le ha llevado hasta allí. En el caso de Parera, fue la necesidad.

Aunque emprender una aventura así quiere decir que tu equipo va perdiendo, la incorporación del guardameta al ataque suele provocar el delirio en los aficionados, un grito colectivo de guerra, la confirmación de que los suyos van a morir con las botas puestas. En el fondo, rara vez anota el propio guardameta, pero, como sucedió en Lugo, hay ocasiones en las que la acción sí termina en gol. Sobre todo, porque el entramado defensivo se ve, de pronto, con la necesidad de cubrir a un elemento extraño que no aparecía en ninguna pizarra. ¿De quién es ese? Genera una cierta desorientación. Como la divinidad de Solaris, enfrenta los miedos de la zaga con las esperanzas e incluso los placeres del ataque.

La Isla Calavera, la de King Kong, estaba llena de seres que no debían estar ahí, ya que el gorila gigante, que ya de por sí era una rareza de la naturaleza, incluso pelea con un T-Rex. Es la primera prueba cinematográfica de que los dinosaurios pudieron convivir con los humanos, algo que llevó a su máxima expresión Michael Crichton con su novela ‘Parque Jurásico’, más tarde llevada con éxito a la pantalla por Steven Spielberg. Esos animales no debían estar ahí, estaban fuera de tiempo, pero aquello tenía una clara explicación que da, con todo lujo de detalles, John Hammond, el cerebro de la empresa.

Quien en el Racing debe darlas o, al menos, encontrar una explicación a por qué su portero ha tenido que subir al remate en los descuentos de sus tres últimos partidos es José Alberto. Él tiene claros los síntomas y habla de la necesidad de ser más valientes, de llegar más y con más gente y de tener a más futbolistas por delante del balón. Es su responsabilidad conseguirlo. Lo primero es encontrar las causas de por qué su equipo ya no es lo que prometió al principio. Parece obvio que el doble pivote que viene alineando no funciona, que hay jugadores que han perdido la forma y que ha de recuperar las bandas para la causa. Ha de devolver al grupo a la buena senda para no encontrarse ningún objeto ni ningún ser vivo fuera de lugar. A estas alturas, no le conviene que pasen cosas raras.

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