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El Diario de Cantabria

Con el cielo ganado

  • El Racing recuperó su espíritu competitivo en el Toralín y sumó un nuevo punto a domicilio  
  • El equipo de Oltra fue mejor que la Ponferradina pero un nuevo regalo en área propia le privó de la victoria
Luca cometió un grave error que le regaló un gol a la Ponferradina. / Hardy
Luca cometió un grave error que le regaló un gol a la Ponferradina. / Hardy
Con el cielo ganado

Lo peor de todo quizá sea comprobar que el Racing no es tan inferior a buena parte de los equipos de la categoría como para haberse quedado desterrado de toda esperanza diez jornadas antes de acabar la temporada. Ayer fue a jugar a casa de un equipo que estaba a tiro de piedra del playoff y fue mejor. Si sólo se llevó un punto fue porque le regaló un gol al contrario. Así se las gasta el conjunto cántabro, que si no fuera tan generoso y dadivoso con los demás quizá estaría ahora sintiendo su corazón latir, pero ya no lo hace. Ha preferido ganarse el cielo que la permanencia porque las dos cosas no se pueden tener. No tiene capacidad el Racing para marcar dos goles en un solo encuentro y por eso se tuvo que conformar con el empate una vez que decidió dar vida a una Ponferradina que, hasta el momento del regalo, parecía ser el equipo que se sabe descendido en lugar del que comenzó con licencia parea soñar.

Con la cantada suplencia de David Rodríguez, sólo quedaban dos jugadores del Racing que hubieran sido titulares en los tres partidos anteriores, los primeros después del confinamiento. Eran Luca y Enzo. El segundo se marchó lesionado y el primero cantó a lo grande. El parón le ha venido fatal al portero francés, que, junto a otros compañeros que participaron en el cúmulo de despropósitos que dieron lugar al primer gol del Tenerife el pasado domingo, ayudó a meter a su propio equipo en un agujero del que no volvió a salir. Anoche, dejó escapar una pelota que era absolutamente suya no sólo para conceder el empate a la Ponferradina, que, a estas alturas, quizá hasta podía ser lo menos importante, sino para poner fin a unos buenos minutos del conjunto cántabro.

Porque ayer el Racing se presentó con buenas maneras en El Toralín. Tal y como estaba previsto, hubo un buen número de cambios en el once inicial presentado por José Luis Oltra respecto a la debacle del pasado fin de semana. En defensa, sólo repitieron Manu Hernando y Buñuel, en el centro del campo Enzo y en la delantera Jon Ander porque todo lo que no fuera una oportunidad para el vasco habría sonado injusto. No tanto por los méritos que hubiera enseñado el domingo, que tampoco fueron excesivos, sino, simplemente, por haber marcado un gol. Cuando un ‘nueve’ acierta, y más aún teniendo en cuenta lo que llevaba un ‘nueve’ del Racing sin acertar, hay que darle continuidad para comprobar si está ante el inicio de una buena racha. Porque los delanteros viven de rachas. Pero en este caso habrá que seguir esperando.

Habitualmente, suele ser muy complicado ser el hombre de área del conjunto cántabro. Es un sufrimiento porque el equipo es incapaz de llegar. De hecho, buena parte de todos esos goles de los tres media puntas que permitieron al equipo mantenerse con vida durante toda la primera vuelta fueron golazos porque, sobre todo, se basaban en aventuras individuales. No hay ideas y apenas hay alianzas y juego colectivo más allá de la línea de medios. Menos aún, sin Cejudo. Sin embargo, ayer el Racing salió de buenas maneras. Completó un notable primer cuarto de hora en el que llevó la manija del partido, movió la pelota con cierto criterio y apareció por las dos bandas. Incluso acabó jugadas. Parecía otro equipo. Como si se hubiera quitado un peso de encima después de perder contra el Tenerife y saberse virtualmente descendido.

Lo mejor de todo es que ese dominio total de la situación, a lo que ayudó una Ponferradina irreconocible, condescendiente en medio campo y atrás, se premió con un gol. Cuando se marca tras un buen puñado de minutos de ataque constante y de cierto criterio, el gol sabe mejor porque uno es consciente de que es el premio a lo bien que lo está haciendo y no sólo un chispazo en medio de la oscuridad. En este caso, contó con la colaboración de una retaguardia berciana descolocada y ausente, como si se hubiera quedado en la cama haciendo cuentas de lo que debía hacer para jugar el playoff en vez de salir a morder al terreno de juego para quedarse con tres puntos que no podía dejar escapar.

La jugada la inició un participativo Enzo. Éste vio llegar a Moi y le brindó un buen balón en profundidad con el que el carrilero penetró en el área rival con sensación de peligro. Lo malo fue que le ganó la partida el central. Lo bueno fue que, después, le regaló la pelota. Se la dejó atrás y, de esta manera, el jugador verdiblanco se encontró con un balón plácido muy cerca de la portería y sin nadie que le echara el aliento encima. Pudo levantar la cabeza, mirar, pensar y decidir. Y lo que decidió fue asistir a Nando, que se quedó solo en el corazón del área aprovechando que Jon Ander había arrastrado a dos defensores con su movimiento hacia el primer palo. La jugada fue buena pero mejor aún fue el remate del extremo valenciano, que le pegó con el exterior saliéndole un remate durísimo ante el que nada pudo hacer René.

El Racing se gustaba. Quién lo iba a decir. Poco antes, la cabeza de Jon Ander (qué bueno es jugar con delantero) ya había tenido una buena oportunidad de dejarse ver al rematar fatal un buen centro de Carmona muy cerca de la línea de gol. El balón se fue alto. El ariete alavés le recriminaría poco después a Nkaka que no le hubiera dejado a él rematar una rápida acción que había nacido de una inocente concesión de la Ponferradina. Ésta se mantenía como al margen, como no queriendo participar. Nada de lo que nos habían contado de este equipo parecía estar siendo verdad.

Ni siquiera el gol verdiblanco despertó al equipo de Bolo. Fue Luca quien lo hizo. El portero del Racing suele tener su mayor carencia en el juego aéreo y, de hecho, es posible que por eso no suele salir demasiado en busca de los centros laterales. Ayer se confirmó por qué. No tuvo que alejarse más allá de un par de pasos de la línea de gol pero el balón se le escapó dejándolo muerto para que Yuri marcara su décimo séptimo tanto de la temporada. Él no perdona regalos así. Lo curioso fue que el portero del Racing y alguno de sus compañeros se fueron a protestar al árbitro y éste pidió ayuda del VAR porque la cantada fue tan grande que lo normal era pensar que algo había pasado. Pero no pasó nada. Ni siquiera contactó con jugador blanquiazul alguno.

La larga espera para ver lo que decían desde Las Rozas, donde parecieron estar estudiando algo más que la acción del portero, fue continuada por el parón de hidratación. En total, el juego estuvo detenido prácticamente cinco minutos. Y cuando volvió, ya nada fue igual. El encuentro cambió completamente, la Ponferradina creció, se adueñó de la posesión y el Racing fue retrasando sus líneas. Le tocó defender a la vez que veía cómo sus dos medio centros, ambos belgas, se cargaban con una amarilla.

Oltra demostró haber tomado nota de lo que le sucedió contra el Lugo. Entonces, tuvo a dos centrales y a un medio centro de contención con amarilla y su equipo terminó con diez. Ayer fue al revés. La tenían sus dos medio centros y uno de los centrales. Y, al cuarto de hora del segundo tiempo, quitó al último de ellos (Manu Hernando) y a Kitoko. Quienes entraron fueron Figueras y Mario Ortiz para mantener el mismo dibujo. Se quedó Nkaka sobre el terreno de juego, un tipo que en sus primeras apariciones como jugador del Racing había dado muestras de no saber contenerse para evitar ser expulsado, pero ayer parecía estar a gusto. De hecho, a los sesenta minutos de juego puso fin a una buena acción de su equipo y, sobre todo, de un Jon Ander (qué bueno es jugar con delantero) que firmó un gran control y un notable pase atrás dentro del área que terminó con el remate del citado medio centro cedido por el Anderlecht. El remate fue fatal pero también es cierto que le desequilibraron en el momento del remate. El trencilla lo interpretó como carga legal.

El encuentro volvió a cambiar tras el descanso. Aunque parecía que iba a ser otra historia, el Racing de nuevo se hizo con el dominio del juego jugando mucho más en campo rival que en campo propio. Los jugadores de Oltra casi ni se lo creían porque habían competido muchas veces esta temporada, pero quizá nunca se habían sentido tan superiores y tan dominadores sin ni siquiera ir por debajo en el resultado. Lo malo fue que, aunque llegaba muchas veces a las inmediaciones del área, las ideas se solían agotar ahí. No tenían arriba a un Yuri, que casi convertía en más peligroso a su equipo sólo por tenerle a él en nómina.

Los mejores minutos del Racing apenas tuvieron productividad ofensiva más allá del lanzamiento fuera de Nkaka y un par de saques de falta de Galán. Fue el primero de ellos el que comenzó a cambiar la dinámica de la contienda. La Ponferradina dio un paso hacia delante y, sobre todo al cuarto de hora del final, atosigó al conjunto cántabro con un par de córneres consecutivos que no terminaron en gol porque Russo perdonó el testarazo a boca jarro que cogió bien colocado a Luca.

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