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El Diario de Cantabria

Una chapuza objetiva

El Racing fichó en verano a dos laterales zurdos reputados en la categoría pero ayer tuvo que ocupar Óscar Gil ese puesto para intentar frenar a Nico Williams | Andrade estuvo a punto de entrar pero se frenó el cambio con el 1-0

Ceballos, junto a Mantilla, tras dejar atrás a Nico Williams. / Hardy
Ceballos, junto a Mantilla, tras dejar atrás a Nico Williams. / Hardy
Una chapuza objetiva

Que el Racing fichara bien o fichara mal el último verano suele ser una discusión subjetiva porque a quien uno le parece bueno, a otro le puede parecer malo. Cuestión de gustos. Lo que puede haber es consenso, algo que este año resulta sencillo porque, aunque prácticamente todo el mundo habría dicho sí a fichar a los jugadores incorporados de otro equipo de Segunda B durante el mercado estival, lo cierto es que el único que ha venido funcionando bien es Álvaro Bustos. Pero sigue siendo terreno abonado a la subjetividad. Hasta ayer. Lo de ayer fue ya una evidencia objetiva, una chapuza científicamente demostrable. Que el equipo verdiblanco fichó mal en el lateral izquierdo quedó acreditado porque se compró dos jugadores especialistas para dicha posición, dos tipos reputados como Maynau y Pablo Andrade, y ayer el primero se quedó fuera de la convocatoria y el segundo en el banquillo, hartándose a calentar para nada, mientras Solabarrieta tenía que colocar a un central en ese puesto donde históricamente se colocó quien viste el ‘tres’.

Quien se tuvo que disfrazar de lo que no es fue Óscar Gil, que ya había actuado por ahí en el partido de Getxo al prever que el encuentro se iba a convertir en un bombardeo donde iba a haber que achicar mucha agua y en la recta final del encuentro de Portugalete, donde se esperaba más de lo mismo y hubo que llamar a la artillería pesada. Ayer, en cambio, lo hizo en Los Campos de Sport y ante un rival que ni mucho menos iba a apostar íntegramente por el juego directo y el balón aéreo. Es más, lo que se iba a encontrar delante el central de Peralta es una locomotora llamada Nico Williams. Es éste uno de los futbolistas más veloces de toda la categoría y el técnico verdiblanco eligió para defenderle a un defensor que tampoco se caracteriza por ser muy rápido. Más lo es Andrade, pero el Racing fichó mal.

Le preguntaron a Aritz Solabarrieta en la rueda de prensa previa al partido si la presencia de Nico Williams, la principal amenaza rojiblanca y que iba a llegar en estado de gracia, iba a condicionar su alineación. Y él lo negó. Respondió que siempre piensa exclusivamente en él. Y pareció una mentira cuando uno vio, en primer término, la alineación, ya que el repaso de los nombres invitó a pensar en que Óscar Gil iba a formar pareja con Matic y que Mantilla se iba a desplazar al lateral zurdo, pero no fue así. Sólo en un momento puntual, al cuarto de hora de juego, intercambiaron sus posiciones. Pudo parecer entonces que el entrenador se había arrepentido, que había visto que el navarro estaba sufriendo y que prefería rectificar, pero no fue así. Cada uno continuó en su sitio.

A Gil le tocó bailar con la más fea y sólo tardó 28 segundos en encontrarse frente a frente con quien amenazaba en convertirse en su peor pesadilla. Y es que, el Bilbao Athletic tenía las ideas muy claras y sabía que por ahí tenía una puerta abierta que quería explorar. Rápidamente buscaba al pequeño de los Williams para que éste continuara la jugada con un centro matador o un remate. Ese primer duelo contra el defensor verdiblanco lo perdió porque el de Peralta, rápido, despejó a banda tras culminar la carrera. No tenía pensado complicarse lo más mínimo.

Mejor le fueron las cosas al hombre más buscado del Bilbao Athletic sólo tres minutos más tarde, cuando los hombres de Joseba Etxeberria confirmaron jugar de memoria al construir un veloz contragolpe con sólo tres pases que finiquitó Williams con un remate cruzado. Parecía que el partido podía hacerse muy largo por esa banda derecha, pero poco a poco se fueron tranquilizando las cosas. Tanto es así, que en un momento dado se intercambiaron los papeles y fue Óscar Gil quien, cerca del área rival, le retó a Nico Williams. Lo hizo, incluso, en velocidad. Era un suicidio. No había nada que hacer.

La buena noticia para Óscar Gil llegó con la expulsión. No sólo porque su equipo se quedaba con un hombre más y el bando rojiblanco no iba a atacar tanto, sino porque, como solución, Joseba Etxeberria decidió cambiar de banda a Nico Williams. Quitó al extremo izquierdo Jon Cabo para que entrara el portero suplente mientras que Artola, que ejercía de media punta, se fue a la derecha y la pesadilla de la defensa verdiblanca a la izquierda. Y desde ahí no logró dejarse ver tanto. Ahí se encontró con un Ceballos que siguió siendo un defensor atento sin balón por mucho que mostrara muchas dudas con él al meterse en berenjenales él solo en el primer tercio de partido que a punto estuvieron de salirle caro.

Aunque lo lógico, aunque sea por dejar a cada uno en su sitio, parecía haber puesto a Mantilla de lateral y a Gil de central, Solabarrieta no quiso sacrificar la situación del canterano en el centro de la zaga. Se ha convertido en una pieza clave para él por su contundencia y, sobre todo, su velocidad. Y ambas cosas las exhibió a los 27 minutos de juego, cuando, tras otra exhibición de cómo completar una transición en un abrir y cerrar de ojos, Zarraga se sacó un pase magistral a Jon Cabo que le permitió penetrar en el área solo y con la posibilidad de desplegar sus más pasionales sueños húmedos. Aquello parecía un mano a mano con el portero pero, de pronto, llegó hasta allí Mantilla con una potencia tremenda quitándole con fuerza el caramelo de la boca a su rival.

Tan liberado se vio Óscar Gil tras el cambio de banda de Nico Williams que el central se dejó ver mucho más en ataque. Tanto es así, que nada más comenzar el segundo tiempo se quedó a centímetros de marcar al cazar un rechace y, poco después, provocó una falta cercana al área que también rondó el gol. Es central de nacimiento pero se atrevió a completar lo que se exige a todo lateral. Lo que pasa es que se nota que no lo es. Sirve para contrarrestar bombardeos aéreos, pero cuando toca jugar ya deja ver mucho más sus costuras como lateral. Quizá por eso estuvo Solabarrieta planteándose cambiarle durante todo el segundo tiempo. Llegó a estar preparado para entrar pero el técnico frenó el cambio porque justo llegó 1-0. El brasileño, que podía haber dado más profundidad aún a la banda, de nuevo se retiró al calentamiento. Es casi febrero y aún no se ha visto qué puede dar de sí.

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