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El Diario de Cantabria

Cejudo pone la música

El Racing vuelve con un punto de Getxo, donde comenzó perdiendo y donde jugó con diez durante cincuenta minutos | Jugó mejor con uno menos y, sobre todo, con el cordobés por detrás del punta  arcó mantilla el empate

Momento del remate de Mantilla que envía el balón directamente a gol provocando el empate a uno que sería definitivo.  / Hardy
Momento del remate de Mantilla que envía el balón directamente a gol provocando el empate a uno que sería definitivo. / Hardy
Cejudo pone la música

Decía Helenio Herrera que se juega mejor con once que con diez. Quizá sólo los más allegados sepan si lo dijo de verdad o no, pero es una frase que ha quedado a disposición de quien quiera ir de listo. Porque de vez en cuando siempre surge un partido que sirve para renovar la vigencia del aforismo, como el de ayer en Gobela. El Racing pasó de ser un equipo del mismo nivel que el Arenas en el primer tiempo, que fue cuando jugó con todos sus jugadores, a mostrarse como un equipo superior en el segundo, que fue cuando se quedó con uno menos por la expulsión de Matic. Lo fácil fue concluir que fue gracias a haberse quedado con diez, pero en verdad fue gracias a poner a Álvaro Cejudo en su sitio. Es discutible que un equipo juegue mejor con diez que con once, pero lo que es indiscutible es que un equipo juega mejor con Cejudo que sin él.

El cordobés fue el elemento diferenciador, el que, como hizo durante toda la temporada pasada, se echó el equipo a las espaldas y lo hizo jugar. Es el más veterano, pero confirmó que mantiene la ilusión, la ambición y el hambre de un veinteañero. Y el fútbol le sigue acompañando. Ya no lo hace la velocidad y por eso es un error colocarle en la banda, que es donde comenzó el encuentro. En pretemporada ya había quedado claro que no está para jugar por ahí pero ayer Rozada insistió en repetir, como si quisiera poner los clavos de su ataúd. Sin embargo, en la recta final del primer tempo llegó la expulsión de Matic, hubo que mover las piezas del tablero, Bustos se encargó de la banda derecha, Camus de la izquierda y Cejudo, por fin, se colocó en el centro. Y fue ahí cuando, de pronto, apareció quizá la mejor versión del Racing a domicilio hasta la fecha. Demostró, como ya había hecho dos años atrás gracias a la entrada de otro jugón como Rafa de Vicente, que también se puede jugar a fútbol en la jaula y ser superior con balón.

El penalti y la expulsión había puesto el partido muy cuesta arriba. Estaba a punto de terminar el primer tiempo y Matic, al que el parón navideño le va a sentar de miedo, provocó una segunda cartulina amarilla tan justa como ilustrativa. Todo lo bien que lo venía haciendo el croata, lo ha hecho mal tanto en Mutilva como ayer en Getxo. En territorio navarro hubo que sacarle del terreno de juego al hacer evidente que no podía con el delantero, que ya le había sacado una amarilla. Ayer vio otra en seguida por derribar a un atacante arenero que ya le había ganado la partida y que se iba directo al área y en el 38, tras una serie de errores en campo propio, llegó tarde a cortar el avance de Iván Alonso, que estaba a punto de entrar en el interior del área verdiblanca como Augusto César llegando a Roma tras conquistar Egipto. El penalti fue de libro y, aunque el central recibió un golpe tremendo que incluso le llevó al hospital para descartar cualquier dolencia grave, el colegiado lo vio,  lo  pitó y le enseñó la segunda amarilla. El encargado de convertirlo fue el cántabro Leandro, que pidió perdón al acordarse de su pasado racinguista.

Lo cierto es que el delantero cántabro fue el más peligroso de su equipo. De hecho, estampó un balón al larguero a los 18 minutos tras ganar la espalda a Figueras y presentarse ante Iván Crespo. Tuvo que rematar en seguida y lo hizo bien, pero el balón se estrelló en el larguero y después en el piso para salir definitivamente disparado. La respuesta del Racing no se hizo esperar porque apenas cuatro minutos más tarde, un balón largo de Mantilla al interior del área fue cabeceado de espaldas por Balboa sorprendiendo al despistado portero local, que dejó la portería vacía. Al cuero le faltó potencia porque llegó bien Uranga para sacar de chilena bajo palos.

Fueron estas las dos únicas ocasiones, más allá del penalti, que hubo en un primer tiempo marcado por la igualdad y, como era de esperar, por la intensidad. Rozada volvió a mover la rueda y apostó por un once inicial eminentemente corpulento y preparado para la batalla que se avecinaba en Gobela. Quería dominar el juego aéreo, las diagonales y la segunda jugada y no se cortó a la hora de situar en los laterales a dos centrales como Mantilla y Óscar Gil. Por delante de ellos, colocó a dos medio centros de contención y arriba a dos torres como Balboa y Javi Siverio. Por fin tuvo el canario su oportunidad. Y se vació en el primer tiempo con un trabajo sucio que, sobre todo, consistía en intentar peinar todos los balones largos que le mandaban los centrales o Iván Crespo. No remató porque el Racing mantenía esa pobre dinámica de no llegar apenas al área. Sin embargo, todo cambió en el segundo tiempo, cuando su equipo no sólo se quedó con diez, sino que puso a Cejudo donde mejor se siente. Y ahí el joven valor verdiblanco dispuso de un par de balones que se quedaron ciertamente cerca de convertirse en gol.

Irse perdiendo al descanso con un hombre menos, en un escenario como Gobela y en la preocupante situación anímica que tenía el equipo tras la eliminación copera del miércoles no parecía invitar a ninguna fiesta en la reanudación. No cabía esperar gran cosa de un equipo que se había venido abajo en cuanto había recibido un golpe en Leioa y en Mutilva, pero quizá entonces aprendió que los partidos duran noventa minutos y que este deporte no funciona a quien marca primero gana. Por fin apareció el orgullo, el carácter e incluso la personalidad del equipo, que no salió a jugar a ciegas, a lo bruto y a que sea lo que dios quiera, sino a jugar a fútbol. Porque en Gobela, aunque se venda lo contrario, se puede jugar por abajo.

La reacción de Rozada en el descanso fue dejar sentado a Balboa, que se marchó con algunos problemas físicos que pueden explicar que el técnico apostara por dejar a Siverio en el campo. O no. Nunca lo sabremos. Lo que quedó claro es que el técnico se tiene que plantear muy seriamente su insistencia en jugar con dos delanteros. Ni mucho menos quiere decir que vaya a atacar más. No siempre más es más. A veces es menos. En el segundo tiempo, como ya había quedado acreditado en el partido contra el Barakaldo, se hizo evidente que el Racing es mejor jugando con un solo punta con Cejudo bien cerca de él. Así, la sintonía va a sonar mucho mejor.

Quien entró por Balboa fue Camus porque el Racing pasó a jugar con carrileros dejando a Bustos y al canterano con las bandas y con Villapalos jugando atrás junto a Figueras y a Matic. Y el equipo carburó bien. Y lo hizo por dentro, pasando siempre el balón por un Cejudo que confirmó que no se le ha olvidado jugar a fútbol. Dijo Rozada después, en sala de prensa, que él tenía en mente al Cejudo de Osasuna, un jugador que sabe que ya no puede ser. Qué error más grande. Que alguien en el club le haga el favor de pasarle los vídeos de la temporada pasada. Porque el cordobés es el mayor de todos y ha anunciado que se va a retirar, pero sigue peleando cada balón como significara un título de Copa. Y no se borra, sino todo lo contrario. Las pide todas y cuando está inspirado y juega en su sitio, como ayer en el segundo tiempo o como el día del Barakaldo, cuando se marchó enfadado porque no podía entender que el entrenador le estuviera apartando del terreno de juego, hace jugar a todos los demás.

El cordobés no sólo genera, sino que incluso termina jugadas. Si el Racing se presentó en Gobela habiendo lanzado entre palos una vez en los últimos 180 minutos, ayer Cejudo remató tres veces, una de ellas al palo. A eso hay que sumar que le regaló una asistencia tremenda a Siverio tras una bella combinación entre ambos que dejó al delantero en gran disposición para rematar la faena. Y él lo hizo bien, con cabeza y sin precipitarse, pero el balón golpeó en los pies del guardameta ligeramente y eso levantó la pelota, que quedó mansa para ser despejada cuando ya se iba directa a portería.

Fueron grandes minutos del Racing. Tan buenos, que Rozada apostó por no mover demasiado el banquillo a pesar de que sus jugadores estaban teniendo que correr un poco más que los demás al estar con uno menos. El gol de la victoria podía llegar en cualquier momento ya fuera por alguna de las acciones de inspiración de Cejudo o de igual manera que llegó el empate, que fue a balón parado. Rozada había reunido a un buen número de torres en la alineación, lo que significaba tener muchos boletos para sacar enorme partido de la estrategia. El que acertó fue Mantilla en los primeros compases del segundo tiempo, con mucha tela aún que cortar. El balón lo puso Cejudo y el canterano remató con poderío. Qué bien le va a venir el gol. El de Puente Genil también puso un córner que llegó al segundo palo, donde Villapalos dejó mansa la pelota para que la rematara Siverio con intención, pero se fue contra el lateral de la red.

En el otro lado también hubo ocasiones. Sobre todo, un remate de Lenadro tras una buena arrancada en el costado izquierdo del área, una media vuelta potente de un Pradera que estaba cada vez más a gusto y un potentísimo lanzamiento de falta de Gorka Estrada al que respondió bien Iván Crespo. El Racing no terminó apretando ni tocando a rebato porque ya no tenía motor para ello. En los últimos diez minutos se fue apagando y fue concienciándose de que salir de Gobela con un punto tras haber jugado con diez durante cincuenta minutos podía ser buen botín. Y lo será siempre que la versión del segundo tiempo tenga continuidad el próximo año.

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