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El Diario de Cantabria

LA CONTRACRÓNICA

Canario contra Castañeda

El extremo derecho del Atlético Baleares y el lateral izquierdo del Racing mantuvieron el duelo más intenso de la mañana. El primero de ellos fue el más peligroso de su equipo. El tolosarra estuvo también a punto de marcar

Óscar Gil, Castañeda, Noguera, Buñuel y Nico Hidalgo, celebrando el triunfo. / LOF
Óscar Gil, Castañeda, Noguera, Buñuel y Nico Hidalgo, celebrando el triunfo. / LOF
Canario contra Castañeda

Este tipo de partidos como el de ayer se deciden y se definen a base de duelos individuales, de pequeñas batallas libradas en lugares específicos del terreno de juego que ayudan a ganar una guerra. Uno de los que se encontró un rival más peligroso y complicado, con mejor caballo y una armadura más dura, fue Julen Castañeda. Le tocó bailar con más fea o, al menos, una de ellas porque es difícil saber si fue Nuha o Canario el futbolista más peligros ayer del Atlético Baleares. Con todo, de donde más chispas salieron fue de ese carril izquierdo de los verdiblancos por donde el tolosarra sufrió tremendamente, sobre todo en el primer tiempo. 

El Atlético Baleares tenía claro que su tesoro podía estar por su banda derecha. Cualquier balón que robaba o que caía en las botas de alguno de sus jugadores iba directamente hacia ese carril del siete. Canario sintió desde un primer momento que estaba bien, que estaba fresco y que podía ser su gran día. De hecho, lo primero que intentó le salió bien y, a partir de ahí, ya iba todo rodado.

Fue a los ocho minutos cuando el extremo derecho del Atlético Baleares firmó el primer remate a portería del partido. Lo hizo gracias a una gran peinada de Nuha, un peligro constante que intensificó la sensación de pesadilla que vivió ayer la zaga verdiblanca, sobre todo en los primeros 45 minutos, cuando sufrió un bombardeo constante. El espigado delantero blanquiazul transmitía peligro en cada bocanada convertido en todo un faro para su equipo, ya que en cuanto tenía el balón, buscaba directamente su referencia. 

En ese minuto ocho, el delantero ganó un balón que llegó desde muy lejos, desde montañas lejanas y desiertos remotos porque las distancias son algo muy diferente cuando se juega en Son Malferit. Cualquier balón se puede convertir en ocasión de gol porque no hace falta tener una gran pierna para llevar el cuero lejos. Aquella pelota que cabeceó ligeramente Nuha llegó casi desde el área del Racing. Tocó la pelota lo suficiente para que, enredándose también con toda la retaguardia, prolongar hacia banda derecha, donde estaba Canario. Y éste ganó claramente el duelo a Castañeda girando sobre sí mismo y consiguiendo rematar. 

El balón no encontró portería, pero fue la confirmación de su gran arranque de partido. Todo se desarrollaba por su posición y, en buena medida, con la ayuda de Kike, el lateral que se situaba tras él. Ambos forman una pareja perfecta pero, en un momento dado, tras un encontronazo primero con Cayarga y después con Julen, su pierna hizo un mal gesto y en seguida dio la impresión de haberse roto. Sabía que algo sucedía. El dolor procedía del muslo y él mismo sabía que se le había estropeado el motor.  Levantó el brazo pidiendo las asistencias y, en el fondo, el cambio.

Partidos como el de ayer se deciden por los pequeños detalles y el primero del partido había corrido a favor del Racing. Nunca es deseable que se lesione nadie, pero lo cierto es que el equipo local se había quedado, a las primeras de cambio, no sólo sin uno de sus jugadores más experimentados, sino con su segundo lateral titular. Peris, el izquierdo, ya había sido baja por su expulsión en Santander y ahora Mandiola perdía el derecho. Fueron dos centrales acostumbrados a jugar también en banda quienes se situaron en sus plazas.

Castañeda aguantó como pudo la ofensiva de Canario, que incluso pidió penalti en ese pletórico primer tiempo que firmó cuando entendió que le había derribado Óscar Gil. No parecía, pero lo cierto es que el extremo estaba en todas. Lo bueno fue que el lateral tolosarra, aunque sufrió, apenas concedió faltas. Sólo dos, una en cada periodo. En la primera de ellas, como había hecho siete días atrás en una acción semejante, se levantó la camiseta para mostrar que, lejos de ser él quien había repartido, había sido él la víctima. La segunda ya fue mucho menos dudosa. De hecho, la tuvo que hacer para parar al extremo, a quien se le fue apagando la gasolina conforme se fue acercando el minuto noventa.

Lo bueno fue que Julen Castañeda, además de sufrir con la constante amenaza de Canario, también aportó cosas en ataque. Sobre todo, en el tramo final del primer tiempo. Por mucho que el Racing estuviera mucho más presente en campo contrario en la segunda mitad que en la primera, al tolosarra no se le vio tanto más allá de la línea de medios tras el paso por vestuarios, cuando el conjunto cántabro estuvo más cómodo. Paradojas futbolísticas. Fue Enzo quien lo monopolizó todo por ese extremo aunque el lateral guipuzcoano ya había tenido su oportunidad de volver a poner su nombre en una eliminatoria de playoff como hizo en aquella contra el Villanovense. Fue gracias a un balón en largo que le envió Cayarga y que Vega no supo despejar bien. Eso lo aprovechó el futbolista vasco porque sabe que este tipo de partidos se deciden por detalles así, por no hacer bien algo que sólo se puede hacer bien. El balón quedó muerto y, antes de que cayera al césped, metió Castañeda la zurda con un disparo bombeado que, si llega a ir entre palos, habría sido gol seguro. Sin embargo, no fue él quien marcó, sino que lo hizo el otro lateral.

Canario contra Castañeda
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