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El Diario de Cantabria

A favor de la utopía

  • El Racing intentará olvidar sus dos últimos y decepcionantes partidos aprovechando la visita del Zaragoza, el equipo más en forma del campeonato
  • Oltra, que pierde a Papu pero recupera a Enzo, prepara novedades
Cejudo, Enzo y Moi celebran un gol del primero de ellos. / Cubero
Cejudo, Enzo y Moi celebran un gol del primero de ellos. / Cubero
A favor de la utopía

La primera vez que se usó el término utopía fue en 1516, cuando Tomás Moro publicó su obra con ese mismo nombre. Desde entonces, se ha utilizado de manera peyorativa por mucho que la intención de su inventor fuera la contraria. Se ha descrito como un imposible pero él se empeño en decir que una utopía realista no es un oxímoron. En el Racing aseguran que tampoco lo creen. Son conscientes de que vender de puertas hacia fuera sus opciones de salvación puede hacer reír a más de uno, pero insisten en que todavía es posible. Parece utópico. Alguno dirá que imposible, pero esa fe está respaldada sobre las matemáticas, esa ciencia exacta a la que siempre se aferran los perdedores antes de partir hacia el otro mundo.

Quedan 39 puntos por disputarse. Si el Racing aún no tuviera posibilidades matemáticas, sería como para cerrar la puerta y emprender una nueva aventura. Quizá dedicarse a la escalada o mejor: a la vida contemplativa. La vida está a nueve (o a diez, en función de lo que haga el Albacete en el partido suspendido en su día en Vallecas) y, aunque es una distancia considerable, el milagro o, mejor aún, la utopía se antoja todavía posible. Para eso habría que cambiar completamente la pobre dinámica del equipo y, en definitiva, parecerse muy poco a lo que ha venido siendo desde que se alzó el telón. Pocas veces un personaje había decepcionado tanto.

Sobre todo, lo ha hecho en las dos últimas semanas. Curiosamente, ha alcanzado su punto más bajo justamente después de resucitar a un muerto en Almería. Aquello victoria generó tal ola de fe y de ilusión que la utopía se antojó más posible que nunca, pero después llegó el batacazo. Y ha sido tremendo. Cuanto más grandes son las esperanzas, más fulminantes son las decepciones. Que una cosa haya sucedido a la otra es digna de estudio, de contratar al mejor psicoanalista, tumbarse en el diván e ir hasta la profundidad del asunto. No es normal. Quizá al equipo cántabro le entró vértigo, por vez primera se lo creyó de verdad y cerró los ojos de puro terror. A saber.

Lo cierto es que el Racing ha dado una imagen más que pobre en las dos últimas semanas y se enfrenta esta noche al equipo más en forma de la categoría. El cambio de año le sentó especialmente bien y, a día de hoy, es el segundo mejor equipo de la segunda vuelta con sólo un punto menos que el Deportivo. En lo que el Zaragoza ha sumado 18 puntos, el Racing ha sumado seis. Sin embargo, lo verdaderamente preocupante son las sensaciones. Es ahí donde radica lo aparentemente imposible.

El Zaragoza llega lanzado. Va de menos a más y se ha afianzado en la segunda plaza, una de las que concede el premio del ascenso directo, con cuatro puntos de renta sobre el Almería. Llegará a Santander tras convertirse en el primer equipo en derrotar al Deportivo de Fernando Vázquez y tras ocho semanas consecutivas sin perder en las que ha cosechado cinco victorias y tres empates. Está que se sale. Es el segundo máximo goleador de la categoría y el tercero que menos recibe. Y lo mejor es esa sensación de poderío y de estar en un momento pletórico que transmite. Llegará a El Sardinero subido en una ola mientras que su oponente le esperará con las gafas de bucear y dos flotadores. Si sale como ha salido en sus dos últimos partidos, su único objetivo será no acabar malherido, pero parece que quiere cambiar y que, por lo menos, quiere competir. Ese ha de ser el primer paso camino de la utopía. Como el Racing dé continuidad a su política de dejarse llevar, la temporada se le va a hacer muy larga y se va a hacer muy destructiva.

Oltra y sus propios jugadores vieron lo que vio todo el mundo y también ellos han llegado a la conclusión de que hay que cambiar. «O cambias o te mueres», vino a decir Dani Toribio en sala de prensa. Quizá por eso el entrenador verdiblanco apareció de diferente manera a la habitual en el entrenamiento del pasado miércoles. Lo primero que hizo fue reunir a sus hombres y transmitirles que hay que jugar con más actitud y con más agresividad. El resto pueden ser mejores, pero ellos tienen que ganar a eso. No puede ser que se hayan comportado como un juguete tan roto que ni siquiera hicieran faltas en sus dos últimas y decepcionantes apariciones.

El entrenador valenciano preparara cambios. A él le gustaría que fueran más y más drásticos, pero la plantilla que construyó Chuti Molina tiene tantas limitaciones que ni siquiera da margen de actuación a sus entrenadores. Han pasado tres por el banquillo y todos han jugado 4-2-3-1 porque, probablemente, este equipo no puede jugar a otra cosa. No puede hacerlo con dos delanteros porque ni siquiera uno ha confirmado su valía o su capacidad para, por lo menos, ser peligroso. No puede jugar con tres centrales porque ni siquiera los tiene. No puede jugar a presionar arriba porque no tiene futbolistas con aptitudes para ello y no puede, como viene insistiendo en hacer, salir con el balón jugado porque su sala de máquinas está repleta de futbolistas casi calcados y entre cuyas aptitudes no está la salida y el manejo de la posesión.

El entrenador valenciano ha preparado muchas cosas a lo largo de la semana, alguna de ellas llamativa. Sobre todo, la aparente apuesta que va a realizar por Aitor Buñuel como central derecho. No le debió gustar el experimento con Dani Toribio y está dispuesto a llevar a Manu Hernando a la izquierda para que el navarro pueda jugar, al menos, a pierna natural. No parece ser un jugador con aptitudes para desenvolverse ahí, pero el técnico confía en que pueda dar la réplica a Luis Suárez, el delantero de moda en la categoría. Éste es un portento físico, muy poderoso y muy veloz pero tampoco es demasiado alto, por lo que Buñuel podría servir al entrenador para tener un buen coche con el que correr a su lado. Con todo, da la sensación de que el preparador verdiblanco está dispuesto a cualquier cosa antes que dar la alternativa a algún meritorio del filial.

El traslado de Buñuel propiciaría un cambio total de las bandas racinguistas respecto al partido de Málaga. Fueron un coladero como lo han venido siendo toda la temporada y eso hará que Abraham, que ya ha dado muestras de lo que puede dar de sí, vuelva al banquillo. Volverá Moi y por delante de él volverá Enzo, que ya ha entrenado esta semana con total normalidad. Por la derecha no podrá jugar Papu porque está cedido por el Zaragoza y la duda está en si será Borja Galán o bien Nacho quien se coloque por delante de David Carmona, que tiene ante sí una gran oportunidad de demostrar al entrenador que no tiene mucho sentido que los técnicos tengan tan claro que deba ser Buñuel el titular en lugar de él.

Arriba jugará Guillermo y puede haber una novedad respecto a la posición de Álvaro Cejudo, que esta semana ha estado incluso trabajando como medio centro. Una vez más, es la manera de poner al descubierto lo mal hecha que está la plantilla. Ya había advertido la semana anterior Oltra que es una opción que maneja pero es posible que sólo lo estuviera trabajando como herramienta circunstancial, ya que estrenar esa idea ante un equipo con el potencial ofensivo del Zaragoza se antoja aventurado.

Lo que está claro es que jugando con los mismos y de la misma manera, el Racing iba camino del abismo, si es que no está ya en él. Algo necesita cambiar sin desarmar tampoco al equipo. No es fácil. Hay veces que uno se pone a buscar la chispa adecuada y termina por encenderlo todo. De lo que es consciente el conjunto cántabro es de que hoy puede ser su última oportunidad no sólo para intentar reengancharse a la pelea, sino para que la gente siga creyendo, ya que la de hoy sería una victoria de calidad de las que permite pensar en un antes y un después. Lo que sucede es que ese después ha de ser gigante porque el Racing necesitaría unas ocho victorias en los trece partidos que restan para tener posibilidades cuando ha conseguido tres en 29. Por eso lo primero que se le viene a uno a la cabeza es la palabra utopía. Sólo queda creer en ella y, sobre todo, han de hacerlo los jugadores porque, a la vista de sus dos últimos partidos, no parecía que lo hicieran mucho.

A favor de la utopía
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