Groenlandia, Trump y la izquierda europea

Groenlandia revela el plan de la izquierda europea: obstruir a EE.UU. aunque pierda Europa

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, comenzó su visita de 48 horas a París, este sábado, reuniéndose con su anfitrión Emmanuel Macron, presidente de Francia, un antiguo amigo que reprendió en Twitter a los pocos minutos de aterrizar en la capital francesa.
Berlín da marcha atrás ante el aviso de aranceles y ordena el repliegue inmediato de sus militares desplegados en la isla danesa

La crisis abierta por Donald Trump en torno a Groenlandia ha dejado al descubierto una realidad incómoda para Europa: la resistencia al plan estadounidense está liderada, en su mayoría, por gobiernos de izquierda o socialdemócratas, con una fuerte impronta ideológica en política exterior y una relación históricamente ambigua con Washington.

Dinamarca, Alemania, Noruega, Finlandia o el Reino Unido —todos ellos con ejecutivos de centro-izquierda o socialdemócratas— han sido los más activos en frenar o entorpecer la pretensión de Trump de hacerse con la isla ártica, ya sea mediante despliegues simbólicos, declaraciones políticas o respaldo explícito a la soberanía danesa. Frente a ellos, los gobiernos de centro-derecha europeos han optado por una posición más prudente, evitando una confrontación directa con la Casa Blanca.

El episodio demuestra que la izquierda europea sigue viendo a Estados Unidos con desconfianza, especialmente cuando el liderazgo estadounidense se ejerce desde una lógica de poder, comercio y seguridad dura. Trump ha explotado precisamente esa debilidad: usar los aranceles como arma política para forzar alineamientos y desactivar resistencias.

La retirada alemana de Groenlandia marca un punto de inflexión. Berlín ha pasado de la firmeza simbólica al repliegue real en apenas 48 horas. No es solo una decisión militar: es un reconocimiento implícito de que Europa no está preparada para sostener un pulso económico con Washington, y menos aún cuando quien lidera la respuesta es un bloque ideológicamente fragmentado.

Groenlandia no es solo un territorio. Es el campo de pruebas de una nueva relación transatlántica donde Trump manda, Europa duda y la izquierda gobierna… pero retrocede.


Alemania retira sus tropas de Groenlandia tras la amenaza de Trump

Alemania ha decidido retirar a sus tropas de Groenlandia apenas dos días después de su despliegue, tras la amenaza directa de Donald Trump de imponer nuevos aranceles a los países europeos que interfieran en su plan para adquirir la isla ártica.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha ordenado este domingo el repliegue de los quince militares enviados en misión de reconocimiento, en una decisión que llega menos de 48 horas después de que el presidente de Estados Unidos anunciara tasas adicionales del 10% —y de hasta el 25% a medio plazo— contra los países con presencia militar en Groenlandia.

La retirada se produce después de que el portavoz del Gobierno alemán, Stefan Kornelius, reconociera públicamente que Berlín había “tomado nota” de la advertencia de Trump y se encontraba evaluando su respuesta junto a los socios europeos. Finalmente, la respuesta ha sido el repliegue.

Según han confirmado fuentes del Ejército alemán a la agencia DPA y al semanario Der Spiegel, el regreso de los efectivos se ha producido de manera acelerada y sin comunicación previa a parte de los funcionarios desplazados. El repliegue se está realizando vía Copenhague.

Trump anunció el sábado que impondrá aranceles adicionales a Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Finlandia y Países Bajos, como castigo por su presencia militar en Groenlandia, una medida que, según afirmó, se mantendrá hasta que se formalice la “compra total y completa” del territorio.

Para el presidente estadounidense, cualquier despliegue europeo en la isla supone un obstáculo a su plan estratégico de anexión, al considerar que Dinamarca es incapaz de garantizar la seguridad del territorio frente a Rusia y China.

Pese a que los ocho países afectados han defendido en un comunicado conjunto que su presencia no supone amenaza alguna y responde a compromisos de la OTAN, la decisión alemana evidencia las primeras grietas en el frente europeo frente a la presión económica y política de Washington.