Europa admite el “error estratégico” de abandonar la nuclear mientras Sánchez mantiene el apagón
Von der Leyen admite que reducir la energía atómica fue un “error estratégico” justo cuando la UE busca independencia energética
Durante años, la energía nuclear fue relegada en el debate energético europeo por razones políticas, sociales y medioambientales. Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado con rapidez. La volatilidad de los mercados energéticos, las tensiones geopolíticas y la creciente competencia industrial con Estados Unidos y China han obligado a Bruselas a replantear sus prioridades. En este escenario, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reconocido públicamente lo que hasta hace poco era políticamente incómodo admitir: la reducción del peso de la energía nuclear en Europa ha sido “un error estratégico”. Mientras varios países europeos estudian ampliar o modernizar su parque nuclear, España mantiene el calendario de cierre progresivo de sus centrales, una decisión que reabre el debate sobre la coherencia de su política energética.
Un giro estratégico en la política energética europea
De fuente incómoda a pilar de la transición energética
El discurso de Von der Leyen en la cumbre internacional de energía nuclear celebrada en París refleja un cambio relevante en la narrativa europea. Según recordó la presidenta de la Comisión, en 1990 aproximadamente un tercio de la electricidad europea procedía de centrales nucleares. Hoy esa cifra apenas alcanza el 15%. Esta reducción no fue consecuencia de una limitación tecnológica, sino de decisiones políticas adoptadas tras accidentes como el de Fukushima en 2011.
El ejemplo más paradigmático fue Alemania, que bajo el gobierno de Angela Merkel decidió cerrar progresivamente sus reactores. La medida culminó en 2023, aunque la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania obligó a retrasar temporalmente el calendario. Paradójicamente, Alemania —el país que impulsó el abandono nuclear— terminó aumentando el uso de carbón y gas para cubrir el déficit energético.
Ahora, la Comisión Europea reconoce que la transición energética necesita una combinación equilibrada entre renovables y energía nuclear. Ambas comparten dos características fundamentales: bajas emisiones de carbono y producción energética estable. En un momento en que Europa intenta reducir su dependencia de combustibles fósiles importados, esta combinación se vuelve estratégica.
Francia y el modelo de autonomía energética
Una apuesta de Estado mantenida durante décadas
El contraste entre países europeos es evidente. Francia ha mantenido durante décadas una política energética basada en la energía nuclear como pilar central de su sistema eléctrico. Más del 60% de su electricidad procede de reactores nucleares, lo que le ha permitido disfrutar de precios relativamente estables y una menor exposición a las crisis internacionales de combustibles fósiles.
Esta estrategia no solo ha proporcionado seguridad energética, sino también una sólida industria tecnológica. Empresas francesas lideran proyectos nucleares internacionales y el país mantiene una capacidad industrial que pocos socios europeos poseen. La cumbre celebrada en París, con la participación de líderes europeos y del director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, simboliza precisamente ese liderazgo.
Frente a este modelo, otros países europeos han empezado a reconsiderar su posición. Suecia, Países Bajos, Polonia o República Checa han anunciado planes para ampliar su capacidad nuclear o construir nuevos reactores en las próximas décadas.
La apuesta europea por los reactores modulares
Una tecnología llamada a redefinir el sector
Uno de los ejes del nuevo impulso nuclear europeo es el desarrollo de los reactores modulares pequeños (SMR). Estas instalaciones, de menor tamaño y potencia que las centrales tradicionales, podrían fabricarse en serie y transportarse posteriormente hasta su ubicación definitiva.
La Comisión Europea considera que esta tecnología puede desempeñar un papel relevante en el futuro sistema energético. Los SMR podrían alimentar centros de datos, industrias o incluso sistemas de calefacción urbana. Además, su diseño modular permitiría reducir los costes de construcción y acortar los plazos de desarrollo.
Bruselas ha anunciado inversiones superiores a 5.000 millones de euros en investigación sobre fusión nuclear y tecnologías avanzadas, además de nuevos fondos para impulsar la cooperación entre países interesados. El objetivo es evitar que Europa pierda terreno frente a Estados Unidos o China en una tecnología que podría definir el futuro energético global.
España y el calendario de cierre nuclear
Un debate que vuelve a abrirse
Mientras Europa reabre el debate nuclear, España mantiene el calendario pactado para el cierre progresivo de sus centrales entre 2027 y 2035. La estrategia energética nacional apuesta por una expansión acelerada de las energías renovables, especialmente solar y eólica.
Sin embargo, el reconocimiento por parte de Bruselas del valor estratégico de la energía nuclear introduce nuevas incógnitas. Las centrales nucleares españolas producen actualmente alrededor del 20% de la electricidad del país y lo hacen con emisiones prácticamente nulas de carbono. Además, proporcionan estabilidad al sistema eléctrico, algo especialmente relevante en un sistema cada vez más dependiente de fuentes intermitentes.
La cuestión de fondo es si la transición energética puede sostenerse únicamente sobre renovables sin contar con una base de generación firme. Países como Francia o Finlandia han respondido a esta pregunta manteniendo o ampliando su parque nuclear. España, por ahora, mantiene el rumbo contrario.
Energía, competitividad y geopolítica
Un factor decisivo para la economía europea
La política energética ha dejado de ser únicamente una cuestión medioambiental para convertirse en un factor central de competitividad económica. Los elevados precios de la energía han sido señalados por numerosas empresas como uno de los principales obstáculos para competir con Estados Unidos o Asia.
Por esta razón, la Unión Europea busca ahora un equilibrio entre sostenibilidad, seguridad de suministro y coste energético. En ese equilibrio, la energía nuclear vuelve a ocupar un lugar relevante.
El reconocimiento de Von der Leyen refleja un cambio de paradigma. Europa intenta corregir decisiones adoptadas en un contexto político muy distinto al actual. El debate que se abre ahora no es solo tecnológico o ambiental, sino profundamente estratégico: cómo garantizar energía asequible, segura y baja en emisiones en un mundo cada vez más incierto.
La transición energética europea entra así en una nueva fase donde la seguridad energética vuelve a ser tan importante como la descarbonización.