Caos en Serbia: diputados lanzan gases lacrimógenos y granadas de humo en el Parlamento en plena crisis política
La oposición serbia irrumpe con violencia durante una sesión legislativa clave, mientras continúan las protestas por el derrumbe mortal de una estación de tren y crecen las acusaciones de corrupción contra el gobierno
Serbia vivió este martes una de las jornadas más tensas de su historia reciente. En pleno hemiciclo del Parlamento, diputados de la oposición detonaron granadas de humo y gases lacrimógenos para bloquear la votación de un paquete legislativo impulsado por el gobierno, al tiempo que expresaban su respaldo a las manifestaciones estudiantiles que se desarrollan desde hace semanas en las calles de Belgrado y otras ciudades.
El saldo inmediato fue dramático: al menos tres legisladores resultaron heridos, uno de ellos en estado crítico tras sufrir un derrame cerebral, agravando todavía más la ya frágil situación política del país balcánico.
Las imágenes difundidas por medios locales y agencias internacionales muestran un ambiente de total descontrol: enfrentamientos entre parlamentarios, lanzamiento de objetos como botellas de agua y huevos, pancartas que exigían una "huelga general" y "justicia para los asesinados", y una nube de humo negro y rosado que invadió el recinto legislativo.
Un país sacudido por la corrupción y la tragedia
El trasfondo de la crisis está directamente vinculado al colapso de la marquesina de una estación ferroviaria en noviembre, un desastre que dejó 15 muertos y destapó serias irregularidades en la ejecución de la obra, realizada por empresas constructoras chinas bajo contratos públicos opacos. La indignación social no tardó en traducirse en protestas masivas, encabezadas en gran parte por el movimiento estudiantil, que exige responsabilidades políticas y penales para los involucrados.
Lejos de calmar las aguas, el primer ministro Milos Vucevic presentó su dimisión en enero, aunque esta aún debe ser ratificada por el Parlamento. La oposición denuncia que el oficialismo pretende evitar este paso formal para mantener el poder de facto y seguir adelante con una agenda legislativa que consideran ilegítima.
Este martes, mientras el orden del día avanzaba sin la confirmación de la renuncia del jefe de gobierno, estalló la violencia. Según los partidos opositores, la sesión estaba siendo utilizada para aprobar "decenas de decisiones" fuera de cualquier marco democrático válido.El gobierno responde con acusaciones de desestabilización extranjera
La presidenta del Parlamento, Ana Brnabic, no tardó en reaccionar con dureza, calificando la acción de los diputados opositores como un acto de "terrorismo parlamentario". Desde el oficialismo, se sostiene que las movilizaciones y los disturbios estarían siendo alentados por servicios de inteligencia extranjeros, con el objetivo de debilitar al actual gobierno y forzar un cambio de poder.
Mientras tanto, el ejecutivo serbio sigue intentando minimizar su responsabilidad en el derrumbe de la estación, inicialmente ignorando las protestas y, más tarde, recurriendo a acusaciones de injerencia externa y uso de la fuerza policial para contener las movilizaciones.
Una convocatoria que puede marcar un punto de inflexión
Lejos de disiparse, el clima de tensión sigue en aumento. Los líderes de la protesta han llamado a una gran manifestación nacional en Belgrado el próximo 15 de marzo, una cita que podría convertirse en el mayor desafío para el gobierno serbio desde la transición democrática de los años 90.
Entre los observadores internacionales crecen las voces de alarma ante el deterioro institucional del país y su deriva autoritaria. Varios analistas coinciden en señalar que el bloqueo político, sumado a la corrupción estructural y la desconfianza social, amenaza con derivar en una crisis de gobernabilidad de escala regional.
La comunidad internacional mira con atención a Belgrado, mientras la oposición insiste: sin justicia para las víctimas del derrumbe, no habrá paz social ni estabilidad política en Serbia.