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La verdad bajo el lodo: Sánchez escondió su negligencia en la tragedia de la DANA

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita a una zona afectada por la DANA. / Carlos Luján
Un año después, salen a la luz los documentos que revelan omisiones deliberadas del presidente durante la tragedia climática más devastadora de la última década

Mientras la DANA azotaba con furia inusitada la costa mediterránea, cobrando la vida de 237 personas, el presidente del Gobierno se encontraba en la India, disfrutando de una cena privada con su esposa, Begoña Gómez, en el marco de un viaje oficial que jamás debió mantener. Según documentos a los que ha accedido en exclusiva El Debate, Moncloa no solo omitió actuar con diligencia, sino que escondió deliberadamente los informes, comunicaciones y responsabilidades que recaían directamente sobre Sánchez.

Una tragedia anunciada, una respuesta silenciada

El 25 de octubre de 2024, la AEMET alertaba de fuertes lluvias y tormentas de gran impacto. Tres días después, el temporal se materializó en una tragedia sin precedentes. Sin embargo, Pedro Sánchez no activó los mecanismos de emergencia, no solicitó informes al Centro Nacional de Inteligencia, la Dirección de la Policía, la Guardia Civil, ni a su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

¿Por qué? Porque, según Moncloa, “no existieron informes decisionales”. Una explicación que levanta más sospechas que certezas.

Ocultamiento sistemático de responsabilidades

Cuatro derrotas judiciales consecutivas han obligado al Gobierno a entregar documentación que, lejos de aclarar, confirma la dejación de funciones por parte del Ejecutivo. Sánchez, que en 2019 elevó la Protección Civil al rango de Seguridad Nacional, no actuó cuando la emergencia lo exigía. Ni antes, ni durante, ni inmediatamente después del desastre.

Moncloa admite ahora, en una confesión sin precedentes, que Sánchez no solicitó ni revisó documento alguno relativo a la tragedia. No activó la Ley de Seguridad Nacional. No coordinó acciones. No interrumpió su agenda.

Con el presidente ausente, María Jesús Montero pudo haber activado los protocolos de emergencia. Tampoco lo hizo. En un documento oficial, su equipo justifica la inacción alegando que "no hay interés público" en conocer su papel durante esas horas críticas. El silencio administrativo ha sido la norma.

Las ayudas internacionales: rechazadas y encubiertas

Mientras Francia, Marruecos, Portugal y El Salvador ofrecían recursos y personal especializado, España rechazaba su intervención bajo el pretexto de que las Comunidades Autónomas debían gestionarlo. Una verdad a medias, pues fue el propio Gobierno central el que evitó asumir el mando nacional que le corresponde por ley.

No fue hasta el 15 de noviembre, tres semanas después de la catástrofe, que se permitió la entrada de equipos extranjeros. Para entonces, el daño era ya irreversible.

El funeral de la vergüenza

El Gobierno tampoco quiso asistir al funeral oficial del 9 de diciembre. Sólo la presión pública forzó la presencia de tres ministros. Pero Moncloa sigue sin explicar por qué se negó inicialmente. Mientras tanto, organizó un funeral laico y controlado, donde no hubo espacio para el reproche ni para las voces de los afectados.

En Paiporta, durante un acto de homenaje, los Reyes de España soportaron la indignación popular, mientras Sánchez salía por la puerta de atrás, evitando cámaras y preguntas. El propio Gobierno admite que no se redactó ningún informe sobre la necesidad, conveniencia o propósito de la visita del presidente a la zona afectada.

Pedro Sánchez no actuó cuando más se le necesitaba. No lideró. No gestionó. Y ahora, no explica. Las pruebas documentales, judiciales y testimoniales confirman lo que ya era un secreto a voces: el presidente del Gobierno ocultó información clave, ignoró alertas fundamentales y renunció a aplicar las leyes que podrían haber salvado vidas.