Tragedia, silencio y huelga: la crisis ferroviaria golpea al Gobierno
La muerte de dos profesionales ha hecho saltar todas las alarmas. Retrasos, negativa a conducir sin garantías y una huelga en el horizonte evidencian una crisis ferroviaria que ya golpea de lleno al Ejecutivo
Los maquinistas de Renfe han elevado de forma notable la presión contra Adif y el Ministerio de Transportes tras los últimos accidentes ferroviarios registrados en Adamuz (Córdoba) y Gelida, en los que fallecieron dos profesionales del sector. El conflicto, que ya venía latente desde hace meses, ha entrado ahora en una fase crítica: algunos maquinistas se están negando a iniciar la marcha de los trenes si no reciben garantías explícitas de seguridad sobre la infraestructura, lo que ya está provocando retrasos de entre 20 y 30 minutos en distintos puntos de la red, según publica VozPopuli.
La escalada se produce después de que el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf) anunciara la convocatoria de una huelga general para los días 9, 10 y 11 de febrero. En el comunicado difundido tras los siniestros, el sindicato instó a los conductores a extremar la cautela y a exigir al inicio de cada servicio que se les garantice la seguridad del trayecto. En caso contrario, la instrucción es adaptar la marcha a las condiciones reales de explotación.
No obstante, fuentes internas de Renfe confirman que el clima de enfado ha llevado a algunos maquinistas a ir más allá de las directrices sindicales. En Centros de Regulación de Circulación (CRC) como los de Chamartín y Zaragoza, varios profesionales han comunicado a los Responsables de Circulación (RC) que no prestarían servicio si no se les aseguraba que la vía reúne los requisitos de seguridad. Estas conversaciones, que quedan registradas en los sistemas, están siendo la causa directa de los retrasos acumulados.
Las mismas fuentes subrayan que los RC no están habilitados para certificar el estado de la infraestructura, ya que su función se limita a autorizar la salida del tren en el sistema. Esta situación genera una tensión operativa que compromete a ambos lados y evidencia, según los maquinistas, una falta de respuestas claras por parte de Adif.
El malestar en el colectivo es descrito como «monumental». El fallecimiento de dos compañeros ha sido la gota que ha colmado el vaso tras años de avisos y partes sobre deficiencias en las vías que, denuncian, han quedado sin respuesta durante largos periodos. En este contexto, los maquinistas llegaron incluso a plantar al presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, en una reunión convocada para intentar rebajar la tensión.
Además de la huelga, Semaf reclama responsabilidades penales para quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad de la red ferroviaria y no han actuado pese a las alertas reiteradas. Consideran que los accidentes recientes suponen un punto de inflexión y exigen actuaciones inmediatas y efectivas.
Mientras tanto, en Moncloa crece el temor a un brote de indignación social que pueda agravarse si la crisis ferroviaria se prolonga. El presidente Pedro Sánchez se ha escudado en el luto oficial para justificar su ausencia durante los momentos más críticos de la crisis de Adamuz, en un contexto de desolación interna en el Ministerio de Transportes por la percepción de inacción ante una cadena de catástrofes que ha puesto en cuestión la seguridad ferroviaria.